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| 48 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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alex
barcelona (España)
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Su valoración:  |
22 de Noviembre de 2006 |
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Hace un año, durante una visita a Londres, también yo tuve la oportunidad de subir las escaleras (para mí míticas) que desembocan, que siguen desembocando, en esa especie de planicie que se encuentra encima de un montículo en medio de Maryon Park. Supongo que iba tras la estela, o quizá la emoción, que debió sentir Thomas (¿o tendríamos que referirnos a él como David Hemmings?) cuando subió esos mismos escalones en el verano de 1966. La verdad es que me llamó la atención que toda la vegetación estuviera tan crecida y silvestre; en cuanto a la valla verde que flanqueaba el perimetro de la extensión de cesped donde se produjo el crimen: tuve que constatar, no sin decepción, que había desaparecido. Luego me dirigí a la pista de tenis. Me coloqué exactamente en el lugar donde Thomas observaba el partido de los "clowns" con la ¿imaginaría? bola. Y de pronto, sintiéndome una especie de Thomas, aunque algo más feo, caí en la cuenta de que el joven y apolineo Hemmings había muerto, casi olvidado, en 2003, creo. También me acordé de Antonioni; debe tener ya unos noventa años, y hace por lo menos veinte que está sin habla debido a un derrame cerebral. Pensé entonces que realmente esta vida es muy perra, además de ser un sueño, una entelequia, un visto y no visto, etc, etc. Pero como consuelo siempre nos quedará ese Dios al que no cesamos de reinventar. O Blow-up, interrogandonos hasta el fin de los tiempos sobre la verdadera naturaleza del mundo.
alex 
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| 19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bill le dice a su amigo fotógrafo (David Hemmings) sobre los cuadros que está pintando:
“No dicen nada cuando los pinto. Una real confusión. Con el tiempo suelo encontrar algo que vale. Como esa pierna. Luego adquiere forma, y tiene sentido. Como una pista en una novela policial. No me preguntes lo que es. No sé aún.”
Muchas veces el propio espectador hace de artista, y busca la pista a través de planos para llegar a una conclusión que como pasa en “Blow-up”, jamás podremos asegurar si es real o ficticia. La obra acaba enriquecida, dotada de un sentido que apenas podía intuir su autor, pero contento por haber sido partícipe de un momento mágico: el momento en el que el autor es el propio receptor (espectador).
Luego, si quieren, hablamos de cómo captar la realidad, o de si acaso, se pudiera intentar captarla, y no estamos volviendo a construir una torre de Babel donde cada espectador habla un lenguaje diferente y cada realidad, dista por tanto, con cada receptor.
Chagolate con churros 
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| 15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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McGuffin
Bogotá (Colombia)
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Su valoración:  |
23 de Julio de 2010 |
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Partiendo del relato previo de Julio Cortázar “Las babas del diablo”, Antonioni se permite rodar en el Londres de los 60s, inaugurando de este modo su controvertida etapa de habla inglesa. Impulsado por la atracción que ejerce sobre él la cultura pop propia de la época y la ciudad, rueda su película más popular y rentable; siendo al mismo tiempo, una de las más controvertidas por sus estudiosos y admiradores más acérrimos. Sin embargo, a pesar de la ruptura que supone para con la obra anterior de su autor y de las múltiples acusaciones que le llueven por su “simbología facilista”; es difícil imaginar (dejando de lado La ventana indiscreta) otro film que refleje de manera tan clara las claves propias del arte cinematográfico y su que hacer. El fotógrafo que interpreta David Hemmings, es una clara analogía del cine mismo, un voyeur que comparte la doble condición de espectador y realizador. Aquel capaz de tomar una huella sensible de la realidad, aislarla, reinterpretarla y recontextualizarla para crear un signo; elemento pilar en el desarrollo de realidades lingüísticas que permitan percibir fenómenos que se escapan desde la vivencia directa. Una película con un incalculable valor semiótico, un estudio de la mirada y las posibilidades de que las tecnologías análogas (fotografía y cine) brindan para su pleno desarrollo y comprensión. Revisitada en dos ocasiones por cineastas americanos: Francis Ford Coppola con La conversación y Brian de Palma con Blow Out.
McGuffin 
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| 14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
28 de Enero de 2011 |
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La creatividad no suele ser indagación sino construcción. Se crea algo; algo emerge. Algo audiovisual. El “autor” impone su técnica, intenta dominar el flujo, darle un discurso a la propuesta. Ese edificio de identidad semiótica entre la mirada y la imagen es débil si lo piensas. Para ello es preciso admitir la vida propia de una imagen con dimensiones y respiraciones suspendidas (hay que partir de ahí, claro, con la imagen “literaturizada” no hay nada que hacer en Blow Up).
Hoy he visto “Tierra generosa” de Tourneur y he sentido poderosamente a Antonioni. Obra menor, correcta, artesano “mano invisible” de contrapicado emocional y raccord de mirada. Todo eso, admirándolo, lo he recibido como una mutilación.
Y es que la imagen en Antonioni se confiesa incapaz e ilusoria. Quizás por la imposibilidad de una realidad objetivable, quizás porque en la secuencia escapa el tiempo y se escurre el “acontecer”. La visión subjetiva y óntica del cine convencional olvida preguntarse por el % latente, imaginado y espiritual, llamémoslo así, de (ir)realidad. Se accede a algo al ampliar o ralentizar, y es lo que vemos, pero otro tanto se pierde entre placas de más o menos luz.
Esta idea de la indeterminación viene reforzada por:
**La trama “desnarrativizada” elude el “contenido”; la interrupción y el meollo aportan por igual. Son simples cronopios.
**No hay conclusiones. Todo remite –no sólo el episodio inspirado en las babas de Cortázar o la pelota de tenis- a un enorme desconocimiento que se desangra entre principios de incertidumbre.
**El personaje queda a medias en su descripción. De configuración pálida, insatisfecha. Caracterización inaprensible.
Queda al final un rastreo que excede el voyeurismo lacaniano y hitchcockiano, ya que no hay identificación subjetivizada imagen-espectador. El objetivo de Antonioni permite una variedad de actitudes (detalles, ampliaciones) que implican una superación de la razón-ojo. No se trata de una identificación dramático-material con la imagen, sino un cuestionamiento gnoseológico de ésta. De su contenido, su alcance y sus posibilidades de conocimiento.
Por lo demás, insoportable.
“Uno de los temas de la película es ver o no ver
el valor exacto de las cosas”.
Antonioni.
Bloomsday 
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| 25 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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tantra
Pandereta's Land (Mongolia)
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Su valoración:  |
17 de Febrero de 2010 |
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Las estrellas:
* El Rolls Royce de Thomas
** El morbo de Vanessa Redgrave y su corbata
*** La colección de fotos de Don McCullin
**** La guitarra de Jimmy Page en el concierto de los Yardbirds
El estrellado:
- (******) Michelangelo Antonioni: Dirección plúmbea, ausencia de ritmo narrativo, montaje narcótico y una capacidad innata para transformar un lugar que bullía de cultura en un paraje de pijos, snobs y cadáveres con tela encima.
La Palma de Oro y el exámen oral a la crítica "especializada" están incluidas en el precio. ¡Maestro!
Casi he terminado de verla. Lástima de haber sufrido el síndrome de Carlos Sainz: A falta de treinta segundos para el final mi cerebro ha gripado, y ni el "trata de acabarlo" que se ha oído de fondo lo ha hecho posible.
tantra 
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