|
|
Críticas de "Fat City, ciudad dorada"
|
| 73 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
GVD
Madrid (España)
|
Su valoración:  |
25 de Junio de 2007 |
|
|
No hay esperanza, no hay alivio, no hay alegría, sólo la vida, que es una puta mierda. Intentemos que nos cojan para poder segar el campo, para ganar unos billetes que nos ayuden a seguir tirando. Cojamos la botella y perdámonos en su ayuda, ella se ocupará de que todo vaya mejor, relajémonos. Despertémonos y veamos nuestra habitación formada por paredes con grietas que se extienden a un techo que parece que está cayendo ante nosotros, pero no se cae, es un resacón. Todo el mundo sigue tirando, van haciendo sus compras pensando en sus cosas, ¿qué pensarán?, ¿en su soledad, en su trabajo, en su felicidad?. A lo mejor todos somos felices y no nos damos cuenta. A lo mejor. Preparémonos para el combate, probablemente lo ganemos y recuperemos nuestra honra. El tipo parece fuerte, y en el primer asalto le hemos dado fuerte en el estómago. Parece dolido. Mientras le golpeamos el tipo nos da fuerte y nos tumba, qué cabrón, y nosotros preocupándonos por él. Ataquemos fuerte, machaquémosle, un directo, otro, parece que sangra, se rinde y cae sobre nuestros hombros recorridos por sudor. No es un abrazo fraternal, es un abrazo de perdedores, porque aquí no ha ganado nadie, el combate estaba perdido de antemano para todos. Cien pavos de recompensa, esto no da ni para comprar la felicidad. La botella abre sus brazos de par en par y nos ofrece su compañía. Quién puede resistirse. En un momento de retorno de la embriaguez reconocemos la realidad en un espejo, miramos nuestra cara, está recorrida por cicatrices, se nos cae el pelo, nos hacemos viejos. La vida sigue su curso y no nos espera, nos trata con desprecio. Nos despertamos en nuestro fracaso y el sol nos ciega, va a hacer calor en el trabajo.
*
*
*
*
Este drama no es el nuestro, es el de esta película. Sin embargo, la película no sólo nos transmite la tristeza y la agonía, sino que nos las cede. Estamos todos jodidos viéndola, el drama se convierte en nuestro. No es cine, es la pura esencia del fracaso, es el dolor rodado. Es atroz y terrible. Me resulta imposible criticar esta película porque no es una película. Es la amargura de la vida.
GVD 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 61 de 75 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Taylor
Terrassa (Polonia)
|
Su valoración:  |
30 de Julio de 2007 |
|
|
Si Eddie Felson encarna en nuestro particular santuario cinéfilo la figura del perdedor, sin duda alguna Billy Tully refleja la viva imagen del desencanto, del desaliento, del nihilismo más brutal y acojonante. La peli de Huston constituye un formidable homenaje a la galería de fracasados de la América profunda. Esa puta América blanca y pija ( con tu permiso, Txarly ) que avanza cansinamente..., melancólicamente..., a ritmo de country. Porque el viejo John ( no, no es Ford. Es Huston. ¿OK? ) nos atrapa con una peli sin historia, sin argumento, sin guión... sólo con retazos de nuestra mísera cotidianeidad. Un puto día a día sin ambición, sin misterio, sin venganza, ni lección moral que valga.
Un otrora afamado boxeador se arrastra por bares de dudosa reputación, por cochambrosos gimnasios, por cuadriláteros de tercera, por hoteles de mala muerte... por quilométricos y ampulosos campos de cebollas. Siempre sudoroso, resacoso..., apestando a alcohol, pero siempre alzando la ceja, el mentón y alentando, con ese fétido hálito, a quien le pida ayuda, a quien le implore protección. Porque aunque Keach no es Gary Cooper ni John Wayne, nuestro antihéroe tiene más cojones que los otros dos juntos. Porque el valor no estriba en desenfundar con mayor rapidez o en soltar frases lapidarias con cara de palo. El valor consiste en encajar los golpes que te da la vida con entereza. El valor consiste en abrazar a una infeliz borrachuza, echarle un polvo y freirle un filete. El valor consiste en levantarte por las mañanas para ir a recolectar cebollas. El valor consiste en ir a recoger esa caja de cartón de manos de un expresidiario negro cuando tu pareja te echa de casa. El valor consiste en echar el resto por un amigo. Porque para mi tiene más coraje cualquier pobre diablo de Stockton que el más duro entre mil más allá de Picketwire. El viejo John ( Huston, of course ) me lo demostró. Congeló planos y corazones al final de su película y el muy cabrón me obligó, por vez primera, a derramar una lagrimilla entre los marcados acordes de esa amarga balada country.
Porque la vida es muy, pero que muy jodida... y muy pocos supieron dibujarla tan bien.
Taylor 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
nachete
málaga (España)
|
Su valoración:  |
23 de Noviembre de 2008 |
|
|
Fat City es una película que realmente explora el mundo del boxeo. No hay maquillaje, no hay épica. Hay soledad, dolor, sufrimiento. La crisis económica, lo que viene a ser el contexto del film, es importante, pero su trasfondo no deja de ser universal: el miedo a ahogarse en una gloria efímera que será imagen recurrente durante el resto de nuestras vidas. Huston rueda magistralmente el combate de boxeo más deprimente de la historia del cine: dos muertos vivientes convirtiendo su dignidad en carnaza para un público ajeno a su derrumbe interior, la desolación del alma humana transformada en olvidable espéctaculo de masas. La victoria en el ring deja de ser una cuestión de honor: es pura supervivencia.
Fat City es una película que golpea donde más duele, que noquea. Huston, púgil de delicado tacto cinematográfico, logra extraer lirismo terminal de los personajes que pueblan esta memorable oda a los perdedores. Ahí está el impresionante papel de Sixto Rodriguez: en apenas diez minutos no dice ni una sóla palabra, pero sabemos todo de él. La escalofriante descripción de Huston (hiela la sangre la forma en que rueda la última escena del personaje) es un ejemplo paradigmático de purísima poesía crepuscular, hiriente como una puñalada. El final, trsitísimo, incide en la idea de la derrota, la desesperanza, la imperiosa necesidad de afecto. Magínifico guión que el autor de El halcón maltés supo elevar a la categoría de obra de arte.
Clásica, serena y dolorosa, Fat City quedará para siempre como uno de los más duros y exactos retratos del alma humana jamás rodados.
Lo mejor: duele mucho, porque está llena de verdad.
Lo peor: alguna arritmia en su tramo inicial.
nachete 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Redeker
Málaga (España)
|
Su valoración:  |
24 de Mayo de 2010 |
|
|
Es una tarea peliaguda valorarla como justamente debiera hacerse ya que su visionado imprime una opinión tan dividida como valorar si es bueno o malo que un museo del arte o un orfanato se haya venido abajo pillando dentro a un grupo de "contertulios" de programas del corazón... Un ejemplo drástico pero, ¿se capta la ambigüedad del asunto?
El film se deja ver con relativo interés y una vez que llega a su fin emerge el quid de la cuestión; invita a la reflexión a un espectador que, a pesar de encontrarse ciertamente encandilado con el trasfondo humano que le muestra la película, no pasa por alto serios altibajos en el devenir del film. El ritmo decae en no pocas ocasiones.
Es engañosa; su deliberada lentitud en la narración y su tono anodino, de efecto irreparable en el vidente, no es sino el as en la manga del director para sumergirnos en la cotidinadeidad de los personajes y golpearnos fuerte con un final que, sin provocar el típico y recurrido giro argumental ni un vuelco en la historia, consigue el efecto revelador y perturbador que el espectador esperaba: las desesperanzadas y mustias palabras de un Keach mimetizado con la silla de la cafetería...
No es una historia de héroes, es una historia de antihéroes. Perdedores hay en todos lados, pero pocas veces se hace una película que trate sobre ellos; y pocas veces una película que trata sobre perdedores no hace el intento de mitificarles; y pocas veces una película que hace el intento de engrandecer a los perdedores no los transforma en héroes o en iconos, completándose, usualmente, un círculo vicioso en el que se termina por no saber quién es quién y qué son.
En esta película el perdedor nace perdedor y vive la vida de un perdedor, y es ésa la vida que se invita a observar al espectador. Ni más ni menos. Igual de insulsa e igual de tediosa de lo que sería la vida de un perdedor en la realidad. Y de transmitir esa sensación se encarga un formidable, inmenso, Stacy Keach, en el mejor papel que le recuerdo haber hecho.
Es interesante, impactante por momentos, dura en su fondo, sobria en su formato, cruda en las relaciones de los personajes, melodiosa. Contiene escenas de cierta grandeza cinematográfica, pero, a mí que no me engañen, se podría haber hecho mejor. Y algo más divertida. No obstante, es una recomendación clara.
Redeker 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Winnipeg
Manitoba (Canadá)
|
Su valoración:  |
29 de Noviembre de 2011 |
|
|
Me gusta el cine, luego me gusta el boxeo.
Huston habla en esta pelicula de los perdedores del boxeo. Pero estos perdedores son perdedores de antemano, lo son por su falta de talento y por su falta de dedicación. Así se nos presenta la épica del fajador, reiterada en casi todas las peliculas boxeo, desmitificada aquí por Huston. Vemos como en la magnífica escena de la salida del estadio, mientras el fajador Tully, comparte su alegría con su séquito, Lucero, el estilista que pierde el combate y que mea sangre, se aleja de los vestuarios. Va bien vestido, camina con elegancia, con la dignidad del boxeador profesional y de profesión, de carretera y motel. Las luces del estadio se van apagando a su paso; una muestra de gran puesta en escena.
---Boxeo---
Hay boxeadores estilistas, muy técnicos, de escuela, que boxean como si estuvieran jugando al ajedrez. "A más sudes en el gimnasio menos sangrarás en el ring". Suelen estos haber nacido con los guantes puestos criados por familiares boxeadores, desde la más tierna infancia, que saben que el boxeo se suele ganar con los pies y con los desplazamientos. Decían que a Oscar de la Hoya, su entrenador, cuando tenía apenas 8 años, le ató los cordones de los zapatos y lo tuvo un año haciendo pasos a través de un pasillo antes de vendarles las manos y calzarle unos guantes. Habrán lanzado millones de jabs de izquierda (en caso de ser diestro).
Los estilistas tienen un jab perfecto que hace su función. Es un golpe sin potencia, sin poder anestesiante, pero molesto; su goteo continuo desgasta y mella la moral de un adversario menos técnico. Eso es lo que se busca, hasta que el adversario pierde la paciencia y hace un movimiento en falso, descuida su guardia y entra la derecha desde atrás, con el doble de fuerza, o un croche que busque mover el mentón. Si pasa eso, el estilista sabe que ha conseguido su propósito. El boxeo de pesos ligeros y medianos, donde no suele haber sorpresas, es un deporte de herir y dejar sangrar. Después de una buena combinación los brazos bajan y ahí ya puedes decirle a tu manager que tire la toalla, pues la llaga se irá haciendo cada vez más grande.[...]
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: [...]Te toca, en caso de ser un boxeador profesional, la vergüenza torera, el honor, la esperanza de un golpe milagroso, que normalmente, a un estilista no le podrás encajar, y si lo haces no será un golpe definitivo. Si por el contrario estamos en los pesos pesados, todo es posible...La potencia de un golpe sube exponencialmente a medida que sube el peso de los púgiles. Por ello a los púgiles de peso pesado no se les aprecia la técnica tanto como otras virtudes, por ello también los combates de pesados pueden llegar a ser mas sorprendentes, épicos o espectaculares. Además existe una diferencia entre el boxeo profesional y el olímpico. El jab obtiene la misma puntuación que cualquier otro golpe, luego, al ser mas rápido y mas fácil de alcanzar al objetivo se abusa de él en esta modalidad: lo que importa es puntuar, no la suma de daño infringida. El boxeo olímpico sólo dura 4 asaltos de 2 minutos, con lo cual el desgaste físico tampoco cuenta en demasía... Normalmente, los púgiles llegan frescos al final del combate. En el boxeo profesional el número de rounds son negociados entre 12 y 15, con una duracion de 3 minutos, una auténtica odisea en la cual los estilistas encuentran el factor de "desangramiento" como su mayor aliado, al igual que una contienda de ajedrez en la que un jugador ha perdido un peón...es casi inevitable, si los dos tienen un nivel parecido, que remonte.
El jab es la llave maestra del boxeo, todo entrenamiento debe empezar con el jab. Dicen los viejos maestros, que si controlas el jab del adversario y no te supone problemas, generalmente ganarás. El boxeo por mucho que nos digan en el cine, también es cuestión de estadística.
Otros boxeadores estilistas como de la Hoya, son Ray Sugar Robinson, Ray Sugar Leonard, los mexicanos (grandisimos en este deporte) "dinamita" Marquez, Nonito Donaire (un primera espada filipino, que me gusta técnicamente más que su compatriota el célebre Manny Pacquiao) y el polaco Proksa.
Decir que Sergio "Maravilla" Martinez es un estilista en mi opinión es sacrilegio. Es un atleta de un potencial físico extraordinario, pega fuertísimo, pero como si estuviera tirando piedras, con técnica de boxeo nula. Su agilidad y reflejos le ayudan muchísimo, que duda cabe, y esto podría hacernos creer que es un estilista, pero al final, sólo es el chico de moda, capaz de hacer el mejor KO del año o de la década, pero sin tener la mínima oportunidad contra los grandes de verdad, irregular y con la posibilidad de poder perder casi contra cualquiera. Ese KO a Williams fue un martillazo...sin mirar, por suerte, tirando del cuerpo como si fuera un lanzador de disco más que un boxeador elegante de sólidos fundamentos pugilísticos. Incluirlo en los mejores libra por libra me parece dantesco. Para mí es un pegador acróbata. La estadística de momento le da cierta credibilidad, de momento
- Lo que aprendes en los primeros días, es lo que te quedará siempre.-
Winnipeg 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|