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Críticas de "El tercer hombre"
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| 33 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Strhoeimniano
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
19 de Enero de 2006 |
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El tópico nos dice que estamos ante una película de O. Welles. Es cierto. En ninguna otra película que se haya realizado se deja sentir tanto la presencia del actor en el pulso que toma la dirección como en esta; pero de ahí a la autoría hay un paso gigantesco que olvidaría otros hallazgos de esta obra maestra. Lo que está claro es que Welles tuvo libertad absoluta de componer su fascinante H. Lime, no sólo rescribiendo su parte (todo ese magnífico discurso sobre la democracia y el reloj de cuco es suyo), sino dirigiendo sus secuencias. Prueba de ello es leer el guión de Greene, ahora ya tomado como una novela más de él, pero que en origen fue un guión encargado por el productor, A. Korda, y ver toda la construcción que realizó Welles en el que, junto con Kane y el capitán Quinlan, es su mejor personaje.
“El tercer hombre” tiene muchas historias, pero podemos resumir todas en un binomio: amistad / traición. Martins, un espléndido J. Cotten, llega a una Viena “un poco destruida por las bombas”, invitado por su amigo H. Lime, para descubrir que éste ha fallecido en un extraño accidente. Sobre esta premisa, la sabiduría de Carol Reed despliega una serie de momentos inolvidables, en un viaje lleno de cinismo por esa jauría humana que alumbra la posguerra y que tienen en las cloacas una de sus vías de comunicación.
Para eso C. Reed reinventa el expresionismo dotando a la dirección de un regusto barroco que será la marca de estilo: ángulos novedosos que casi nunca respetan la horizontalidad del plano, infinidad de picados y contrapicados, que hasta hacen creer a uno de los personajes que el cielo se halla en el suelo y el infierno en el cielo, juegos con la profundidad de campo como el maravilloso plano de presentación de Welles. Todo este toda a la película de una tensión única.
El reparto sólido y sensacional. Destacando, aparte de los mencionados, una Alida Valli que se eleva al estrellato tras esta película, o un Trevor Howard tan distinguido como siempre y que borda su papel.
Como decía la película esta llena de momentos únicos. Dejando aparte los ya conocidos: el plano de presentación de Welles, la persecución por las cloacas, la secuencia de la noria, hay dos que destacaría por encima de los demás: la secuencia de la delación echa a manos de un tierno niño. Una secuencia magistral, que sigue produciendo una angustia enorme al contemplarla y ver como ese tierno niño de dos años puede convertirse en un monstruo feroz; y por supuesto ese plano final y larguísimo que cierra la película de un modo desolador y renegando de una regla de oro: el final feliz.
Suena las notas de A.Karas. Siéntate y relájate; ¡estás de suerte! Harry Lime no ha muerto, ni el buen cine tampoco, te esperan noventa minutos de impagable celuloide.
Strhoeimniano 
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| 18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Harry Lime
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
4 de Octubre de 2005 |
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Pura leyenda, puro mito, puro CINE con mayúsculas. G. Greene, autor de la historia y del guión, el director C. Reed y O.Welles, con su poderosa presencia, forman el trípode que sustenta este inmortal thriller, obra maestra absoluta del cine de todos los tiempos. Motivo de polémica durante años, hoy casi nadie discute la autoría del film, un C. Reed en la cúspide de su talento creativo, pero a nadie se le escapa que un genio como O. Welles debió de tener mucho que ver en el tratamiento del personaje de Harry Lime y su plasmación en imágenes. Creación arrolladora de Welles, que domina el film de principio a fin, lo marcó de forma definitoria hasta su muerte.
Partiendo de una premisa argumental sencilla, -Martins (Cotten), un escritor de novelas baratas del oeste viaja a Viena donde Lime (Welles) su mejor amigo le ha ofrecido trabajo, para descubrir al llegar que ha muerto atropellado-, que nos sumerge en un alambicado relato de intriga en el marco incomparable de la Viena de la posguerra, poco a poco vamos descubriendo una fascinante galería de personajes que intentan sobrevivir a las secuelas de la guerra. Ante nosotros aparece, con toda su crudeza, un sórdido mundo que transita entre el bien y el mal, lo moral y lo inmoral, lo ético y lo que no lo es. Con un guión extraordinario de míticos diálogos que ya son historia, “El tercer hombre” se erige, bajo la soberbia dirección de C. Reed, como uno de los más lúcidos estudios sobre el egoísmo, el cinismo y la maldad del ser humano, y nos plantea el terrible dilema moral de tener que escoger entre la fidelidad y lo éticamente correcto. Bañada por un extraño halito de romanticismo y con una historia de amor imposible, nos deslumbra por la barroca puesta en escena, la impresionante fotografía expresionista de R. Krasker -opresiva y llena de sombras-, los míticos planos inclinados asociados a la duda, el sensacional montaje, los silencios y ecos que estallan en nuestros oídos, y por la inmortal cítara de A. Karas. Con un espléndido reparto en estado de gracia, desde el discreto pero memorable J. Cotten -en el mejor papel de su carrera-, la bellísima, enigmática y sublime A. Valli, un T. Howard sencillamente perfecto, hasta la impresionante interpretación que ese autentico monstruo de la escena que era O. Welles hace del personaje de Harry Lime, para la inmortalidad nos ha quedado la mejor presentación de un personaje de la historia, el encuentro en la noria del Prater vienes -con el mítico monologo de Welles-, la magistral secuencia de persecución por las cloacas de la ciudad -con ese impagable gesto final de asentimiento-, y ese arriesgadísimo, duro y desolador plano final de más de dos minutos de duración. Una impresionante obra maestra, absolutamente imprescindible.
Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona a 4 de octubre de 2005
Harry Lime 
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| 27 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tomine
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
12 de Mayo de 2006 |
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Arrancó lánguidamente, al compás de los murmullos vieneses. No tenía prisa, y mostró como cebo un típico McGuffin.
Me invitó a pasear, y yo fui con ella. Segura de su atractivo, no necesitaba imponerse en su baile de seducción.
Sin saber muy bien cómo, caí en sus redes. A su lado el aburrimiento no existía... y aún así no había tensión en su mirada despierta.
Sentí que el tiempo se paraba. La sucesión desapareció y cuando
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Orson Welles surgió de entre las cuerdas de una guitarra, la pantalla me guiñó el ojo.
No era consciente de mi sonrisa de memo, pero sí de que a veces la fascinación no procede de la oscuridad de las calles vienesas, sino de la amable blancura de la sencilla...
belleza.
Tomine 
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| 14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
8 de Enero de 2006 |
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Escrita por G. Greene y dirigida por C. Reed, alcanzó un gran éxito. Ganó un Oscar (fotografía B/N), un BAFTA (mejor película británica) y el Gran Premio de Cannes.
La acción tiene lugar en Viena en los primeros años de la Posguerra (1947). Narra la historia de Harry Lime, traficante desaprensivo que en el mercado negro vienés compra penicilina robada, la diluye y la vende a un alto precio, a costa de la salud de las personas. Su actividad le lleva a simular la muerte y a ocultarse en el sector ruso de la ciudad. Cuando Holly Martins (Joseph Cotten) llega a Viena, decide emprender una investigación sobre su muerte, dadas las informaciones contradictorias que recoge. La película describe la perversidad de un hombre siniestro y diabólico, que aborrece a sus semejantes; desprecia la justicia, la solidaridad, la democracia y la paz; y ama la guerra, el terror y el asesinato. Su objetivo es convertirse en un personaje poderoso, a la manera del superhombre de Nietzsche. Es el protagonista del film y el eje de la acción. Por lo demás, la película pone en tensión la lealtad, el amor y la amistad frente a la verdad, la justicia y el bien. Su amante, Ana (Alida Valli), y su amigo de la infancia Martins, se debaten entre dudas, inseguridades y contradicciones. La estética de la obra es marcadamente expresionista. Abundan los encuadres dislocados, las perspectivas de ruínas, las imágenes deformadas por los bombardeos (escaleras, vías, etc.). A ello se añaden juegos de luces y sombras que crean un clima fantasmagórico, reflejo de las opciones éticas y de los sentimientos de los protagonistas. Además, la obra suma un compendio amplio y heterogéneo de ambigüedades y dudas, que elevan la atmósfera de tensión y desasosiego.
La música, de Anton Karas, se basa en una melodía sencilla e hipnóptica, interpretada con cítara, muy adecuada. La fotografía ofrece un recital de recursos innovadores de gran efectividad. El guión toma un argumento excelente de Graham Greene, adaptado con aportaciones de Alexander Korda y Carol Reed. La definición de los personas principales es modélica: Ana encarna la lealtad al amante; Lime la perversidad y la locura; y Martins la mediocridad, ahogada en alcohol, y una ambígua fascinación por Lime. La interpretación de Welles es breve, pero magistral, y son excelentes las intervenciones de los otros protagonistas. La dirección, correcta y solvente, se apoya en Welles en tres ocasiones: la aparición nocturna de Lime ante la mirada de Martins, la conversación de Lime y Martins en la noria y los dedos tensos que buscan la libertad ante un fondo de árboles otoñales sin hojas.
Tercera colaboración de Reed y Greene. Una de las mejores películas de todos los tiempos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La frase "me gusta perder el tiempo", que cierra el turno de voz del film, deja abiertas las puertas a un cúmulo de preguntas sin respuesta, que alimentan la sensación de magia del film e impulsan las ansias del espectador de pensar y comentar.
Miquel 
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| 12 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (España)
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Su valoración:  |
6 de Febrero de 2008 |
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Dicen que “El tercer hombre” es una Obra Maestra. Un clásico de los buenos, de toda la vida. De visión imprescindible y onerosa. Considerada unánimemente como la máxima aportación británica a la historia del cine. Y, por si fuera poco, orquestada desde la sombra por el mismísimo Orson Welles.
Impresionante.
Pero que quereis que os diga... Disculpadme la blasfemia, pero no le voy a otorgar un diez. Ni un nueve. Un ocho y va que chuta. Pasemos a puntualizar las razones de mi roñoso notable.
El filmo de Reed engancha, y mucho, desde su inicio. Curiosamente no se trata de una peli de suspense, ni de género negro, pero mantiene al espectador pegado a la butaca desde el principio. El guión es brillante y encadena la sucesión de los acontecimientos con una precisión irreprochable. El pulso narrativo es magistral, y tanto los diálogos como la progresiva irrupción de los personajes se desarrollan con una naturalidad insultante. La puesta en escena y la fotografía son impecables. Pocas veces una peli ha recreado una atmósfera tan sombría y bella a la vez. La estética barroca, decadente y lánguida de una Viena devastada por la 2ª Guerra Mundial resulta sencillamente fascinante. Joseph Cotten y Trevor Howard interpretan sus papeles como solo saben hacerlo. Magníficamente. Orson Welles, como no, borda a Harry Lime, el ‘personaje McGuffin’, en sus breves pero intensas apariciones. Alida Valli, por su parte, inunda la pantalla con esa rutilante y melancólica belleza.
(Sigue en spoiler por 'recomendación' expresa de la validadora nº 14. Un besito, guapa).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Sin embargo, algo hay que empaña “El tercer hombre” y que, a mi entender, le arrebata la eminente condición de Obra Maestra. Tal vez su cota dramática no sea lo suficientemente poderosa; tal vez el chasco que supone comprobar como nuestro enigmático Lime no es más que un vulgar traficante de penicilina sin escrúpulos resulte excesivamente doloroso; tal vez Bogart hubiera encajado mejor que Cotten en el papel de Holly; tal vez planea sobre mi cabeza la embarazosa sospecha de que Harry es una especie de ilusionista que me está tomando el pelo... Qué sé yo. “El tercer hombre” es un peliculón, que duda cabe, pero no es la Obra Maestra que me vendieron. Una lástima.
Taylor 
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