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| 87 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Manhattan no tiene doble mortal con tirabuzón en su trama; no tiene un falso culpable, ni un crimen que resolver; no tiene un giro inesperado en su desenlace, y sin embargo no se me ocurre como hablar de ella fuera del spoiler.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En Manhattan es más importante parecer sexy que serlo. El primer diálogo de la película, con el protagonista encendiéndose un cigarro es tremendo (No me trago el humo porque provoca cancer, pero me siento tan sexy fumando un cigarrillo), reforzado luego con la aparición del ex marido de Diane Keaton y la fascinación que sigue produciendo en ella ese tipo bajito y calvo.
- ¡Está estupendo! – exclama admirada ante un hombre en el que ninguna mujer se fijaría. Es toda una declaración de intenciones.
En Manhattan nadie está contento con lo que tiene. Ni con su trabajo, ni con su antiguo coche, ni con el nuevo piso y los “ruiditos” que en él se oyen, ni con la persona que yace a su lado en la cama.
En Manhattan se nos muestra todo un universo de zombis intelectuales, que deambulan de museo en museo, de teatro en teatro, incapaces de encauzar sus vidas. Nadie sabe cual es el rumbo profesional a seguir, nadie sabe con quién quiere pasar el resto de sus días. ¿Cómo lo vas a saber si ni siquiera sabes con quién vas a pasar la mañana del domingo?
Es ahí donde emerge el maravilloso personaje de Mariel Hemingway. La quinceañera le da sopas con honda a los cuarentones caprichosos. Ella es el faro fuerte y sólido que aparece de pronto entre la bruma.
Manhattan no tiene doble mortal con tirabuzón en su trama; no tiene un falso culpable, ni un crimen que resolver; no tiene un giro inesperado en su desenlace, y sin embargo tiene uno de los finales mejor filmados en la historia del cine.
Isaac (Woody Allen) se da cuenta de su error dejando escapar a esa maravilla de 17 años, y corre unas cuantas manzanas hasta ella. Hace todo lo posible porque ella lo sepa. “He venido hasta aquí corriendo”, le dice jadeante.
Piensa que eso es sacrificarse por amor, correr unas cuantas manzanas. Y sin embargo le aterra la idea de tener que esperarla 6 meses.
La dulce chiquilla, tratada durante toda la película como una cría, es la única que sabe lo que quiere y a quién quiere. Y sobre todo, es la única capaz de sacrificarse por amor y por su futuro como actriz. En una secuencia soberbia, da toda una lección de principios al egocéntrico universo intelectual de Manhattan.
La fotografía en blanco y negro, la banda sonora y el sarcasmo de todos y cada uno de los diálogos, completan el círculo.
Morenito de Maracay 
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| 51 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pedro
Madrid (España)
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Su valoración:  |
20 de Mayo de 2005 |
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Aunque fue Annie Hall el trabajo oscarizado de Woody Allen, encontramos aquí la cúspide de su recorrido cinematográfico. Simplemente para descubrirse cuando, acompañado de la música de Gershwin y a través de una fotografía que rezuma poesía en imágenes, en unos pocos minutos nos regala una más que eficaz descripción de Nueva York, completando así uno de los mejores arranques de película que uno es capaz de recordar. Porque esta película se guarda en la memoria como el sabor de un vino añejo, el olor de la tierra mojada tras la tormenta o la textura de la piel de un bebé. La ciudad cobra entonces vida y protagonismo, junto al propio Allen y Diane Keaton, para hablarnos de amores y desamores, dudas y desengaños, reflexiones e ironías a las que el mundo de Woody tiene acostumbrados a quienes no saben cansarse de su estilo narrativo y visual. Éste último aquí aprovechado por él, posiblemente como nunca, con el hábil manejo de la profundidad de campo y amplios planos secuencia.
Se puede así disfrutar de un guión redondo con diálogos ocurrentes llenos de referencias intelectuales y también sarcásticas, donde mención especial merece Mariel Hemingway, de cuya dulce interpretación uno termina de enamorarse para, deseando emular otro guión del director, querer que salga de la pantalla y arrullarla entre los brazos desde el patio de butacas. Pues esta obra de Allen es en definitiva eso: algo que se convierte en cotidiano, pero que no aburre; de modo que cuando nos sorprende el final aún en pleno disfrute no queremos sino que un alma caritativa rebobine la cinta y comiencen de nuevo los acordes de “Rapsody in blue” y las imágenes en blanco y negro de los parques, aceras, puentes y rascacielos de Manhattan.
Pedro 
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| 43 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
17 de Enero de 2007 |
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Realizada por Woody Allen y escrita por él y Michael Brickman, se rodó en panavisión y en b/n, en exteriores de NYC (Manhattan, Sutton Square, etc.). Obtuvo 2 nominaciones a los Oscar (guión y actriz reparto, M. Hemingway). Producida por Charles E. Joffe, se estrenó el 14-III-1979 (EEUU).
La acción tiene lugar en NYC en 1978, entre mayo y noviembre. Narra la historia de Isaak Davis (Allen), de 42 años, divorciado, que mantiene un idilio con Tracy (Mariel Hemingway), de 17 años, estudiante de bachillerato, a la que deja para intimar con Mary Wilkie (Diane Keaton), antigua amante de su amigo Yale (Michael Murphy), casado, pero dado a aventuras esporádicas. Davis es autor de comedias, inmaduro, locuaz y romántico. Mary es inteligente, atractiva, sexy y se siente sola. Tracy es una adolescente precoz (Lolita), tierna, dulce y encantadora.
La película suma elementos de comedia, romance y drama. Explica y justifica la admiración y el apego de Allen por su ciudad. La ve grandiosa, sobrecogedora, trepidante, hermosa, moderna y acogedora y, también, ruidosa, agobiante y sobredimensionada. La recorre con el espectador: Guggenheim, Central Park, Planetarium, Sutton Square, etc. Al inicio y al final ofrece imágenes de la ciudad que glosan su espectacularidad y belleza. Uno de sus mayores alicientes es la amplia oferta cultural qeu contiene: conciertos, cine subtitulado, exposiciones, teatro. Entiende que es símbolo de un mundo de nuevo cuño, el de los 70, poblado por una sociedad superficial, estresada, apresurada, desbordada e insensibilizada por la droga, la televisión, las comidas rápidas, la música estridente, la práctica rutinaria del sexo, la falta de reflexión y de sentimientos. Más que de amores actuales, habla de amores pasados (Jill), desamores presentes (Mary), amores pasajeros, imposibles (Tracy) y traicionados. Explica sus neurosis, inseguridades, contrariedades (libro de Jill), su afecto por el hijo y su idea de que estar enamorado es motivo y causa de inmensa satisfacción. Contradice antiguos prejuicios, al establecer que la adecuada educación de un niño puede correr a cargo de una pareja de mujeres. Explica sus preferencias en música contemporánea (Louis Armstrong), clásica (Mozart, Vivaldi, Mahler), cine (Bergman), litertura (Borges, Tolstoi), teatro (Bretch), pintura (Czésanne), fotografía artística. El amor, la amistad y los placeres del arte y la cultura hacen que la vida (compleja y abrumadora) pueda ser una aventura gozosa.
La música se apoya en Gershwin ("Rapsody In Blue"). Añade otros 17 temas, como " 'S Wonderful", "Do, Do, Do" y "Strike Up The Band". La fotografía, de Gordon Willis, sitúa elementos relevantes en todo el espacio escénico, coloca el foco de atención en posiciones no centrales, crea ambientes íntimos (vela, lámpara solitaria, contraluces) y exalta la grandeza de la ciudad. El guión disecciona la sociedad de los 70. La dirección construye una obra templada, equilibrada, detallista y apasionada.
Miquel 
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| 36 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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GVD
Madrid (España)
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Su valoración:  |
4 de Septiembre de 2006 |
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Manhattan ha recibido con este film el mejor homenaje al que podido y podrá aspirar. Un brillante poema sobre Manhattan, para el cual Woody Allen nos cuenta la historia de unos personajes que se unen y desunen para intentar encontrar la estabilidad.
El blanco y negro y la inmortal "Rhapsodie in blue" de George Gershwin como banda sonora han sido elegidos con acierto para filmar este bellísimo film, donde todos los intérpretes están bien y el guión está maravillosamente estructurado.
La pseudo-intelectualidad neoyorquina está tratada acertadamente de forma cínica e irónica, los diálogos son magníficos (como en casi toda la filmografía de Allen), la subtrama con Meryl Streep aporta otro acierto al film, la fotgrafía, etc... Todo es magnífico en Manhattan.
Pero sobre todo es magnífica la indescriptible magia que hace que me emocione, que me sobrecoga, que llore, que me reconforte, que sonría, que me ría, que tenga compasión de todos los personajes, que sin darme cuenta Woody Allen haya conseguido hipnotizarme y que jamás conseguiré olvidarme de Manhattan, una película que siempre me acompañará y que siempre permanecerá en mi retina como uno de los films más bellos de la historia del cine. Sin lugar a dudas, la obra maestra de Woody Allen y una de las, ya muchas, cumbres del Séptimo Arte.
+: La ya comentada magia de la que hace gala el film y, de entre todos los inolvidables momentos (que son muchos), la escena en la que Allen comenta ciertas cosas que hacen que la vida valga la pena.
- : Nada.
GVD 
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| 47 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
17 de Agosto de 2007 |
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La filmografía de Woody Allen me gustaba bastante, hasta que decidí acercarme a su hueco más intelectualoide/pedante donde, como bien dicen por ahí, si metes con calzador en una conversación chorradas sobre los satélites de Saturno, Kafka o los suecos y sus pelis, la cosa deja de tener interés... y pasa a ser algo hastiante, y es precisamente lo que le sucede aquí a Allen, que si bien acierta añadiendo algo de ese humor del que carecían sus anteriores obras en ámbito pedante, y esos chispeantes diálogos que tanto le gustan a su público, deshecha en muchos momentos todo lo logrado, para que uno termine un pelín irritado en según que instantes, y note sobradamente los altibajos que posee "Manhattan" y que hacen de ella una obra ni mucho menos tan ensalzada como lo que por aquí se comenta, a no ser que te mole hablar con tus colegas de los cuadros de Van Gogh y cosas así cada cinco minutos, intercalando esos diálogos entre otros sobre el trabajo, sexo o amistades.
Todo ello, acompañado de una reiteración de situaciones agobiante, donde una y otra vez asistimos a los mismos hechos, sencillamente cambiando algunos diálogos, ofreciendo cierta linealidad y avance al meollo de la cuestión y repitiendo con constancia cosas que el público ya ha podido observar porque se las has plantado en las narices repetidas veces, pues la cosa deja que desear... y irrita, vaya si irrita.
Y es que, si sabemos que Yeal quiere dejar a Mary porque está casado y siente que no puede abandonar esa responsabilidad (o lo que carajo sea) o que Isaac está ofuscado por el libro que va a escribir su ex-mujer Jill, pues ya está dicho, ¡no es necesario darle vueltas y vueltas a la tortilla, joder! Que ya lo hemos visto, oido y tal... que el espectador no es idiota, no necesita observar como se desarrolla un conflicto emocional paso a paso, por muy intelectualoide que quede... por diox...
Vamos, no lo voy a negar, en algún que otro momento creo que estoy viendo una película incluso más que interesante, pero claro... luego llegan esos instantes con verborrea snob, y a mi me matan, así como también me mata esa hipocresía de la que hacen gala algunos personajes (y que queda demostrada con ese tan lamentable final)
A nivel interpretativo, creo que Woody Allen da más de lo que debería aquí, y logra una caracterización que, más allá de sus aspavientos, bromas y chistes, a mi me sorprende... luego está Keaton que lo hace bien y, sobretodo, Hemingway que lo borda bastante... Murphy está ahí, y hace lo que debe y Streep ni me viene ni me va.
Quizá lo mejor de todo sea esa autocrítica que por ahí mencionaban, y que me parece bastante patente, sin embargo.. y como ya han apuntado algunos, pues lo demás queda en un batiburrillo espeso, con algún que otro momento de gloria...
Vamos, otra de esas sobrevaloradas sí o sí, le pese a quien le pese (y yo soy uno de los que le pesa, que conste)
Grandine 
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