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| 30 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
17 de Enero de 2006 |
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Último de los 14 largos de Dreyer. Escrito y dirigido por él, se inspira en la obra teatral (1906) del sueco Hjalmar Söderberg. Ganó el FIPRESCI de Venecia y el Bodil de la danesa Filmworkers Association.
La acción tiene lugar a lo largo de 2 días de principios del XX, con un epílogo posterior. Narra la historia de Gertrud Kanning (Nina Pens Rode), que vivió un idilio de 3 años con su compañero de estudios Gabriel Lidman (Ebbe Rode), que se casó con un eminente abogado, Gustav Kanning (Bendt Rothe), y que, finalmente, se enamora apasionadamente de un joven músico, Erland Jansson (Baard Owe). Aspira a un amor compartido en plenitud, a un amor completo y absoluto. Las tres experiencias le dicen que su aspiración no es viable: el hombre tiende a situar el amor por debajo o al servicio del trabajo, a usar a la mujer como objeto de deseo, a establecer compromisos para disimular el desamor (como le propone Gustav) y a confundir el amor con aventuras pasajeras. Gertrud, de unos 40 años, quiere amar sin reservas, sin límites, sin componendas, y quiere ser amada de igual manera. Ante la imposibilidad de conseguirlo, y movida por su aversión a las componendas (como el propio Dreyer, del que ella es imagen fiel), toma unas decisiones alejadas de los códigos románticos (el suicidio, el asesinato, etc.). El amor absoluto (Romeo y Julieta) no es imposible, es un ideal. Como dice Gertrud, está hecho de renuncias, sacrificios y dolor. En el fondo, Gertrud se rebela contra una situación social en la que la mujer lo ha de dar todo en el matrimonio a cambio de menos que todo, en un rol de dependencia e inferioridad.
La música suena tenuamente con melodías de una partitura excelente de aires postrománticos. La fotografía ofrece presentaciones frontales, composiciones simétricas y en parejas. La cámara, muy activa, se mueve con delicadeza. Construye planos/secuencia de gran duración. Las imágenes se presentan estilizadas, depuradas y casi espiritualizadas. Los personajes son iconos de movimientos parsimoniosos y de acusado estatismo, que dejan fluir su conciencia, como los personajes de Joyce. Las luces y el vestuario dan a Gertrud la apariencia de escultura de una divinidad pagana (la Venus del parque). Los cuadros de la casa son el contrapunto de la estética visual de la obra. El guión se basa en diálogos de gran belleza verbal. La interpretación, difícil y compleja, se ajusta con precisión a las concepciones del autor. La dirección construye una obra de gran belleza de formas y de fondo, depurada y esencialmente clasicista, que topa con los prejuicios románticos que han poblado y pueblan las mentes del gran público.
Resumen de casi 50 años de trabajo de un cineasta genial. Magnífica e imprescindible.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La experiencia amorosa de Gertrud, mujer ya madura y, por ello, exenta de idealismos de juventud, no ha sido como deseaba. Dejó a Gabriel porque se sentía desatendida, ya que él, de hecho y por convicción, priorizaba el trabajo sobre el amor. La frialdad de Gustav, absorbido por las ambiciones profesionales y las aspiraciones políticas, le impulsa a romper con él. Renuncia a la relación con el joven Erland, al saber por Gabriel, que comparte las noches con otras mujeres y con el alcohol. Gertrud considera que el amor de pareja debe ser un amor pleno o no debe ser. Es lo que le dicta el corazón, es lo que le dice la experiencia, es lo que ella desea y quiere. No acepta la idea de que la carnalidad y la soledad compartida sea una opción deseable: prefiere la soledad en soledad.
Miquel 
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| 31 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Talibán
Sevilla (España)
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Su valoración:  |
3 de Diciembre de 2005 |
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Decía Miguel Ángel que él no esculpía la piedra: se limitaba a eliminar de ella lo que sobraba. Así, "Gertrud"; si Gertrud sueña que le persigue una jauría, Dreyer convierte la pesadilla en un tapiz de Boticelli que no irrumpe en la escena: la observa tristemente desde el fondo. Si Gertrud comprende que el hombre al que ama le ha traicionado, se frustrará su interpretación del "Himno al amor" de Richard Strauss: la persona y la artista no pueden separarse. Si, al final, Gertrud resume su existencia con la lectura de un poema que escribió cuando tenía dieciséis años, la cámara de Dreyer traza un círculo sobre su eje: con el movimiento y la vida nada ha cambiado.
La cadencia de esta película es pictórica y su fotografía es musical; Dreyer no hace avanzar la película sobre estas contradicciones: las funde. Y consigue eliminar por completo lo que le sobra al lenguaje cinematográfico.
Talibán 
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| 59 de 100 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Txarly
Qingoco (China)
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Su valoración:  |
15 de Marzo de 2006 |
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Después de ver este bodriete se me ocurrió algún titular más: Gertrudis la cuarentona insaciable o... Me llamo Gertrud, soy pija y nada egoísta y lo único que quiero es ser feliz o... El insaciable mundo romántico de la pija Gertrudis, titulares todos que, según mi humilde opinión, harían más justicia con el insufrible muermo.
Cuando contemplas durante dos horas a unos actores que ni pestañean cuando les mandan a tomar viento... pues no es que sea ilícito, es que no te lo crees. Aparte, claro está, de que no entrecruzan sus miradas en ninguno de los planos de la película. Los muñecos de trapo y sus amigas hinchables emanan muchísimas más emociones que los actores mentados. El llamado cine intimista e introspectivo que culmina Dreyer en esta su peor obra está seguramente destinado a personas qué o bien piensan que la vida real es así, o que se sienten regaladas con algo fuera de lo común, ya sabéis... un cuadro negro en una galería de arte, y se paran y lo miran y dicen... ooooohhhhhh... juas juas. Y son los que no paran de reprocharte mientras te dan collejas que estás siendo obsequiado con algo imperecedero. Prefiero cualquier film de Bud Spencer y Terence Hill.
Tras su estreno en París crítica y público la pisotearon sin piedad. Normal, no? Y ahora que desde mediados de los 90 vivíamos un afortunado, aunque tardío, revisionismo del mundo del cine, en el cual se echaban por tierra más mitos que en la Irak de Sadam, parece que anda por ahí una nueva Generación del 98 que pretende recoger su testigo y encumbrar obras como ésta, como ya hicieran Unamuno y compañía con El Quijote en su momento. Y servidor no pasa por el aro. Simplemente. Y lo expone y lo argumenta generosamente para personajes que votan con diez estrellas a todas y cada una de las películas consideradas clásicas y que suelen costar en el kiosco de la esquina 10.95.
Y aunque me haya fugado del psiquiátrico que me ha mantenido recluido durante todo este tiempo, he de apuntar que Gertrud también posee momentos deslumbrantes y que Dreyer, al fin y al cabo, no era tan malo.
La secuencia del espejo me deja atónito por lo irreal de su belleza. También los particulares planos secuencia que embadurnan todo el film. Pero no puedo soportar la parsimonia cansina en planos medios durante el ochenta por ciento del metraje. No puedo. Y cuando vuelan por el tiempo y vuelven a sentarse por dos veces consecutivas treinta años después... me repatea. Y la historia del yo quiero ésto y si no nada, también. Éso también.
Y en el spoiler aclararé gustoso por qué me repatea este tipo de cine y de amiguismo:
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Lo primero que quiero comentar es que al cine no se debe ir con escopeta. En todo caso, si se quiere utilizar el arma, mucho mejor apuntarse hacia sí mismo y como diría el amigo Turturro en El gran Lebowsky... hasta que hagas click.
Los críticos que vivieron la llamada época dorada del cine -los años 40- fueron personajes que nacieron en el XIX, lugar aquel en el que una bombilla era lo que ahora un acelerador de partículas. Y sus costumbres y educación nada tienen que ver con la época actual. Seguramente ahora nos parecerían los personajes más machistas y pedorros que pudiéramos imaginar. Y ellos encumbraron el cine de los 40. Una época en la que no tenía en los USA ninguna competencia ociosa, a no ser las carreras de caballos. Pero en los 50 apareció la televión y el televisor se adueñó de los hogares americanos y se pasó de la época dorada a la época de la depresión. Es que ya no se hacía buen cine? No, pero ya no se iba en masa a ver los títulos del momento porque se estaba más agustito en casa.
Y bien? Pues que la mayoría de las sobrevaloradas obras de la Historia del Cine datan de esa época. Y en el caso que nos ocupa, el europeo, por su retraso tecnólogico debido a la II guerra mundial estos títulos aparecen una década más tarde. Y ésa es la razón principal para ciscarnos en la madre que parió al poeta, y no que flipemos con King Kong o el truño de El señor de los anillos. NO.
Y fueron los gacetilleros pagados por los grandes estudios los que hicieron grandes a determinadas películas. Nada más simple. Lo que ocurre es que muchas "personas amables" piensan que se ha de seguir la corriente porque es lo que debe hacerse. Y yo difiero. Y luego defienden obras del tipo Centauros del desierto cuando no tienen defensa posible. Por inercia. Por seguir la corriente. Nada más. Y luego se ofrecen de manera altruista a darte lecciones de cine. Y uno se ríe. Y mucho. Y Gertrud seguirá siendo un truño aunque sea original. Y es aburrida por obra y gracia del director. No por otra cosa.
Un servidor también disfruta de los films denominados lentos o que abusan de los primeros planos: Náufragos (10), Los amantes crucificados(9), Hiroshima mon amour (9) y no necesita ver en ninguno a Lucifer follándose una oveja, aunque en el caso de Dreyer no quedaría mal.
También me gustan basuras para la mayoría: Brigada 49 (10), El rey Arturo (10), Holocausto Caníbal (10), etc. Lo que no haré jamás será copiar textos y frases hechas de libros de texto para parecer que entiendo algo de ésto. Éso no.
Y seguramente Gertrud será vista sólo por ese tipo de público intelectualoide y aburrido y a todos ellos les gustará. Qué decir... pero si Gertrud fuese ofrecida al público de masas (un hombre un voto), es decir, obligándole mediante tortura a dar una opinión después de verla... jejeje... o... juas juas... pues ese día la volverían a pisotear como ya hicieran los parisinos en su momento. Un saludo.
Txarly 
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| 20 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
9 de Junio de 2008 |
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Gertrud es la mujer que necesita un amor apasionado, y más, necesita también libertad y soledad —así pues Gertrud representa a muchísimos seres humanos que sentimos lo mismo durante la mayor parte de nuestra vida: necesidad de amor apasionado, necesidad de libertad y necesidad de soledad—.
C. T. Dreyer hace un ensayo sobre el ser humano en general en la persona de esta dama llamada Gertrud, y sobre el sentido de nuestra existencia: "Supongo que tiene que haber un Dios en alguna parte, si no en la vida nada tendría sentido", dice el joven músico con quien Gertrud mantiene una aventura de infedelidad matrimonial.
Gertrud quiere abandonar a su marido e irse con su joven amante, pero éste le falla, le defrauda; tal como suele ocurrir en la vida, que ponemos grandes ilusiones en determinadas pasiones y luego de repente se desinflan quedándonos atropellados, hundidos, vacíos, sin deseo de seguir viviendo.
La atmósfera de esta película es tremedamente triste, depresiva (por lo que no se la recomiendo a nadie que padezca depresiones o angustia del alma), enarbolando la tesis de que en el mundo sólo existen dos cosas: el amor y la muerte, de donde resulta que sólo aprovecha lo que podamos amar, el amor que sintamos y derrochemos. Como dice Gertrud: "He sufrido mucho y he cometido muchos errores, pero he amado".
En definitiva, Dreyer nos envuelve en su melancolía ontológica y con ese "pero he amado" lanza un aliento de consuelo, de esperanza que la maravilla y el sentido de lo humano no se pierdan en el confín del tiempo —¿habrá propuesta más religiosa que esta que expone Dreyer, quién según los entendidos era ateo o tal vez agnóstico?—.
Su filosofía es pues casi religiosa: sólo porque "he amado" la vida ha merecido la pena, a parte de eso la vida humana sólo es más o menos un paquete de penurias organizado y envuelto para entregar a la muerte.
Dreyer tiene mucha razón, no razón absoluta ni total, pero sí mucha razón en todo esto. Efectivamente, somos en realidad lo que amamos, somos sólo esos momentos o pocos días en los que en verdad amamos, o dicho de otra manera: "amar nos hace ser por excelencia". Y salvo esos momentos o días en los que podemos decir "pero he amado", la vida humana es una puñetera náusea o dinámica angustiosa de opresión en la región torácica o abdominal (si lo prefieren pueden sustituir región torácica abdominal por alma).
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Valkiria
Galitzia (Polonia)
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Su valoración:  |
28 de Julio de 2009 |
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Me pregunto si, cruzándose por la calle, Nina Pens, la inerte y letárgica albina dama, de melena rubia escarchada que protagoniza esta cinta reconocería a alguno de los actores con los que comparte cartel en esta singular película con cierta dosis de narcótico ritmo y soporífera cadencia. No cruza miradas con ellos en hora y media. No necesita hacerlo; sólo se escuchan, unos a otros, pero sin mirarse de frente. Supongo que porque el mayor mérito de la película se concentra en los diálogos.
Y en la espectral apariencia de esta mujer: una muñeca de porcelana, una figura de mármol. La expresión inalterable y somnolienta de Gertrud, asedia durante todos los largos planos secuencia en los que se empeña Dreyer.
Gertrud, una melómana aristócrata, orgullosa, no por su condición social sino orgullosa de alma, como le reprocha su joven amante, aparece rodeada de su particular colección de amoríos en secuencias larguísimas que protagoniza la dama, (siempre de perfil hacia ellos, de frente hacia nosotros). Diserta sobre sentimientos, amores, pasiones, recuerdos y añoranzas con su marido, (al que rechaza), su amante, (que no la quiere) y uno de sus amores de juventud, (que le ruega y suplica que regrese con él).
Lo insólito de la película, es que entre todo este batiburrillo de pasiones contenidas, todos se comportan, incluso brindando con champagne como si estuvieran velando a un muerto.
Los diálogos, pausados, contribuyen a la somnolencia.
Gertrud sólo se digna a mirar a los ojos de un amigo, brevemente, 40 años después, cuando ya divaga sobre la muerte, después de comprar su sepultura e imaginándose con un pie en la tumba.
Es espectral. Es una aparición brumosa ante el espejo. Es una mujer embalsamada.
No voy a discutir la calidad técnica o estética de la obra de Dreyer. Tampoco la guionización de los diálogos, que por veces son soberbios. Pero no haré apología de "Gertrud", por muy danesa que sea.
Sencillamente la creo interesante (6), porque creo que no había asistido a una propuesta tan arriesgada antes. Y para el año 64, digamos que tal osadía tiene su mérito.
Pero lo dicho: lo más emocionante de la película es el fuego de la chimenea.
Valkiria 
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