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Cada tanto, los seres humanos nos complacemos con ciertos inventos, y con algún logro científico, que busca el mejoramiento de nuestra calidad de vida o el reconocimiento del mundo que nos rodea. Y, a la hora de las versiones cinematográficas, no es simple contar estas historias sin caer en datos tediosos, en disertaciones técnicas o en aburridas experiencias que sólo interesan a sus inventores. No son muchas las películas que han salido avantes en este propósito. Entre las que consigo recordar ahora, están “Edison el Hombre”, “Madame Curie”, “Elegidos para la Gloria”… y “THE GREAT MOMENT”.
El 30 de Septiembre de 1846, fue uno de esos días de gran significado para la sufrida humanidad. Los infatigables esfuerzos del odontólogo William Morton dieron, finalmente, los resultados esperados y nació la anestesia dental que ponía fin a la tortura y a los eternos dolores de las extracciones.
Motivado por este significativo episodio, y por la interesante lucha del médico y dentista norteamericano, el atinado director Preston Sturges, quien ya nos había conquistado con títulos como "Navidades en Julio", "El Gran McGinty" y "Laureles Ajenos", se dio a la tarea de contarnos el intenso trajinar de aquel profesional inventor y, el resultado, es una agradable película que entremezcla, con notable eficiencia, los tópicos intelectuales y de orden médico, con la comedia más hilarante y encantadora.
Joel McCrea, a quien siempre recordaremos como prominente protagonista de viejos westerns, y quien ya había protagonizado con Sturges dos de sus más exitosos filmes (“Un Marido Rico” y “Los Viajes de Sullivan”), da vida al memorable odontólogo W. T. G. Morton, quien asume toda suerte de retos y de riesgos, con el sublime ideal de hacer más amable la vida de la humanidad aunque, en principio, el deseo de gloria y de dinero, brotan como una sombra en una noble misión que, pronto, habría de colmarse de luz.
A su lado, un afortunado elenco de actores, en el que sobresale el excelente William Demarest (uno de los constantes de Sturges), quien carga con el peso humorístico de la película, interpretando al primer gran paciente de Morton: el singular violinista Eben Frost. Con él, asistiremos a deliciosos momentos que matizan la aventura, haciéndola accesible a toda clase de público.
Preston Sturges tiene un merecido lugar en la comedia Hollywoodense… y nos hubiera gustado que su carrera hubiese sido mucho más prolífica como realizador, pues tenía un ingenio bien encajado con el de Frank Capra.
“TRIUNFO SIN GLORIA” (The Great Moment), es una clara muestra de sus dotes como realizador.
Luis Guillermo Cardona 
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