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Críticas de "Memorias de China"
Memorias de China
Buena
Jiang Xiao
(2004)


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26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Dragondave   Madrid (España)
Su valoración: Muy buena 19 de Septiembre de 2008
Algunos dirán que es algo técnico. Una cámara, un buen encuadre, una buena historia, unas buenas interpretaciones...
Otros lo verán como un trabajo como otro cualquiera.
Incluso alguno dirá que el cine ni siquiera es arte, sólo un mero pasatiempos.
Para mí, el cine es SENTIMIENTO.
Sentimiento plasmado en la pantalla.
Sentimiento de cualquier tipo: de amor, de rabia, de tristeza, de risa, de nostalgia, de odio, de aventuras, de ilusión, de esperanza, de destrucción, de reflexión, de aprendizaje... incluso sentimiento por el sentimiento, por el mismo cine.
Porque la técnica, el trabajo, el pasatiempos y cualquier cosa, sin sentimiento, no sirve de nada.
Y ésta película es puro sentimiento. Con todos los defectos que quieras sacarle, pero hechos con puro sentimiento.
Dragondave
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14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Sersolo   Malealea (Lesotho)
Su valoración: Muy buena 18 de Octubre de 2008
El recuerdo de "Cinema Paradiso" es inevitable. "Memorias de China" es una de las películas que más me ha emocionado en mucho tiempo. Ambientada en la China actual, el film cuenta mediante flashbacks la infancia de unos niños que amaban el cine de barrio al aire libre, los sueños de una madre por ser actriz y las proyecciones que el tío Pan hacía para los suyos.

Es un film que evoca a un tiempo maravilloso de cine al aire libre, de amistades inolvidables, de juegos, confesiones, pérdidas, disgustos, tragedias y rencuentros. "Memorias de China" emociona sin remedio, desde la inocente y adorable niña, hasta el revoltoso y sucio niño, desde la madre soñadora hasta el tío enamorado, desde la lectura de un diario hasta los prismáticos mágicos, todo en "Memorias de China" es encantador.

Ya no quedan muchos cines de verano. Yo siempre iba a uno de pequeño y hacíamos doble sesión, la infancia parece más hermosa si podías disfrutar del séptimo arte al aire libre. Aún nos queda algún cine de verano, pero ya no es lo mismo, ya no soy un niño. Hay films que dan ganas de reconciliarte con el mundo, éste es uno de ellos.
Sersolo
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Archilupo   Llanes (España)
Su valoración: Buena 27 de Mayo de 2009
Dos épocas dispares de la China reciente son conectadas por la memoria cinematográfica.

El joven protagonista gasta en el cine lo que le queda tras pagar alquiler y comida. Se mete en una sala y ve cuatro películas seguidas, boquiabierto. Películas de Harrison Ford en la China actual, occidentalizada.
Los extraños sucesos que llevan al joven a cruzar su trayectoria con la de una joven agresiva le sitúan también ante un cuaderno donde ella escribe una película, la de su propia vida, que comienza en la cerrada sociedad maoísta de los 70, al nacer de una madre con sueños artísticos, en un pueblo minero.

El relato de esa época sigue apoyándose en el cine, en las proyecciones anunciadas a las plazas y calles por altavoz. Películas ortodoxas, oficiales, o procedentes de repúblicas populares como Albania (“Antes morir que rendirse”, con actuación estelar de Mila Galami), y amores con el proyeccionista, que originan a esa hija sietemesina y acarrean la marginación de la madre soñadora: ‘pequeñoburguesa’ y ‘contrarrevolucionaria’.

La niña nace en un cine al aire libre, crece entre sábanas blancas, viendo en la concurrida sesión semanal clásicos del cine patrio (“La guerrilla del tren”, “Brillante Estrella Roja”) y creyendo que su padre es un actor legendario que vive en la pantalla.
Cuando hace amistad con un niño, ven las películas desde una azotea, escondite secreto.

En la parte que protagonizan, los niños están brillantes, inspirados, graciosos, y la llenan de encanto, en sintonía con el tono ilusionado e inocente de la historia. El niño tiene unos prismáticos mágicos. Con ellos se adentran cómplices en los films.

Con el cuento del ángel, la madre introduce como un tesoro oculto la dimensión poética.

Ojalá esos días hubieran durado para siempre. Ojalá no hubiéramos crecido…

“Memorias de China” rebosa devoción por el cine y un contagioso entusiasmo primerizo. La directora, para quien es fundamental llegar al público, trata de no quedarse en lo naif. Al buscar un registro más realista en el que cimentar la historia de los niños, incluye unos sucesos truculentos, en exceso tremendistas, hilos del destino tramados con cierta elementalidad.
Pero este simplismo narrativo apenas rebaja la fuerza emotiva del conjunto, que con entusiasmo artístico canta al cine como realidad paralela que engrandece al ser humano.

(7,5)
Archilupo
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
KIM KI DUK 2   barcelona (España)
Su valoración: Muy buena 3 de Mayo de 2006
Dulce y sentimental película que muestra un sentido amor por el 7º arte.
Realizada a base de flashbacks, 4 concretamente, que son 4 momentos de una vida.
Es cine dentro del cine pero fresco y renovador.
Las interpretaciones están llenas de fuerza y autenticidad.
Entrañable historia, encantadora y tierna. No ha podido iniciar mejor esta directora su debut en el cine.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
KIM KI DUK 2
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Vivoleyendo   Huelva (España)
Su valoración: Muy buena 5 de Mayo de 2009
El esplendor de la felicidad es tan breve que, cuando se va, deja un hueco de ominoso silencio, de un vacío que duele más aún al saber lo que se ha perdido.
Hay veces en que crecer es el peor de los castigos.
Hay veces en que el progreso es como una inundación que arrasa con las cosas entrañables de antaño, esas cosas antiguas que amábamos cuando éramos niños. Con esa pantalla de tela blanca del cine al aire libre que Lingling y Mao Xiaobing adoraban. Con la infancia.
Con los sueños.
Como Totó y Alfredo en "Cinema Paradiso", los niños chinos de esta historia triste y embrujada crecen, respiran y sienten a través del cine. No hubo una época más dorada que la de aquella azotea a la que ellos subían con unos prismáticos mágicos para ver a escondidas las sesiones semanales de "El Mundo del Cine", abarrotado de espectadores para quienes cada película proyectada era un viaje a todo lo posible y a lo imposible, un acontecimiento social, una pausa en la rutina y un contacto con la materia de los sueños, con lo intangible y con el infinito.
No hubo momentos mejores que aquéllos en los que dos niños detuvieron el tiempo en una plenitud absoluta y sin mácula, mientras jugaban libres de preocupaciones y veían pasar la vida como en una de esas tiras de celuloide que tanto les gustaba ver girar en el proyector.
Con frecuencia, la mayor felicidad se diluye en los vértices del tiempo cruel y da paso a un pozo de tinieblas del que es muy difícil salir.
Las memorias de Lingling constituyen un cúmulo de recuerdos atesorados, de los cuáles los más luminosos son los de su más temprana niñez en la que todo su universo eran su madre, ella y sus estrellas de cine favoritas, y la llegada de Mao Xiaobing, que se sumó temporalmente a su pequeño festín.
La cúspide justo antes de la caída, las esperanzas aún intactas, el alma todavía entera y libre, ese instante supremo que es lo más próximo al cielo que podamos conocer. Un instante que desaparece y que no vuelve.
Y después... El dolor de hacerse mayor y saber que tienes que renunciar a tantas cosas y que no volverás a estar en la cresta de la ola. Y de ver cómo muchas de las posibilidades que antes tenías por delante, ahora se van cerrando a tu paso. Y de cometer terribles errores que no podrás enmendar. Y de ser consciente de que no puedes dar marcha atrás.
Como el del cine del pueblo donde ella creció, Lingling experimentó su propio derrumbamiento.
Lo mejor que tuvo se convirtió en escombros y en polvo.
Pero la vida continúa. Aunque esté rota en pedazos...
Puede que una de las consecuencias de crecer sea acostumbrarse a recoger nuestros propios pedazos y tratar de seguir caminando, resignándonos a restaurar un alma cada vez más llena de cicatrices, como si fuese un jarrón que se rompe y se recompone una y otra vez.
Ya no será tan bonito como había sido.
Vivoleyendo
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