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| 35 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
19 de Septiembre de 2007 |
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El pintor es un tipo de ciudad, uno de esos urbanitas, como bien han dicho por aquí, que sólo entiende de cultura clásica y moderna, lo que tanto gusta a los snobs de hoy en día, sin embargo, cuando se trata de labrar, pescar o menesteres más cercanos al ciudadano de clase baja/media, se pierde. En cambio, el jardinero es exactamente todo lo contrario, un tipo de ámbito rural, que conoce al dedillo todo aquello que se debe conocer sobre el campo y sus secretos. Y Becker los retrata fabulosamente, nos muestra dos personalidades totalmente contrapuestas, pero que en lugar de chocar, se unen en una instantanea y bonita amistad, y Becker nos los muestra, con esos primeros planos, les vemos sonrientes, expresivos y llenos de vigor, gracias a ese primer contacto con sus rostros, y nos llenamos también de todos esos valores que debe contener una amistad, y nos empapamos con ellos, gracias a una sencilla y brillante realización.
Pero no queda ahí, Becker es un tipo inteligente, sensible y meticuloso, uno de esos tipos que sabe que no puede ofrecer una simple historia al espectador y seguir su camino, uno de esos que cuidan el detalle y lo sumergen en un halo de dulzura, y aquí no se limita a tratar sólo la amistad, también habla sobre esos cambios, cambios que nos afectan cuando otra persona entra en nuestras vidas, nos marca y nos acoge como si fuesemos de su propia familia. Y tras ellos, quedan un montón de instantes, apegotonados en nuestro regazo, recordándonos todo lo que hemos aprendido, casi sin quererlo, al lado de todas las personas que nos han dado algo más, que no se han quedado en la superficie, que nos han brindado momentos de lo más deliciosos, y no queda otra que agradecerlo.
Si las situaciones donde se intenta ahondar, son fabulosas, sus aderezos cómicos no dan para menos, sencillamente son una puntilla más, y resultan una abstracción verdaderamente divertida a esas conversaciones que se desenvuelven con total naturalidad y encanto.
El trabajo lo rematan actores como Auteuil, que últimamente está medrando gracias a la amplia variedad de papeles que le sirven y, en especial, Jean-Pierre Darroussin, toda una sorpresa la de este actorazo que con una humanidad brillante borda un personaje de esos que, ya de por si, tienen muchísimo jugo, sacando todo el partido posible a una de esas personalidades que se te queda grabada durante mucho tiempo.
El final mejor dejarlo a parte, mejor verlo. Precioso.
Grandine 
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| 27 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kikujiro
Madrid (España)
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Su valoración:  |
20 de Septiembre de 2007 |
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El guión está basado en la novela autobiográfica de Henri Cueco. Aunque para la adaptación a la gran pantalla, Becker ha desarrollado mucho más el personaje del pintor, que en el libro actúa como mero comparsa. Auteuil logra darle cierta dimensión a este personaje, al que es difícil sacar del cliché de artista que vuelve a sus raíces para recuperar la sencillez que perdió en el camino. Sus aventuras amorosas, su rol de padre que demuestra escasa empatía con su hija, la relación con su separada esposa...son aspectos que sirven para poco más que para dar los necesarios respiros a lo verdaderamente importante: las conversaciones con su jardinero. Ahí es donde notamos crecer al personaje del pintor, y donde el intérprete consigue hacerlo auténtico y cercano. Si bien es el jardinero el que provoca los cambios en él, desde el principio de la película podemos observar como el pintor se muestra completamente abierto y dispuesto a escuchar y aprender. Un detalle del guión que me gustaría destacar es el hecho de que no se fuerce ningún conflicto entre los dos amigos. Es uso habitual, en el cine que habla de relaciones humanas; meter alguna crisis que haga más, supuestamente, interesante la historia. En este caso, se podría haber caído fácilmente en utilizar este recurso, pero el guionista tiene el buen gusto de optar por la naturalidad y la sencillez, sin sobresaltar gratuitamente la relación.
Sin duda, es la arrolladora, a la vez que sencilla, personalidad del jardinero interpretado por Darroussin la baza fundamental que juega la película. Inspirado en un personaje real, resulta deslumbrante escucharlo hablar, verlo actuar. Un hombre que reúne ingenuidad y sabiduría en grandes (y equivalentes) dosis. Una filosofía vital extremadamente simple, pero llena de verdad. Alguien que sabe lo que quiere, quien es y como ser feliz. Aunque al pintor (y a nosotros) le pueda parecer aburrido y monótono su estilo de vida, tampoco puede evitar sentirse fascinado (al igual que nosotros) por alguien que lo tiene toda tan claro, y que no se complica la vida de forma innecesaria.
Pero aparte del trabajo actoral, poco más podemos destacar en una película muy convencional, previsible, y que no asume ningún riesgo. El director lo deja todo en manos de sus dos intérpretes, para que saquen adelante esta bonita historia de amistad. Y sí, el propósito está logrado. El filme es agradable de ver, gustará, y llevará a las pantallas una cantidad respetable de público, deseoso siempre de ver este tipo de cine sensible. Pero se echa de menos la mano de un director que vaya un poco más allá, alguien que apriete un poco las tuercas, y que se arriesgue de alguna forma para que no acabemos con la peligrosa sensación de déjà vu fílmico. Si a eso, le unimos algún momento mediocre de guión (incluidos un par de gags bastante torpes), tenemos el resultado de un producto correcto y amable; pero que no dejará satisfechos a aquellos que busquen ese algo más.
kikujiro 
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| 36 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kingo
Guanabacoa (Cuba)
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Su valoración:  |
25 de Junio de 2008 |
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Otra de tantas cintas que pretenden ser amables, pero que en su lecho yace el repulsivo mensaje del muchipasta que acaba por aprender algo del currito ocasional.
Solo la gente que maneja dineros tiene stress, problemas existenciales, y para eso estamos los pobres: para poder enseñarles una razón para vivir, mientras palmamos currandoles la página.
Que delícia ver como el ricachón aprende algo del que ha vivido siempre a base de usar las manos, los riñones, y la paciencia. Que maravilla el mensaje dirigido, como siempre en este tipo de producciones, a los que manejan las viroyas: no te estreses y vive la vida, que el idiota que tienes combándose cada cinco minutos para decirte "buenos dias, señor", ya te demuestra que el currar demasiado es malo.
Las interpretaciones son excelentes, la fotografía es acojonante, y las localizaciones de puro ensueño. Pero el mensaje es el de siempre: un pobretón le enseña a vivir la vida al pijo, que para éso tiene la panoja y ha de vivirla él y no el otro.
Si tus papás te procuraron una juventud repleta de caprichos a base de billetes, le encontrarás un punto de romanticismo de la ostia y el no va más. Pero si eres de los que ha debido ganarse con sudor y sangre la molla, te encuentras ante una obra escrita por y para pijos.
Con una buena presentación, eso si, pero sin variar para nada el mensaje de siempre: los que nacimos sin posibilidades estamos para facilitarles -y hacerles ver- a los de la pasta desde crios, que la vida consiste en valorar los momentos mínimos, aunque para nosotros lo sean de verdad, y para ellos solo lo son por no saber apreciarlos.
Se nota que actores, directores, y demás gentes con renombre dedicados al cine, vienen de familias pudientes en el 90% de los casos. Que nos tienen a los pringaos como ejemplo del saber vivir con poco, pero nunca hacen que -aunque sea ficticiamente- seamos al final los elegidos para ser felices.
Hasta las pelotas que me tienen.
Kingo 
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| 13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
16 de Mayo de 2009 |
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Unas botas de agua de color amarillo, unas zapatillas, una navaja, un trozo de cuerda, unas hortalizas, unas verduras... Y los profundos ojos de la persona amada.
Ésas pueden ser las cosas que más importan. Las que nos han acompañado durante toda la vida.
Las que nos han proporcionado más felicidad.
Ése es el tipo de cosas que nos llevaríamos a la tumba.
Aquí tenemos un tributo a la amistad de ocaso. Esa clase de amistad en la que uno se desnuda ante el temor a la vejez, ante el tiempo que se escapó demasiado deprisa, ante lo que ya no se puede arreglar. Pero también de agradecimiento por lo bello que hemos recibido. Por lo que hemos sembrado y por lo que recogemos ahora. No siempre recogemos los frutos más hermosos, y algunos se habrán malogrado. Pero hay un momento en que nos detenemos a contemplar nuestro huerto, y descubrimos que es milagroso.
Somos una alegoría de ese huerto. Sembramos y, dependiendo de los cuidados que le prodiguemos, de la suerte, del clima, de los parásitos y de la bonanza, recolectaremos una cosecha más o menos abundante, más o menos sana, más o menos plena de colorido.
"Del Pincel" y "Del Jardín" son dos amigos que han llegado a ese momento de contemplar sus cosechas. Y cada uno las venera a su modo. Uno, con su trabajo paciente y esforzado, con su llaneza tan amable como la tierra benigna y fértil que pisa. El otro, con su sensibilidad artística, su capacidad para captar los juegos de la luz y el color en sus lienzos imperfectos. Uno, mimando los productos de la tierra, participando activamente en su crecimiento, conociendo instintivamente sus secretos; el otro, observándolos y grabando su esencia al óleo sobre una tela, inmortalizando lo que ya apenas nos detenemos a considerar. La belleza de las pequeñas cosas.
Porque al final acabamos dándonos cuenta de que todos esos pequeños detalles son los que nos han hecho más felices.
Vivoleyendo 
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| 14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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SINES
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
17 de Septiembre de 2007 |
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Una película sencilla, que cuenta cosas de la gente sencilla. El espectador se sitúa en la piel del "urbanita" protagonista, mientras se deja llevar por la sencillez aplastante de su jardinero, que en ningún momento cae en el cliché de "sabio", sino que ofrece su visión del mundo pretensiones de querer quedar bien, sino de decir lo que siente, aunque a veces sea dejando claro su propia ignorancia de las cosas. Siempre con una humildad a veces rayana al servilismo, pero eso sí, sin perder nunca la dignidad.
El uso del entorno y de los exteriores fortalece esa sensación de sencillez en todo momento a lo largo de la película. Y, por supuesto, cabe destacar la actuación portentosa de los dos amigos, unos actores que se encuentran en esta película en estado de gracia y que en todo momentos resultan muy creíbles en sus papeles de "del pincel" y "del jardín".
En definitiva, una película deliciosa, con sus toques de humor y drama bien repartidos y sin ninguna moralina final, más que la que el espectador quiera sacar. Como único defecto, quizá destacaría que es un pelín larga, y hace que el ritmo flojee un poco a veces.
Muy recomendable.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Tiene uno de sus momentos más brillantes, para mí, en la conversación del pintor con el fotógrafo "cultureta"; realmente brillante y sonrojante para aquéllos que alguna vez se hayan querido expresar como ese fotógrafo.
SINES 
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