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| 16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
8 de Abril de 2010 |
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El final
Manejándose en dos niveles (realidad-irrealidad), la película culmina en un estallido catártico que vomita lo obsesivo y lo compulsivo del protagonista en una postrera superposición de niveles textuales fundiéndose y confundiéndose (el mundo interior, por un lado, y el exterior del entorno por otro).
A ese desenlace –que menciono de forma imprecisa, sin explicitar detalles- se va consagrando la construcción del metraje en sucesivas referencias que unen el plano onírico con el real, fogonazos de memoria suprarrealista o inventada emergiendo poco a poco hacia el plano racional (Geraldine Chaplin va y viene de la realidad al ensueño, ya sea a través de fantasías o de reconstrucciones usando otra mujer, ofreciendo la dualidad de lo simulado y lo real, lo real y lo soñado, etc).
Simbolismos
Separándonos de la configuración narrativa, y en lo que se refiere al orden temático, la película se centra en elementos simbólicos ya mencionados en la página por otros usuarios: las dos Españas (la de pujanza económica de los 60, burguesía acomodada, moderna; y la provincia tradicional de usos, costumbres y represiones pacatas).
Blow Up
La música pop, las medias rojas, la falda verde, la peluca, la cámara de fotos, Antonio Saura, los museos, el arte contemporáneo… Y, sobre todo, el tratamiento de película donde las reglas de una línea narrativa real o veraz y otra de ensoñación confluyen en una misma materia cinematográfica sólida e independiente que va más allá de un orden articulado para la ficción y la representación.
Buñuel
Cabe destacar también el elemento buñueliano (expresamente subrayado por Saura) en la anécdota de la ruta de tambores de Calanda y el clima cerrado, atrabiliario en su intimidad, de una fisicidad que se desborda contenida en el tratamiento fetichista del sexo (condición enferma de un erotismo complejo y acomplejado como forma de posesión-sumisión de un objeto).
La Rompida de la hora
Enormes los planos de la Rompida de la hora, con esa Geraldine aporreando tambores en plena Semana Santa. Imagen que sirve como muestra del revoltijo en la mente de López Vázquez de tradición religiosa, represión y a su vez fascinación por el ideal de mujer pecaminosa y cosmopolita que tan lejos quedaba del españolito medio (con sus medias de rejilla y sus pestañas postizas). Imagen que refleja una psique, una sociedad y el universo creativo de un director de cine. Y casi, diría, de cierto tipo de cine español que habría de venirse.
Bloomsday 
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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Misterio de Elche vs. Los Canarios
Ana vs. Elena
Té vs. Peppermint Frappé
Julián vs. Pablo
Poesía (A. Machado) vs. La fotografía
Ciudad Encantada vs. Museo de arte abstracto español
Seat 127 vs. Ford Thunderbird descapotable
Existen suficientes pistas (marcadas con luces de neón) sobre el propósito de Saura de retratar las dos Españas (Gea) que por aquel entonces cohabitaban de mala manera en un mismo territorio. Dos mundos diferentes llenos de obsesiones, engaños y envidias.
Las dualidades empiezan con el reencuentro de Pablo (Alfredo Mayo) y su esposa desenfrenada Elena (Geraldine Chaplin). Y como reacción de esa dualidad española surge el componente psicológico de Julián, y aunque Saura seguirá marcando las dos Españas, lo mejor es centrarse en esa obsesión medio onírica y medio real que Julián acaba por desatar, que es en definitiva, lo que deja el poso definitivo a esta película.
Julián (J. Luis López Vázquez) usa unas tijeras con las que va cortando revistas de moda. Ojos pintados, labios de carmín, pestañas postizas, minifaldas y medias de colores (Eros). Radiólogo de profesión y mesurado de formación. Ana (G. Chaplin) trabaja con él. Formal y de falda larga. Aunque la obsesión está presente desde el inicio mismo, Saura tiene la suficiente pericia para hacer que dicha obstinación bulla lentamente, hasta que como una olla express, el silbido nos anuncia que la comida ya está lista.
Y antes de bullir, nos ha enseñado los ingredientes. A modo de flashback (la boda de Pablo con una niña del pueblo en su infancia) y el voyeurismo tras la cerradura o en los baños con mujeres de escasa belleza. Simbolismos que quedan desperdigados pero no desordenados hasta llegar a las escenas finales de tambores y deseos de gran fuerza visual.
Con su anterior película (La caza), Saura marca un punto de inflexión en su incipiente carrera. Durante unos años, la España, la sexualidad (casi siempre reprimida) y la muerte (casi siempre violenta) conformarán una terna indivisible en la filmografía de Saura.
Chagolate con churros 
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ennis
Madrid (España)
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Su valoración:  |
9 de Julio de 2006 |
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La represora España franquista es capaz de generar criaturas como el Julián de Peppermint Frappé, obsesionado por el prototipo de mujer que ve en las páginas publicitarias de las revistas y que contrasta con los recuerdos de infancia que le traen imágenes de las mujeres poco atractivas a las que espiaba mientras se bañaban.
Saura filma con soltura y recreándose en el detalle, su cámara se pasea muchas veces por los objetos femeninos que tanto fascinan a Julián, describiendo su carácter obsesivo y fetichista.
Como sucedería muchas veces a lo largo de su carrera, José Luis López Vázquez hace una interpretación excelente, nadie como él para encarnar al hombre gris y reprimido.
Saura dedica a Buñuel esta obra, cuya calidad la hace ser una digna descendiente del espíritu del maestro.
Ennis 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Chus
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
6 de Octubre de 2006 |
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Nadie o pocos, mejor que Saura supieron retratar la dualidad de las dos españas. Por un lado una emergente, representada en esta película por Geraldine Chaplin, como siempre mujer todoterreno, artista de tomo y lomo que presta una vez más su sublime actuación y por otro lado la España todavía anclada en el pasado provinciano, fuertemente reprimida, vinculada al miedo y ciertos valores religiosos de culpa.
Jose Luis López Vazquez es el hombre en conflicto entre una espada y su propia pared moral incapaz de derribar. Su amigo, en cambio, es el nuevo español, leído y viajado, con ligue extranjero, ante el cual, el españolito se siente pequeño. Y los tres bebiendo ese Peppermint Frappé, bebida francesa de moda y época, que ensalza la penetración de las nuevas influencias.
Con poco, como bien decían, en aquella época Saura era capaz de dar mucho en su filmografía, antes de que se perdiera en sus aventuras personales, aportando una visión surrealista, inteligente, fina, muy fina, a la altura de Mi prima Angélica, Ana y los lobos, Cría cuervos o el JArdín de las delicias.
Chus 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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lisufelligus
Madrid (España)
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Su valoración:  |
21 de Febrero de 2011 |
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En los numerosos viajes que hacía el gran director Carlos Saura a Cuenca a visitar a su hermano, el pintor Antonio Saura, le debió impresionar el choque de culturas que se vivía en nuestro país -y en todo el mundo- entre la rancia y oscurantista España profunda y el incontenible soplo de brisa fresca en forma de rebelión social pacífica que se vivía en los años sesenta (París en 1968, San Francisco, Londres, y, un poquito, Madrid y Barcelona).
Para alguien que venía de Madrid, el contraste entre el Museo de Arte Abstracto, el ambiente de los pintores y otros artistas que se unieron al movimiento cultural que se cocía en la pequeña ciudad manchega (Zobel, Torner, Tapies, Chillida, A. Saura, etc.) y la Cuenca profunda, más cerca de la Vetusta que describió Alas Clarín en "La Regenta" que de ese espíritu innovador, exhuberante e iconoclasta que invadía de forma imparable el mundo occidental por entonces; debió ser una buena fuente de inspiración para rodar el que es, probablemente, el mejor film de este director junto a "Cría Cuervos".
Una cuidada fotografía, que recuerda a las mejores películas de Michelangelo Antonioni, unas brillantes interpretaciones de Geraldine Chaplin, José Luis López Vázquez y un sorprendente -por bueno- Alfredo Mayo en uno de los mejores papeles que le recuerdo, una B.S.O. estudiada al milímetro (Los Canarios con su sensual rock progresivo versus la cruda grabación de los tambores de Calanda), el morbo de Luis Buñuel (a quien está dedicada esta magnífica película), un guión solvente y una dirección brillante e innovadora sirvieron para cocinar esta pequeña maravilla cuyo rodaje aún se recuerda con orgullo en Cuenca.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: P.D.: Hasta hace unos pocos años se podía ver desde el mirador de "El ventano del Diablo", a la entrada de la serranía conquense, el coche estrellado que usaron para rodar "Peppermint Frappé"
lisufelligus 
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