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| 42 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
28 de Junio de 2008 |
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El proceso creador de Eric Rohmer se pone en marcha cuando tiene una idea clara del final. Con esa brújula, construye la trama que desemboca en ese final.
En “El rayo verde”, a la protagonista le traza un camino oculto, por el que ella se mueve perdida la mayor parte del tiempo; una escondida senda acotada por señales misteriosas y aisladas: naipes en el suelo, affiches callejeros (taller: conócete a ti mismo), objetos de color verde, conversaciones ajenas sobre Julio Verne que ella escucha durante un paseo…
Delphine trabaja como secretaria en París. Sus planes de veraneo se chafan a última hora y, con enorme contrariedad, se encuentra con las vacaciones desiertas por delante. Una mujer sola en medio de la muchedumbre. Su soledad es inestable, asociada a una inquietud temperamental, una visceral forma de estar que no puede ser de otro modo.
En diversos episodios, como los de la reunión con amigas o la desenvuelta turista sueca, intenta llegar a los demás, pero no surge la corriente comunicativa; más bien chispazos y calambrazos, o vacío irrespirable.
Hay momentos de intensa aflicción que se sobrellevan recordando los versos de Rimbaud en la portada de la película: “Ah! Que llegue la hora/ En que los corazones se enamoren”.
Muy significativa la entrada en escena de un ejemplar de “El Idiota” de Dostoievski: el príncipe Mischkin, socialmente discapacitado, es sin embargo un inocente visionario, un alma viva, y recorre en su interior un camino profundo.
5ª obra del ciclo ‘Comedias y proverbios’, dedicado a retratar a mujeres inquietas, Rohmer no había escrito sobre ella previamente. Aquí dejó a un lado su habitual metrónomo, la férrea pauta de minuto y medio de película por página de guión, diálogos calibrados palabra por palabra.
Como en “La coleccionista”, donde permitió a los actores introducir aportaciones, en “El rayo verde” la actriz principal interviene en la construcción de su personaje, y así figura en los créditos: ‘Con la colaboración para el texto y la interpretación de Marie Riviere’.
En estrategia espontaneísta, la actriz dota al personaje de expresiva nerviosidad, un punto aturullada en ocasiones, aunque en el tramo final logra una intensa presencia cuando, al estilo romántico, la emoción interna de Delphine se acompasa con los fenómenos de la naturaleza.
Ahondando una vez más en la sensibilidad femenina, Rohmer filma una de sus películas más personales. En declaraciones a Liberation (3.9.86) consideró muy autobiográfico el tratamiento que hace de la soledad. “Delphine soy yo”, dice, como Flaubert de Madame Bovary.
(Rodada muy velozmente en el verano del 84, lo acusa cierta tosquedad de la imagen, acaso falta de más edición.)
(7,5)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Meticuloso, Rohmer quería que la toma del rayo verde para el jubiloso final fuese auténtica, aunque realmente consista en un destello esmeralda casi imperceptible. Su equipo lo intentó en Normandía y en diversos puntos del Atlántico, para conseguir finalmente la captura en Las Palmas.
Archilupo 
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| 21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
29 de Abril de 2008 |
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Verne, como todo gran genio, era polifacético y no sólo escribió novelas de ciencia-ficción. La fama que ha alcanzado debido a su faceta de visionario de la ficción científica y de la novela de aventuras suele relegar casi al olvido alguna de sus obras que se centran en temáticas más corrientes y sencillas, como las románticas, aunque "El rayo verde" sabe aunar su lado científico y el romántico. El fenómeno óptico de la refracción de la luz solar durante el ocaso, que en unas condiciones atmosféricas y geográficas concretas da lugar a la visión de un destello verde justo cuando el sol termina de ocultarse tras el horizonte, es el hilo conductor de una historia basada en la leyenda de que si dos personas contemplan juntas el rayo verde, se enamorarán.
Rohmer parte de ese fenómeno óptico que parece pura leyenda mágica y lo sitúa como el ideal de búsqueda de una mujer que ha llegado a un punto muerto.
Delphine es una mujer joven, vive sola en París y trabaja como secretaria. Aún no se ha hecho a la idea de que su relación con su ex-novio Jean Pierre se rompió hace tiempo. En la rutina de sus días corrientes va acumulando una tristeza indefinida, un vacío pesimista que la hace replegarse en sí misma. Cifrando buena parte de sus esperanzas en un viaje a Grecia que iba a efectuar con una amiga, se viene abajo y se siente muy contrariada cuando el viaje se anula. Con sus planes para las vacaciones deshechos, Delphine siente que se ahoga en París pero tampoco se decide a marcharse sola de vacaciones. Su carácter cauteloso por naturaleza, sumado a su negativo estado de ánimo, la impulsan a verlo todo muy negro y a ser muy reacia a vivir aventuras, a dejarse llevar y a seguir los consejos de sus amigas para marcharse a cualquier parte y divertirse.
Entre muchas dudas y objeciones, sus vacaciones se convertirán en una serie de tumbos sin rumbo fijo. Cherburgo, la montaña, Biarritz, San Juan de Luz... Pero nada consigue erradicar la depresión que se adueña de ella. Ni las personas que va conociendo, ni los lugares... Tal vez, si algún día consigue avistar el esquivo rayo verde, su suerte cambie...
Rohmer, maestro de la cotidianeidad, de las conversaciones normales de la gente y minimalista que observa detalladamente a través de su miscroscopio personal, despliega el encanto de la simplicidad, de los pequeños acontecimientos diarios de personas que son como nosotros. Aquí pasea su cámara por los días de una mujer desencantada e invadida por una vacuidad existencial que desearía vencer pero no sabe cómo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Buceando en las urdimbres más complejas del alma, a la vez tan comunes a todos nosotros, se nos planta delante la pura infelicidad que se cierne sobre tantas personas en esta civilización de nuestros tiempos. Y quizás la base de todo ello la encontremos en la insatisfacción porque, pese a no tener carencias materiales y a disfrutar de los bienes y privilegios fundamentales que hoy día todas las clases medias y trabajadoras se pueden permitir, con más o menos dificultad (estabilidad económica, bienes materiales, acceso a la cultura y a la educación institucionalizada, asistencia sanitaria, la cada vez mayor importancia y culto al ocio...), sin embargo la sociedad también tiende a crear, posiblemente, carencias afectivas, inseguridades, baja autoestima y la sensación de fracaso cuando no se consigue alguna (o ninguna) de las metas que dicha sociedad marca como supremas, en ese código no escrito pero que se queda grabado en el alma prácticamente desde que nacemos. El medio que nos rodea bombardea constantemente con lo que se supone que deben de ser nuestros máximos objetivos en la vida. Pero, ¿qué ocurre si no nos ajustamos a ellos, o ellos no se ajustan a nosotros, o por lo que sea no podemos acceder a su logro?
Pero, ante todo, el máximo objetivo, el del amor, que seguramente sea uno de los pocos por los que realmente valga la pena luchar, es el que más sinsabores suele causar. Tal vez porque es el más difícil de lograr.
No hay mucho más que el deambular de Delphine, arrastrando su melancolía por playas, montañas y bosques de belleza incomparable que no llenan su vacío, conociendo a gente y conversando para sentir que está más sola que nunca.
Pero su soledad es la que tantos hemos experimentado alguna vez. Por eso esta película trasciende más allá de su fachada de simplicidad y se convierte en una parte de la historia de cada uno.
Vivoleyendo 
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| 17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ehavled Jef
Jerusalem (Israel)
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Su valoración:  |
2 de Junio de 2009 |
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A mí me encantan las películas de Éric Rohmer, "El rayo verde" también.
El cine de Rohmer es imantandor como una puesta de sol (se capte o no en ella el dichoso rayo verde), por lo bien que nos introduce en el naturalismo, por la verisimilitud de las escenas interpretadas en un tono bellísimo, poético, de sencillez y realismo.
El meollo de la cuestión en este filme es la "introversión". La introversión filmada en sus más destacados rasgos: la rareza en el comportamiento, la soledad, los cambios neuróticos de opciones recién tomadas, los lloros sin venir a cuento a solas o delante de los demás, el cansancio y la pérdida de energía que se siente cuando se está mucho rato con humanos, las fantasías elevadas a tremendo grado, las dudas continuas ante cualquier elección, el ensimismamiento, el gusto por la contemplación, etc.
Todo esto lo tiene la protagonista, una mujer parisina, introvertida por excelencia, cerebrotónica, delgada, tímida, incluso vegetariana, que ante un mes de vacaciones no sabe que hacer con sus días libres, tiene diversas ofertas pero ninguna le apasiona de verdad: ir con su familia a Irlanda, ir a la casa de una amiga en España, ir a la montaña o a la costa francesa, etc. Su problema es puramente el de tener una personalidad introvertida y por ende el poco gusto por relacionarse con cualquiera y a cualquier precio, la gran altura que pone en sus objetivos, sentimientos y aspiraciones.
Pero, ojo, hace bien, porque quien se conforma con unas costillas de cerdo eso es lo que obtiene, pero quien persigue un agujero negro tiene también muchas probabilidades de alcanzarlo y hallar las maravillas inefables que este conlleva dentro de sí.
Ehavled Jef 
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| 10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ennis
Madrid (España)
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Su valoración:  |
30 de Agosto de 2006 |
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Las películas de este autor son momentos de la vida cotidiana retratados con naturalidad y austeridad incluso, se centra en relaciones personales en las que podemos vernos reflejados en mayor o menor medida y el interés radica en ver cómo los personajes reaccionan. No suele haber conclusiones claras, pero se avanza y se llega a comprender a éstos.
En este caso nos describe por medio de Delphine y a manera de un diario, esos períodos que a veces sufren las personas cuando cunde el desencanto, desaparece la autoestima, se sienten solas y el contacto con los amigos sólo empeora las cosas, pues los esfuerzos de éstos por sacarlas de ese estado no hacen sino sumirlas más en en él.
El rayo verde simboliza el logro de estar en paz con uno mismo y con los demás, volver a alcanzar la estabilidad perdida.
Ennis 
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| 18 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Mujer soltera. Treinta y tantos. Fracasos amorosos a las espaldas. Amistades con parejas, con hijos, con responsabilidades. Y llega el verano cuando te encuentras más sola. La rutina del trabajo, que durante tanto tiempo enmascara la soledad se toma unas vacaciones y un abismo se abre a tus pies. La soledad se ahonda. Se clava cerca del corazón, y el aire se nos vuelve rancio. Un mes en que pensar o un mes para cambiar.
Y así Rohmer construye, de manera algo tediosa, el diario personal de Delphine.
Mi amiga, esa que os conté que observaba durante minutos las piedras de la Tramuntana, dice que ve el rayo verde a todas horas. Yo, la verdad, creo que sólo lo he visto una vez. Y tampoco estoy seguro de ello. Lo cierto es que me he pasado largas tardes esperando ver el último rayo de sol sentado en la cala del Delta, casi en soledad, con el convencimiento de que sólo son pamplinas y el rayo verde no es más que una postimagen. No me extraña que mi amiga, vegetariana como Delphine, sea capaz de perecibir su rayo verde. Los rayos verdes sólo existen para gente soñadora, que cree que como los naipes, pueden marcar su porvenir. Yo, algo más realista, me dispongo a disfrutar de la apuesta de sol, mucho más hermosa que las célebres caídas en Santorini, y casi siempre en soledad o con gente amada. Es como se ven los rayos verdes, y también como se viaja; aunque Delphine no lo sepa todavía.
Otros posibles títulos para esta crítica:
-Que llegue el tiempo de amar.
-Las tetas de la sueca.
-La petarda de Delphine.
-Una vegetariana peculiar.
-Los rayos verdes son para los soñadores.
Chagolate con churros 
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