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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
26 de Enero de 2006 |
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Adaptación de la novela de Annemarie Selinko, basada en el estudio de los diarios de Desirée. Dirigida por Henry Koster (Kosterlitz), fue rodada en los estudios de la Fox. Las imágenes exteriores iniciales se tomaron en Pebble Beach (Monterrey/California). Obtuvo dos nominaciones a los Oscar (decoración y vesturio).
La acción comienza en Marsella (1794) y concluye en París (1815). Narra la historia de Desirée Clary (Jean Simmons), hija de un comerciante marsellés, de la que se enamora Napoleón cuando ella tiene 17 años. Las ambiciones de Napoleón le llevan a París, donde por conveniencia contrae matrimonio con Josephine Beauharnais, mientras ella se casa con Jean Battiste Bernadotte.
La película frivoliza la realidad con escenas espúreas, que deslucen el relato, como la rendición de Napoleón, tras Waterloo (1815), ante Desirée. La obra muestra las inmensas ambiciones de Napoleón, que sueña con dominar el mundo, aún a costa de desmesuradas pérdidas en vidas humanas y de sacrificios personales tan poco razonables como la renuncia a su único y gran amor. Napoleón encarna la megalomanía, las ansias de poder absoluto y una desproporcionada ambición. La insaciabilidad de ésta le lleva a emprender aventuras cada vez más arriesgadas, en una espiral sin retorno de sangre, dolor y derrotas. Desirée encarna el contrapunto de Napoleón: no le gustan los palacios, detesta la ostencación, se adapta mal al rigor de los formalismos oficiales, confraterniza con todos, es consciente de sus limitaciones y renuncia a honores que no la satisfacen. Bernadotte personifica la fidelidad a los ideales, la incorruptibilidad, la disconformidad con Napoleón y el éxito basado en el trabajo, en el respeto al Parlamento y en el servicio a los ciudadanos.
La música incorpora 24 melodías, algunas tomadas de autores diversos: "El vals de Desirée" (Alfred Newman), "Te Deum" (Wagner), "Plaisir d'amour" (Giovanni Martini). Las composiciones originales evocan el alma de los personajes. La fotografía opta por un cromatismo equilibrado, contrastado y matizado. Destaca la recreación escénica del cuadro de Jacques-Louis David "La coronación del Emperador" (1805/07). Se beneficia de un vestuario y unos decorados brillantes y llamativos. El guión enlaza historias de diferente tono en un solo relato, del que Napoleón es el protagonista. Los diálogos son algo artificiosos. La interpretación de Brando (29 años) es correcta, aunque inferior a sus niveles de excelencia ("Un travía llamado deseo", "La ley del silencio"). Michael Rennie cumple con corrección, mientras Jean Simmons queda deslucida en un papel en el que no se siente cómoda. La dirección, excesivamente maleable, busca la espectacularidad y el favor del público con concesiones que devalúan el film.
Película realizada para un éxito fácil y amplio, con sacrificio de la solidez de la obra y el rigor del relato. Contiene elementos de interés.
Miquel 
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ketamino
Madrid (España)
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Su valoración:  |
12 de Enero de 2007 |
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¿Cómo definir esta cosa? Si me lanzo a escribir una crítica sobre una película que detesto, es porque creo necesario desenmascarar la falsedad completa de lo que cuenta. Hay películas que son tan malas, que por contra resultan muy útiles y beneficiosas para entender cómo no debe hacerse cine, o qué libros no adaptar.
Tal como narra Brando en sus memorias («Las canciones que mi madre me enseñó»), el señor Kostler estaba mucho más interesado en la ambientación y en los detalles de los trajes que en la veracidad o posible verosimilitud dramática de la historia.
En general, la falacia consiste en esto: en presentar a Napoleón como un hombre firmemente asentado en el trono y libre para decidir la conquista de Europa, obviando las siete Coaliciones, pagadas por la valiente Inglaterra, lanzadas en contra no sólo suya, sino de Francia. Y en consecuencia, consiste en presentar a sus enemigos, incluso a sus «amigos» traidores a la patria de la peor ralea (Bernadotte) como santos varones defensores del orden y la moral.
De ridícula, resulta odiosa esta película. El supuesto amor de Napoleón por ese ser egoísta, cretino y nulo no se sostiene, no es creíble.
Con todo, Marlon Brando sostiene algo la película, en una meritoria interpretación. Pero el problema es de fondo, la historia es el gran fallo y no tiene remedio. En resumen, ¡a quién le importan las cuitas de esa señorita idiota («¡No me gustan los palacios, hace corriente, achisss!»), en comparación con la historia de Napoleón, de su ascenso y caída, a manos de, entre otros, traidores a los que se presenta bajo una pátina tan respetable en la película!
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La trama, como supongo que también el libro en que se basa, es completamente falsa, y amén de falsa, estúpida. Basta la presentación de Napoleón en la casa de los Clary para entender la catadura del Napoleón que pretende hacérsenos colar. Resulta desternillante la presentación del personaje que, raudo como en el campo de batalla, se dispone a soltar sandeces e impertinencias una tras otra. La escena en el parque con Desirée es memorable en este sentido: «yo quiero que me den el mando del ejército de Italia para declararle la guerra a ese país en nombre de la Revolución, a mí, que salta a la vista que soy un hombre superior» (cómo si esa guerra no llevara años combatiéndose, torpemente por ambas partes, en respuesta a la agresión del Piamonte de los Saboya a la Francia revolucionaria). «El destino y yo, yo y el destino...» Más adelante, el aviso del propio Napoleón sobre su futura expedición a Egipto, como algo deseado por él (cuando más bien le dieron el mando para quitárselo de encima).
Por otra parte, el personaje de la Simmons es extremadamente ridículo. Bastan varios botones de muestra: A Bernadotte le ofrecen la corona sueca, y a ella lo primero que se le ocurre es decir: «¡Pero eso quiere decir que YO voy a ser reina, y no sé cómo vestir para la ocasión! ¡Qué contrariedad!» Tampoco le gusta que Napoleón le pida llevar el vestido azul en la coronación (todo un canalla, con lo poco que la favorece ese color). Cuando Napoleón vuelve de Rusia, tras la espantosa retirada que ha costado decenas de miles de muertos y que representa el peligro máximo para Francia, ¡a ella lo que le molesta es que venga sin afeitar a su casa! ¡Qué falta de decoro! ¡Cómo se le ocurre a ese gran hombre visitar a una ex-vendedora anónima de paños sin afeitar!
Ketamino 
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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o0_oscar_0o
Ourense (España)
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Su valoración:  |
2 de Noviembre de 2006 |
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Especie de biopic sobre la ascensión al poder y posterior caída de Napoleón Bonaparte, vista a través de las vivencias de una jóven francesa cercana al círculo del emperador.
La historia comienza en Marsella a finales del s. XVIII, donde un general que empezaba hacerse un nombre en la Francia de Robespierre, se dirige a Italia, para en una memorable batalla, regresar victorioso a Francia para acabar coronándose emperador. Los hechos se suceden y Napoleón cada vez es más poderoso y reconocido, pero toda historia tiene su fin, y el de este es Waterloo, que empuja al emperador, en el ocaso del film, a su desdichado destierro a Santa Elena.
Un Brando con una gran sobriedad es Napoleón y una dulce Jean Simmons es la jóven Desireé a través de la cual vemos el París del s. XIX, los inmensos palacios, magníficos banquetes y el lujo desmedido de la más alta alcurnia parisina.
o0_oscar_0o 
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