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| 91 de 119 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Neathara
Saruman hace un orco y luego hace un (Uruguay)
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Su valoración:  |
20 de Noviembre de 2008 |
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1) Tratad esta película como a un material muy delicado. Para empezar, nunca la veáis a la luz del día. Contempladla desde la oscuridad, a partir de la medianoche, con la precaución con la que espiaríais el rostro de un vampiro dormido. Porque al igual que para un vampiro, el sol es pernicioso para "La noche del cazador". En su naturaleza de pesadilla, no sobreviviría a la luz de la razón, como no sobreviven los terrores nocturnos a la confrontación del amanecer.
2) Pero hay otra cosa más importante. No la veais sin recordar los tiempos en que el mundo os parecía un lugar grotesco, terrible, misterioso. Un lugar en que las sombras eran demonios y los adultos eran gigantes y las palabras eran conjuros y los bosques, reinos perdidos y los ríos, sangre de ondinas. Si no tenéis tal capacidad, no vale la pena que perdáis el tiempo con "La noche del cazador".
3) Y el último, también importantísimo. No intenteis verla como una parte indispensable para completar vuestro currículum cinéfilo. Ni porque se os haya dicho que es una obra maestra. Ni para pasar un rato de terror. Ni para llenar la aburrida sucesión de horas de una tarde de domingo. Esto es un error garrafal.
Si hacéis caso de todo esto, quizás descubrireis una puerta que muchos a día de hoy, han pasado por alto al ver esta película. Y que conduce a un reducto muy oscuro y olvidado, en la parte más recóndita de la memoria del alma; un instinto más antiguo que el hombre que nos advierte de que el mundo todavía es un lugar del que hay que tener miedo.
"Los cuentos de hadas no le proporcionan al niño su primera intuición de la existencia de los espectros. Lo que le proporcionan por vez primera es la intuición clara de que es posible derrotarlos" (Chesterton, "El ángel rojo")
Neathara 
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| 85 de 125 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Josh20
Madrid (España)
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Su valoración:  |
10 de Junio de 2005 |
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La maestría de esta genial película no solo radica en su música y sus imágenes poéticas, en su belleza indiscutible o en su oscuridad, radica en lo heterogénea que es. Una mezcla de thriller gótico (pero en la América profunda) con referencias a los cuentos de hadas (Hansel y Gretel), al cine mudo de Griffith (no es casual la presencia de Lillian Gish) o al fanatismo religioso y la crueldad infantil. Todos esos temas surgen en apenas hora y media de puro cine. Muchos dicen que cae en el ridículo, pero es que la película se desliza por el territorio onírico y se convierte en un cuento con niños y ogro. Todos los efectismos están plenamente justificados gracias al magnífico guión, al montaje y a la prodigiosa interpretación de Robert Mitchum como predicador fanático y divertidamente malvado. Es una verdadera maravilla que en el cine americano de los 50 se pudiese rodar una película tan llena de significados (incluso referencias bíblicas) y tan bella y poética ( la poesía o la sutilidad reflexiva eran más propias del cine europeo de la época) . El precio fue alto: un inmercecido fracaso de público y crítica y el perdernos otras películas que ese gran actor llamado Charles Laughton podría haber dirigido. Una pena, pero siempre nos quedará esta maravilla para ver en una oscura noche veraniega.
Josh20 
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| 70 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
23 de Enero de 2008 |
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En la infancia todo es simple, todo es blanco o negro. No hay caballos pintos al galope con músculos en tensión, eso son matices, sino que los caballos van al trote como si fueran de cartón, y las persecuciones son lentas porque el mundo es para siempre y en ellas no se corre, se resbala. La muerte se presenta como un espectro de una extraña belleza de trazo grueso, sin detalle; melancólica pero no traumática.
Es curioso que Laughton odiara a los niños porque supo retratar perfectamente la onírica visión del mundo que, desde la infancia, se tiene de las cosas. Un mundo de juguete, con agitados estanques de colores en lugar de ríos y telones oscuros con purpurina suplantando la estrellada y eterna noche del cazador. Y es que a veces la película parece transcurrir en la habitación de un niño, tal es el efecto de los decorados o localizaciones, y no en un campo o en un pueblo sureño.
Y por supuesto, los malos son tipos que saltan y chillan como monos.
Esa visión maniquea de las cosas es propia de la infancia. Los malos, muy malos; los buenos... muy buenos. Pero no se nos presenta con moralina, creo yo, sino con mordacidad. La visión de alguien que retrata con nostalgia el encanto de la infancia pero que a la vez tenía alergia a los niños. Y eso no es contradictorio, es una evolución natural del cínico hacia la resignación del que reclama la sencillez de la infancia aún sabiendo que ese plazo caduco lleva el germen de la depravación, la incoherencia, el puritanismo y la codicia.
No es moralina ensalzar a los niños, por tanto, todo lo contrario. Porque la mejor forma de mostrar el sinsentido de los adultos es hacerlo desde el esquematismo infantil y el esquematismo de ese sur arquetípico. Pero en esa sencillez hay una mirada burlona, obscena, cínica, a la degeneración del paso del tiempo que nos convierte en viejos obsesionados con los juguetes del dinero, el sexo y el perdón de los pecados. Amén. No es Mitchum (y lo que representa) el único que sale escaldado en esta cinta.
Por todo ello, Laughton no ensalza la niñez por moralina, creo yo. Lo hace más bien por resignación. De hecho, ni siquiera creo que la ensalce propiamente hablando. Y es que creo que es un reflejo de escepticismo coñón lo que se dibuja en la mirada perdida de Lillian Gish al final de la cinta. Un reflejo que no es de Gish, sino de Laughton; un reflejo que configura el edulcorado speech final como broma última. Como ridiculización de la visión adulta que considera la infancia una esperanza.
Laughton no presenta la niñez como esperanza, sino como inevitable período de incubación.
Bloomsday 
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| 162 de 291 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
23 de Abril de 2007 |
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Tras esa frase en una secuencia introducida con vaselina en el inicio de "La noche del cazador" ya nos avisa Laughton de lo infame que llegará a ser su propuesta durante todo su transcurso: Moralina barata por doquier y muchos diálogos escupidos por sus personajes que no son más que un cúmulo de memeces adosadas al guión para que este pueda transcurrir con total normalidad.
Eso sí, lo único salvable que hallo en su guión es su planteamiento, porque tanto su transcurso como ese absurdo y lamentable final (a la escenita del niño me remito) son algo verdaderamente mediocre, solo salvable por su fotografía (que, sin ningún tipo de remordimiento, se podría decir que es lo mejor del film) y por alguna que otra secuencia rodada con determinada maña por el nefasto Laughton que, por suerte, tras este esperpento dejó la dirección para dedicarse a otra cosa, pues se ve que en su día si no recibías los aplausos suficientes, lo mejor era dejarlo y no seguir luchando por el sueño de uno mismo. Cosa que dice mucho del tipejo en cuestión, y también de la película. ¿Un film que ni siquiera fue aplaudido en su epoca y que ahora es considerado un absoluto e indiscutible clásico? ¿como se come eso? No se come, es sencillamente indigerible.
Y no por la casposidad de la interpretación de Mitchum, que sólo tiene un par de destellos de lucidez en todo el film, ni por ese montaje tan cutre e infame que consiste en meter con vaselina (sí, sí, demasiada vaselina en la cinta) cortinillas y fundidos al final de cada secuencia, aunque ello hiciese parecer que poseían un aire descuidado, inacabado, ni tan siquiera por los fallos de raccord que contiene el film de marras (como en su inicio, cuando tras oir las puertas de los coches policiales, se vuelven a oir sirenas y puertas de nuevo ¿?), seguramente por ese mensaje sobre la infancia y sus niños, un mensaje tan cogido con pinzas como lo que supone esta tontería en sí.
Tampoco se libra de tener secuencias incomprensiblemente bobaliconas y tontas, u otras tan mal rodadas como interpretadas (el momento en el cual Mitchum da una explicación sobre las marcas en sus puños es realmente deplorable), o de esa execrable moralina que nos habla sobre el bien y el mal como si nos hallásemos en un episodio de, no sé... ¿Las tortugas ninja? Por poner un ejemplo, de entre tantos otros.
Eso sí, ahora esta crítica será lapidada como tantas otras que difaman sobre la excelsa obra maestra de Laughton, y yo pienso en lo que gozaré imaginando las caras de los seguidores acérrimos a esta obra cuando lean lo escrito. En ello y nada más, y no porque sencillamente se tendrán que contentar con darle al no, sino porque mi infecta (para ellos, evidentemente) opinión seguirá estando aquí, y seguirá siendo una molestia para su vista, y yo me regodearé como nunca lo he hecho, igual que lo hice tras saber que el tal Laughton nunca más volvió a dirigir, pero bueno, como ya he dicho, un tipo que traicionaba tan pronto su sueño, no merece menos.
Grandine 
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| 35 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gilbert
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
28 de Febrero de 2010 |
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Esta película no admite medias tintas. La habré viso casi una decena de veces; las primeras me encantaba, las siguientes me parecían una infantilada tonta, y las dos últimas he comprobado que es un milagro inimitable.
El secreto de esta película es volver a la infancia. Charles Laughton la rodó en el ocaso de su vida, cuando uno ya no necesita demostrar nada. Así que se retrotrajo desprejuiciadamente a la niñez y filmó un cuento terrible con la estética de un cuento de hadas, pero en vez de en un mundo fantástico lo pone en la tierra.
Hay constantes referencias cuentistas. Promesa solemne, niños que huyen, lobo feroz, hada madrina, sapos y conejos, etc. Hasta hay un guiño a Frankenstein.
Pero ya digo, esto sólo se puede disfrutar desde la infancia. Algo sólo reservado a los niños, y a los que comprenden que el secreto de la vida es intentar volver a serlo.
El cuento no es terrible porque dé susto, sino porque los cuentos de hadas son más reales de lo que la gente cree. Por eso a esta película, o la amas o la odias.
Gilbert 
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