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Críticas de "El bueno, el feo y el malo"
El bueno, el feo y el malo
Notable
Sergio Leone
(1966)


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237 de 254 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Tony Montana   Sevilla (España)
Su valoración: Excelente 30 de Enero de 2006
Mi película favorita de mi director favorito protagonizada por mi actor favorito. No puedo pedirle más. El mejor western jamás filmado. Obra maestra indudable. Y todo ello, no siendo más que lo que era el cine del genio italiano: una ensalada de tiros.

A esta película es muy difícil buscarle fallos. Es un compendio de virtudes que vna desde la dirección, hasta la interpretación, pasando por la fotografía, y cómo no, la música. Todo ello pasando por la parte más elemental del cine de Leone: la ambición desmesurada por el dinero. Este es el epicentro de un guión genial: encontrar un tesoro cueste lo que cueste, sin importar a qué o a quién hay que matar.

Sus personajes son una exprecie de estereotipación de los clásicos protagonistas de los westerns, sólo que aquí la línea que separa a uno de otro nunca está clara. El bueno mata, el feo mata, y el malo mata. Como todo personaje leoniano, estos tres se guían por el instinto humano de supervivencia, o ellos o él. Quizás con respecto a sus otros westerns, observamos una diferencia con el personaje de Tuco. Mientras Sentencia y Rubio viven el presente, puesto que no tienen pasado ni futuro, conforme pasa la película, nos damos cuenta de que tiene unos demonios interiores que despierta su hermano, el monje Pablo Ramírez. Un pasado trágico que fue lo que le condujo a ser un pendenciero. Y realmente, el propio Tuco es quien se gana las simpatías del espectador por su carácter bufonesco: "Me gustan los tipos grandes como tu, por que hacen mucho más ruido cuando caen "

La película es también una ácida crítica a la guerra. Tanto unionistas como ocnfederados son presentados como vulgares maltratadores, y cabe destacar el papel de Sentencia, como soldado unionista. presentados siempre como los buenos,pero que aquí son meros maltratadores. Una escena particularmente bestial es cuando Tuco y Rubio van por el desierto y ven muchos cadaveres, y dice Rubio: " Cuanto muerto por nada ", dejando claro que para él lo único que importa es el dinero.

Algo que dice Tarantino acerca de esta película es que la escena del duelo es la mejor dirigida de toda la historia del cine, algo que comparto con él. Durante 3 minutos, únicamente vemos a 3 hombres mirándose, con nerviosismo, miedo o la más absoluta frialdad, todo con un montaje perfecto. Hasta que todo se resuelve con un mero disparo. La música de Morricone es genial durante toda la película, pero particularmente en el duelo final adquiere un ritmo casi hipnótico.

El mejor western jamás realizado, aunque sea odiado por lo más clasicistas.
Tony Montana
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86 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Taylor   Terrassa (Polonia)
Su valoración: Muy buena 5 de Junio de 2008
El rubio (Clint Eastwood, ‘el bueno’), Tuco (Eli Wallach, ‘el feo’) y Sentencia (Lee Van Cleef, ‘el malo’) forman parte desde hace mucho tiempo de ese particular Olimpo del spaghetti-western en el que habitan, entre otros, por tipos tan duros como Harmonica, Frank, Cheyenne, Django o el Chuncho.

Leone los concibió personalmente y como si de ‘Saturno devorando a sus hijos’ se tratara, intentó sacrificarlos en los títulos de crédito de “Hasta que llegó su hora”. Por suerte o por desgracia, fracasó en su empeño.

En su lugar murieron Jack Elam, Woody Strode y Al Mulock. El bueno, el feo y el malo sobrevivieron y cuenta la leyenda que su espíritu perdurará eternamente en el desierto de Almería.

El gran Sergio clausuraba con esta obra maestra su trilogía del dólar antes de darle un sublime carpetazo al spaghetti con una peli, si cabe, aún mejor: “Hasta que llegó su hora”.

Nunca me cansaré de ver esta auténtica lección de cine. Porque lo tiene todo. Absolutamente todo.

El italiano nos coge de la pechera y nos hace morder el polvo desde el primer momento. Nos pone a prueba con esos dilatadísimos silencios. Con ese ritmo ceremonioso. Nos obliga a escuchar el tintineo de las espuelas, el ulular del viento del desierto, el áspero raspado de un fósforo. Y si nuestro corazón aún no palpita lo suficiente, si aún no nos sudan las palmas y no se nos eriza el vello de puro pánico ante el careto de Sentencia, ahí interviene Don Ennio. Morricone es un monstruo y su música nos hace levitar corroborando la tremenda importancia que tienen los códigos extracinematográficos, habitualmente ninguneados ante la poderosa hegemonía de la imagen.

Su banda sonora es tan genuina y magistral como esos primerísimos planos de rostros sudorosos y mal afeitados, como la inimitable liturgia de un duelo, como la violencia explícita que exuda cualquier partitura leoniana. Ni más, ni menos.

Tal vez los tres tenores de Leone no posean la complejidad y la riqueza psicológica de Harmonica, Frank o Cheyenne, pero muy pocas veces tendremos ocasión de ver juntos a tres auténticas aves rapaces del western, tres legendarios fantasmas capaces de mantener el espíritu del spaghetti hasta el fin de los días.

Sencillamente irrepetible.
Taylor
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42 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Entrañable   Compostela (España)
Su valoración: Excelente 3 de Enero de 2010
El cine de Leone, del que esta película es la máxima expresión junto con "Once upon a time in the west", se basa en tomar las bases más primarias del medio y estirarlas hasta el límite. En su cine la forma lo es todo. No sólo desde el punto de vista estético, sino narrativo y expresivo.

De este modo, el director italiano logra en su obra cimas sensoriales y líricas únicas por medio de recursos de base sencilla y desarrollo barroco:

-La sublimación de los arquetipos. Con simplemente ver el título de esta película creo que resulta evidente. Reducción a iconos puros de los que luego se extrae toda su carga mítica. En ese sentido, quizá sobre el trasfondo de Tuco (el hermano, etc.).

-La reducción del género a sus claves primordiales y la explosión brutal de éstas. Basta ver los duelos de sus películas o la forma de tratar el tema de la venganza en su penúltimo western.

-El uso barroco de la imagen. Sus primeros planos van directos al estómago.

-El uso del fuera de campo como as en la manga. La llegada al frente, la escena de la pala, la horca... Son momentos que engrandecen la potencia de la imagen, multiplican la tensa avidez del espectador por mirar y además poseen cierta carga de humor absurdo autorreferencial, donde el propio recurso cinematográfico se plantea con cierta ironía hacia sí mismo.

-La utilización de la música como parte clave del medio que es, fundiéndola con la imagen. En Leone la música no es acompañamiento sino una de las bases de su cine, que es sobre todo primario. Engrandece y multiplica las sensaciones usada del modo más obviamente cinematográfico.

-El montaje como medio también expresivo de poder arrollador. Una escena como la del duelo dice más del cine que la filmografía entera de muchos directores.

-El dominio del tempo mediante la dilatación del tiempo. Las mejores obras del italiano son bailes parsimoniosos pero absorbentes, donde el tiempo se congela y se impregna de emoción. La progresión formal y dramática en "El bueno, el feo y el malo" es ejemplar. Vean cómo la guerra hace acto de presencia poco a poco, cómo la música cobra protagonismo poco a poco, cómo el ritmo crece poco a poco hasta que llegamos a un clímax animal y desatado de puro cine.

En resumen: Leone toma el cine, más concretamente el western, le arranca todo menos sus elementos más primitivos y multiplica éstos de forma magistral y única para ofrecerle al espectador una experiencia incomparable. Uno de los directores que alcanzan esa cosa innombrable (el mito, lo inefable, llámenlo como quieran) en muchos momentos de sus películas. Ésta es de las mejores, mi favorita.

Por supuesto, además se puede ver simplemente como un buen western muy bien rodado, si uno no entra del todo en el juego.
Entrañable
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43 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Max   Asturias (España)
Su valoración: Notable 25 de Octubre de 2007
Última entrega de la espléndida trilogía con que Leone dicen, reinventa el concepto del cine del oeste a mediados de los sesenta, y a la que debemos el nacimiento del soberbio trio de profesionales, (actor, director, compositor) que juntos primero y cada uno por su lado más tarde dejarían una imborrable huella en la historia de la cinematografía. Pese a las dos horas y media de duración al film no le sobra ni un solo fotograma. Todo el está salpicado de humor negro, (generalmente de la mano del magnífico Eli Wallach), miradas capaces de hablar por si solas, momentos de acción y comentarios ingeniosos; y aun así tiene tiempo suficiente para retratar el drama de una guerra de secesión, donde la miseria moral, se reparte a partes iguales entre yankees y sudistas. La cinta está llena de planos generales bellísimos, textura de época, estética detallista, y una fotografía de primer nivel; si a esto le sumamos la inmortal partitura de un Morricone en estado de gracia, vamos entendiendo el porqué un western tan distinto, aparece junto a los de monstruos como: Ford, Hawks, Mann, o el propio Eastwood. En contadas ocasiones se ha visto que una banda sonora haga crecer tanto a una película como en el caso que nos ocupa; el grado de complicidad y de conocimiento entre estos dos talentos (Leone , Morricone) desde que fueran compañeros de colegio, es la baza que más juega a favor de esa circunstancia. El tema principal ya es él solito sinónimo del Western por excelencia. La originalidad del arreglo final, mezclando el estribillo clásico con el graznido de los cuervos, (en clara alusión al carácter carroñero del trio de personajes principales), demuestra el nivel de matices al que es capaz de llegar el maestro romano. Aunque catalogado de western, el film trasciende sin embargo esa frontera; la proyección que Leone da a la historia, la convierten en uno de esos clásicos intemporales de notable influencia para nuevos creadores. Basta recordar la secuencia del duelo a la mexicana, obvio homenaje posterior de Tarantino a uno de los finales mejor filmados de la historia del celuloide.
Max
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Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Notable 4 de Septiembre de 2005
Tercera y última película de la "trilogía de oro" de Leone, Morricone y Eastwood. Rodada en Almería, fue producida por Alberto Grimaldi.

La acción se localiza en algún lugar del sudeste de la Unión, en los años de la Guerra Civil Americana. Relata la historia de tres pistoleros que buscan un tesoro oculto en una tumba: uno concoce el nombre del cementerio, otro conoce el nombre que figura en la lápida y el tercero sigue a los otros dos. Los tres bandidos son muy diferentes: "Rubio" (Eastwood) es avaricioso y calculador, "Sentencia" (Lee Van Cleef) es despiadado y Tuco (Uli Wallach) es ignorante, pícaro y divertido. Constituyen, en el fondo, tres versiones de un único personaje, sanguinario, salvaje y codicioso. "Rubio" es el bueno por ser el menos malo de los tres, pese a su mezquindad; "Sentencia" es el malo por pegar sin miramientos a María y porque practica la tortura; y Tuco es el feo porque es el menos agraciado, pero el más simpático. Son memorables varias escenas: la batalla del puente, el campo de prisioneros, la discusión entre Tuco y su hermano Pablo y la escena final. Se incluye una invitación a reflexionar sobre la guerra: el comandante sudista de la batalla del puente y al coronel unionista del campo de prisioneros son personas amargadas y fustradas porque ven la inutilidad y el horror de la guerra.

La música, compuesta por Morricone y dirigida por Bruno Nicolai, está más elaborada que en las dos ocasiones anteriores y tiene una duración mayor (casi una hora). Cuenta con la participación de la soprano italiana Edda Dell'Orso y del cantante español Kurt Savoy, que dominaba seis tipos diferentes de silbido. La banda sonora da empaque, altura, emoción y solemnidad a la acción, que no deja de ser burlona e irónica. Son admirables las composiciones tituladas "Trío", "El desierto" y "El éxtasis del oro". Esta última, con una melodía alegre y eufórica, sugiere el hallazgo de la tierra prometida. En numerosas ocasiones la música cesa subitamente y da paso a un silencio que exalta la narración visual. La fotografía corre a cargo del gran Tonino Delli Colli ("El verdugo"), que da a la imagen un aire muy sugerente. Usa primerísimos planos, que combina con planos generales, da gran importancia al claroscuro, muestra preferencia por el negro, los ocres y los blancos ligeramente dorados. La interpretación de los tres protagonistas es convincente. Por su dificultad, destaca el acierto de Uli Wallach en el papel de Tuco. La dirección es soberbia en el movimiento de actores, sobre todo en las escenas multitudinarias; la gestión del espacio visual, que dimensiona según las conveniencias de cada escena; el ritmo de la obra con crescendos en los momentos culminantes (tortura de Tuco, agresión a María, secuencia final y escena de cierre).

Obra excelente, que pone de manifiesto los progresos de un director enfrentado voluntariamente al reto de experimentar para aprender y de aprender para mejorar.
Miquel
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