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| 29 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Con “El nadador” estamos ante una obra anticipatoria de lo que será el cine de los setenta, es decir, esos personajes turbados que despiertan del sueño en el que creían vivir, y se encuentran con una realidad malsana y agresiva. Ned Merrill es un protopersonaje de lo que será De Niro en “Taxi driver”, pero el mérito es que esto está rodado en 1966, aunque se estrenara dos años después.
Lancaster tenía por tanto 53 años, no 55, pero eso no quita un ápice de su envidiable condición física, que es una parte consustancial de su interpretación. Yo soy de los que creen que Burt tiene un puñado de actuaciones mejores que esta desde luego, pero eso no quita para decir que esta es muy buena también.
Los problemas de producción fueron tremendos, desde cosas que pueden parecer sencillas como que no se conseguían la cesión por parte de los propietarios de los chalets a rodar en sus piscinas, a la censura con las imágenes, que hizo que en cada país tuviera un montaje diferente. Pero sin lugar a dudas los más graves los protagonizó el propio director, Frank Perry, muy descontento por la falta de control que le daban, y que hizo que abandonara antes de su finalización. Un joven y desconocido Sydney Pollack, se encargó de terminarla y surgió una buena amistad con Lancaster que le sirvió para rodar ese western ecologista que es “Camino de la venganza”
La historia está basada en un relato corto del magnífico escritor John Cheever, publicado en 1964, y que viene a ser una mordaz crítica de la sociedad opulenta americana de su tiempo. El guión, escrito por la mujer del director recoge y amplia el texto, siendo la “Amercan Beauty” de los sesenta.
Pero además de una crítica hacia fuera, hacia la sociedad, también la tiene hacia dentro, hacia lo psicológico, nos habla de las falsas mentiras que la gente se cree de sí mismos, de esa delgada línea que separa la locura de la cordura, y por supuesto de las etapas de la vida, que es el recorrer de esas piscinas, hasta la vejez y la muerte, y como al final siempre estamos solos y sobre todo desnudos como el personaje. Y es que Ned Merril no era tan buen hombre como se cree, por eso la llegada de este Ulyses a Ítaca será tan dura.
La cinta tiene mucho de anticipatoria, de funesta, en lo complicado que son las relaciones de pareja. El propio Frank Perry y su esposa –la guionista- se divorciaran dos años después. Pero también el mismo Lancaster haría lo propio de su segunda esposa, en menos de un año del estreno.
La mejor pool-movie de la historia, que en manos de otro director con más talento a la hora de filmar, hubiera sido toda una obra maestra. Aún sí, y como dicen por ahí, es una película de culto, con sus defectos y virtudes.
Nota: 7,9
vircenguetorix 
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| 20 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
7 de Noviembre de 2006 |
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Enfática realización (lo del caballo superpuesto en el ojo de Lancaster y la musiquita de fondo es de traca) y un mensaje característico del momento configuran una película típica (en fondo y forma) de su época que, pese a tener todas las papeletas para ser calificada de trasnochada y avejentada, sigue interesando por su bonita idea inicial, la gran interpretación de Lancaster y por un ritmo fluido que hace que no se resienta la atención del espectador pese a la reiteración de situaciones.
Gran final también. Previsible pero seco como de los que ya no quedan. Supongo que si se hiciera un remake la turba hambrienta de explicaciones exigiría detalles sobre el estado mental del protagonista.
Y así la película se iría a la mierda.
Bloomsday 
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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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gallur
Valencia (España)
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Su valoración:  |
17 de Octubre de 2007 |
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Película difícil pero genial, subyugante, intensa, magistral , con un Burt Lancaster en el mejor papel que haya podido interpretar. El descenso a los infiernos de ese Nadador en la que cada piscina muestra una porción de su vida consumida, una vida llena de mentiras, superflua, vanal, una vida que ha buscado el éxito por encima de todo. Una joya.
gallur 
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| 13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Barfly
Madrid (España)
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Su valoración:  |
9 de Febrero de 2010 |
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Pues sí, me cago en san dios, arriba las manos, arriba los pubis, arriba los whiskeys, esto es un escándalo.
Motta, irritantemente tibio con su 7, acaba de confirmar que sus nubes de hachís deben de estar ubicadas, más o menos, en el mismo sitio que los triunfos coperos del prostíbulo que anima; esto es, lejos, lejísimos. Efectivamente, el fan de Anthony Perkins ha emulado a Gregory Peck con asombroso tino, definitivamente ha puesto el Rioja en la llaga: esta taladradora llamada El Nadador, aunque data de 1969, es más atómicamente 70's que el debut de Montrose y que el cipote de Sidney Lumet.
Es cierto, no obstante, que su realización y su aparente banalidad remiten a la década de Yellow Submarine, cuando Mr. Sonrisa Política aparece marcando paquete, exultante y surcando aguas. Pronto, no obstante, y si uno presta la concentración que el gorras negaría a una rueda de prensa de Adolfo Aristaráin, una cierta inquietud sobrevuela el paisaje, un brote psicótico asoma de la mirada entusiasta de Mr. Sonrisa.
Y, tras enunciar su quijotesco proyecto, y cuando la película, quizá con poca sutileza pero con una eficacia y un poder hipnótico verdaderamente indiscutibles, levanta las cartas, por el amor de dios, se confirman las sospechas: ahí nacen los putos 70's, ahí vemos al temible burlón despeñarse, convertirse en objeto de chanza, en semilla del diablo. Aquí, por cierto, conviene romper mil lanzas y un misil nuclear en favor de la tonelada de matices que imprime nuestro ídolo a su personaje; por dios, qué bien envejeció este acróbata, con qué garbo supo cambiar los triples saltos mortales por los maratones de melancolía.
Así, lo que aparentaba ser un vasito de mosto, se convierte en un tanque de ginebra y, mientras los nubarrones y la tormenta suplen al sol en los cielos y Mr. Sonrisa deja progresivamente de anunciar Colgate, nos damos cuenta de su enajenación, de su desubicación, de su mundo de nostalgias, frustraciones y molinos.
Efectivamente, mientras Mr. Sonrisa comienza a sangrar, a encajar humillaciones, a vislumbrar su destino y a pedir a gritos una cruz, en algún lugar del mundo Iggy Pop ladra Feel Alright y Travis revienta una televisión, no me cabe la menor duda. Porque la recta final de esta película es de lo más perturbador, asfixiante y desesperanzado que he visto en mi vida, con Mr. Sonrisa dándose de bruces con la realidad, empalado en la cuneta y, efectivamente, musitando "Soy Mr. Sonrisa Política, y soy del Atlético de Madrid".
Soy consciente de que una filmación más potente hubiera redoblado aún más la intensidad de la película, y que no puede impedir algún que otro paso en falso, pero demonios, qué puede haber más emocionante y épico que una imperfección bella, que una desafinación llena de emoción, que una petaca quebrada, que un zurdazo estampado en el poste y que acabe besando con suavidad una red.
Apoteósica.
Barfly 
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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El Oriental
Madrid (España)
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Su valoración:  |
26 de Noviembre de 2007 |
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Recuerdo una inquietante película en blanco y negro,que pusieron en la televisión hace mas de 30 años, (yo tenía 15-16 años) en la que Burt Lancaster interpretaba a un individuo que recorría las piscinas del condado, en bañador, descalzo, encontrando cierta hostilidad (?) .
Pero, oh sorpresa. La película no estaba rodada en B&N, ¡ era mi televisión !. Y en ciertos momentos era luminosa, muy luminosa y llena de esperanza.
Burt Lancaster hace un papel soberbio y nos conduce por "un rio de piscinas de zafiro" al paraiso perdido. Mas allá de las alegorias psicológicas y morales sobre el éxito, el fracaso, la mediocridad, como la vida siempre pasa factura, etc,etc,etc, es una pelicula con mayúsculas.
No se la pierdan
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La piscina pública del final de la película recuerda al Parque Sindical en Madrid en los años 60.
El Oriental 
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