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La soufrièreMediometrajeDocumental

Documental En 1976 los científicos predijeron que la isla de Guadalupe sería destruida por la erupción del volcán La Soufrière. En plena evacuación, tres hombres se echaron atrás y decidieron quedarse en la isla. Herzog filmó las últimas y fantasmales imágenes de la isla y recogió el testimonio de los hombres que decidieron esperar el fin rodeados por una jauría de perros olvidados. No se pudo rodar el final previsto porque la predicción resultó ser falsa. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas 5
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8
5 de mayo de 2011
34 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nunca me atrevía a decir en voz alta nada sobre Herzog, pero no puedo engañarme, hace que me pregunte si fue antes el huevo o la gallina, y de gallinas sé mucho desde que conocí a Svankmajer. Hoy vi un libro sobre cómo convertir una gallina en tu más fiel mascota y supe que no lo necesitaba,, es mejor mirarlas con ojos intrigantes que amaestrarlas.

Herzog consigue que me pregunte el orden de sus fascinaciones. No sé si busca los fenómenos que siempre retrata y conoce sus historias con anterioridad, los encuentra casualmente, la gente se los entrega al conocer sus debilidades o sabe sacar de cualquiera la fiera de circo que todos ocultamos sin saberlo. Tal vez sea su modo de narrar lo que sucede, algo que no es necesariamente tan impactante lo transforma a un lenguaje considerado como el absurdo informativo que deja un rastro de magia y un legado documental sin vísceras y toda la locura de las palabras simples encadenadas o los elocuentes silencios.

Porque sus personajes no se frenan en la carne y el hueso. A veces un volcán a punto de erupcionar deja imágenes tan sórdidas como un semáforo que con su dedo acusador señala el alto a la nada. Pero Herzog lo ve y lo narra a su manera, se pasea por una ciudad que en breve resultará extinta en busca de la calma que precede cualquier tormenta y me siento fascinada ante un lugar desierto con unos pocos pies que paseen sobre él, y no puedo evitar recordar a los Pink Floyd en un anfiteatro de Pompeya, lugar derruido por la incontrolable lava del Vesubio al escuchar una popular canción que suena entre notas relajadas mientras el paraje nos sobrevuela a nosotros.
Ante la extrañeza Herzog nunca olvida el factor humano que se respalda del olvido y los hijos de Dios también están presentas aquí, de forma efímera, con pocas palabras, con la claridad de quien puede afirmar que la muerte viene y punto, la temas o no.

Pero nuevamente no va a resultar un pasaje gráfico y documental sin más, algo sucede siempre para zarandear un poco la realidad en la coctelera cerebral de Herzog, esta vez al no suceder absolutamente nada, porque se destila que de la nada, poco se puede sacar, aunque sea una falacia más.

Queda la gran pregunta: ¿Fueron los cientos de años de evolución del ecosistema quienes decidieron que se tratara de una falsa alarma o fue el paso de Werner Herzog por la isla quien convirtió ese fin del mundo en una macabra anécdota? Huevos y gallinas, el gran misterio.
8
24 de diciembre de 2018
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo desaliñada y oportunista en su filmación, posiblemente debido a las extremas circunstancias del rodaje, que instaban al apresuramiento y, se puede deducir, al nerviosismo ante la hipotética inminencia de la muerte.

De esta pieza documental, lo que con mayor intensidad alcanza mi sensibilidad no son las inquietantes y desangeladas imágenes de la desierta Basse-Terre, prefigurando la Pripyat ucraniana. Son los escasos y estoicos hombres que permanecen en la isla y aguardan, sin alarmismo ni desesperación, a que llegue su hora. Al ser preguntados, razonan sin ínfula alguna y con lógica provinciana sobre su aceptación del destino que Dios les guarda, sea el que sea. Sorprendente que apelen a esa hora en que Dios quiera llevarles y que, a posteriori, la predicción de erupción volcánica fuese fallida y, presumiblemente, siguiesen viviendo. Por ese espacio de tiempo de espera firme y estoica, siento que esos hombres anduvieron por encima de la vida y de la muerte y que acaso pudiesen figurar en una moderna 'Leyenda dorada'.
Gracias.
9
20 de junio de 2017 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Soufriére es un documental que representa una fascinante y dislocada danza a tres entre la voluntad humana, la artística y la omnipotente de la propia naturaleza. Media hora absolutamente indispensable para bucear hasta el fondo metafísico de las decisiones y las consecuencias. Germen del también recomendable Into The inferno, aunque mucho más espartano en este caso, pero inigualablemente revelador. Y alguno dirá que aquí no ha pasado nada.
8
27 de enero de 2018 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un año de actividad intensa tenía el volcán la Sofrière cuando los científicos predijeron que una enorme erupción podría acabar con buena parte de la isla de Guadalupe, razón por la cual prácticamente toda la ciudad más cercana fue evacuada. Como pareciera no poder ser de otra forma, Herzog tan ávido por situaciones extremas, como ha sido a lo largo de su carrera, tomó su equipo y junto a dos hombres más se fueron a la isla a filmar el suceso.

No era solo un documental más, era uno que les podía haber costado la vida en alguno de los momentos de su instancia en este lugar. Las peores predicciones mencionaban que podía darse una enorme explosión de gases que simplemente calcinara todo alrededor, ahí estaba él en una ciudad fantasma, vacía, junto a sus compañeros Edward Lachman y Jörg Schmidt-Reitwein.

Como si fuera poco, la incursión no era solo en la ciudad, sino en la zona más cercana al cráter del volcán, o bien con un helicóptero, era algo realmente al límite, una locura suicida que finalmente se saldó en nada, puesto que la catástrofe inevitable en realidad no sucedió, el mismo Herzog se burla de que su documental termina adquiriendo tintes patéticos debido a que no pasó nada.
A pesar de lo mencionado, el mediometraje en ningún momento se intenta mostrar como un viaje suicida, incluso para Herzog su interés radicaba en encontrar a un hombre que se había quedado en la ciudad, omitiendo todo llamado a retirarse, esto para conocer la relación con la muerte que esta persona tenía, ¿miedo, angustia, desolación, o qué? Lo encontró, y encontró una respuesta con mucho sentido.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
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7
5 de abril de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
90/04(04/04/25) Perturbador documental del gran Werner Herzog, cineasta único capaz de jugarse la vida por ofrecernos su original punto de vista de un mundo en permanente caos, tipo obsesionado con la gente única y disfuncional. En 1976 el muniqués visita un pueblo evacuado en la isla de Guadalupe, donde se predice que entrará en erupción el volcán La Grande Soufrière. Un año de actividad intensa tenía el volcán la Sofrière cuando los científicos predijeron que una enorme erupción podría acabar con buena parte de la isla de Guadalupe, razón por la cual prácticamente toda la ciudad más cercana fue evacuada. Las erupciones freáticas menores del volcán La Soufrière en 1976 provocaron la evacuación de Basse-Terre, la capital de la isla, como medida de precaución. El pretexto para esta película surgió cuando Herzog "se enteró de la inminente erupción volcánica, de que la isla de Guadalupe había sido evacuada y de que un campesino se había negado a irse, y supo que quería hablar con él y descubrir qué tipo de relación tenía con la muerte" (en realidad son tres las personas que quedan en la isla). Herzog junto a su reducido equipo de dos colaboradores más, Edward Lachman y Jörg Schmidt-Reitwein, explora las calles desiertas de los pueblos de la isla. La tripulación, compuesta por tres personas, asciende a la caldera, nubes de vapor sulfuroso y humo flotan como "presagios de la muerte".

Herzog conversa en francés con tres hombres que encuentra en la isla: uno dice que espera la muerte, e incluso muestra su postura para hacerlo; otro dice que se ha quedado a cuidar de los animales. Con todo inquietante de este mediometraje, lo que quedan son estas conversaciones con estos resignados a su suerte de lugareños, esperan la muerte con filosofía, sin alarmismos, nihilistas ante su probable aciago futuro. Uno dice espera la muerte y muestra su postura para ello tumbado sobre el regazo de un árbol en el bosque, custodiado de dos gatos y cerdos que deambulan por el lugar; otro dice se ha quedado para cuidar a los animales; Ninguno teme a la muerte. Un incisivo estudio sobre la soledad, el aislamiento, y la aceptación del destino, pero sin que se sienta un canto al suicidio, simplemente que su llega pues se afronta y si no pues nada. No tiene miedo a la muerte, sienten que no tiene nada que perder, en una visión religiosa de: ‘Si es la voluntad de Dios…’, incluso uno de ellos mencioan que tiene 15 hijos, todos evacuados, a modo de que sigan ellos por mí; En realidad, son solo el espejo donde se refleja el carácter de Werner Herzog que también puede ser devorado por la muerte en cualquier momento en este lugar al borde del fin del Mundo.

El gobierno antillano, auxiliándose de los sistemas sismológicos y vulcanológicos, se había dado a la tarea de plantear un plan de evacuación, pero la altísima actividad del volcán había provocado, mucho antes de la emisión de una orden de abandonar la isla, una evacuación masiva y voluntaria, de alrededor de 25,000 personas. Cuando la orden de evacuación fue emitida, la cifra se elevó a las 76,000 personas, que encontraron refugio en Grande-Terre.

Herzog durante su filmografía ha gustado de exponer como la naturaleza es arbitraria en sus fenómenos apocalípticos: “Into the Inferno”, un documental de 2016 que explora volcanes activos de todo el mundo; “Sal y Fueg”, una película de suspenso de 2016 sobre la inminente erupción de un supervolcán en Bolivia; “El fuego interior: un réquiem por Katia y Maurice Krafft”, documental de 2022 sobre los dos vulcanólogos franceses que murieron en el monte Uzen, Japón.

Herzog inicia el metraje con un plano aéreo del volcán emitiendo gases. Con ello el director en off nos coloca en un contexto apocalíptico-planetario, comentando que este mismo año hubo varios terremotos en erupción por la Tierra, al norte de Italia, en las Filipinas, China y Centroamérica. Herzog muestra un lugar a las puertas del Apocalipsis en la ciudad desierta de Basse-Terre, con perros hambrientos vagando por las calles, semáforos parpadean, el sonido del aire acondicionado funcionando, serpientes evacuando las laderas del volcán, perros muertos pudriéndose en calles solitarias, el puerto vacío, televisiones encendidas, la playa cubierta de culebras palmadas, etc. Secuencias zozobrantes, como el pavoroso plano secuencia adornado por la música clásica del “Adagio Sostenuto”, del Concierto para piano y orquesta No. 2 en C, Op. 18, de Rachmaninov, mientras vemos el hospital abandonado surcado por perros callejeros. Como perturbador es cuando los tres cineastas en plan guerrilla deciden subir a la ‘boca del lobo’ y se saltan las barreras de prohibido para ascender por la ladera a filmar las entrañas del volcán, por esta travesía se siente el peligro expresado en las fumarolas que nos calan en su fuerza expresiva de alertas Avernales

Para colocarnos en el contexto de lo que puede pasar en la isla caribeña Herzog relata la historia de la cercana St. Pierre, en la Martinica, en la cual, en 1902, treinta y dos mil personas perecieron a causa de la erupción del Monte Peleé, a excepción de un prisionero, Cyparis, logró salvarse debido a estar confinado en una celda aislada, como castigo, quien sería exhibido como atracción en un circo americano, hasta morir en 1926. Narrado este tramo mediante inquietantes fotografías en b/n de la época.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Tenemos un final muy a lo Werner Herzog, maravillosamente sorpresivo, lejos de la espectacularidad que uno espera en la erupción, pues al final hubo estallido. El Apocalipsis no llegó, y los tres lugareños salvaron la vida, también los tres cineastas germanos. Herzog se burla de que su documental termina adquiriendo tintes patéticos debido a que no pasó nada: “Para nosotros, el rodaje de esta película tuvo un aspecto patético, por lo que todo acabó sin nada y en el más completo ridículo. Ahora se convertirá en el documental de una catástrofe inevitable que no ocurrió”.

Una incisiva reflexión sobre la mortalidad, sobre nuestra finitud, sobre cómo afrontarla, sobre nuestra fascinación morbosa sobre observar el Abismo tras el que se haya el FIN. Aquí lo importante no es el inexistente clímax (coitus interruptus). El humanista Werner Herzog vuelve a mostrar su visión única del mundo. Gloria Ucrania!!!
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