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| 71 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sines Crupulos
Voy al cine (Emiratos Árabes)
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Su valoración:  |
2 de Enero de 2008 |
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"Si una persona no siente la caridad, no es una persona.
Incluso ante tu enemigo hay que sentir la caridad".
Te brillarán los ojos al viajar por los hermosos y grises paisajes de su fotografía.
Apretarás los dientes cuando adivines el dibujo del cruel medievo feudal.
Se te encogerá el estómago cuando la katana seccione los tendones.
Se te helará la sangre con la escalofriante escena de las barcas.
Tragarás saliva con su brutal retrato de la injusticia humana.
Se ablandará tu corazón cuando escuches las enseñanzas.
Te marcará la frente como un hierro al rojo vivo.
Te hervirá la sangre como a los campesinos.
Respirarás fuerte al comprender sus elipsis.
Te temblarán las piernas con su música.
Gritarás rabioso contra Sansho Dayu.
Y te levantarás para aplaudir.
“Pero el mundo era mucho más cruel de lo que yo me imaginaba.
De nada sirve la voluntad de una persona.
Al ser humano le son indiferentes las desgracias cuando no le afectan directamente.
La piedad se rinde ante el egoísmo”
Sines Crupulos 
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| 23 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
1 de Febrero de 2007 |
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He aquí una importante película que independientemente de la época en que se vea, siempre lucirá llena de mensaje conmovedor. La historia que cuenta remueve los instintos más trascendentes que tenemos los humanos aunque por lo general estén dormidos, con esta tesis "SI UNA PERSONA NO SIENTE CARIDAD, NO ES PERSONA, INCLUSO ANTE TU ENEMIGO HAY QUE SENTIR CARIDAD".
La película es un manantial de sana llamada a obrar con altura y dignidad de humano. Lanza esta pregunta por boca de los pobres que sufren: "¿Por qué nadie hace nada sabiendo que nuestra vida es un infierno"? Quizá va dirigida a Dios o quizá a todos los hombres que de una u otra manera tenemos la obligación de hacer de Dios.
Magnífica película, cuyo título es el del personaje que en ella representa la constante cruedad personificada. Sin embargo a pesar de este título deprimente, el fondo esperanzador que recorre toda la historia es que el hombre caritativo, honesto y que hace el bien, aunque tenga que sufrir un alto precio por ello (dado que el proceder con dignidad caritativa siempre provocará al mal instalado), no debe temer sino asumir su ser caritativo, su noble destino, con esperanza.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 25 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
16 de Julio de 2006 |
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Excelente melodrama sobre la esclavitud, de guión recio e imagen bellísima –¡menudos exteriores, parecen sacados de las ilustraciones de un cuento!–.
Al que haya tenido, como yo (hace ya un tiempo), la suerte de haberla visto por primera vez sin saber nada del argumento, le resultará imposible olvidar el inesperado giro que dan los acontecimientos en la escena de las barcas. La presentación es un pelín lenta, pero a partir de ahí ya no habrá descanso en una narración casi perfecta que se mantiene así hasta el emotivo final.
Sin duda alguna, una de las mejores películas japonesas de todos los tiempos.
jastarloa 
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| 22 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kick'Em Ars
Madrid (España)
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Su valoración:  |
21 de Enero de 2007 |
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La injusticia y la piedad, la libertad y la opresión, el amor y la inmoralidad, la violencia y el clasismo, se presentan descomunales en esta exquisita película, cuya maestría se manifiesta en la tranquilidad y sencillez con que se suceden las imágenes.
Lo admirable es que, mediante planos medios o generales que respetan cierta distancia con los personajes, se muestre el dolor de una forma tan contundente, un dolor que se aferra inexorable a los personajes durante su vida y que se impregna con arrebato en el propio espectador que, paradójicamente, disfrutará con emociones tan intensas y a flor de piel.
Kick'Em Ars 
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| 13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
8 de Noviembre de 2009 |
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Ahora no me cabe duda. Mizoguchi tocó el cielo. Fue dotado con un don del que muy pocos mortales disfrutan. El genio, una gracia concedida por alguna deidad parca en repartir la excelencia.
Actores que no actúan, sino que viven. Una cámara que no es cámara, sino universo. Una historia que no se conforma con tenernos de espectadores, sino que nos agarra del corazón y nos arrastra dentro.
No sé que tenía este director japonés, que hacía de la imagen un prodigio de sencillez visual y narrativa tan potente que deja sin aliento sin necesidad del menor delirio ni exceso. Una lección inigualable de sutileza. De saber desgarrar con la belleza del plano de una madre que reclama a sus hijos bajo sus alas protectoras, y que confía al viento una canción de búsqueda. Mizoguchi parte el alma sin tregua a golpe de sobriedad formal que contiene un fondo de insondable sentimiento. Como esas maneras suaves y delicadas, esos rostros sonrientes y esos modales exquisitos con los que muchas personas de culturas muy ajenas a la mía manifiestan sus emociones más profundas. Porque en muchos sitios está socialmente mal visto descomponerse, perder los estribos y expresar el sentir personal con estridencia. De esa pasta está fabricada una película de Mizoguchi. Con modales impecables, elegancia que no se descompone, y una habilidad sin parangón para atrapar al espectador hechizado y removerle las entrañas sin hacer un solo aspaviento técnico, sin mover la cámara más de lo estrictamente necesario, con una música suave con vibraciones añejas y melancólicas, como de cuento cuyos orígenes se pierden en la memoria de los tiempos. Una ligera sombra de irrealidad, de presagio fantasmagórico que sobrevuela rozando la dureza de abajo. De una tierra poblada de muchas personas crueles, de pocas personas bondadosas, de unos cuantos y escasísimos privilegiados, de espíritu de piedra unos, de calidez otros. Y de montones de desgraciados dejados a su suerte y esclavizados. A la pobreza, a la tiranía. A otros seres humanos.
Un lamento sufriente que emana como la niebla sobre las ciénagas. Y un rayo de esperanza. Una ilusión prometida en forma de enseñanzas que hablan de caridad y libertad, palabras remotas y dulces que se prolongan subrepticiamente en paladares demasiado acostumbrados a la hiel.
La esencia del Japón feudal en dos horas. La esencia de la maldad, del dolor, del amor, de la esclavitud, de la bondad, del coraje y de la persecución de los sueños. La esencia del mundo.
Y la esencia de lo mejor del cine universal que se pueda filmar jamás.
Vivoleyendo 
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