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| 21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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FATHER CAPRIO
Almeria (España)
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Su valoración:  |
11 de Marzo de 2008 |
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Estoy considerando seriamente la posibilidad de conceder a Frank Capra una autorización de estancia permanente en mi Partenón Olímpico particular de dioses cinéfilos, junto a los Wilder, Lubitsch, Lang, Hitchcock y Ford. Ha pasado algún tiempo, tal vez excesivo, desde las últimas incorporaciones y de vez en cuando hay que renovarse porque la alternativa es morir y morir por morir mejor morirse con la muerte en los talones, debatiéndose entre el to be or not to be, con Perdición ó Perversidad y siendo un hombre tranquilo ó incluso un Juan Nadie, que de un disparo errático y azaroso de bodriosos pistoleros daltonianos ó inmerso en Showtimes televisivos con salsa rosa a discreción.
Pero aquí, además de a hablarles de Capra, he venido a comentar la película Juan Nadie. Y Juan Nadie es una obra muy en la línea Capra, esa línea que se mueve entre la utopía de los sueños y el desencanto de las realidades, una línea de supervivencia necesaria para una sociedad en depresión y necesitada de esperanzas, una línea de poner una sonrisa en rostros ensombrecidos por la cotidianeidad de una América en crisis. Una línea, en definitiva, necesaria para la sociedad USA de los años 30 tan precisada de vitaminas morales para continuar sobreviviendo como de moralinas demo cristianas ó simplemente humanas para darle sentidos a su existencia.
Y estoy con ustedes en que Barbara Stanwyck le van más los papeles de mujer capaz de llevar a la perdición al más íntegro de los varones que aquellos de periodista sensacionalista con recatados hábitos monjiles en el tintero y también comulgo con la idea de que Gary Cooper está siempre más cerca del solo ante el peligro que de un revolucionario de multitudes forzado por el hambre. En todo eso estamos de acuerdo. Pero ¿Me negarán que el discurso-definición de Walter Brennan en su papel de Coronel sobre las sanguijuelas es de los que crean afición ó adicción? ¿Me negarán que la fotografía es más que notable? ¿Qué me dicen de la música de Tiomkin? ¿Y del duelo de armónicas? Ok...No es el de banjos de Deliverance pero está bien. Y por último, ¿Acaso no es cierto que siempre hubo, hay y habrá quienes intentan cambiar multitudes por votos y quienes intentan la manipulación de las masas?
Capra, se sale literalmente con ¡Que bello es vivir!, con Arsénico por compasión ó con Un gangster para un milagro. Incluso ese cuento-film ambientado en el Shangri-La tibetano (Horizontes perdidos) tiene momentos encantadores aunque no sea su mejor trabajo. Y Juan Nadie lo mismo. Es una buena realización. ¿Obra menor? Bueno. Si un Picasso menor siempre es un Picasso, pues un Capra menor siempre será un Capra. Ustedes me entienden… Seguro. No le estoy dando patente de corso. Simplemente que valoro la obra en su conjunto y me gusta. Si señor. Me gusta.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Como crítica negativa: El final escogido para el film puede ser moral y políticamente correcto para los productores y censores de la época, pero no es el coherente con el film. Si Juan Nadie hubiese descendido de la azotea consistorial por el camino más rápido, los espectadores es posible que hubiesen acabado sorbiendo alguna que otra lágrima pero hubiesen dicho aquello de que un revolucionario muerto es mucho más peligroso que vivo, pues se convierten en héroes para el pueblo. La novela tenía este final lógico y coherente, en cambio, la película, más preocupada por nuestra salud social y mental, opta por el final feliz. Y colorin colorado...
FATHER CAPRIO 
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| 17 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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burton
Santander (España)
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Su valoración:  |
16 de Diciembre de 2006 |
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Una floja película del inolvidable cineasta siciliano de "Un gangster para un milagro", por mucho que algunos sectores de la crítica la hayan catalogado como una "gran obra desconocida"...
La sempiterna sensiblería de raíces cristianas de Capra está aquí elevada a la enésima potencia, convirtiendo partes de la trama en toda una oda al petardeo lacrimógeno...
A pesar de que la idea de partida es muy buena, la película poco a poco va diluyéndose en una especie de comunismo demo-cristiano difícilmente creíble, donde los buenos sentimientos conmueven a las masas, convirtiendo a todo un desconocido Juan Nadie (John Doe) en el adalid de las causas perdidas, símbolo del bien cristiano por encima de los malos sentimientos profanos imperantes...
La obra inmediatamente anterior a las geniales "¡Qué bello es vivir!" y "Arsénico por compasión" se queda finalmente en el limbo de las obras prometedoras que pudieron ser, pero que finalmente se perdieron en el camino del olvido...
Rodada en un blanco y negro aún no tan genial como sus posteriores y famosos claroscuros, George Barnes imprimió su particular sello al respecto y el reputado Dimitri Tiomkin puso su particular nota musical al asunto...
Nada de lo que Capra nos cuenta en esta película tiene siquiera una traza de verosimilitud..., ni Barbara Stanwyck convence en su papel de ingenua y recatada periodista reconvertida al color amarillo del sensacionalismo y posteriormente arrepentida y conmovida por el muñeco de trapo que ha hecho de un don Nadie, ni tampoco Cooper, en pleno esplendor sale airoso de su papel de pobre diablo manipulado a diestro y siniestro por unos empresarios periodísticos y políticos demasiado empeñados en la causa...sólo Walter Brennan haciendo su papel de compañero de miserias de John Doe sale a flote en todo el entramado de fenómeno socio-político creado en torno a la figura del ciudadano medio desconocido, y repentinamente encumbrado a los altares...
Los diálogos adolecen de falta de creatividad, y sólo el sello del cineasta siciliano me inclina a reconsiderar mi firme postura, concluyendo que estamos ante una obra menor y decepcionante aunque imprescindible para el cinéfilo interesado en los entresijos del "cuarto poder", y cómo se manejan por aquellos mundos a la hora de desviar la atención o captar la misma según los fines que se pretendan casi siempre o siempre partidistas...
Otras películas como "Primera plana" o "El gran carnaval" de Wilder o sobre todo "Network, un mundo implacable" de Lumet transmiten mejor el tema...
Pero como muy bien sentencia la película en su tramo final, siempre nos quedará la esperanza de que con el pueblo no podrán...
C U R I O S A.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Empieza la película con la formación de un nuevo periódico; "The bulletin"..."Opinión libre para un pueblo libre..."...
El empresario del periódico, el señor D.B Norton (Edward Arnold) acaba de comunicar a su editor, el señor Henry Connell (James Gleason) que es necasario una re-estructuración de la plantilla según la rentabilidad de los empleados...
Así, la señorita Ann Mitchell (Barbara Stanwyck) es despedida por considerar que su periodismo blanco es demasiado ingenuo y falto de garra como para cooperar al aumento de tiradas vendidas...
Antes de recoger su cheque de despido, el señor Connell que ya está entrevistando a nuevos trabajadores para ocupar las vacantes, le recuerda que debe aún firmar su última columna...
Ann, despechada, decide hacer una última colaboración imprimiendo un sello sensacionalista al asunto y burlarse así de sus superiores...así la última columna será supuestamente una carta que un lector admirador suya le escribe anunciándole sus suicidio desde lo alto del ayuntamiento y el día de noche buena como forma de protesta social, por lo mal e injustamente que está planteada la sociedad...
Los resultados del escrito son tan satisfactorios a nivel ventas para el periódico que deciden readmitirla como empleada...cuando Ann les confiesa que en realidad la carta fue escrita por ella misma, todos deciden que por el bien de la continuidad de las ventas es necesario buscar un personaje anónimo que responda al John Doe firmante...
Después de un agónico y tumultuoso casting, John Willoughby "El largo" (Gary Cooper), un trotamundos ex-jugador de baseball y retirado por una grave lesión en su brazo es captado para la causa...Le acompaña un amigo de miserias, el coronel (Walter Brennan)...
Recluído en una lujosa suite del hotel The Imperial, el supuesto John Doe será "amaestrado" por los peces gordos del periódico, asesorados por la señorita Ann para responder a las preguntas de la incisiva y sensacionalista prensa que afuera esperan cual rabiosas hienas y bajo la exclusiva del rotativo "The Bulletin"...
La relevancia del John Doe inventado por la prensa, traspasa fronteras, llegándose incluso a erigir como un importante y destacado líder de masas descontentas con sus políticos...
La gravedad es de tal magnitud que la "gran bola" se ha hecho demasiado grande e incluso se ha convertido en una amenaza para el estamento político y periodístico que antes le apoyaba...
Al punto de que el ya convencido y sensible líder social John Doe es chantajeado por los que antes le "encumbraron" para que deje de enaltecer a las masas en su contra con la amenaza de confesar su falsa identidad, así como su falso intento de suicidio el día de nochebuena...
Al final, justo cuando la enamorada Ann llega a tiempo para convencerle de que no se arroje desde lo alto del ayuntamiento, es cuando se cita aquella famosa frase que da título a mi crítica...
burton 
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| 14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tonigorgon24
valencia (España)
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Su valoración:  |
15 de Junio de 2005 |
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Genial película desde principio a fin, no deja títere con cabeza, aquí se critican todos los estamentos de la sociedad. En primer lugar los medios de comunicación y su capacidad de influencia sobre la población, después los políticos que por un momento parecen quedar al margen y ser innecesarios (mundo ideal donde los "Juan nadie" son los que mandan), por último la crítica se la lleva el pueblo en sí, el ciudadano de a pie, sus pensamientos y reacciones (acérquese a su vecino). Además la película puede verse desde distintos puntos de vista, llegando incluso a poder analizarse desde el punto de vista religioso (un Juan Nadie 1941 años después).
Toda esta visión crítica aderezada por una ascendente historia de amor, unida a unos maravillosos secundarios (made in Capra), más algunos finos toques de humor y como no un digno final, hacen de esta cinta una de las más representativas del cine de Capra.
Tonigorgon24 
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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mateus64
Vélez Málaga (España)
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Su valoración:  |
28 de Febrero de 2009 |
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Soy un ferviente defensor de este gran director. Me gusta esa sensiblería llena de buenas intenciones, esa apasionada defensa de los valores y virtudes del ser humano y esa incesante busqueda de una utópica sociedad ideal. Los personajes son bien dirigidos, la buena fotografía y bannda sonoras son una constante y lo ocurrentes de los diálogos nos dejan auténticas perlas inolvidables, etc. etc. etc. Dicha mi posición de defensa a ultranza de este gran director, también reconozco esta buena película no esta al nivel de sus obras maestras. Pero, ¿qué es mejor. una película mediocre de un cineasta mayúsculo como Capra o una buena película de tantos y tantos directores vulgares que inundan nuestros hogares?. Sin duda, yo me quedo con este genio que en cualquiera de sus películas logra momentos maravillosos.
mateus64 
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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En su imperecedera obra “Conócete a Ti Mismo”, Pedro Abelardo escribía: “Dios no juzga lo que se hace sino la intención con que se hace. Ni el mérito ni la gloria están en la obra misma sino en la intención del que la ejecuta”. Frase que tiene gran solidez porque, con deplorable frecuencia, las acciones son plausibles y las intenciones perversas. Mirad sino en las actividades de los políticos y encontraréis acciones como éstas de la manera más profusa.
Quizás, el mayor mérito de “JUAN NADIE”, es que ilustra con eficacia este abominable fenómeno que se expande como una mancha voraz, a lo largo y ancho, del planeta tierra. Y si sirve, y ha servido a algunos, para que abramos los ojos ante la trapacería de los ambiciosos, bienvenida sea su permanencia en el arte.
El filme pierde peso por sus, a ratos, excesivos diálogos; porque no consigue el toque mágico de comedia a que nos tiene bien acostumbrados el director Frank Capra y porque, los elementos dramáticos, sólo adquieren verdadera altura desde el momento de la convención. Pero, tiene a su favor, excelentes actuaciones de Cooper, Stanwyck, Brennan, Arnold… y de todo el equipo al que siempre dirige Capra con exigente cuidado, y consigue además “el toque Riskin”, ejemplarizante y pletórico de los más nobles ideales.
La historia se centra en la rivalidad que entablan dos periódicos: el New Bulletin y el Chronicle, cuando en el primero, que ahora tiene nuevo dueño, se inicia una barrida de 40 empleados entre los que se incluye a la columnista Ann Mitchell, a quien Henry Connell, el nuevo editor, acusa de estar pasada de moda.
Ann, hija de un noble y generoso médico ya fallecido, y quien ahora vela por su madre y sus dos hermanas, escribe como última columna, una explosiva e imaginaria carta donde un personaje al que llama John Doe (que, en EEUU, se volvería equivalente al Fulano de Tal nuestro), amenaza con suicidarse en la próxima navidad, tirándose del techo del ayuntamiento, cansado del desempleo, de las injusticias y de la sucia política.
La noticia causa revuelo en la sociedad y en los círculos políticos, y entonces, entra el juego el Chronicle que quiere demostrar que todo es una farsa. Pronto, en este proceso surgirá el “todopoderoso” que quiere pescar en río revuelto, y enseguida, traspasaremos las puertas de un espectáculo donde la maquinaria política hará pleno uso de sus halagos y derroches, y también de sus sobornos, sus alianzas arribistas, su poder aplastante, sus improperios y de todo lo que haya que hacer para salirse con la suya a como dé lugar.
Hasta su muerte, Capra soñó con una sociedad donde cada uno fuera mejor padre, hijo o hermano, mejor vecino, buen ciudadano, digno amigo y más cercano a Dios. Soñó con una sociedad humana donde cada quien se interesara noblemente por el otro y donde los hombres al fin fuéramos hermanos.
Un sueño que sigue siendo una utopía, pero las utopías, ya se ha demostrado, un día cualquiera se vuelven realidad.
Luis Guillermo Cardona 
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