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Críticas de "My fair Lady (Mi bella dama)"
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| 10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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burton
Santander (España)
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Su valoración:  |
3 de Junio de 2006 |
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...Y la magia de esta película suscitó en su época, y en épocas posteriores mucha controversia, adorándola y odiándola a partes iguales.
Cukor y el fotógrafo Cecil Beaton contruyeron una deliciosa cinta llena de magia visual y sonora, con unas actuaciones realmente destacables, sobre todo del trío protagonista, inspirándose en la comedia del autor George Bernard Shaw, "Pigmalión", iniciadora de una corriente denominada el socialismo fabiano (lento, light o gradualmente progresivo).
Magnífica restauración de decorados diseñados casi en su totalidad por Beaton, con algunas aportaciones de Cukor, representando con la magia exclusiva de aquellos años, escenarios souvenir de la maravillosa ciudad de Londres...
Y precisamente todo se inicia en uno de esos sitios legendarios de la ciudad inglesa, en concreto el mítico Covent Garden, donde nuestra protagonista, una deliciosa y siempre cautivadora Audrey Hepburn (¿quién dijo alguna vez que nuestra Pe era lo más parecido hoy en día a aquella inimitable e inigualable diva? Brrrrr!!!!), interpretando el papel de Eliza Doolittle, una vendedora de flores, de carácter rudo y maneras aún más toscas, se encuentra en una fría y lluviosa noche con nuestros otros dos protagonistas, saliendo de una ópera de los alrededores...
Así, un misógino y clasista profesor de fonética británico para quien el origen de la existencia de clases está en la pronunciación, prosodia y vocabulario de la lengua materna utilizada, el profesor Henry Higgins (magnífico Rex Harrison), y un misántropo coronel del ejército británico y estudioso de las lenguas exóticas, coronel Pickerling (Wilfrid Hyde-White) apalabran una curiosa apuesta que implicará de lleno a nuestra deliciosa protagonista llevando la cinta en todo momento a situaciones y escenarios mágicos que permanecerán imborrables en la retina del espectador una vez haya acabado su visionado.
Con inolvidables momentos como la asistencia y presentación en (la alta) sociedad de Eliza en Ascott , o el baile en la embajada en honor de la reina de Transilvania,... pasando también y sobre todo por la maravillosa aportación del padre de la protagonista Alfred Doolitlle (increíble Stanley Holloway) y su inolvidable "...with a little bit of luck...", o su discurso sobre los prejuicios y ataduras de la mediana y alta burguesía respecto a los de su clase original; los humildes.
Realmente inolvidable y deliciosa película, que si bien arrebató todos los honores a mi admirable Dr Strangelove de Kubrick, no guardo empero ningún resquemor contra ella, todo lo contrario. Le estaré eternamente agradecido...
burton
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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tarima
las palmas (España)
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Su valoración:  |
5 de Febrero de 2008 |
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La estupenda obra teatral `Pigmalión´ de George Bernard Shaw había sido trasladada al cine con éxito, y poco después, dos de los autores más reconocidos del género musical de Broadway, Grederick Loewe (música) y Alan Jay Lerner (letra) le pusieron música y lo convirtieron en un nuevo éxito. Julie Andrews se llevó la mayor desilusión de su vida cinematográfica cuando no la dejaron ser Eliza Doolittle, papel que había representado en Broadway y que se le había ofrecido a Audrey Hepburn, consiguiendo el oscar posteriormente. La mítica Audrey Hepburn está magnífica en el papel protagonista, a pesar de que la voz en las canciones se la puso la cantante Marni Nixon, excepto en `Just You Wait, Mr. Higgins´. El doblaje al español de las canciones deja mucho que desear y pierde parte de la espectacularidad del matraje.
El experimento y enseñansa que nos propone George Cukor es intertar pasar casi tres horas viendo como se pasa de una clase social a otra, y los distintos problemas que estas clases conllevan. Buena oportunidad de visionar una buena obra que te invita a "Ser feliz" con "La lluvia en Sevilla", que por cierto.., dicen que es una maravilla.
tarima
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| 5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Triplets
Madrid (España)
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Su valoración:  |
2 de Enero de 2007 |
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Me sería fácil empezar a cantar sin más las virtudes de "My fair lady", porque es una película que me encanta. Pero entiendo que lo más interesante de estas críticas es intentar dar razones para que los demás puedan disfrutar como nosotros con las películas que amamos. Y viendo que esta película tiene algunas críticas negativas, mayores motivos hay para defenderla.
El ingrediente fundamental de un musical son las canciones. Y, si en esto nos fijamos, "My fair lady" tiene, seguramente, el catálogo de melodías más inolvidable de todo el género. Citemos como ejemplos "Wouldn´t it be loverly?", "On the street where you live", "The rain in Spain" (candidata para la lista de las 100 mejores canciones del American Film Institute") o "I could have dance all night" (elegida como 17ª mejor canción por dicho Instituto).
Además, el número musical "The rain in Spain" es, para mí, una de las cumbres del musical, que entronca con otros números míticos como "That´s entertainment" (Melodías de Broadway 1955) o "La noche en que inventaron el champán" (Gigi), en cuanto supone el cambio de humor de algún personaje abatido, cansado o aburrido, que pasa, en breves momentos, a través de la música, a un estado de euforia y alegría contagiosa.
Por otro lado, una de las críticas más frecuentes de los detractores de "My fair lady" es que es un musical empalagoso. Yo, personalmente, no veo el empalago por ningún lado. Para mí empalagosa es una película con continuas escenas de los protagonistas haciéndose arrumacos y dándose besitos. Pero esa posibilidad se desvanece con un protagonista tan sobrio como Rex Harrison y con un personaje como el suyo, que no reconoce su amor sino a regañadientes.
Por tanto, "My fair lady" tiene, a mi entender, romanticismo del bueno, mostrado en pequeños detalles como el momento en que antes de salir para la fiesta, el profesor Higgins, que no había hecho caso a Eliza, la agarra finalmente del brazo, arrancando la felicidad de ésta.
Se podría hablar de muchas más cuestiones como la dirección magistral de George Cukor, el trabajo de Cecil Beaton, los estupendos secundarios encabezados por Stanley Holloway, pero simplemente pretendía defender una película como ésta, una película que, sin duda, está en la cima de aquel género maravilloso que fue el musical americano.
Triplets
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| 6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fan de Audrey
Málaga (España)
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Su valoración:  |
20 de Septiembre de 2005 |
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¡Maravillosa, llena de emoción y ternura!
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: My Fair Lady es mi película favorita que me llenó el corazón desde la primera vez que la vi. Una de las escenas que más me gustan es cuando Audrey canta "I Could Have Danced All Night" y se mueve de aquella manera tan elegante y cautivadora que enamora, además muestra una expresión muy dulce en su cara capaz de enternecer a cualquiera.
Esta película es como si fuera para mi un cuento de hadas. Audrey interpreta a una pobre florista y gracias a su profesor consigue convertirse en una bella dama y subir de categoria.
Lo que más me gusta es cuando ella se enmora de su profesor. Antes lo odiaba y después se enamora de él o sea que pasa del odio al amor. Lo mismo le ocurre su profesor descubre que sus sentimientos hacia ella son muy fuertes pero nunca se los llega a expresar debido a su orgullo. Me encanta todo eso que he comentado.
Sin lugar a dudas es mi película favorita con una música maravillosa y con una actriz estupenda.
fan de Audrey
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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anaïS
Granada (España)
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Su valoración:  |
17 de Mayo de 2006 |
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Los años 60 eran ya poco propicios para el género musical, tal vez por eso resultó ser un buen momento para que las excepciones sobresalieran sobre las producciones convencionales.
Con MY FAIR LADY se hizo evidente una vez más que al autor de títulos como HISTORIAS DE FILADELFIA (The Philadelphia story, 1940) le interesaban más los personajes y las situaciones que las propias historias. Y eso que esta vez se trataba de llevar a la pantalla un libreto que adaptaba el Pygmalion y que anteriormente fue un clamoroso éxito sobre los escenarios teatrales.
El tiempo ha engrandecido este musical atípico.
La película de George Cukor se presenta como una sustanciosa comedia que ilustra el poder terapéutico del lenguaje a la vez que da una elegante versión de Frankenstein en la que el lingüista Henry Higgins, se empeña en esculpir a una delicada criatura llamada Eliza Doolittle a partir de la vulgaridad de la calle.
Julie Andrews representó el papel de Eliza con éxito arrollador en Broadway, pero al ser adaptada al cine, fue el nombre de Audrey Hepburn, más conocido y atractivo con vistas a una recaudación generosa, el que relució para asegurar el éxito.
La metamorfosis que teje el profesor Henry Higgins sobre Eliza Doolittle es absoluta. Cuesta trabajo pensar que una mujer pueda llegar a dejarse moldear como lo hace Eliza. Si he de ser sincera, el machismo que se respira hasta la última escena es algo que me pone nerviosa, pero me calmo cuando pienso en la típica excusa de: "eran otros tiempos", otras formas... entonces me concentro en lo que realmente me interesa (estructura de guión, recursos, lenguaje cinematográfico, etc.)
La puesta en escena de la película es digna de mención Cecil Beaton, fotógrafo y mago del objetivo, supo crear y plasmar como nadie todas y cada una de las escenas de MY FAIR LADY.
No se puede relegar al olvido, o simplemente a segundo plano, el trabajo que realizó Stanley Holloway en el papel de Alfred P. Doolittle, el canallesco padre de la chica, un truhán acostumbrado a alimentarse del aire y a flotar entre la mugre, que reivindica con bastante gracia su derecho a la pereza.
Nacido con el surgimiento del sonoro, y tras situarse a la cabeza de los géneros de los años treinta, fue en los cuarenta cuando se conoce su esplendor, y empieza a declinar (aunque no artísticamente) en los años cincuenta, para experimentar una inyección en los sesenta y un estancamiento en los setenta. Durante las dos décadas siguientes
el género languideció arrinconado por el público y los grandes estudios dejaron de financiar más proyectos salvo trabajos puntuales.
Ahora que Hollywood ha vuelto a reconocer el género, los estudios han vuelto a poner sobre la mesa dinero para producir cabriolas y coreografías con las que sentir alas en los pies. Como bien conocemos hoy los éxitos conseguidos por MOULIN ROUGE (Baz Luhrmann, 2001), CHICAGO (Rob Marshall, 2002) o EL FANTASMA DE LA ÓPERA (The Phantom of the Opera, Joel Schumacher, 2004) .
anaïS
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