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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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vircenguetorix
Córdoba (Argentina)
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Su valoración:  |
2 de Octubre de 2008 |
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Desde 1934 hasta 1967, el cine en los Estados Unidos estuvo bajo sospecha. Todas y cada una de las películas que se proyectaban tenían que cumplir lo que se llamó el Código Hays, que no era otra cosa que lo que se consideraba moralmente aceptable o no.
Es por ello que mucha gente joven cuando ve películas antiguas, tiene la impresión de encontrarse ante un universo muy distinto al que pertenecen. Y en parte tienen razón, la censura es la censura nos guste o no. Aunque también es verdad que como decía Berlanga la censura disparaba el ingenio y hacia a los cineastas más inteligentes en ese arte del insinuar y no mostrar. Ahora ya no pasa. Bueno y mucho antes tampoco. En los años veinte la pornografía conoció un boom en tierras norteamericanas y se podían incluso ver en cines de barrio, muchas películas comerciales eran realmente provocativas y la libertad de aquellos locos años era una realidad.
“Los crímenes del museo” es del año 1933 y tiene diálogos tan atrevidos que ya quisieran otras muchas de los sesenta. La protagonista es una periodista bastante liberada y algo superficial que investiga unos sucesos que la llevará hasta un museo de cera, donde se unirán las dos historias paralelas que tiene la cinta, la de terror y la de comedia-thriller.
La ventaja de la versión posterior de André de Toth es que se carga toda esa parte más de comedieta y la hace más lúgubre, mientras que aquí, tiene mucho de parodia, típica de los años de la recesión, donde la gente quería ver a monstruos, y aunque la Universal era la reina en la materia, también la Warner hizo de las suyas como con esta que comento, aunque no tuvo un excesivo éxito y estuvo pérdida durante muchos años hasta que apareció el rollo en uno de esos sótanos como el de la película.
En cualquier caso, esta película del gran director de estudio o de encargo como prefieran, que fue Michael Curtiz es absolutamente recomendable porque es encantadora, con todas las letras. Se ve en un santiamén y encima te deja regusto a cine preclásico. Según esta la producción cinematográfica en nuestros días como para quejarse.
vircenguetorix 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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seagal4ever
Madrid (España)
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Su valoración:  |
14 de Noviembre de 2009 |
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Rodada en poco más de un mes, "Los crímenes del museo de cera" es un filme no demasiado conocido (por algunas razones que a continuación comentaré) dirigido por el señor Michael Curtiz, artífice de obras tan recordadas como "Casablanca" o "Robin de los Bosques". Para muchos se trataba de un hombre con limitadas capacidades en cuanto a dirección se refiere que, sin embargo, bajo el sistema clásico de estudios funcionaba muy bien y daba sus mejores frutos. Por todos es sabido el escaso dominio por parte de Curtiz del inglés y sus más que rudos modales a la hora de dirigir. Pero pese a todo, creo que tanto en esta obra como en muchas otras, el bueno de Curtiz sí que deja su sello de manera clara, sobre todo en lo que al aspecto visual se refiere.
La película fue rodada por un primitivo sistema de Technicolor, bastante rudimentario, y que únicamente poseía dos franjas de color: rojo y verde. El motivo: que eran los colores necesarios para lograr recrear con mayor precisión las tonalidades de la piel humana. Para muchos, esta coloración del filme es uno de sus puntos en contra, pero personalmente me parece todo lo contrario. Logra dotar al conjunto de una textura de lo más interesante, que unido a la excelente fotografía, confiere al filme un aspecto visual de lo más llamativo.
La historia que se nos cuenta es la de Ivan Igor, un brillante escultor de figuras de cera que tras el incendio de su taller en Londres ve cómo todas sus creaciones son destruidas, y con ellas también sus innatas capacidades para esculpir, pues sus manos quedan completamente quemadas.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La historia resulta ciertamente interesante, pero el desarrollo de la misma tiene varios baches. En primer lugar, la subtrama de la periodista dicharachera (interpretada por Glenda Farrell) resulta bastante cargante. Típico personaje que no se calla ni debajo del agua y que posee un enorme protagonismo en el desarrollo de la trama, cuando lo adecuado habría sido dejarla como secundaria en favor de la historia del propio Igor y su truculento plan para hacer resurgir su nuevo museo de cera, más real y mejor si cabe que el de Londres.
Resulta esclarecedor para este personaje de la periodista la ausencia del Código Hays de conducta cuando el filme se rodó. Ello permitió que en la película se hable sin reparo alguno de la vida sexual de un policía, se muestre a otro leyendo una revista de lo más pícara, a un yonki perdido que va colocado hasta las cejas, a la periodista atiborrándose de bebidas alcohólicas de un ataúd y prometiendo su parte al resto de policías, o ese final, que he de reconocer que me dejó a cuadros, en que Florence acepta casarse con su redactor jefe y dejar tirado al joven y apuesto millonario. Todo esto hizo que, con a aprobación del mencionado Código Hays, el filme cayera en el olvido y apenas fuera emitido en TV. Si a esto le añadimos que la copia de la película se quemó en un incendio y estuvo desaparecida hasta los años '60, y que se hizo un remake en 1953 que suele estar en líneas generales mejor considerado que esta obra, entenderemos el porqué del desconocimiento hacia este filme, que afortunadamente poco a poco va saliendo de las profundidades en que cayó y es cada vez más popular no sólo ya por los cinéfilos, sino por el público en general.
En cualquier caso no puedo dejar se reseñar que el filme en algunos momentos pierde intensidad y enteros al dejar demasiado de lado la trama principal de Igor y su plan de robar los cadáveres de la morgue para su museo. Los elementos de comedia no terminan de cuajar del todo en el conjunto y queda la sensación de una especie de batiburrillo de demasiadas ideas, algunas interesantes y otras no tanto.
En definitiva, nos encontramos ante una interesante propuesta, con una sugerente historia, que sin embargo se ve perjudicada por su lento desarrollo y por la enorme importancia que cobra la figura de la espabilada periodista. Pese a todo, la fotografía y ese Technicolor primitivo resultan una delicia para los ojos, al igual que la sobria dirección de Curtiz, con unos encuadres más que llamativos en alguna ocasión. Se han realizado dos remakes: uno en 1953 ("Los crímenes del museo de cera" de André De Toth) y otro en el año 2005 ("La casa de cera" de Jaume Collet-Serra). Puede que haya dudas sobre cuál de las tres versiones es la mejor, pero no hay ninguna respecto a cuál es la peor.
seagal4ever 
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| 3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ziryab
Córdoba (España)
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Su valoración:  |
21 de Octubre de 2008 |
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Me ocurre a veces con los clásicos que no sé hasta qué punto debo ser condescendiente y pasar por alto determinadas ingenuidades, atribuyéndolas a una posible falta de madurez de la industria, o por el contrario crítico con esas ligerezas que a una película actual no le perdonaría. La mayoría de las veces, no sé si quizá injustamente, me inclino por esta segunda opción, y así me ha ocurrido con “Los crímenes del museo”, todo un clásico del director de “Casablanca” que no por ello hace soslayables sus defectos. En mi opinión, éstos derivan sobre todo de un desarrollo argumental irregular -con el intrusismo de una línea desenfadada que desentona-, de las carencias de guión en la resolución de la trama –creo que no se incide lo suficiente en los aspectos más impresionables de la historia y que el final es precipitado- y de ciertas ligerezas de todo punto inverosímiles –ver spoiler-. La película convierte así su encanto inicial en una gracieta de niño chico al que, por su total inconsciencia, se le perdona todo. Y no es eso… Al cine, al arte, hay que exigirle un mínimo de madurez.
Supongo que la versión de los años 50 debe ser mejor que ésta al optar por eliminar lo superfluo e incidir en lo tétrico de la historia, que por algo pretende ser una película de terror. Pero no lo sé. Tendré que verla.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Lo de la máscara de cera del protagonista es intragable.
Ziryab 
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| 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Betomovies
http://forocine.mforos.com/ (Argentina)
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Su valoración:  |
29 de Agosto de 2009 |
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La cinta se enmarca dentro de una combinación entre el género policial y el terror implícito y sugerido indirectamente.
El filme presenta muchos diálogos. Se teje una trama con línea investigativa donde implícitamente se olfatea un ambiente malsano que se presenta solapado y enmascarado en falsas apariencias.
Sólo al final el filme se acelera y termina proponiendo acción y perdiendo la compostura (hay secuencias irrisorias como peleas cuerpo a cuerpo muy al estilo lucha callejera)
El desenlace es bastante abrupto, poco dosificado en su remate final.
Hay poco terror explícito, casi nulo diría yo. Pero lo que sí existe es el horror sugerido donde lo macabro es el ingrediente principal y más significativo para llamar la atención. Por ende basa su atractivo en lo siniestro y perverso.
Además asistimos a presenciar en la obra dignas actuaciones, donde destaco a Lionel Atwill quien esgrime una solvente presencia escénica.
Como positivo también podemos citar el buen acabado visual-estético que el filme ostenta, con una lograda decoración de sets de filmación y escenarios varios.
En contra podemos mencionar que la película es demasiado redundante en su parloteo, que hay poca cuota de sangre, hay toques cómicos que no encajan con el aire retorcido que está latente, y que el conflicto –si bien es enfermizo y retorcido- no atrapa en intensidad de acuerdo a lo esperable ya que posee una temática malsana subyacente.
Palabras claves: venganza, museo de cera, locura, investigación policial, amor obsesivo, asesinatos, hurto de cadáveres, sensacionalismo periodístico.
betomoviesyelcine(dot)blogspot(dot)com
Betomovies 
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| 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El mundo está plagado de falsas promesas… y esto es causal de malestares, desengaños y frustraciones. Los prometedores son seres débiles e inseguros que, impotentes para decir que no, prefieren quedar bien –ahora, frente al otro- y causar –luego, en su ausencia- cualquier tipo de disgustos. Y hay otro tipo de prometedores: aquellos que siempre quieren salirse con la suya, y cuando lo ven necesario, ofrecen tronos y palacios con tal de recibir un sí como respuesta.
También, Michael Curtiz, fue víctima de las promesas. Harry Warner le prometió, para llevarlo a Hollywood, que la primera película que dirigiría sería “El Arca de Noé”, un proyecto que el director húngaro acariciaba… pero, tan pronto pisó el Estudio y firmó el contrato, Jack Warner el mandamás, le asignó rodar “El tercer grado” sin darle explicación alguna… y “El Arca de Noé” sólo sería su sexta película.
Cuando rodó, “LOS CRÍMENES DEL MUSEO”, es probable que Curtiz rememorara este viejo incidente. Su personaje, Igor, es un hombre digno, soñador con sus figuras de cera, fascinado con su María Antonieta, y ahora esperanzado con la promesa que acaban de hacerle de que verá sus obras en la Academia Real… Pero, el destino tiene otros planes para su vida, y 12 años después, Igor viajará desde Inglaterra a los EEUU, donde procurará reemprender su sueño… sólo que ya no es el mismo y serán otros los recursos de los que conseguirá valerse.
Más que un filme de terror, veo yo un filme sensible sobre esas tragedias humanas que dejan a algunos hombres sin posibilidad de reversa, algo así como “El fantasma de la ópera”. Y, pretendiendo develar los hechos, no las motivaciones humanas, un periodismo cínico y oportunista, que sólo ansía datos sensacionalistas que aumenten el tiraje.
Le debe haber dolido a Curtiz esa promesa de incienso que los hnos Warner a veces le imponían, porque Florence y su jefe se salen con la suya, pero no hacen lo que realmente debían. Lionel Atwill crea un personaje sentido, una suerte de Pigmalión frustrado quien ve en Charlotte (la bella y sensual Fay Wray quien, con sus eficaces gritos, se ganaría enseguida el mítico rol en “King Kong”) la materialización de su idealizada heroína, pero luego, prefiere preservar su belleza, inerte, para el disfrute personal y de futuras generaciones.
Glenda Farrell también logra un revelador y “simpático” personaje, haciendo de Florence Dempsey la típica periodista, plena de ligereza y con el suficiente sentido del coqueteo y el oportunismo, para ser ella quien posea la primicia. Le gusta el peligro y no hace ascos a una botella de licor cuando ésta se pone en su camino. Su objetivo es sólo uno: encontrar el desaparecido cadáver de Joan Gale y hallar al culpable de este hecho. Sólo eso, amarillismo puro.
Curtiz, como puede, le hace honor al personaje porque, contra lo que sucede para satisfacer el afán de condena humana, uno queda con ese sabor a intolerancia donde no cabe para nada el sentimiento de justicia.
Luis Guillermo Cardona 
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