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Hacen falta unos Crass para poner los puntos sobre las íes, o quizá que los "HXC Kids" de la actualidad hagan un poco de memoria y autocrítica. Como en el libro, ahora el documental, de Steven Blush, se ofrece un punto de partida para desmantelar de una vez por todas el circo montado por la MTV, el cristianismo metalero y los sellos como Epitaph, que todavía viven de los desperdicios de la primera escena. Con unos cuantos testimonios más o menos bien seleccionados, el documental hace un viaje a vuelapluma por la creación y el desarrollo del Hardcore en Estados Unidos: Reagan como instigador involuntario y el Do It Yourself como medio de propaganda. El espíritu antiautoritario de antaño, convertido hogaño en sumisión autocomplaciente, se refleja en unas pocas escenas y unas pocas palabras, quizá exiguas y a menudo descolocadas. Ese es su problema: por pretender enmarcar se abre demasiado sin ofrecer respuestas. Hay que buscarlas lejos, en la música, como debe ser. Sepan, no obstante, que el "Hardcore ha muerto". Alguien tenía que decirlo.