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| 23 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
9 de Enero de 2008 |
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Becker, esta vez con tozudas reminiscencias del realismo poético francés aprendido, imagino, de Renoir, nos narra esta “Casque d'or”.
Y allí que va ese carpintero a enamorarse, lógicamente, de la Signoret, haciendo caso omiso de todos los avisos que el fatalismo mecanicista y el, para entendernos, destino natural e impepinable, le hace con señales luminosas durante todo el metraje.
Y es que este buen ejemplo de naturalismo poético, como no puede ser de otra manera, condena a estos personajes a no elegir, prisioneros de un final que ya deduce el avezado espectador por su condición de humildes bajofondistas (parisienses en este caso)... Porque estos amantes ya pueden chillar, patalear, escupir al aire o cagarse en los muertos de su entorno social. Lo que está claro es que marcados están y marcados terminarán.
Eso sí, antes de concluir, por el camino, Becker se recrea en muchas secuencias de hermosa intensidad (el final sí; pero también las escenas en que con miradas, primeros planos y reflejos iridiscentes en el cabello rubio de Simone Signoret nos muestra ese estado bobalicón del enamoramiento con precisión y lozanía).
En fin, que si eres carpintero, pobre, y con un más que probable turbio pasado, no se te ocurra, siendo francés (la tierra de Zola y Stendhal) enamorarte de una prostituta que anda con mafiosos; porque estás tentando a la suerte, a los hados y al determinismo en pleno.
Claro que Reggiani, viendo ese contoneo signorial de la rubia Simone, es lógico que ansíe el meneo correspondiente descuidando estas alertas atávicas. Una rubia es una rubia, ¡que me corten la cabeza si entiendo algo de lo que me dices!-, diría él.
Tú sabrás.
Bloomsday 
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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
2 de Febrero de 2009 |
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Film considerado por muchos como la obra mayor de Jacques Becker (1906-60), es su séptimo largometraje (sobre un total de 13). El guión, del propio Becker y de Jacques Companeez, se inspira en personajes y hechos reales. Se rueda, entre el 24/IX y el 22/XI de 1951, en escenarios naturales de Annet-sur-Marne, Meaux (muro de la prisión) y Menilmontant (casa de Lecat) y en los platós de Paris Billancourt Studios (Paris). Nominado a 2 premios Bafta, gana uno (actriz extranjera). Producido por Robert y Raymond Hakim para Speva Films y Paris Films Prod., se estrena el 16-IV-1952 (Francia).
La acción dramática tiene lugar en el barrio parisino de Belleville, en el río Marne y en la localidad de Joinville-de-Pont (Francia), a lo largo de un tiempo indeterminado, en los años del cambio de siglo (1899-1902). La acción comienza en una apacible tarde de un domingo de otoño. La joven prostituta Marie (Signoret), apodada “Casque d’Or” por la forma de su peinado, el color de sus cabellos y su nacimiento en Orleans, atrae la atención y suscita el interés de muchos jóvenes “apaches”, delincuentes dedicados sobre todo al robo, atracos a mano armada y a la explotación de la prostitución, que proliferan en Paris entre los últimos años del XIX y los años 20. Su novio y rufián es Roland (Sabatier), esbirro de la banda de Félix Leca (Dauphin). Cuando en un baile, Marie conoce a Georges Manda (Reggiani), levanta los celos de Roland y de Leca. Marie es coqueta, alegre, apasionada y sincera. Encuentra en Manda su amor verdadero. Éste, antiguo ”apache” reinsertado, tras cumplir varios años de prisión, se ha puesto a trabajar como carpintero autónomo. Es noble, leal y pundonoroso. Leca es despótico, codicioso, vanidoso, violento y traidor.
El film suma crimen, drama, romance y análisis social. Al realizador le interesa, sobre todo, la exploración de un amor sincero, joven, libre, puro y verdadero, marcado por el destino como imposible y trágico. De la mano del mismo, Becker construye una interesante y detallada descripción de los ambientes populares parisinos y recrea una época singular de cambios ("Belle Époque") que tuvieron en la ciudad su escenario preferido.
Varios proyectos anteriores habían querido llevar al cine la descripción del submundo de los “apaches”, pero todos se habían visto interrumpidos, aplazados o frustrados por causas diversas. Además, el film aporta un análisis preciso y convincente de la amistad. La analiza desde el punto de vista de dos amigos de la infancia, que han compartido experiencias delictivas y la misma celda en prisión durante un tiempo. Al enfrentar amor verdadero y amistad sincera, se plantean preguntas de gran interés con interrogantes sobre las preferencias, la mayor fuerza, la superior nobleza, etc., de uno sobre el otro.
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: No sólo se hace la crónica de unos hechos. También se muestra cómo en el trasfondo de los mismos palpita un mundo sombrío de envidias, celos, venganzas, traiciones, deslealtades, intereses personales, desafectos y odios, que convierten en irrespirable el submundo de los bajos fondos parisinos.
La narración se presenta marcada por la sobriedad, la contención y las elipsis. Los hechos terribles que incorpora el relato (una herida mortal de bala, un asesinato...), se apuntan en sobreentendidos o se sugieren, pero no se muestran directamente en imágenes. Sobresale el uso parco que se hace de la palabra. Los diálogos se reducen a lo esencial. La exposición de los hechos se basa en las imágenes, la visualidad, los ambientes, la gestualidad de los actores, la simbología de los decorados, las expresiones del rostro. No sin razón se ha dicho a veces que el film está hecho más para ser visto y admirado que para ser escuchado.
Discípulo de Renoir y ayudante del mismo en varios rodajes, su apuesta estética se inclina por el realismo poético, que se hace especialmente patente en las escenas de campo (paseo en barca por el Marne), las fiestas colectivas (baile en la terraza de Joinville), las escenas de amor y los recuerdos. Destaca el realismo lírico con el que se componen rápidos y frecuentes primeros planos del rostro de Signoret, con destellos del cabello que le dan un aire de reina, de ángel o de diosa. Acentúa la profundidad lírica de algunos pasajes tristísimos mediante el uso de silencios sobrecogedores y elipsis que provocan la imaginación del espectador.
El relato se inspira en la historia real de Amélie Élie (1879-1933), apodada “Casque d’Or”, Leca y Manda, personajes parisinos que protagonizaron hechos trágicos en los primeros años del s XX. Leca y Manda fueron condenados (1902) a trabajos forzados en la Isla del Diablo, de donde no regresaron.
Las interpretaciones de Signoret y Reggiani son magníficas. La música, de George van Parys (“Madame de...”, Ophüls, 1953), aporta un adecuado complemento de ambientación de época y emociones. El vals a cargo de la orquesta de baile sitúa más allá de la realidad y del recuerdo el amor de los protagonistas. Añade la canción coral “Tiempo de cerezas”, compuesta (1866) por Jean Baptiste Clément y dedicada al amor verdadero. La fotografía, de Robert Lefebvre (“Las maniobras del amor”, Clair, 1955), muestra la excelente ambientación de los espacios interiores (casa de Leca, mueblé, casa de Joinville...). Prefiere los escenarios exteriores y los decorados naturales. Dedica un homenaje a la visualidad del cine mudo, con especial referencia a Erich Von Stroheim (boda en Joinville).
Miquel 
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| 8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Normelvis Bates
Suena Wagner y tengo ganas de invadir (Polonia)
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Su valoración:  |
26 de Septiembre de 2011 |
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Le reclaman a uno a gritos con la mirada. Le arrancan de la paz del sueño y le sumergen de cabeza en el vértigo del deseo. Le empujan al centro de la pista y le obligan a bailar, despertando al demonio del odio y de los celos. Logran que sus bofetones los sintamos como besos o caricias y que volvamos a por más, urgidos por la impaciencia. Le arrojan a uno a callejones oscuros y ponen en sus manos una navaja, y cuando la sangre brota, se pasean por ella ronroneando, como gatas ahítas de satisfacción que le dan la espalda al vivo mientras olvidan sin remordimientos al muerto. Le apartan del buen camino y lo conducen de nuevo a la vieja senda equivocada. Le sumergen en envenenados remansos pastoriles que algunos se empeñan en llamar amor, aunque tal vez merezcan otro nombre. Le obligan a uno a elegir entre la lealtad a los amigos y los apremios de la carne. A las mujeres –lo dice uno de los personajes- hay que procurar no comprenderlas. No sólo es absurdo, sino inútil: lo fatal es lo fatal. Nadie forja su propio destino con las manos atadas a la espalda. Así de insensatos somos los hombres, así de frágiles y manipulables. Así de estúpidos.
Es más que posible que no fuera su intención hacerlo, pero, por una vez, un traductor de títulos al español logró hacerle más justicia a esta espléndida película acerca del irresistible y fatídico poder magnético de la atracción amorosa que su pobre título original, ese “Casco de Oro” que alude al peinado de su rubia protagonista y que no es sino un pálido reflejo de la riqueza y profundidad de sus propuestas. Y no porque sea un fiel retrato del mundo lupanario parisino, sino por recorrer la geografía universal de las bajas pasiones y sus devastadores efectos como lo haría uno de los muchos instrumentos de filo cortante que pueblan la película. Sobria, concisa e incisiva, “París, bajos fondos” rehúye los histéricos perifollos y golpes de efecto del folletín que podría haber sido y opta por las sugerencias, los silencios y las elipsis, por la contención y la sequedad narrativa, por el poder expresivo de rostros y miradas y unas pocas y significativas palabras. De la image avant toute chose.
A partir de unos hechos extraídos de la más prosaica realidad, Becker recrea y enhebra, además, algunos de los momentos más granados de la rica tradición literaria y artística francesa: esa excursión en barca por el río, esos señoritos ataviados con bombín y bigotito engominado y acompañados de descocadas jovencitas, esos bailes populares que traen a la memoria más de un cuento galante de Maupassant; el París humilde y arrabalero de las novelas de Zola, sus tabernas, sus meublés y sus fulanas, sus chulos y hampones hermanados por juramentos secretos y por las severas leyes de la herencia; ese extraordinario epílogo, en fin, en el cual se subliman todas las virtudes de una película intensa y tan cruda como lírica, y que resulta digno del mismísimo Stendhal. Ahí es nada. Como si fuera tan fácil decirlo como hacerlo.
Normelvis Bates 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Juan
Avilés. Asturias (España)
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Su valoración:  |
24 de Junio de 2009 |
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La década de los cincuenta en Francia fue muy importante para el cine ya que al final de ella surgió el movimiento de la Nouvelle Vague, que inyectó vitalidad al acartonado cine francés de la época. Sin embargo, el cinamatografía gala contaba con grandes autores como Henri-Georges Cluzot y Jacques Becker, que en aquel momento estaban en lo más alto de sus carreras. Becker, antiguo ayudante de Jean Renoir, asimiló el estilo de éste y aplicó a su cine el llamado realismo poético renoiriano, teniendo también Becker una marcada personalidad cinematográfica, a medio camino entre el clasicismo y la modernidad.
En Paris, bajos fondos se nos cuenta una historia basada en un hecho real: el asesinato de un hampón, amante de una mujer de vida licenciosa, por parte de un hombre honrado, también de enamorado de dicha mujer. Ella, llamada Amelie Helie, era una ex-prostituta que se había hecho muy popular en el París de principios del siglo XX y estaba relacionada con una banda de rufianes llamada Los apaches.
El resultado es una película estupenda, que fluctúa en varios géneros: el policíaco, el romántico y el costumbrista, con habilidad y talento, siendo las descripciones de los barrios populares del bullicioso y festivo París de la época las que más evoquen a Renoir. Asi mismo, Becker sabe impregar la historia de un tono fatalista muy sutil, deudor de la tradición naturalista de la novela francesa del XIX, además de proponer una narración sobria y precisa, de gran economía narrativa, en la que no sobra ni un plano.
La icónica actriz francesa Simone Signoret interpreta muy bien a la protagonista, apodada Casco de oro por su peculiar peinado, estando acompañada de los excelentes Serge Reggiani y Claude Dauphin, como sus amantes.
Juan 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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La señora Signoret es de esas damas del cine que enamoran a la cámara. Y el señor Becker lo sabe y sabe usarla (la cámara). Bellísimos primeros planos de esta actriz que también enamoran al espectador.
El carpintero, Serge Reggiani, es también de esa clase de actores que cuando salen ellos todo gira alrededor de su imagen, lo recuerdo de El Confidente, con Belmondo. Un rostro intrigante.
Magnífica ambientación del París de 1900, donde el vestuario, sobre todo el masculino, debería haber recibido un oscar. La carpintería, el bar, el piso del mafioso, todo está muy bien realizado.
Muy buena dirección de actores, ninguno desentona.
Por fin vemos en una película una pelea real. La escena de la pelea es perfecta.
Todas estas cosas hacen que en cuanto termina la película, desees volver a verla.
Muy recomendable.
Infierno de Cobardes 
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