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| 82 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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RAMON
HUELVA (España)
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Su valoración:  |
1 de Febrero de 2007 |
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"El club de los poetas muertos" es una de las películas que más me han marcado en mi vida, en el sentido de que nos presenta una filosofía y una forma de entender la existencia humana, que creo que todos deberíamos seguir al pie de la letra.
El personaje que tan magistralmente representa Robin Williams, nos ofrece las pautas y las claves para un desarrollo pleno y para una visión de la vida, en la que siempre reine el optimismo, la alegría, el buen humor y la honorabilidad.
Aprovecha el momento, no se cansa de repetirnos el profesor protagonista y eso es lo que deberíamos hacer en todas las ocasiones, quedarnos con lo bueno y desechar lo malo, no rendirnos, luchar por los ideales y al final de todo, cuando los días se nos agoten, poder echar la vista atrás y pensar con calma, que verdaderamente, nuestro paso por este mundo dejó alguna huella, ya que aprovechamos la oportunidad de vivir.
Merece la pena intentar ser feliz en este valle de lágrimas.
Una obra de arte en definitiva y una auténtica maravilla desde todos los puntos de vista, por lo que si todavía queda alguien que no la haya visto, ya está tardando en hacerlo.
¡Carpe diem, camaradas!
RAMON 
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| 61 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Amor Perro
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
2 de Septiembre de 2005 |
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El cine se ha fijado muchas veces en la relación entre profesores y alumnos, y generalmente ha querido incidir en el acercamiento entre estos más allá del mero ámbito que los une en principio, la educación. La película del casi siempre interesante Peter Weir se convirtió en un gran éxito crítico y de público gracias a la empatía que conseguía con el personaje de Robin Williams y la personalidad de algunos de los jóvenes actores que lo acompañaban.
Aunque no se puede decir que la historia y el tratamiento sean originales (profesor de ideas liberales y mente abierta que llega a un centro donde la educación y la formación intelectual de los jóvenes se interpreta y ejerce desde la tradición, las normas, el conservadurismo y la férrea disciplina... o represión), Weir y su guionista consiguen captar inmediatamente la atención y complicidad del espectador, por la ruptura de ideas que supone para esos chicos la pedagogía y la personalidad de un personaje bien creado por un Robin Williams afortunadamente alejado de sus habituales e insoportablemente blanditos y sensibleros papeles de payasete circense.
Amor Perro 
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| 53 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pues sí, yo también soy un fan de “El club de los poetas muertos” y lo que es más importante sigo defendiéndola a pesar de que algunos con los años vayan renegando de ella.
Es verdad que estaba en el instituto cuando la estrenaron, y aunque mi centro no era precisamente la Academia Welton, no puedo negar que me influyó de forma y manera absoluta condicionando mi futuro como persona (yo también me monté un club mucho más chulo que este pocos años después) y mis gustos artísticos. También quizá porque me parezco físicamente mucho a uno de los protagonistas de la película, no diré cuál claro está y por mil razones más, debo señalar sin lugar a dudas a “El club de los poetas muertos” entre mis 50 películas favoritas
Y es que más allá de los valores de Welton: Tradición, honor, disciplina, grandeza; que se ponen en cuestión uno a uno demostrando que son meras palabras que crecen o disminuyen de importancia dependiendo de quien las entone o pongan en sus labios, como digo más allá de eso la historia de los sueños e ilusiones de esos chicos cercanas en ocasiones a los verdaderos sueños responden mejor que nada a esa forma de provocar una auténtica catarsis ante el mundo cerrado, hermético y obsoleto de la educación de corte arcaico y basada en el sometimiento que deben de padecer a diario, donde la inspiración del genio es sometida y puesta al servicio del mecanicismo de nuestra sociedad.
Ya no hay estrenos como esta maravilla de película con tantos guiños literarios, ya no hay personajes como el señor John Keating en un papel que recuerda a la maravillosa “Alguien voló sobre el nido del cuco” donde un libre pensador despierta a una microsociedad zombiniana pero sobre todo creo que es imposible olvidarse de “Nuwanda” que supone la avanzadilla transgresora dentro del grupo de poetas muertos. Y es que dentro de los “revolucionarios” también los hay más o menos burgueses.
Carpe Diem no es sólo un llamamiento a no perder el tiempo y aprovechar el momento, es un canto a recordarnos que nuestro orgullo, prepotencia, envidias y enfados son perecederos y que no debemos de tomarnos la vida demasiado en serio porque nadie sale vivo de ella como decía el genial Groucho Marx.
El guión es portentoso y redondo, ganador del Oscar merecidamente (una vez al fin acertaron) pero como siempre el de mejor película se lo llevó “Paseando a Miss Daisy” que comparado con “El club de los poetas muertos” parece una de Esteso y Pajares.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El reparto artístico es fabuloso, desde Robin Williams en uno de sus dos o tres mejores papeles de toda su carrera- en un tipo con cuarenta películas- y sobre todo la gente joven en uno de los casting más extraordinarios de los últimos años. La verdad es que ninguno de ellos se ha convertido en una star-system a excepción de Ethan Hawke, destacaría a un inolvidable Robert Sean Leonard que a todos los que amamos el teatro nos llega muy a dentro su actuación y también a Richard Cameron, en ese papel de Judas traidor –incluso pelo pelirrojo- que demuestra que siempre hay quien se subirá al carro para medrar en la sociedad a costa de principios y compañeros.
Y todo ello de la mano de ese extraordinario director australiano que se llama Peter Weir y que aquí se consagró definitivamente.
¿Es necesario que escriba el tan manido lema de obra maestra?, Bueno pues lo digo. Obra maestra y un auténtico clásico.
“Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta”.
Walt Whitman
vircenguetorix 
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| 32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LeonNewman
Leon (España)
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Su valoración:  |
19 de Diciembre de 2007 |
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Es muy posible que sea una película imperfecta, melodramática, algo previsible. Pero me da igual. Como ya escribí en otra crítica, las tripas tienen razones que a veces la razón no entiende. Cuando vi por primera vez EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS yo era un muchacho muy parecido a esos alumnos, con la misma edad, con los mismos temores, con unos padres que también lo esperaban todo de mi inteligencia. Yo también iba a un estricto colegio privado, aunque de provincias, donde nos exprimían hasta la última neurona con estúpidos abusos intelectuales. Ustedes me comprenderán...
En esta cuarta o quinta revisión de la película, ya casi tengo la edad del profesor Keating, y ahora veo las cosas desde esa mesa a la que él se subía para contemplarlo todo con perspectiva. Y desde allí, con la experiencia, el saber, y todas esas paridas, veo que nada ha cambiado, que seguimos siendo los mismos, que los sueños siguen ahí, idénticos, intocados, porque nada ni nadie nos deja, de una puta vez, lanzarnos de cabeza al Carpe Diem.
¡Oh, capitán, mi capitán!
LeonNewman 
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| 48 de 75 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tono
Blüdhaven (España)
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Su valoración:  |
27 de Agosto de 2007 |
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Complaciente película en la que un grupo de niños ricos reciben clases de literatura y rebeldía de salón a cargo de uno de esos profesores que son estirpe en Hollywood: carismáticos, divertidos, sabios, motivadores... No hay cuestionamiento alguno en la rebeldía del profesor Keating, sino un mero elogio del gesto rebelde y una innecesaria invitación al goce literario, artístico y demás. Innecesaria, digo, porque la adolescencia es precisamente el reino de lo inmediato, del egoísmo y de la búsqueda del placer. ¿Qué necesidad hay, pues, de decirle "Carpe diem" a la chavalada, si no deberían pensar en otra cosa?
Algunos alumnos contemplamos, atacados de vergüenza ajena, cómo toda una generación de profesores se subía a la mesa. Y luego, siguiendo el ejemplo del profesor Keating, se bajaron y dejaron que la vida siguiera exactamente igual.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El carácter puramente formal de la incorrección del profesor Keating se pone de manifiesto cuando éste se niega a defenderse de las injustas acusaciones de la que es objeto. Ante tal oportunidad no sólo de defender su integridad, sino de cuestionar el ejercicio del poder por parte de la dirección de la escuela, Keating baja los brazos y se deja ir. Lo suyo era pura fachada. No era un rebelde, sino el chivo expiatorio que necesita el sistema para mostrar su poderío.
Los alumnos aprenden la lección y despiden al profe con un gesto nuevamente vacío. Se suben a la mesa, se bajan y se reintegran en el sistema.
Tono 
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