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| 21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
28 de Noviembre de 2008 |
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1) Un liquidador, cuenta Egoyan, se mueve en zona fronteriza, sin horario de oficina. En su apartada casa aguarda a cualquier hora aviso de un siniestro, casi siempre un incendio.
Una vez en el humeante lugar, se presenta a los afectados:
—Soy de la Aseguradora. El liquidador, tasador de daños.
Sabe que las víctimas sufren un shock y posa la mano en su hombro. Y que en el motel donde las aloja provisionalmente siguen así, mientras se tramitan las pólizas.
Las víctimas viven confusas la pérdida de vivienda y enseres, ansiosos por saber cuánto indemnizará el seguro según dictamen del liquidador, ese hombre discreto y atento que aparece para cuidar, resarcir, estudiar una justa valoración de lo aniquilado, paliar la catástrofe.
2) Dependen de ese hombre que a cualquier hora llega sigiloso al motel donde desde el gerente a las limpiadoras todos le saludan como a un benefactor. Se acerca a los damnificados, mostrando humana preocupación, mucha más empatía que esos fríos burócratas pendientes sólo de regateos y cuentas de resultados.
Las íntimas ansiedades se tratan mejor acostados, intercambiando fluidamente expectativas y comprensión, promesas de agilización, de justa tasa de cada mueble, de cada colección de abanicos o libros antiguos, objetos que se valoran mejor si hay fotos donde examinarlos, del dormitorio siniestrado, fotos que por casualidad incluyen a personas sobre el lecho, cuerpos entrelazados, y precisamente uno de esos cuerpos, cuyo rostro jadeante se identifica en una de las fotos, es el de quien se halla en el mismo cuarto del motel, su porvenir en el aire tras el desastre, todo en manos del liquidador quien, insiste, sólo trata de hacer su trabajo y que a los asegurados, a cada poco la mano en el hombro, no falte de nada.
3) Un liquidador, según Egoyan, vive en un mundo limítrofe: en casa-piloto de una urbanización paralizada, erigida en terrenos desiertos, rodeada de carteles promocionales.
Su mujer es censora de películas pero copia clandestinamente los pasajes prohibidos y se los da a su callada hermana, quien los ve de noche, y de ahí los jadeos y gemidos que inundan la casa.
En la oficina censora los hombres tienen debilidades: confiesan preservar material para sí, pero la gélida mujer usa una compleja argumentación para desmarcarse de ellos y reírse en su cara.
Compleja es también la pareja que finge rodar un film y alquila la casa-piloto para realizar fantasías sexuales con que desbordar el vacío.
4) El sombrío paisaje de siniestros humeantes es el hábitat del liquidador, confiado en que su desaprensiva y poco disimulada rapiña cuele indefinidamente como atención caritativa, amparado en la calculada borrosidad desplegada por Egoyan, útil para aislar escenas entre sí, enrarecer su ritmo y saturarlas de imprevisible extrañeza.
Ese efecto atmosférico está muy logrado, aunque en detrimento de otros aspectos del film, como el relato, todo estatismo y sin embargo apresuradamente rematado.
Archilupo 
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| 10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ennis
Madrid (España)
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Su valoración:  |
5 de Junio de 2006 |
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Noah es liquidador de una compañía de seguros de incendios, pero siempre se involucra con las víctimas, presta apoyo moral, ayuda en los trámites e incluso les recomienda realojarse en un hotel que conoce y allí les visita a menudo como un singular ángel de la guarda. Él vive en un desolado lugar, una casa piloto de una urbanización que nunca se construyó y su mujer trabaja en la revisión y control de cine porno y violento.
En torno a este núcleo central, Atom Egoyan construye una historia repleta de sugerencias y detalles extraños, aparecen personajes variopintos con tramas aparentemente paralelas pero que confluyen, todo con una atmósfera de irrealidad a la que contribuyen la gran música de su habitual Mychael Danna y la personal fotografía de su también colaborador Paul Sarossy.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Noah siempre ponía su mano en el hombro de la persona que perdía sus posesiones para proporcionarle consuelo, y cuando vio desde el exterior como su propia casa ardía miró su mano... pero allí no había nadie, estaba sólo y él era la víctima.
Ennis 
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| 9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dromedario
Toledo (España)
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Su valoración:  |
8 de Abril de 2007 |
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Turbadora, morbosa y lúcida.
Atom Egoyan mezcla a la perfección un puñado de historias que se funden en una, logrando así una espiral de extrañezas tan sugerente como inquietante. Y es que ese vagabundo tan agudo y raro, entra en pantalla y una ola de malsanería recorre la cabeza del que lo ve, ¿qué querra hacer?
Un comienzo apabullante que descoloca al espectador, se convierte luego en un desconcertante deambular de personajes aturdidos y alterados y como diría Noah en estado de shock. El resultado es una película estremecedora e hipnótica, que irá abriendo puertas y aclarando enigmas sin resolver, y todo ello introducido en una atmósfera de macabra irrealidad, donde los personajes se funden con la trama dando lugar a "El liquidador", la enrevesada historia de un ángel de la guarda.
Mención aparte la actuación de Elias Koteas, infravalorado pero de una capacidad exquisita a la hora de abordar sus personajes. No quiero ni pensar lo que hubiera pasado si este papel lo protagonizase alguno de los sobreactuados de Hollywood.
Esa intriga paralela a la de la familia (el vagabundo cineasta y la apasionada mujer) tiene un cierto puntillo a lo Lynch, y seguramente si en el nombre del director apareciese el suyo muchos ya la considerarían obra de culto o cosas por el estilo.
Dromedario 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Qué grande es Egoyan.
Tan fascinante como de costumbre, ligeramente por debajo de su gran trilogía Exotica- Porvenir- Felicia. Un guión lleno de misterio, perversión y personajes y secuencias marca de la casa. Más cercano a Lynch que nunca pero sobre todo, Egoyan. Es fascinante el tratamiento que le da este tipo a las palabras, a los diálogos, a las insinuaciones. La manera de evocar y perturbar que tiene me atrapa por completo, aunque en esta ocasión el guión haga menos pie que en ninguna otra película suya que haya visto. Sin olvidar a Koteas, tan genial como siempre.
Peter Gabriel 77 
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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xalons
Madrid (España)
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Su valoración:  |
23 de Noviembre de 2009 |
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Hay directores que hacen un cine extraño con una serie de características comunes que me gustan especialmente. Me refiero a gente como David Lynch, Abel Ferrara o Atom Egoyan. No sé por qué pero sus historias a contracorriente, obsesivas, morbosas y extravagantes, consiguen mi atención y mi interés por su filmografía.
Con el canadiense Atom Egoyan me pasa esto y su manera de narrar y lo que cuenta en sus películas, me gusta más que otras propuestas más convencionales. Creo que The adjuster es la primera película que tuvo un verdadero éxito de las de su filmografía y todavía tenía pendiente enfrentarme a su visionado. No me ha defraudado y he reconocido su estilo desde el primer fotograma.
Un empleado de seguros, tiene el trabajo de ocuparse de las personas que pierden su hogar en un incendio por lo que en su vida laboral debe buscarles un alojamiento, tramitarles la indemnización y ser el nexo de unión de los clientes con su estabilidad futura. No es suficiente este atípico personaje para cubrir la galería de los que le secundan, como su propia mujer que visiona películas pornográficas porque su trabajo es el de censora de escenas violentas y vejatorias, o la pareja de ricos que buscan situaciones extravagantes de contenido sexual para llenar su existencia.
Sin explicaciones ni coartadas, Atom Egoyan, me vuelve a introducir en una historia que discurre con una estética y música que me llevan sin pestañear por unas imágenes capaces de sorprenderme en cada cambio de escena y con un final inesperado que da un giro radical al sentido último del relato.
http://cdecine.blogspot.com/2009/11/adjuster-el-liquidador-1991-atom-egoyan.html
xalons 
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