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Fata Morgana

Thriller. Ciencia ficción Gim (Teresa Gimpera) es una bella joven que trabaja como modelo publicitaria y que vive en una Barcelona futurista, distópica y casi desértica debido a que sus habitantes la están abandonando por miedo a un acontecimiento extraño que ya sucedió en Londres. Aún así Gim permanece en la ciudad junto a una serie de extravagantes personajes, entre los que se encuentran J.J. (Marcos Martí), el agente encargado de evitar su futuro asesinato, ... [+]
Críticas 13
Críticas ordenadas por utilidad
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4
19 de junio de 2011
26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sé que es fácil decir que Fata Morgana cuarenta y cinco años después de su estreno es una película desfasada y coyuntural. Añadiría unos calificativos más, que aparecerán en las próximas líneas, pero, aun pasado todo ese tiempo, no cabe más que volver a decirlo: Fata Morgana está anticuada y desfasada. Supondría uno de los experimentos más “cool” de la década de los 60 en España, este típico ejemplo de la Escuela de Barcelona, pero los experimentos y modernidades corren el grave riesgo de quedarse anclados en su época, en la época para la que son realizados.

Dicho esto, diré que el guión está firmado al alimón por Gonzalo Suárez y Vicente Aranda, que la idea es de Gonzalo Suárez, en la época en que a ambos, sobre todo a Suárez, le daban por hacer cosas raras. Suárez y su Ditirambo, Y Aranda con Las crueles o esta Fata Morgana. A coyuntural, desfasada y anticuada (adjetivos que se le han puesto con el transcurrir de los años) se les podría añadir (haciendo abstracción de todos esos años) los de incomprensible, ininteligible, confusa, irritante o fascinante. El único positivo que encuentro entre todos los que he dicho es fascinante, porque hay elementos que lo son, como las transformaciones de Antonio Ferrandis. Pero a cambio están los elementos surreales o directamente inexplicables que aparecen en esta película en teoría futurista y apocalíptcia. Y aséptica, como el rostro de la bellísima Teresa Gimpera, quien por cierto dijo en su día no comprender lo que se estaba contando durante el rodaje de El espíritu de la colmena de Erice. Mala suerte tuvo la chica, porque en esta Fata Morgana se debió de estar preguntándose continuamente de qué demonios estaba hablando o intentando contar Vicente Aranda en Fata Morgana.
6
30 de enero de 2011
22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
«El agente ‘JIJI’ había sido llamado por su jefe. Esta mujer fue asesinada hace años. En 1965 porque había nacido victima en una sociedad donde también nacen asesinos. Ahora su asesino prepara un nuevo crimen. ¿Por qué? Porque hay una nueva victima. Está en sus manos evitarlo. La misión es arriesgada. Me interesa. Acepto.»

Esas originales previas como prólogo-cómic muestran, al menos, un halo de originalidad. Aunque con ver a Chanquete disfrazado de momia y con gafas de esquí en un campo de futbol la cosa cobra momentos de bizarrada justificada.

Ejercicio de estilo con un argumento argumentado en su leit motiv: un juego de victima / asesino visto desde otro prisma. Rubia y morena. No falta un pez espada asesino y la sensación de que en “Fata Morgana” aparece un instinto de pasión por lo inédito. Que en EEUU sea distribuida por la Troma tiene que ser una nueva pista. Como ver a Vicente Aranda en sus inicios, con adaptación de Gonzalo Suárez, realizando un filme noir de ciencia ficción, con cierta tendencia por aspectos sesudos y aire intelectualoide.
Una modelo que se adentra en solitario en su rol de víctima puede tomar aspectos del giallio con un juego de roles incluido. A tener en cuenta como gran curiosidad de la cinematografía española.
8
29 de mayo de 2012
20 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fata/Morgana es el largometraje que inicia la modernidad en el Cine Español, si obviamos los rarísimos cortos que José Val del Omar venía ya realizando para dejar a los espectadores de los pueblos echando espuma por la boca. En 1965 aún faltaban un par de años para que Iván Zulueta comenzara a experimentar en TVE con las influencias pop de las que se había empapado durante sus estancias fuera de España (con la inestimable ayuda de Vainica Doble y otros grupos contemporáneos), por lo que esta obra (escrita por Gonzalo Suárez y dirigida por Vicente Aranda) es casi con toda seguridad el inicio de ¨otro cine¨, amén de la primera obra relevante de la reivindicable Escuela de Barcelona, a la que se puede adscribir a fenómenos como Joaquim Jordá (Monos Como Becky, De Niños), el crítico Román Gubern o el brasas de Pere Portabella. Digamos que era un poco romper con la industria de por aquel entonces y qué clases de obras se hacían, desmarcándose de las producciones de Sáenz de Heredia, Pedro Lazaga, Rafael Gil y los momentos más bajos de Ignacio F. Iquino. De Mariano Ozores también, pese a que él intentó dar ese paso con la arriesgadísima La Hora Incógnita, condenándose de por vida a tener que facturar obras que contasen con la acogida del público.
Marianne Benet
Sirva el párrafo anterior para contextualizar un poco el valor que supuso realizar esta película en 1965. Un film que abre mostrando viñeas de cómic, que mediante intertítulos desubica al espectador diciéndole que lo que va a ver es igual que lo que sucedió en otra ficción que desconoce (pues no existe) y que pasa a concatenar escenas sin pies ni cabeza (para lo que sería una narración convencional) donde se nos habla de un crimen que aún no se ha cometido (inversión de los cánones del género negro) en interiores con decoración futurista rompe por completo con todo el parque fílmico español existente hasta el día de su estreno, con todo lo que ello supone en un país donde lo nuevo/extraño/diferente no es bien acogido porque da miedo: pones los cojones sobre la mesa jugándote la marginación vitalicia e incluso el exilio.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La película tampoco es que sea arte y ensayo puro. Ni mucho menos. Rompe la linealidad de su trama mediante digresiones filosóficas de los personajes declamadas en tonos ausentes dentro de varios homenajes a influencias varias (nouvelle vague, free cinema, literatura pulp, cine negro, cine de espías, folletín, ciencia ficción, cómic), pero se sigue y disfruta sin ningún problema. De hecho el ritmo que impera durante el metraje transmite la sensación de perpetuo movimiento, sin dejar un instante de respiro, y el montaje encaja sin problemas porciones deudoras de La Jetee (las gafas del ciego y el montaje fotográfico, además del asesinato inevitable pero aún por cometerse) y Alphaville (códigos del género negro dentro de un marco sci-fi) con persecuciones a pie que comienzan en medio de Barcelona y terminan en una factoría, en una deriva que de loca y absurda nos recuerda un poco a las geniales viñetas de Anacleto, la parodia de James Bond que dibujase durante años el genial Vázquez.
Teresa Gimpera
Si todo esto no fuese suficiente, la película cuenta en algunos países con un merecidísimo culto (¡fue distribuida por la Troma!), la banda sonora de Antonio Pérez Olea es azafrán, la fotografía de Aurelio Larraya es cumbre del cine de aquí, Marianne Benet sale preciosa, Antonio Ferrandis sale disfrazado de momia (anticipando su final como Chanquete en Verano Azul) y hay unas persecuciones por pasillos angostos que ni el Antonioni más tronado por la arquitectura loca habría podido soñar.

Caviar, señores.
2
16 de diciembre de 2015
13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Londres me mata.
La pedantería siempre es una interesante opción, puede ser de entre todas incluso la mucho mejor. Ahora bien, debe estar articulada, no vale (o sí, allá cada uno con su -mal- arte) con juntar tres ocurrencias, dos homenajes mal puestos y que salga el sol por Antequera; debería tener una intención, decir, aunque solo sea balbucear, algo. Si no, el ridículo te come y el tedio devora al espectador, pobre ser que observa curiosamente espantado y distanciadamente gélido la suma de escenas ad hoc, ad hominem, ad astra...
Lo dicho, pedante el humor, pedantes discursos, diálogos pedantes, muertes...
Mátame, amor.
Surrealismo paseante (y corredor), futurismo pop (Tati, "Mi tío", por ejemplo), discurso dislocado, cómic, ironía posmoderna, nouvelle vague, escuela de Barcelona (partiendo la pana), Gimpera limonera, acosadores cañí, vitelloni mitómanos, conferencias sesudas, ciudad silenciosa y soleada, navajas traperas y oceánicas, disfraces de la T.I.A, ...
Dame fuego que me quemo.
5
23 de diciembre de 2015
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gracias al programa de La 2 “Historia de nuestro cine”, los aficionados estamos descubriendo un sinfín de películas desconocidas o al menos muy poco emitidas en los últimos años. Es una iniciativa novedosa porque no sólo recupera nuestro patrimonio cinematográfico, sino que lo analiza e interpreta con los atinados comentarios de los especialistas. Comenzó en Mayo, y al parecer se emitirán unos 690 títulos, en un plazo de tres años, una autentica gozada para descubrir muchas joyas desconocidas y otras no tanto pero siempre es bueno conocer lo nuestro. Aunque no es el primer programa que se ha hecho sobre el cine español, al menos es el programa más ambicioso en cuanto a títulos y obras.

“Fata Morgana” es la primera película en solitario del cineasta Vicente Aranda procedente de la denominada Escuela de Barcelona que escribió junto a Gonzalo Suárez. Una film que poco tiene en común con lo que luego sería su cine. Una película ingenua y extraña, como un ensayo, un thriller futurista heredero de la “Nouvelle Vague” muy experimental y literario. Una fábula de ciencia ficción que tiene la influencia del comic y el pop art, las vanguardias de la década de los sesenta, creativa transgresora y colorista, un cine un tanto anárquico e imprevisible.
Antonio Ferrandis
La película de Aranda toma prestadas, más la técnica que la teórica de la nueva ola francesa, construida e inspirada en los métodos y formas de Resnais y Godard, sin apenas iluminación y en escenarios naturales, un rodaje de tipo artesano con ciertas ideas que no basta sólo con tenerlas, además le falta todavía la astucia para saber expresarlas. Un cine excesivamente improvisado y oportunista que se nutría de excelentes subvenciones, pero que no terminó de cuajar como fenómeno cinematográfico, me refiero a la apuntada Escuela de Barcelona.

Presenta una trama alambicada, en una Barcelona deshabitada, donde una atractiva modelo publicitaria se ve acosada con amenazas de muerte, entre carreras y persecuciones por el extrarradio de tipos con propósitos insondables. Con un Antonio Ferrandis camaleónico y alejado de sus registros afables. Supuso el debut de la bella modelo Teresa Gimpera, que era entonces la musa de la moda en la Ciudad Condal, incluso Hitchcock que buscaba una actriz latina para su film “Topaz” estuvo cerca de contratarla.
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