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Historia de una familia china, desde que un niño nace en 1967 hasta nuestros días. El film presenta tres momentos bien precisos. Arranca con la infancia del niño, cuyo padre regresa un día de modo inesperado, tras haber estado internado en un campo en los años de la revolución cultural. El padre soñaba con ser pintor, pero su estancia en el campo ha estropeado su pulso, su carrera se ve frustrada. Entonces pone todo su empeño en que el chaval, coja el testigo y se convierta en un buen pintor. Ya de joven, el chico progresa como pintor, pero trata de escapar del férreo control paterno: no va a clases, y dibuja por su cuenta, lo que le supone una dura reprimenda. Además conocerá a una joven de la que se enamorara (Zhang Yue, imposible no enamorarse de ella, yo también lo hubiese hecho)
La espina dorsal de la película es la relación padre-hijo. El padre es un hombre duro, que está convencido de que toda su vida no ha hecho otra cosa que buscar lo mejor para su hijo. Él ha reconocido el talento de su hijo, y no es que quiera proyectar en él lo que no pudo hacer, sino que reconoce su superioridad, porque advierte un don. Esto no quita para que se vea la distancia que se ha creado entre los dos, la falta de libertad y responsabilidad en que ha criado a su hijo; se ve claramente como el respeto reverencial a los padres, muy confuciano, debe compaginarse con la independencia personal.
En la narración, aunque sean presencias pasajeras, se ven las dificultades de la vida en China, a la hora de conseguir un piso. Los rascacielos que se construyen sobre los antiguos callejones son el cambio visible en esta nueva sociedad que cambia a la par que las relaciones humanas. También se aborda el tema del aborto, presentado como hecho traumático; la visión que se da del aborto no es complaciente, pero se ve como una opción personal, dura, pero que atañe sólo a los padres de la criatura.
La decisión final del padre, algo disparatada para mi gusto.
Arakiri 
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