spoiler:
La banda sonora y los numeritos musicales no me han gustado mucho, quizás porque acompañaban a los momentos más infantiles de la película. La excepción es la canción "Preparaos", la que suena durante el desfile nazi de las hienas... ahí es donde quería llegar.
Los malos de la película son el ambicioso Scar y la legión de hienas. Claro, el resto de los animales son buenos, pero ellas son pintadas como estúpidas y malas, y por eso no pueden tener derecho a comida digna, sino a alimentantarse de despojos en las afueras del "reino".
En cambio, el todopoderoso Mufasa se regodea explicándole a su hijo la cadena de la vida, y cuando el espabilado Simba le dice que ellos comen antílopes, el padre se limita a justificarlo diciéndole que cuando los leones mueren se convierten en alimento para el suelo, y que de él comerán los antílopes.
Pero no pasa nada, los antílopes y el resto de herbívoros se arrodillan gustosos ante su majestad, deseosos de ser la carne que alimente a su hijo. Cojonudo.
Y cuando se produce el cambio de poder, todos los herbívoros huyen. Lógico: ellos querían ser pasto de los nobles y justos leones, pero no de las hienas... es muy distinto, ¿verdad?
Y claro, mientras reina Scar hay hambre... ni que fuera culpa suya: los bebés hienas también tienen su derecho a comer, y no a morir de hambre entre las calaveras del cementerio de elefantes.
Bueno, pero si al fin y al cabo los herbívoros son unos masoquistas que eligen por quién ser devorados, por lo menos quedarán los frescos arroyos para beber... ¡ah no, que tampoco quedaba agua! ¡El reino estaba hecho una mierda!
Es que fue llegar las hienas y desaparecer toda la hierba, secarse todos los ríos, dejar de llover y cubrirse el cielo de nubes siniestras. Disney nos lo explica diciendo que fue culpa de Scar, que por lo visto estaba hecho todo un cabroncete.
¡Pero tranquilos! Pronto llegará nuestro héroe, un personaje con traumas infantiles que vive feliz y despreocupado sin pensar en su pasado, y en la compañía de sus hippies amiguitos. Sólo le hará falta un pequeño empujón para ponerse en marcha: fumar la hierba mágica de Rafiki (¿un mandril africano con acento cubano?) para ver a su padre en el más allá y recibir su despótico discurso de "tú vales para algo más, hijo... haz que me sienta orgulloso de ti".
Y Simba sacrifica su vida cómoda para restablecer el orden natural: tendrá una legión de leonas para él solo, la lluvia hará crecer la hierba, los herbívoros volverán como borregos para adorar a su rey y ser devorados... y las hienas volverán a comer huesos en los barrios marginales.
Estaría interesante una historia desde otro punto de vista, algo así como "La reina hiena".
Oye, que si has llegado leyendo hasta aquí... muchas gracias por soportar mis paranoias ;-)