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Críticas de "Léolo"
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| Léolo |
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| Jean-Claude Lauzon |
(1992)  |
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| 57 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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lyncheano
Móstoles (España)
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Su valoración:  |
3 de Septiembre de 2008 |
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Ahora sé que no estoy sólo en este mundo, que ya hubo alguien antes que yo creciendo en los brazos del ensueño y mamando de las cenizas que caían como polvo desde el tejado de su locura. Que cagaba versos infinitamente bellos del color de las tiras de carne desgarrada que le servían viscosas para el más romántico onanismo. Que dejó de vivir el día que dejó de amar, que nunca se atrevió a amar por un miedo que le volvía loco, que en más de una ocasión pudo verse a sí mismo actuando demasiado mal y forzado en la eterna, lúcida, brumosa, plastificada y tenebrosa película de la vida. Ya nunca dejaré de temer la vida ni me ahogaré yo solo con mis sábanas. El tesoro seguirá allí abajo, brillando encostrado entre las encías picadas del mismo río sucio que me devora a cada instante... pero ya no nadaré solo, nunca más volveré a hacerlo solo, ya no. Me bajé de los hombros de mi hermano y nunca más volví a patear las montañas mirando a los demás con desprecio. Seguí escribiendo esperando a que mi amor, mi dulce amor, mi único y verdadero amor, saliese del armario con su luz resplandeciente y me susurrara al oído aquella retahíla de palabras engarzadas. Aquella que guardaba el pueril secreto que Léolo y yo compartimos, pero que nunca podremos contar a nadie más. Porque, después de todo, hemos acabado en la misma sala común del hospital, esa que cercena nuestro ramillete de venas verdes por la esperanza de ser distintos, la sala común que hemos de compartir con nuestra familia, con el resto de los locos. Léolo se rindió y ya nunca más pudo ni quiso volver a soñar. Yo sé que algún día me rendiré y acabaré bañado en su mismo hielo. Sé que la vida acaba con uno mucho antes de que uno encuentre la muerte. Jamás aprendí a vivir en este mundo y ahora sé que no soy el único. Sé que hay personas que sufren, pero la droga del alma es indeciblemente más devastadora que cualquier laxante de pecados en forma de polvo, de pastilla o de alcohol. En contadas ocasiones me había quedado sin palabras ante una película, pero sólo esta he sido capaz de comprender hasta con las uñas de los dedos de los pies. No me queda más que agradecer a Jean-Claude Lauzon que muriera artísticamente delante de nosotros y pintara con su sangre el más bello cuadro en verso que se haya pintado jamás. Poco después murió su carne de forma trágica, pero él ya se había vaciado por entre estos fotogramas. Léolo es Lauzon, y sé que yo soy Léolo. Cualquiera que sea Léolo al ser vomitado encima por esta cinta será Lauzon, y yo seré esa persona.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En este pedazo de alma hay mucho más que un montón de imágenes toscas y cálidas regadas con música sensual y cebadas con palabras que evocan imágenes sensuales regadas de música tosca y cálida. En este pedazo de alma colectiva presenciamos la muerte del artista en detrimento del alimento de la vida. Barton Fink era el creador que nos mostraba la vida de la mente, que guardaba celoso el fruto de sus meninges y le arrebataba a Dios lo que no era de nadie porque nadie se atrevía a solicitarlo para él. Barton lo hacía. Léolo, en cambio, arranca y arruga cada pedazo de papel después de haberlo garabateado. No guarda nada porque su celo no tiene sentido en ese mundo. En ese mundo uno sólo puede permanecer flotando entre la mierda durante un breve periodo de tiempo en el que sueña que ama y escribe para recordarse que aún sigue vivo. Pero si Barton Fink suicidaba su talento al descubrir que no tenía talento - porque no se le reconocía ningún talento -, Léolo arroja bien lejos, fuera de sí, su talento para sobrevivir y se entrega a la locura de una vida normal en la que no necesita ningún reconocimiento por parte de nadie y el talento además le hace llorar. Es la otra cara de una moneda que nos hemos tragado y después habremos de cagar, no sin antes apretar bien fuerte. Gracias Lauzon por haberme mostrado que no estoy solo, que tú también anduviste a gatas tras los finos tobillos de aquella morena de luz de luna. Y que ahora no nos queda más que la pena punzante de ese pecho henchido de orgullo en el que creímos, pero que no nos dejó más que la pena de haber vivido una mentira que, de cualquier forma, siempre fue mejor que la realidad de ser uno más.
lyncheano 
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| 62 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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MRosa
sevilla (España)
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Su valoración:  |
14 de Diciembre de 2006 |
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Leólo. Su sola evocación me provoca un doble sentimiento: Escalofrío y gratitud. La he visto decenas de veces... entera, fragmentada. No es una película, es un lugar. Es un compendio del Celine de Muerte a Crédito tamizado por una imaginería deslumbrante, con una demoledora voz en off, trasunto de un niño conmovedoramente dotado para la ternura y la luz. El brutal proceso de degradación y locura está contado con una poesía y una belleza inefable. La familia como omnipotente castrador. La visión caleidoscópica de la infancia. El miedo como nuestro más intimo amigo, con sus crueles epifanías diarias.¡Qué amor por tus criaturas, admirado Lauzon....¡, ¡Que comprensión demuestras por los seres que buscan en un libro (que sirve para equilibrar una mesa coja) el misterio, el secreto que todos buscamos en el arte¡. Mi deuda es impagable e infinita.
MRosa 
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| 44 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Eumelo
Ferrol (España)
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Su valoración:  |
1 de Enero de 2007 |
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Ya ese cántico inicial, como de misa negra, da mal rollito… mientras suena vemos al David de Miguel Ángel junto a una siniestra gárgola, lo que da una idea de lo que vamos a ver: una lucha entre lo oscuro (representado por la realidad más prosaica que rodea al chaval) y lo luminoso (representado por sus evasiones y sus ensoñaciones frente a esa realidad tan poco grata)
Es una película realmente “fea”, pero no lo digo como defecto: realmente creo que debe ser desagradable para que, como espectadores, sintamos la misma sensación de agobio y ansias de evasión que invadeN al protagonista.
Son muchas las cosas que ayudan eficazmente a hacerla fea, incluso asquerosa: el tema excrementicio; la suciedad que desprenden las imágenes; los animales (la rata en la bañera, la pava sucia, húmeda, desplumada…); ese hígado al que se le da un uso sexual para luego ser consumido; ese perro muerto semi-sumergido; los ronquidos “mocosos” del hermano; incluso la locura familiar se nos muestra con un feísmo visual nada estilizado (al contrario de lo que muchas veces nos tiene acostumbrados el cine, haciendo bonito lo que no lo es)
Contrastando con toda esta negrura hay momentos enfáticamente “bonitos”: cánticos celestiales; coros que da gloria oírlos; vivificante música italiana; luces radiantes, como de origen divino, que aparecen al abrir una puerta, y que parecen sanar y dar esperanza...
Lo chungo de la película es que no hay un equilibrio entre la luz y la oscuridad, sino que lo negativo engulle y vapulea a lo positivo. Lapidaria me parece en este sentido una de las últimas frases del protagonista: “ya no sueño más” (“je ne rêve plus")
Hay personas que no están hechas para este perro mundo, y no les queda otra que ser devoradas por él: no logra evitarlo Léolo con su ensoñadora poesía, ni su hermano con métodos más prosaicos como ponerse cachas… la vida no es bella y no hay escapatoria.
Eumelo 
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| 32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Lupo
Madrid (España)
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Su valoración:  |
12 de Noviembre de 2008 |
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1) En un medio que lo predestina a una existencia degradada y a probable locura, el preadolescente Léolo opone a la realidad circundante, que no puede ser más mísera y cutre, un bronco y radical proceso creador.
Aupándose en la escritura de sus cuadernos, trata de emerger de la ciénaga humana donde ha nacido y, entre velas y linternas, respirar un aire menos ponzoñoso.
En el único libro que hay en la casa [nada menos que “L’avalée des avalés”, del misterioso escritor Ducharme, bastante parecido al personaje del Domador de Versos, pero lo increíble no es problema en la película], Léolo encuentra sus frases-mantra. La principal: “Porque sueño, no estoy loco”. Y encuentra también el ímpetu de anotar cuanto le pasa por la cabeza, disparatado y torrencial, para aislarse tras un escudo manuscrito.
El viejo Domador de Versos recorre los basureros y colecciona montañas de cartas y fotografías. Desde un tiempo posterior lee en voz muy baja los pirotécnicos apuntes de Léolo. Le oímos en off durante toda la película.
2) —¡Baja de las nubes! ¡Deja de escribir tonterías en tus cuadernos! –le reprochan los familiares a Léolo, quien los convierte en personajes de ficción. Con lúcido y despiadado expresionismo, habla de ellos como de extraños, entregados a zampar en su guarida hedionda, un cementerio de muertos vivientes.
Los voluminosos padres se centran en el tubo digestivo, en llenarlo y vaciarlo aplicadamente, reteniendo en el proceso abundantes grasas.
Cabeza de familia, el padre ejerce repartiendo con puntualidad laxantes y fiscalizando la actividad excretora del hogar. “¡La salud florece al cagar!”, es la divisa.
Las hermanas, enajenadas, son asiduas del psiquiátrico.
El hermano, acobardado tras una paliza callejera, se refugia en la práctica obsesiva del culturismo.
El cínico abuelo da rienda suelta a impulsos infanticidas y pederastas.
(...)
3) Negado a reconocerse en su estirpe, Léolo se reinventa a diario, línea a línea. Con su escritura febril y rabiosa se fabrica un espacio virtual donde subsistir (tiene que compartir habitación y cama con su hermano de 100 kg): el quijotescamente sostenido sueño de una feliz e imposible identidad siciliana.
En los cuadernos, Léolo sublima la atracción por la vecina italiana, a quien espía por la claraboya del baño. Se aferra a ese amor (“Bianca, amor mío… mi dulce amor… mi único amor… mi Italia…”), cuya intensificación unilateral le proporciona luminosas visiones de una Sicilia paradisíaca.
Cuando las hormonas se encienden, es la hora de los brutales ritos adolescentes, del anclaje al sexo asequible en solares encharcados. El sortilegio contraofensivo de los cuadernos puede debilitarse; el ideal amoroso que sostienen, desdibujarse, y la peor melancolía amenazar con la proyección de su sombra sobre la mugrienta y cochambrosa barriada donde Léolo apura una liberación desesperadamente poética, el afán de seguir oponiendo al gruñido ambiental esa voz de fuego que lo atraviesa.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: (Por si llega, dirijo este texto hacia la colina de Travisloock, que hacía un llamado sobre esta película a principios de año, y hacia la de Lyncheano, que en septiembre respondió con un escrito electrizante.)
Lupo 
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| 35 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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travisloock
S/C de tenerife (España)
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Su valoración:  |
12 de Enero de 2008 |
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Es Leolo, el niño que fue Lauzon, y que leería por primera vez “el valle de los avasallados” (L'Avalée des avalés, de Rejean Ducharme). Y es “ El domador de versos”, como no, el propio Rejean Ducharme. En la vida real, Ducharme huyó de los oropeles del éxito con su primera novela, la citada, allá por los años 60. Se rumorea que deambula a día de hoy por los suburbios de Montreal, buscando escritos de personas anónimas por los cubos de basura. Las comparaciones con J.D.Salinger son obligadas; y a propósito de esto, muchos dijeron que la adaptación de “el guardián entre el centeno” era imposible, pues si filmaban las aventuras del joven Coulfield, nunca te transmitirían lo mismo que el libro. Se equivocaron, Lauzon lo hizo con “el valle de los avasallados” y con “el guardián entre el centeno”. Al parecer el truco estaba en recordar (evocar) tú propia infancia, tus propios sueños, tus miedos y proyectarlos en la novela.
Estos tres rebeldes, estos locos que volaron alto, muy alto; y que derritieron la cera que fijaba las plumas de sus alas; se saltaron “la regla secreta del gran escritor (o cineasta)” ( esa que dice que la mejor historia que puedas hacer, la de tus sueños y tus miedos, no debes hacerla nunca). Lauzon voló demasiado alto (trágicamente, también en la vida real), pero por ello, pretendió. Fue pretencioso, a sabiendas de que haría “ LA MEJOR PELICULA DE LA HISTORIA”,vendió su alma, abrió “la caja de Pandora”, mató “la gallina de los huevos de oro”, llámenlo ustedes como quieran; pero lo hizo. Filmó (evocó) un cuento con forma de sueño.
En lo que se refiere a la fotografía de “Leolo”; es maravillosa. Sencillamente hay mucha sensibilidad en ella. Se ha tratado con mimo; y cada parte tiene su justa iluminación, encuadre y tratamiento del color. Leo Lauzon (mismo apellido que el director, Lauzon) es un niño canadiense que quiere ser italiano; y al igual que él, “Leolo” es una película canadiense que quiere ser italiana (evocar a Italia); hecha en cineccita; hecha por Fellini. Por ello, Lauzon cambia constantemente la paleta de colores “mediterráneos” por otra de latitudes más frías. Por último en lo que concierne a la fotografía, y aquí me tengo que maldecir por no haberla visto en el cine, no sé si ese granulado tan especial es propio de una decisión de Lauzon o consecuencia de editar tan tarde una película en DVD, pero el caso es que hasta ese granulado le sienta al film de maravilla.
(Continúa en spoiler). Tranquilos, es un spoiler inofensivo (los incómodos 3000 caracteres).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La elección de la banda sonora huele a nostalgia, nostalgia de canciones que, para bien o para mal, significaron algo en la vida de Lauzon. Quizás este apartado es en donde Lauzon se muestra más descaradamente como el autor. Canciones de Tom Waits, de Rolling Stones, son del gusto de “enfants terribles” que van en motos Harley buscando el sur, como se definiría el mismo director en una entrevista. Pero también hay música para el cuento. Y ya lo dije en mi primera crítica: el comienzo y final con el tema de “the lady of Shalott” de lorenna mckennit son unas portadas con ilustraciones de pintores prerraelistas que, lejos de desmerecer, reivindican (evocan, joder, evocan, la mejor palabra para hablar de “Leolo” es evocar) la naturaleza de cuento que tiene el film.
Y ahora me toca pretender a mí. Mi pretensión trata de que otros usuarios que sigo, que admiro, vean esta película. Y que me comenten, a gritos, desde una colina, y advirtiéndome de que me estoy acercando demasiado al sol, que se apuntan a volar un ratito conmigo.
travisloock 
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