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Críticas de "Y si no, nos enfadamos"
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| 39 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pas
Vigo (Portugal)
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Su valoración:  |
22 de Septiembre de 2006 |
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Es 1974, el franquismo se encuentra en sus últimos estertores y Bud Spencer y Terence Hill ruedan en Madrid su obra maestra.
Objetivamente hablando, esta película es un maravilloso compendio de géneros comprimidos en uno solo: La comedia sobre la naturaleza humana.
La naturaleza humana es competitiva: El comienzo, con la carrera de coches, es la muestra de ello.
La naturaleza humana se distingue de la animal por la resolución inteligente de problemas: El buggy, que es de los dos por haber llegado empatados, se lo juegan de la única forma posible: Salchicha y cerveza.
La naturaleza humana improvisa: ¿Qué pasa si no se repara un daño causado? en la lógica de Bud y Terence no se contemplaba la posibilidad de que una afrenta no sea reparada, así que si no es así pues... se enfadan.
Y podría seguir analizando a la Naturaleza humana a través de esta película, pero me voy a ceñir, a continuación, a aspectos meramente cinematográficos.
La pareja protagonista se rodea de un elenco de secundarios de lujo, con Emilio Laguna, el "Matías" de Médico de Familia a la cabeza y Donald Pleasance, un actor que solo trabaja con los grandes: John Sturges, Don Siegel, Roman Polanski, Tony Richardson, John Carpenter, Elia Kazan... (aunque su papel en "Y si no,..." como asesor del jefe mafioso es el mejor de su carrera) . Es este el mejor reparto que van a encontrar en su fecunda filmografía Bud y Terence.
Hasta las situaciones de mayor tensión y desasosiego, como la escena del coro, son rodadas de tal forma que no se pierde ni un ápice de intriga ni de comicidad.
Las mejores escenas de pelea de Bud y Terence, por las que son eternamente recordados, hallan en esta joya su mayor cota de barroquismo y genialidad. Tanto la del gimnasio como la de los globos (con guiños a los Hermanos Marx) son sublimes en su puesta en escena, su ritmo endiablado y su adecuada duración.
Por tanto, este largometraje es una oda a la amistad, con abundantes descargas de violencia dentro de su lirismo y ternura. Algo de lo que sin duda tomaría buena nota Takeshi Kitano en películas como Sonatine o Hana-Bi, que no llegan a superar a esta Película con mayúsculas, aunque sí se le acercan bastante.
Imprescindible.
Pas 
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| 21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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A ver, las películas de esta gran pareja no son buenas objetivamente hablando pero son divertidas. También es verdad que la mayoría se parecen bastante. Pero a mí personalmente me gustan mucho estos tipos y las memorables escenas de peleas de dos contra 30 o más. Ahí está siempre Bud con sus puños y su famoso golpe del martillo; y Terence que también maneja bien los puños pero además lo ornamenta con golpes con todo tipo de objetos que estén a su alcance (sillas, botellas, tacos y bolas de billar, bolos, etc.). Y en cada película siempre hacen algo que se te queda grabado, aquí por ejemplo lo de resolver de a ver quién se queda el buga jugándoselo a salchichas y cervezas. Yo siempre he querido resolver un problema con alguien con algo así. Además, Bud y Terence son los creadores del "Bean Western", memorable la escena en la que Terence se come una sarten de judías en un minuto en "Le llamaban Trinidad".
IT´S ONLY BUD & HILL, BUT I LIKE IT.
El loco del corral 
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| 13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sabadell (España)
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Su valoración:  |
23 de Junio de 2007 |
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Terence Hill y Bud Spencer eran dos románticos, dos adonis que luchaban con delicadeza y pasmo por todo aquello que estimaban necesario y que, sobretodo, amaban los detalles más frágiles de sus delicadas existencias, que revoloteaban alrededor de un manojo de seres que les proferían amor y cariño gracias a las caricias y abrazos con que les obsequiaban constantemente.
Muchos son los que en ver una comedia de estos dos galanes ataviados con vestimenta de lujo y formidables modales creen observar sencillamente mamporros y destrozos a lo sumo, sin embargo, no es así, pues ellos son los maestros de la sutileza y la perspicacia, intentando hallar siempre las mejores soluciones a los problemas que se les van planteando en las distintas ocasiones que se topan con sus bellos y honorables amigos, con los que intercambian gustos con una exquisitez envidiable y comparten gestos con honestidad y sinceridad.
En cambio, no hay que incurrir en la equivocación de pensar que porqué los demás personajes se muevan a su alrededor con brusquedad, estos se estén enzarzando en una trifulca, sino más bien al contrario, están haciendo amigos: Les abrazan, les regalan objetos como sillas o varas de madera, les dan palmadas amistosas e, incluso, en señal de longeva amistad, se arriman a ellos para disfrutar de un mayor intimismo.
De todos modos, nada sería igual sin esa profunda y melancólica banda sonora que aparece cada vez que interactúan con sus apacibles amigos y congéneres, dando paso a un aluvión incontrolable de dramatismo que logra que la obra alcance sus más altas cotas.
Además, la puesta en escena es impecable, pulcra y precisa, los diálogos resultan hábiles, despiertos e inteligentes y el guión rezuma perspicacia a la par que da forma a una aguda crítica sobre el poder, la corrupción y los instintos más bajos e irreprimibles del ser humano (aquí mostrados gracias al metódico amigo del violín, que sólo lleva una funda para fingir serlo e intentar ingresar en un conjunto, cuando realmente solo busca comprensión por parte de Hill, algo de una bajeza infrahumana)
A resumidas cuentas, esta colosal obra que nos habla sobre la incorruptibilidad del ser humano (dilucidada aquí entorno a las figuras de Hill y Spencer, que no renunciarán a su empresa de conseguir que se les sea devuelto su preciado mini) y la enorme bondad del mismo (como por ejemplo, cuando Hill perdona al "violinista" y, con sumo empeño, lo pone a tocar en un restaurante, intentando que comience su aprendizaje), no hace más que recordarnos lo que somos todos en el fondo: Mamporreros de cuidado.
Grandine 
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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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metabaron
madrid (España)
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Su valoración:  |
3 de Junio de 2007 |
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Asterix y Obelix. Eso son Spencer y Hill: un guapo rubio y un grandullón fortachón que pelean contra una panda de pardillos que terminan por ser sacos de boxeo. Eso explica su gracia, amigos.
¿Y esta peli? Nada muy especial: la pareja se pelea con la mafia por un buggie destrozado que quieren recuperar. Pero divierte ver la peli, coñen.
Canción mítica de acompañamiento para las secuencias de tortazos, Donald Pleseance haciedo de mano derecha del malo y homenaje a "El hombre que sabía demasiado" y cameos de gente como Emilio Laguna.
Por cierto, el filme está rodado en el Madrid de los 70, lo cual deja imágenes tan curiosas como Spencer y Hill conduciendo un deportivo en llamas junto a...
¡LA PLAZA MAYOR DE MADRID!
En definitiva: slapstick saleroso de hace treinta añazos.
metabaron 
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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
4 de Septiembre de 2007 |
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Si me pongo a recordar las películas de estos dos cracks de las comedias de mamporros, en las cuales eran únicos e irrepetibles, una gran sonrisa se esparce por mi rostro en homenaje a las muchas carcajadas que me salían en torrente a la vista de sus peripecias.
Es cierto que la película en sí no es nada del otro mundo, ni posee una calidad indiscutible. Es uno de esos productos de la factoría italiana que veía el filón en las pelis de acción protagonizadas por sus dos máximos iconos de este género en los 70.
Pero... ¿Quién no se ha reído hasta reventar con esas delirantes escenas de peleas y persecuciones, con un fresco y caradura Terence Hill y la cachaza imperturbable de Bud Spencer, repartiendo leña a puño descosido? De acuerdo en que no se trata del humor más sutil ni inteligente que se haya filmado, pero cuando vemos una película de este par ya sabemos lo que hay, y el seguidor que la ve (como yo la veía cuando la ponían hasta la saciedad en Tele 5, mis hermanos, mis primos y yo lo pasábamos bomba) agradece esa sesión de humor gamberrete pero bienintencionado. Esos dos dudosos ¿héroes o antihéroes? conseguían convertirse en nuestros actores de cabecera de lo irreverente y de la cachaza.
Sin duda, la mejor de todas las películas del dúo Spencer-Hill es ésta (bueno, junto con "Le llamaban Trinidad").
Cuando ellos, muy contentos porque han ganado un cochecito muy curioso para fardar, ven cómo se les agua la fiesta porque unos matones se lo queman, se cabrean en serio (¡y mira que son tranquilos los tíos, ya les tocaron bien la moral para hacerlos enfadar!). A partir de ahí todo será ir en busca de los matones para reclamarles daños y perjuicios. ¡Y estos dos no se rinden con facilidad!
Muy desenfadada y divertida la música que acompaña las escenas y un desarrollo absolutamente entretenido.
Al menos consigue que uno se ría de forma sana, y para mí es de esas películas que siguen siendo simpáticas y que no se quedan desfasadas a lo largo del tiempo.
Vivoleyendo 
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