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Sinopsis
Personajes muy variopintos emprenden un largo, duro y peligroso viaje en diligencia. Entre ellos, un fuera de la ley en busca de venganza, una prostituta a la que han echado del pueblo, un jugador, un médico, la mujer embarazada de un militar, un sheriff. Las relaciones entre ellos serán difíciles y tensas. Además, durante el viaje, tendrán que afrontar el a... Leer sinopsis completa
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4 de Abril de 2006
104 de 120 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La diligencia es uno de los mejores westerns de la Historia del Cine y por ende una de las mejores películas de Ford. Los nueve personajes que viajan en el carromato tirado por seis caballos nos van desvelando poco a poco, plano a plano, sus diferentes vidas y sus distintas motivaciones para llegar a buen puerto tras cruzar territorio comanche.
-El sheriff, a pesar de su inicial presentación como un hombre inflexible con sus responsabilidades, suaviza el caracter a medida que el film avanza.
-Thomas Mitchell, nuestro doctor borrachín, se llevó un merecido Oscar amen de parecerme el mejor actor del reparto. Será el encargado de dotar al film de sentido del humor y de humanizar el sinsentido de la diferencia de clases.
-Claire Trevor, la prostituta, encarna a los desfavorecidos del mundo burgués que tanto gustaba a Ford plasmar en sus obras. Al final, todo esa hipocresía inicial se va diluyendo como un azucarillo.
-El jugador de cartas es uno de los principales inquilinos de la diligencia. Caballeroso, peligroso, atractivo, inteligente y soñador. Uno de los personajes más ricos del films y más atormentados. Siempre piensas que él y Kid van a liarse a tiros en cualquier instante y Ford templa de manera magistral la tensión que se supone puede existir entre ambos.
-El banquero realiza una actuación notable. Cuando se enfada o cuando se disculpa asume su rol de mezquino con una sobriedad asombrosa. Parece el tipo adecuado para ese papel.
-Louise Platt interpreta a la mujer de buenas costumbres, antagonista de Claire Trevor y deliciosamente protegida por nuestro jugador de cartas. La relación entre las dos mujeres también tensa el ambiente. Memorable la escena del vaso de agua.
-John Wayne está inconmensurable. Su primera aparición en la película se ha convertido por derecho en un icono del mundo del cine. Y además el desenfoque no queda nada mal. Su actitud hacia el sheriff durante todo el film es un acierto cuando se le supone una rebeldía y unas ansias de venganza que nublarían la vista a más de uno.
-El pasante de whiskey, así como el conductor del carromato son elegidos por Ford para dar vida a la gente corriente y buena que abunda en toda su filmografía. Gente común con vidas nada peligrosas y con pequeños sueños y metas que a menudo los malosos no les dejan llevar a buen puerto.
Además Ford nos regala bonitas panorámicas, primeros planos dónde todos y cada uno de los actores responden a la perfección, y encuadres en el interior de la diligencia que son de chapeau.
La secuencia de la carga india es un prodigio de técnica para aquellos tiempos. Merece una mención aparte la inestimable aportación de los especialistas en esa secuencia. Se juegan el tipo saltando de caballo a caballo. Es una de las escenas más recordadas por los profesionales del sector. Impresionante.
Uno de los mejores westerns que se han rodado nunca y que el tiempo deja tan impoluto como hace seis décadas. 9.8
"Este país lo que necesita es más cogorzas."
Txarly  |
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26 de Mayo de 2006
73 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil.
No hay mucho más que añadir sobre el film, los argumentos a favor y en contra están ya apuntados.
Sólo recalcar que esta película contiene una de las mayores “convenciones” de la historia del cine. Un acuerdo tácito con el espectador que a cambio de una historia bien narrada y que enganche, pasa por alto determinados elementos inverosímiles. Este acuerdo se produce casi siempre que vemos una película, pero a veces lo rompemos antes de que finalice el metraje y no entramos en el juego.
En este sentido se machaca a Hitchcock por introducir componentes no creíbles en sus películas y a Ford, sin ir más lejos, se le ha criticado por caballos que corren más de la cuenta... En general el western es un género que miente más que otra cosa, pero el Far West es precisamente un escenario perfecto para hablar de la condición humana prescindiendo de la veracidad (cosa que hacía el western clásico antes de incidir en elementos más explícitos). Bien, alguien dijo que si los indios hubiesen disparado a los caballos, o al menos a uno de los caballos, no existiría la diligencia (creo que fue el propio Ford). Sería más veraz (no creo que más verosímil), pero nos habríamos quedado sin este magnífico fresco de personalidades y de representantes de la sociedad de la época que es lo que finalmente importa, no si un caballo corre más que otro, si con el traqueteo de la diligencia apuntan igual que en tierra firme... Si le das a esas circunstancias una importancia desmedida no entrarás a disfrutar de lo que te cuentan.
¿Qué hace que en algunas películas lo inverosímil chirríe y en otras no? ¿Qué hace que algunas convenciones se toleren y otras no? Creo que la atmósfera (Hitchcock era un experto en “despistar” y no hacernos ver esos ¿fallos? mediante oníricas atmósferas o un mecanismo de suspense milimétrico) o que la historia atrape lo suficiente como para que entres en el juego (Ford, en este caso, es un narrador tan colosal que pasas completamente de otros detalles). Yo llamo a ambas cosas "fascinación", no sólo a lo primero. También es importante que los elementos inverosímiles no sean la excusa fundamental o baza principal de la película, circunstancia muy común en policíacos y pelis de acción de los últimos 25 años (hablo de las que parten de premisas "realistas" o al menos verosímiles, no de Matrix y similares), sin que el resto de elementos (descripción de personajes, historia bien estructurada...) nos interesen. Por no hablar de que el cine es arte, pero esta opinión es ya tan minoritaria que es inútil emplearla como argumento. El cine hoy es igual que el fútbol para una amplia mayoría. Una mayoría que va al cine una vez por semana (es decir, sostienen la perspectiva de cine-negocio) y que creen que el cine es sólo para entretener.
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(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
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Yo me creo la Jungla de cristal y no me creo los Ríos de color púrpura. ¿Tiene algo que ver la verosimilitud en ello? Creo que no, simplemente una tiene argumentos (técnicos y narrativos) que van más allá de lo puramente inverosímil.
En este sentido Hitchcock es, creo, la máxima autoridad y aunque no es tan común en Ford (no más común que en cualquier otro director), utilizo esta película para hablar del tema ya que incorpora un ejemplo paradigmático de la controversia verosímil-inverosímil.
También hay convenciones aceptadas por pura costumbre. Hay que tener en cuenta que los caballos, si recorrieran realmente lo que recorren y a la velocidad que lo hacen en las pelis de vaqueros, caerían reventados a las primeras de cambio. Sin embargo esa convención es plenamente aceptada (sólo recuerdo caballos de refresco en "Los que no perdonan" de Huston). Así hay cuestiones que no nos extrañan por pura costumbre, pero esa perspectiva es menos interesante que la habilidad de un director para hacernos "pasar por el aro".
Éste es el estrato más superficial del debate. Desde luego es un tema a tratar en profundidad a partir de cineastas como Agnes Varda, Guerin, Kiarostami, Flaherty, Erice... y elevando la controversia creíble/no creíble a realidad/representación de. Sin embargo nunca me ha interesado demasiado a ese nivel. Me intriga más el espectador medio y qué le hace renunciar a Hitchcock o sentirse desplazado ante los diálogos del cine negro y disfrutar sin reparos de las bondades de Pearl Harbor (película, ésta sí, absolutamente inverosímil). Quizás todo se reduce a si nuestra retina se ha liberado o no de la esclavitud del video clip, de la publicidad, de la mayor vocación de realismo (en elementos puramente superficiales todo hay que decirlo) del cine actual... Estoy generalizando, que nadie se de por aludido que sé que muchos no aguantáis a Hitchcock pero no por estas razones. Lo que ocurre es que el espacio es el que es y...
- Crítica demasiado larga (max 3000 caracteres). No des más por culo -Vale, vale.
Bloomsday  |
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8 de Mayo de 2008
59 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cuando un profano del cine de Ford hable sobre sus westerns o sobre su cine en general, siempre lo hará desde la perspectiva tópica del desconocimiento más supino que pueda existir y le llamará facha o rancio. También está la versión que te dirá que directamente no casa con el western porque cuenta historias también fachas, sobra decirlo, básicamente porque su atribulada cabecita, llena de videoarte, cine contemplativo y urbano y demás mariconadas varias, no entiende que el género supremo del cine únicamente cuenta historias actuales ubicadas en una situación espacio temporal distinta, aunque a ellos les siente como un tiro ver a gente con sombrero de cowboy. Obviamente, nunca sabrán argumentar por qué piensan que Ford es un facha, únicamente se lo oyeron a otro que lo oyó de otro colega que dice que un amigo, una vez, y de pasada, vio 5 minutos de una peli del oeste, por lo tanto reconducirán la conversación hasta el punto que a ellos les interesa. Si no, te dirán algo de los indios... siempre algo de los indios. ¿Por qué descargo mi odio contra aquellos diferentes a mí y hablo de Ford? Sencillamente porque el otro día me vi por enésima vez La diligencia, película de la que estoy absolutamente enamorado, y no sé si es por su sencillez en la propuesta, por su honradez, por su falta de maniqueísmo o por la ruptura de tabúes sociales en aquella época. Quizás, también, porque sea la primera obra maestra de mi género preferido y aquella que sentó las bases de dicho género en su vertiente más clásica y también, por qué no, del cine en general, siendo la más clara precursora de Ciudadano Kane, probablemente la película-tótem de la revolución cinematográfica, ya que Ford cambió el estilo de los encuadres, la planificación y el empleo de una fotografía que sabía aprovechar lo mejor del expresionismo pero dejando fuera a veces ese esteticismo tan insoportable en que te hacía caer el género alemán.
Pero creo que, por encima de todo, el motivo por el que me gusta tanto esta cinta del maestro es porque me da la razón en aquello que siempre digo, y es que Ford era, es y será el cineasta más social y progresista que ha habido en la historia del cine. Esas ideas, alejándonos de su cine "no western", iban desde la lucha contra el racismo, la censura en El hombre que mató a Liberty Valance o la redención y la victoria de los socialmente defenestrados frente a las clases pudientes. Y es que Ford, ferviente católico y alcohólico, era como un Jesucristo moderno, ya que sus personajes siempre eran desterrados, seres errantes sin hogar, putas o borrachos, y él les daba cobijo en su regazo. Obviamente, si le preguntásemos por las virtudes sociales de esta película saltaría de la misma forma en que le respondía a Bogdanovich cuando le preguntaba por su labor de poeta y me mandaría a la mierda, pero es innegable la ternura que Ford sentía por los socialmente poco aceptados y el lirismo que veía en cada una de sus bondadosas acciones.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
Y es que Ford tenía la extraña capacidad que pocos más han tenido en este arte de traspasar constantemente la línea que separa drama y comedia sin caer nunca en el bochorno. Y por ello La diligencia marca un camino netamente fordiano, la lucha contra el destino y las convenciones sociales. La visión libre de prejuicios es la de Ford, la de Ringo, enamorado de una mujer cuya marginación no entiende hasta que Ford, en una impagable secuencia al final de la cinta, le enseña al pobre Wayne su trabajo, y a pesar de todo, el amor puro, libre de ideas preconcebidas, es lo que prima en las clases trabajadoras, como demuestra el comienzo mientras el doctor Boone agarra a Dallas del brazo ante la mirada de las moralistas y rancias señoras de la liga de la moral y la justicia, y caminan en busca de la diligencia tarareando Shall We gather at the river.
Pero, por encima de todo, en La diligencia encontramos como núcleo de la historia dos de los temas más importante en el cine de John Ford: la familia y la patria americana. A través de algunos personajes, movidos por deseos familiares, como el cochero que busca pagar a medio Chihuahua, como él llama a la familia de su mexicanita, Ringo que busca venganza por la muerte de su familia, y la señora Mallory, en busca de su marido , Ford construye dentro de esa pequeña carroza una especie de familia llena de contrastes de la que, como dice Doc Boone poco antes del ataque de los indios, será difícil que se vuelvan a encontrar, y a pesar de todas las rencillas, eso le supone una tristeza, algo que a veces ocurre con nuestras familias, a las que estamos tan unidas a pesar de todo. Pero, dentro de dicha diligencia, también tenemos una imagen alegórica de lo que es el país norteamericano. Ford cumple ese dicho de que el currante siempre ayudará al currante, y enfrente a los honrados aunque despreciados socialmente contra aquellos cuyos prejuicios y maldad crecen al ritmo de su cuenta corriente, como demuestra la soberbia secuencia en la primera estancia donde Dallas es ignorada por todos salvo el joven Ringo. Es por ello que la película brilla especialmente como un crudo retrato de las tensiones entre diferentes personas y, al mismo tiempo, la interrelación que surge entre unas y otras, como pasa actualmente en los Estados Unidos, donde el sur y el norte siguen llevándose mal, con ideas distintas, pero obligados a colaborar en pos de un ideal común, y donde únicamente aquellos que busquen el bien propio acabarán mal. Y es que la visión de Ford en esta película es la del idealista que un año más tarde realizó Las uvas de la ira, Ford acaba de crear el western moderno y no da una visión cínica ni desencantada del mundo, y lo hace uniendo mito y realidad con una película de un cariz eminentemente social y de una pureza ideológica que contrasta con aquello de lo que siempre se le acusa.
Tony Montana  |
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Tomine
Toro Fallecido (España)
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1 de Junio de 2006
33 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ford, representante, antes que del western, del género de la belleza, pertenece al amable coto de los líricos sencillos.
La diligencia, con su poética latente, su palpitante ritmo interior y su olor de vida trasladada a la pantalla, cubrió de melancolía al rudo modelo del far west. Con la mirada despejada, Ford despojó de intelectualidad a la pieza artística y de vulgaridad al género al entregar una honesta pieza maestra de brisa cinematográfica.
Configuradoras de un estilo erróneamente tildado de “invisible”, sus imágenes no envejecerán jamás.
Ojalá siempre existan en el cine los caballos intocables y las avionetas delirantes, mientras sigan siendo a nuestros ojos, simplemente, “caballos” y “avionetas”. (Para -mucha- más información, léase -y disfrútese- la crítica de Bloomsday).
Tomine  |
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2 de Julio de 2009
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Me metieron a empujones. No es metafórico. Casi dos docenas de pares de ojos rasgados me miraron fijamente. Con mucha curiosidad pero con la precaución del que ve algo extraño. A Dios gracias, mi lado se abrió un pequeño círculo y pude respirar mejor. En el momento en que la furgoneta arrancó el espacio desapareció.
Me lo habían dicho en la ciudad, que arriba, en las tierras altas, los trasportes eran peculiares. Thinh ya me sonrió cuando yendo en la moto me señaló el camión que hacía de bus local. Sólo eran cuatro horas, quizá cinco hasta llegar a la playa. Arriba en el techo de la furgoneta, atada con cuerdas, estaban las bolsas de la gente y mi mochila. En cada curva sufría de pensar que se desprendían y caían por los barrancos de ese camino de montaña. Dentro, además de tres veces más de personas de las que debieran de haber, un gallo y multitud de bártulos dejaban escaso sitio para siquiera mover los dedos. Quise hacer una foto. ¡Tarea imposible, chico!
Entonces me acordé de Ford.
Hoy en día, cuando repaso las fotos de ese mágico trayecto sé que puedo contemplarlas porque antes Ford me mostró como sacar de un espacio reducido planos tan brillantes como los que tiene “La diligencia”.
Chagolate con churros  |
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