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Críticas de "Metrópolis"
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| 54 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Scardanelli
Lauffen am Neckar (Alemania)
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Su valoración:  |
7 de Enero de 2007 |
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Obra de desorbitadas pretensiones, desgraciadamente no puede cumplir con todas ellas. De puesta en escena titánica y virtuosísima (no conozco a nadie que no haya quedado fascinado ante el viaje al que nos lleva Lang por catacumbas y pasadisos secretos) y un uso dramático de la luz pocas veces igualado. Irregular en las interpretaciones, inolvidables Brigitte Helm y el grandísimo Klein-Rogge en su papel de científico siniestro, más bien flojitos el dueño de Metrópolis y su hijo. De mensaje simplón e ingenuo, el fondo termina siendo más pobre que la forma. Por lo visto los magnates de la economía son el "cerebro", y los trabajadores mulas de carga. Los creadores de esta obra abogan porque así siga siendo. La solución a los conflictos no pasaría por buscar un orden más justo, sea el que fuere, sino porque cada parte acepte pacíficamente su destino. Unos nacen para mandar y otros para currar como bestias. La llave es el amor: "Ama tu jornada laboral de 12 horas, y yo me comprometeré a no putearte". Indignante. Defensora del inmovilismo y el statu quo, no es de extrañar que uno de los máximos organismos de la ONU la haya bendecido con sus laureles.
Existen como ya se ha dicho multitud de versiones de "Metrópolis". Según tengo entendido, al menos 45-60 minutos de la obra original se han dado por perdidos para siempre. Importante por lo tanto, para todo aquel que no la haya visto, asegurarse de que la copia que quieren conseguir es buena. El Friedrich Wilhelm Murnau Stiftung es un instituto dedicado a la restauración de obras del cine mudo, especialmente los clásicos del cine alemán claro. En España la colección "Orígenes del cine" de Divisa ha editado esas obras restauradas en DVD. Prueben con su edición de "Metrópolis" a ver que tal les va. No la conozco de primera mano, pero sí poseo una copia de "Doctor Mabuse" de la misma colección, y doy fe de que se trata de ediciones muy esmeradas.
Scardanelli 
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| 33 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Chago77
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
19 de Octubre de 2007 |
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Decidí por fin ver esta película debido a la espléndida crítica que antipseudo nos ofreció un mes atrás. En muchas ocasiones, yo tampoco entiendo algunas notazas a “clásicos” por lo que después de divertirme enormemente con su crítica, intenté conseguir una copia en condiciones de “Metrópolis” y titular la crítica “Tampoco seré yo”.
Pero resulta que me puse al gran Lang y algo que no tenía previsto me pasó. La añeja “Metrópolis” me estaba encandilando.
Seré yo el que diga que esta película, a pesar del tiempo y del maltrato sufrido sigue siendo una obra de referencia. Vanguardista como pocas, Lang utiliza una depurada fotografía, ambiciosa e impresionante. Seré yo el que diga que las maquetas me fliparon. Seré yo el que diga que sus efectos especiales, hoy en día darán risa, pero aún me sigo preguntando cómo se pudieron rodar en 1927. Seré yo el que diga que a pesar de la ingenuidad en algunos aspectos, el guión es cojonudo y la música que estuve escuchando (no sé si restaurada o no) es simplemente magistral. Durante toda la cinta estuve deleitándome con unas enormes partituras.
Seré yo el que diga que Brigitte Helm me demuestra gran calidad cuando en las catacumbas es perseguido por Rudolf Klein-Rogge que también esta soberbio en toda la película. Seré yo el que diga que sí, tiene un final facilón, pero tampoco me molesta.
Quizá, quiso ser un proyecto de ambición descomunal y su petulancia le pesara como una losa en su tiempo. Las hay muchos mejores, pero entiendo que sea Patrimonio por la UNESCO por lo que pudo significar rodar algo tan ambicioso como “Metrópolis” en 1927.
Así que seré yo el que diga que me “ma molao” que te cagas esta peli, que me sorprendió gratamente y que por eso le pongo un ocho… que quien sabe si no la cambiaré en un futuro.
(Un abrazo antipseudo).
Chago77 
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| 34 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Txarly
Qingoco (China)
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Su valoración:  |
17 de Abril de 2006 |
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Fascinante propuesta de Lang que nos traslada cien años al futuro desde su estreno. Lo que más me impresiona del film son los enormes decorados y maquetas que pretenden ubicar al espectador en la urbe futurista. Colosal. El mimo con el que monta los planos, los maravillosos encuadres y los efectos especiales que nos regala el cineasta alemán, hacen de Metropolis una película vanguardista como pocas.
Considerada izquierdista por algunos, lo cierto es que Fritz Lang refleja con brillantez la política patronal de la Alemania de entreguerras, instaurando la paz al final de la obra entre patronal y sindicatos. Las interpretaciones, si exceptuamos al hijo del empresario, brillan a gran altura. Rudolf Klein-Rogge (Dr. Mabuse) está de nuevo excelente. El montaje allana el camino para futuras obras no sólo de Lang y la banda sonora es excelente. La fotografía, cómo ya se ha comentado, juega con los claroscuros como si fuera el Goya del siglo anterior. Si hubiese sido un film americano se hubiera llevado con limpieza todos los Oscars en los que compitiese. Completísima e irrepetible.
Txarly 
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| 18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Neathara
Nonsenseland (España)
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Su valoración:  |
25 de Octubre de 2009 |
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Ayer por la noche tomé un vuelo Amsterdam-Madrid con la mala suerte de pillar una escala en un Boeing de procedencia de Shangai, mayormente cargado de chinos muy perjudicados por el jet-lag y en petit comité, una horrenda camarilla de matrimonios andaluces que venían de comprar niños en aquellas exóticas y lejanas tierras. Como durante toda mi vida he tenido muy buena suerte, esa fue la noche en la que el destino decidió cobrarme la deuda kármica acumulada y me otorgó puesto de honor en la siguiente disposición de asientos:
Señor- Andaluz con niño chino - Su doña.
Señor- Yo - Andaluz con niño chino
Señora- Andaluz- Andaluza con niño chino
Es decir, en la proporción distributiva del avión y teniendo en cuenta que podrían haber tocado a 0,0000001 bebés chinos por pasajero, acaparé el noventa por ciento de la tómbola.
Los ingratos bebés, nada conscientes de proceder de un país de digna cultura milenaria, no se privaron de gimotear como gatitos enajenados durante todo el coñazo de vuelo. Uno delante, uno detrás y otro a la derecha. Los padres ejercían toda su paciencia tratando de calmar a las histéricas crías a la par que hablaban a gritos con los padres circundantes que asimismo habían adquirido a sus nuevos niños en el mismo lugar de origen. La tripulación, holandesa, se miraba de reojo y reía entre dientes y nosotros dudábamos entre si ahogar a los niños, a los padres o tirarnos por la puerta de emergencia más cercana para poner fin a tanto sufrimiento.
Al borde ya del colapso, saqué el ordenador que llevaba conmigo y abrí la carpeta de las películas. No sé porqué elegí "Metrópolis", quizás porque era muda y no estaba yo para trasegarme diálogos profundos. La abrí, con la intención de dormir un rato con otro sonido que no fuesen los berridos de los niños, los ceceos a voz en cuello de los padres y los ronquidos de los millones de chinos jet-lagueados que venían detrás.
Dos horas después, cuatro pares de ojos seguían clavados en la pantalla de mi portátil. Un alemán que tenía a mi izquierda, el padre andaluz, el bebé chino y yo. Mis otros bebés seguían chillando, pero ese sonido de repente había pasado a una dimensión planar diferente y ya no eran molestos. Yo podía escuchar la música con los cascos, pero ellos no y sin embargo, no apartaron la vista, como si una fuerza sobrehumana les tuviese agarrados del cuello. Y el bebé lloró sólo cuando hube cerrado la tapa del portátil clausurando aquel fascinante ballet de máquinas.
Hoy he terminado de verla ya desde mi casa y aunque el final me resultó un tanto pequeño para tanta densidad y tamaño, pienso en que esas imágenes sirvieron para mantenernos aislados del mundo durante dos horas completas y que eso, se mire por donde se mire, es un milagro.
Neathara 
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| 14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
24 de Marzo de 2008 |
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Con la entrada en el último siglo del recientemente extinguido milenio anterior, la imaginación popular se disparó. Muchos creían que el Apocalipsis se aproximaba; otros estaban convencidos (y no iban muy desencaminados) de que la humanidad acabaría atrapada en su avance hacia una sociedad cada vez más industrializada y despersonalizada, en la que la invasión tecnológica terminaría por destruir el planeta; quienes imaginaban la conquista del espacio buscando nuevos planetas donde vivir; y quienes temían que el mundo acabara sometido a un poder totalitario y absoluto.
En el campo de la literatura, siguiendo la línea comenzada por autores pioneros como Julio Verne y H. G. Wells, proliferaban obras que hablaban de un futuro poco prometedor. Cada una representando su propia concepción del mundo, pero todas soberbiamente ideadas, y con el exponente común del pesimismo. Así, entre las que considero entre las más relevantes de las primeras décadas, tendríamos "Un mundo feliz", de Aldous Huxley; "We", de Yevgeni Zamyatin; y la que para mí es la obra futurista cumbre de todo el siglo XX: la escalofriante "1984" de George Orwell. Cada una aportando su visión particular, bien inclinándose hacia el dominio absoluto de la tecnología, o bien hacia vertientes en las que las políticas totalitarias se hacen con el mando hasta extremos monstruosos.
En el arte del celuloide, la literatura de ciencia-ficción y futurista inspiró muchas películas. Pero también hubo cineastas capaces de idear su propia concepción de lo que nos aguardaba en los inciertos tiempos venideros, y algunos de ellos nos legaron el regalo de obras de arte que han quedado como obras de culto.
Como ejemplo, tenemos "Metrópolis" de Fritz Lang. Está encuadrado en el período del llamado "expresionismo alemán" que estaba en boga en la década de los veinte, y, como suele ocurrir a muchas maravillas que acaban de ver la luz, en un principio no fue valorada en lo que se merecía. Como se suele decir, nadie es profeta en su tierra y "Metrópolis" pasó por las carteleras sin pena ni gloria.
Hoy he tenido la oportunidad de ver una versión restaurada y reconstruida a partir del maltratado original. Y he de expresar lo mucho que me maravilla que, hace ochenta y un años, alguien fuese capaz de crear una genialidad como ésta.
Lang imaginó una polis del futuro en la que la división de clases es llevada hasta las últimas consecuencias. Y dicha división se halla marcada por la abismal diferencia entre una clase y otra tanto en la calidad de vida como en la separación física. Tanto es así, que la solvente clase pensante, dirigente e intelectual habita en la opulenta zona más elevada de la polis, mientras la clase obrera mísera y oprimida se ve relegada a la ratonera de la zona inferior. Una clase y otra no entablan el menor contacto entre sí, a no ser con el cometido de que los obreros reciban las órdenes de sus superiores. Y, aún así, siempre hay intermediarios para dicha función.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Lang mima la cámara y deja volar su inspiración en unos decorados y fondos sacados de la imaginería más creativa que se pueda concebir. La polis muestra el acusado contraste entre el estrato superior y el inferior. Las imágenes de la parte superior se pasean por un maremágnum de rascacielos, autopistas y carriles elevados para el abundante tráfico rodado, y tráfico aéreo con el acelerado pulso de una ciudad próspera e industrializada. Asímismo, atisbamos el estilo de vida de la clase dirigente: el esparcimiento y el ocio de quienes tienen mucho dinero fácil, y la eterna vigilancia de quienes controlan el trabajo de los obreros, como perros pastores vigilando a las ovejas. Jardines de diseño surrealista donde los señoritos se divierten, y locales nocturnos en los que los instintos se desatan. Por el contrario, el estilo de vida de la clase obrera es radicalmente opuesto: rebaños de trabajadores pobremente uniformados que se dirigen como autómatas a sus empleos mecánicos, monótonos, estresantes, peligrosos y muy mal remunerados.
Hasta que un día Freder, el hijo del dirigente de Metrópolis, se topa con una bella mujer que procede de la clase inferior. Y, a partir de ahí, todo cambia para Freder y para el destino de la ciudad. Siendo testigo de las grandes injusticias cometidas con los obreros, que a fin de cuentas son tan humanos como él, Freder se deja llevar por su compasión y su amor por María, y abandonará su vida cómoda para solidarizarse con sus hermanos de la zona inferior.
Soberbio drama de ciencia ficción con una fuerte carga social, ética y religiosa, cuya hermosa idea central gira en torno a la consecución de la igualdad mediante el amor, la paz y la colaboración mutua para construir un porvenir en el que no haya tantas diferencias. Interesante la confrontación entre la perfidia de la "doble" de María, que se dedica a sembrar la violencia y a provocar los más bajos instintos de las muchedumbres (propiciando que se dé rienda suelta a los pecados capitales enumerados por los dogmas cristianos), y la bondad de la auténtica María, que propaga el mensaje de amor y unidad.
Ver esta película es contemplar un futuro imaginado pero también es una mirada a los principios del siglo anterior. Los rostros que estaban de moda, con unos rasgos y facciones característicos acentuados por el maquillaje y el peinado; el vestuario; y, también, el estilo particular en la forma de actuar que tenían los intérpretes. El sello propio del cine mudo, con actuaciones basadas en la exageración en los gestos del rostro y los movimientos y aspavientos del cuerpo, exaltando mediante la mímica los sentimientos y expresando con claridad el sentido de sus acciones. Y, para finalizar, no se puede olvidar la presencia esencial de la música basada en temas ininterrumpidos al piano y al violín, como elemento altamente expresivo y creador de atmósferas a tono con las escenas.
Un clásico que, pese a la pátina del tiempo, no se desluce y sigue brillando con luz propia.
Vivoleyendo 
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