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Sinopsis
Una pareja de amantes vive una historia de amor llevada hasta límites inimaginables. La pasión se ha adueñado de ellos. El sexo ha pasado a ser lo único importante de sus vidas. Las ansias de la mujer por poseer a su hombre parecen inagotables y crecen cada día más hasta llegar a confundir el placer con el dolor. (FILMAFFINITY)
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Dromedario
Royston Vasey/Madriledo/Monk's Café (España)
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2 de Agosto de 2007
149 de 217 usuarios han encontrado esta crítica útil.
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(Imagen de una de las continuas felaciones mostradas en un minuto cualquiera de "El imperio de los sentidos")
Véase que la toma ha excluido, ella sóla, los testículos, al ser éstos de una fealdad extremada.
(Sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
Lo explícito no asusta, pero aburre. La pasión no se ha de mostrar sólo con cuatro polvos, y esa pasión absorvente y desquiciante debería haber sido tratada con más delicadeza, puesto que es el verdadero motor de la cinta.
¿Amor? No. Sólo sexo.
PD1. Si usted era uno de los que veía cada viernes la película porno del Plus codificada, y se ha excitado con lo visto, contacte urgentemente con su urólogo o con su médico de 'cabecera', probablemente tenga un enfermedad mortal en el miembro.
PD2. Y sí, los japoneses, al igual que los hobbits, los dromedarios, los comerciantes de melocotones rumanos y los hombres (y alguna mujer) de la Edad Media, también tienen el glande triangular.
Dromedario  |
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20 de Marzo de 2010
43 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil.
En 1990, durante mi breve permanencia en el cine-club Fritz Lang de la UAB, tuve ocasión de visionar en pantalla grande -como mandan los cánones- algún que otro ‘film de culto’ y algún que otro film de autor.
Por aquellos entonces, la cúpula directiva de mi cine-club tenía muy claro que el prestigio gafapastil de la entidad dependía, en gran parte, de la abstrusa y sesuda reputación de su programación cinematográfica. Aún así, mis colegas cinéfilo-culturetas eran asimismo conscientes de que si querían evitar que el patio de butacas del auditorio acabara pareciendo el desierto de los Monegros al final de cada sesión debían programar de vez en cuando -como mal menor- pelis con cierto gancho (sexual, por supuesto) para conseguir una buena respuesta por parte del disoluto y sicalíptico público universitario.
Con dicho objetivo, pues, decidimos programar un buen día “El imperio de los sentidos”, de Nagisa Oshima. Un film que, indudablemente, encajaba a la perfección con nuestros maquiavélicos propósitos. Por un lado, la peli de Oshima destilaba un tufillo gafapasta que echaba p’atrás y, por otro, sabíamos a ciencia cierta que la pareja protagonista se pasaba la peli follando a destajo. Un dato que nos aseguraba, a priori, un pleno absoluto. Y aunque el título de la peli en castellano ya era de por sí suficientemente explícito decidimos arriesgarnos a imprimir los carteles publicitarios con el título original: “Ai no corrida”. Un título cuya poderosa semántica (“corrida”) podía inducir a pensar, paradójicamente, en un gatillazo (“no corrida”) de escándalo. Algo que, os lo aseguro, no se produce en esta peli.
Polvetes al margen, lo cierto es que -sorprendentemente- la peli de Oshima acabó por gustarme mucho más de lo que me esperaba. Quizás porque -si bien puede considerarse, en efecto, como un producto con un sensible resabio gafapasta- “El imperio de los sentidos” es, en realidad, una peli cuyo discurso metafórico es lo suficientemente meridiano como para que cualquier proletario de la cinefilia como yo no corra el peligro de quedarse a dos velas. No resulta complicado, pues, deslizarse cómodamente en ese delirante estudio freudiano sobre los irrefrenables impulsos del Eros (amor) y el Thanatos (muerte) que protagonizan la sirvienta-prostituta Sada (Eiko Matsuda) y su amo Kichi (Tatsuya Fuji). Dos amantes cuya autodestructiva maratón sexual culmina en uno de los desenlaces (tranquilos, no destripo nada) más espeluznantes y orgásmicos que recuerdo haber visto jamás en una gran pantalla.
Taylor  |
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18 de Marzo de 2006
48 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Comprendo que observar la manera tan gráfica en que una japonesa se mete un cacahuete en la boca casi todo el tiempo, pueda otorgar aire de clásico a una película filmada en el 76. Y también que en Cannes se dieran 13 pases para verla. O más bien para ver como medio copulaban dos extraños seres. Porque El imperio de los sentidos aparte de molestar por su monotonía no ofrece, en cuanto al erótismo se refiere, nada especial, y menos treinta años después.
Técnicamente es penosa. Nagisa Matsuda no consigue adecuar la luz a sus propósitos. La creación de una atmósfera tenue, minimalista, con diferentes tonalidades que nos transmitiésen algo... qué va... cero. Los planos son repetitivos y terminan agotando al espectador. Podría haberse realizado algo mejor. Creo yo.
El cuatro es por las dos actuaciones y cómo bien se dice en la sinopsis, por la seriedad con que se muestra el sexo explícito. Lo mejor del film. Bizarra? Yo soy más bizarro cuando me pongo.
Txarly  |
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7 de Abril de 2007
37 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es una película sensacional, preciosa, sexual, amorosa, enfocada en la necesidad del hombre por la mujer y la mujer por el hombre, por acoplar sus cuerpos una y otra vez cuando hay enamoramiento intenso, "luna de miel" o locura de no poder estar uno sin el contacto continuo del otro; piel con piel, porque se pertenecen desde los más misteriosos orígenes de la genética inteligente, y de esta manera es como se siente el cielo en la tierra y además de esta manera es como muchos seres humanos somos invitados a formar parte de la Historia.
Dado que soy hombre, es por la parte femenina por la que he sentido atracción; esta mujer tiene una belleza, una estética y una blancura japónesa (de amarillos nada) que verdaderamente son un logro y un atractivo poderosísimo a lo largo y ancho de la cinta.
Una película que es poesía corporal, sexual, pasional hasta el extremo, biología básica, arte nudista femenino-masculino que apreciarán sobre todo quienes no temen ni les da asco la gran necesidad de una mujer por un hombre y viceversa, de abrazarse desnudos y jugar sexualmente a lo que sus hormonas, células y microcosmos internos les piden, les ordenan o les empujan.
Fej Delvahe
Fej Delvahe  |
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11 de Enero de 2011
31 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Más que una crítica tengo que hacer una sugerencia a todos los usuarios de Fa que tengan un problema de tamaño, como es mi caso, del miembro viril ¡Esta es vuestra película!
Me explico:
El protagonista, japonesete con los ojos achinados, como buen japo que se precie, es un auténtico semental, guapo (¿? Puede…no le distingo, luego no sé), follador, irresistible, y lo mejor de lo mejor, de ahí mi sugerencia ¡Bien dotado!
Pues na chicos, contentaros, pues el pirulí del muchachote la verdad es que es de un nivel tirando a ínfimo, mini pollita que diríamos, que hace que un servidor después del visionado de la película se crea Tarzán.
Imprescindible película porno, y de obligada visión conjunta antes de hacer el amor con una nueva novia, nunca caerás en el ridículo.
¿La peli en si? Pues eso ristra de metidas de mano, mamadillas, sobes, y demás menesteres, que sin desmerecer en belleza no deja de ser porno light japonés.
Ya sabéis chicos usarla, no caigáis en la tentación de calentar a una muchacha haciendo el ridi poniendo algo de Nacho Vidal: ¡No! ¡Esta es nuestra película!
antipseudo  |
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