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Sinopsis
Una adolescente mimada se escapa de casa, se queda embarazada y termina trabajando como modelo para un par de esteticistas. (FILMAFFINITY)
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13 de Agosto de 2009
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La obra cumbre de John Waters solo podía rodarse en el mítico año 1974. El mismo año en que se reciclaron géneros como el erótico con "Emmanuelle" o el de terror con "La matanza de Texas", Waters realizó su obra más ambiciosa y más original.
Tras el relativo éxito de la memorable "Pink Flamingos", Waters cuenta con dos años después con casi el mismo equipo técnico y la anuncia casi como una continuación para mantener la expectación del que gustaba la primera parte de esta trilogía trash, una de las películas de culto más reconocidas de todos los tiempos que cuenta tanto con admiradores como detractores por todo el mundo.
En "Female trouble" todo se encuentra en un estado de gracia sorprendente atemporal, que toma como referencia la estética del todo de cine de culto que le gusta a su autor, imponiendo su estilo, su originalidad y ese sentido del humor tan negro y tan sucio, tan absurdo y tan divertido a la vez.
Dawn Davenport (Divine) es una mujer que escapa de casa de sus conservadores padres y queda embarazada. Dawn se autodefine como ladrona y granjera y comete actos delictivos con sus amigas del instituto.
El núcleo argumental surge cuando visita el salón de belleza "Barra de labios", donde conoce a su marido y a sus dos asquerosos fetichistas dueños que se aprovecharán de las ansías de fama y felicidad de la sufrida protagonista para llevar a cabo sus más perturbadas fantasías sexuales.
Un bombón envenenado, un cuento de hadas gordas en el que se siente cariño por los personajes y en los que la comprensión del espectador cae en un huracán de contradicciones por sus acciones, y sobre todo por sus diálogos, tan impactantes a día de hoy como en su época, que no dejan de sorprender y revelar el verdadero genio que es John Waters.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
Mítica la actuación de Mink Stole en el papel de la hija Taffy y el descubrimiento de sus padres en pleno acto sexual: la conversación entre ellos tan agresiva es de las mejores escenas que he visto en mi vida. Creo que ese personaje es clave en la película además de ser un secundario más que importante. Tanto el descubrimiento de su padre y su posterior conversión al Hare Krisna y su trágico final son una crítica a lo podrida que está la sociedad actual, tan conservadora y bienhechora en la superficie.
Porque de eso va esta película, de lo podrido bajo la máscara de la moralidad, de la gente que se aprovecha de la ignorancia de los demás y que termina con el final del espectáculo que es la vida de la protagonista, discuro de agradecimiento final incluido.
Es cuando se cierra el telón y la sociedad del bien estar es totalmente puesta en duda.
anger  |
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21 de Agosto de 2009
12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Prefiero al John Waters de "Cecil B. DeMille" que a su época pinkflamingera, pero reconozco que es menos flamígero ahora que cuando hacía bestialidades cómicas como "Female Trouble". La premisa se las trae: la modosa colegiala Divine es violada, maltratada por su marido que a su vez quiere trincarse a su hija y finalmente objeto y víctima de las bizarras perversiones sexuales de un acomodado matrimonio de Baltimore. Partiendo de la base que Divine era un machote de cien kilos con faldita rosa, el desconcierto y el humor grasiento y miserable están servidos con la dosis necesaria del placer que provoca revolcarse en la morbosa fascinación despertada por una estética feísta extrema.
La crítica subyacente en la historia de Dawn Davenport es casi tan monstruosa como su protagonista. Nos habla de la importancia de la mirada de los demás para encontrar el lugar que creemos que ocupamos en el mundo. Vamos, de la apariencia.
Los fans de Waters encontrarán aquí algunos de sus clásicos en versión redux y prehistórica: Taffy y Divine-colegiala son el preludio de la Penny y la Ricki Lake de"Hairspray"; Miss Ida asimismo reaparece en una versión más joven pero igualmente horrenda en "Cry Baby" y con el mismo apellido. Los ñoños padres de Dawn también tienen sus propios sosias en los padres de los protagonistas de la mayoría de filmes de Waters. Asimismo, ahí está el perenne afán del bigotillo de Baltimore de recrear el mundo en el fondo de un espejo basura.
No puedo decir que sea buena pero sí que...me desagradó brillantemente.
Neathara  |
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Weis
Madrid (España)
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5 de Marzo de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Consolidado como el director insigne de películas que acaparaban los pases nocturnos para adultos en salas de mala muerte y autocines, John Waters continúa insistiendo en su monopolio artístico de zafiedad e inmundicia que carga contra las clases sociales americanas, desde las más aburguesadas a las más marginales, empleando un grueso humor negro que no pasaría muchos controles de calidad en circuitos independientes.
Haciendo de Maryland su arca de Noé y de Divine su templo de devoción mórbida, Female Trouble se siente como la hermana melliza de Pink Flamingos, con la que alcanzaría su pieza más insuperable de sagrada escatología.
Manteniendo su afilado tono satírico y conjugándolo admirablemente con el slapstick y una fuerte estética nostálgica de comedia sofisticada setentera, Waters articula su relato tomando al celoluide como un interminable catálogo de representación de depravaciones y perversiones sexuales de alto y variado rango.
El carácter autocomplaciente de sus propuestas y su pretendido enfoque rebelde e instigador de conciencias puritanas y adormecidas se antoja continuista de una corriente antropológica que venía gestándose años atrás por un amplio colectivo socio-temático. Woodstock, Janis Joplin, Yoko Ono, los fundamentos hippiescos, actuaron comon pequeñas píldoras entusiastas y antesala motivacional de una corriente fílmica que aplicaría, con imágenes fotoquímicas en movimiento, una liberación y radicalización del espíritu libertario y alternativo, sin cadenas ni prejuicios. Un carrusel de desenfreno expresionista e impulsivo que Waters tomaría de raíz para descontextualizar el movimiento, radicalizar su planteamiento y caricaturizar sus creaciones basadas en objetos de deseos perversos y oscuros.
Cuestión más discutible resulta que Waters abarrote la pantalla de causticidad y miseria moral ridiculizada por una pretensión que no vaya más allá de su particular pedrada mental de egocentrismo y superación personal de sordidez. Quizás los amantes acérrimos a su figura y a este cine de arcada y tentetieso descuiden valorar una narrativa inverosímil por distónica y distópica, un montaje arrítmico injustificado, una torpe planificación y, en definitiva, una propuesta que se mueve, generalmente, gracias a una lucha de fuerzas unilateral para alcanzar un puesto más elevado en la escala de delirios y grotescos modo de vida.
Aunque, quizás, el simple hecho de asistir y visionar con atención una proyección de esta película ya suponga aceptar las reglas del juego de Waters, pasar por alto la ingenuidad de sus limitaciones y disfrutar del espectáculo, nunca mejor dicho, más hilarante y febril.
Weis  |
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28 de Septiembre de 2012
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Parecida a "Pink Flamingos" (1972), pues cuenta en su reparto a muchos de los actores y actrices de ésta, es aún más dura y cruda. Tanto, que a veces resulta desagradable, insoportable, aunque la historia es, al mismo tiempo, tan creíble como coherente. Divine-mujer (que también hace de hombre) se pasea por las imágenes del film como una heroína de una odisea vital y un drama social que Waters interpreta desde el esperpento más alucinante, sin ponerse barreras ni límites. De ahí que a veces parezca que estemos viendo un film de terror.
No es quizá una película para todos los públicos, pero sí es una película que hay que ver...para creer. Además, en "Pink Flamingos" y en este "Female Trouble" -es decir, en el melodrama exacerbado y esperpéntico- está ya en germen el primer cine de Pedro Almodóvar.
Pedro Triguero_Lizana  |
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28 de Enero de 2013
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Reconozcamos primero que el universo de Waters es particular, que repite ciertos patrones y clichés, de los cuales evidentemente no se esconde (empezando por repetir buena parte del reparto).
Gran parte de sus películas se basan en una fuerte crítica social (al menos todas las que he visto). En este caso, la reprobación a la cultura de lo grotesco, de patrones que no desearíamos convivir con ellos, pero que tras un telón o pantalla se vitorean y alaban.
Cuanto "peor", "mejor".
Es indudable que Waters no iba desencaminado, 40 años después la programación de TV está plagado de estos ejemplos. Seres combluterados, maniquís de silicona, morenos de betún y pelos que rozan las leyes de la física.
El reproche que recibe esta película y director en su época más temprana es cierta rotundidad a la hora de plasmar escenas. Yo humildemente pienso que quien se sienta ofendido tiene "cierto problema". Y es que no puedes ofenderte por estas alegorías, donde verás una representación de coito del mismo realismo como si juntaras a Barbie y Ken simulando una penetración; o alguna zona desnuda, pechos de seres pasados de peso, o algún pene flácido, nunca en actitud sexual/pornográfica.
Aquí da para hablar sobre como la influencia religiosa nos ha creado estos tabús, o miedo al desnudo pero no es sitio ni momento.
Sólo, si decidís verla, que no os supere estos actos alegóricos e intentad ver la crítica. Luego ya os gustará o no, pero que no sea por un reproche a un acto sexual donde el hombre ni se quita los calzoncillos.
elnoiroig  |
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