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| 39 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
12 de Abril de 2006 |
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Novedosa crónica de un amor que no se conforma con el “fueron felices y comieron perdices”, sino que muestra de forma fragmentaria las sucesivas etapas de un matrimonio con varias líneas narrativas que van saltando en el tiempo de forma desordenada, cada una correspondiente a un momento concreto en la vida de la pareja protagonista, entremezclándolas y formando un mosaico irregular. Enamoramiento, distanciamiento, éxito profesional, infidelidad, rutina...
Estéticamente también fue novedosa y, aunque ahora corra el riesgo de parecer superada al estar muy enclavada en los 60, creo que el fondo y la forma terminan encajando. Pese a esto no niego que quizás el conjunto haya perdido algo de frescura (algunos momentos son francamente intensos pero otros han envejecido mal).
Altamente recomendable en todo caso, sobre todo por el tono nostálgico que atesora (es imposible no sentir el tiempo posado en uno mismo y en el compromiso amor-odio/diversión-hastío con el que nos gusta vincularnos). Y en ese poso melancólico que deja tienen mucho que ver la fotografía y Mancini y su maravillosa partitura.
Más accesible que otras películas sobre el tema (es también una gran comedia) y, en apariencia, menos sincera. Pero creo que es eso, una apariencia. 7,7.
Bloomsday 
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| 19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
9 de Septiembre de 2009 |
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Sin lugar a dudas, la aventura matrimonial constituye un apasionante tema de estudio y debate que puede analizarse desde muy diversos prismas. Bergman lo hizo a través de su vertiente más compleja y descarnada con sus “Secretos de un matrimonio” pero, obviamente, ni todas las relaciones maritales son tan abstrusas y dramáticas como las que planteaba el sueco en su peli ni tampoco considero que resulte imprescindible sentar cátedra ni jurisprudencia fílmica para atreverse a tratar tan inextricable vínculo.
Donen, en este sentido, nos ofrece mediante “Dos en la carretera” una visión de la relación de pareja -a través de los años- mucho más ligera y asequible. Una visión que, pese a rozar el tópico en ciertas ocasiones, se nos manifiesta -en términos generales- original, creíble y divertida. Para ello Donen no duda en emplear como hilo conductor de su historia la efectiva e infalible metáfora del viaje. Un recorrido vital y kilométrico a lo largo del cual el bueno de Stanley irá desgranando, mediante continuas elipsis, todas aquellas etapas por las que habitualmente va transitando toda pareja: enamoramiento, pasión, alborozo, complicidad, idealización, discusiones, rutina, hastío, infidelidades, desencanto... Como siempre, con pulso, distinción y eficacia. Renunciando categóricamente a mostrarse trascendental o empalagoso y haciendo gala de un sentido del humor tan ingenioso como mordaz.
Una peli -en definitiva- repleta de buenos diálogos, de secuencias entrañables y divertidas, de buenas interpretaciones (Finney y Hepburn estaban en la cúspide de sus respectivas carreras) y, por si fuera poco, con una partitura (la de Mancini) memorable. No te la pierdas.
Taylor 
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| 19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kundera21
Madrid (España)
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Su valoración:  |
8 de Agosto de 2007 |
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Todo, absolutamente todo, irradia grandeza en este filme. Desde esos dos actorazos que fueron Albert Finney y Audrey Hepburn, hasta la ya inmortal banda sonora de Mancini. A momentos ácida, a momentos graciosa, a momentos tierna, a momentos desalentadora. En mi opinión, no existe todavía ninguna otra película que refleje mejor que ésta el amor y el matrimonio. El cómo el paso del tiempo, la rutina, la incomprensión o los dispares intereses pueden ir acabando con una relación, pueden sofocar esa pasión con la que juvenilmente uno se enamora. Pero, como se dice, donde hubo fuego, siempre quedan rescoldos, y ese amor se puede reanimar siempre. Sólo hay que aceptar el hecho de que evoluciona, como las personas, y que no es menos bonito que el que se podía sentir antaño. Al contrario, es más fiel, más sereno, más puro. El fiel reflejo de todo esto es la última escena de la película, sencillamente preciosa, maravillosa. ¡Quiero llorar!
kundera21 
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| 16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Santi Ausente
Almería (España)
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Su valoración:  |
18 de Julio de 2007 |
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"Dos en la carretera". Dirigida por Stanley Donen en 1967 y protagonizada por Audrey Hepburn, Albert Finney, Eleanor Bron, William Daniels, Nadia Gray, Claude Dauphin. Nunca Stanley Donnen, ni Albert Finney ni Audrey Hepburn (que rodó la película en unas circunstancias personales muy parecidas a las de la protagonista, circunstancias que desembocarían en su posterior divorcio), han estado mas lúcidos, más ácidos, más serios y realistas, sin caer por ello en la oscuridad, la amargura o el registro plano y gris (no faltan momentos alegres o dulces en la narración, como en la vida misma...).
La película ha sido clasificada como una road movie, a falta de otra definición mejor, y tal vez sea una definición válida, si entendemos la carretera por la que ambos personajes se desplazan como una metáfora de sus vidas en común, pasando por todos los momentos de su vida en pareja; encuentro, romance, aburrimiento, engaño, desengaño, y evaluación de la situación para ver si merece la pena continuar el viaje, efecto metafórico amplificado por el hecho de que todos estos momentos se narran en paralelo, de modo que llega un momento en el que, como voyeurs fílmicos, (o como si fuesemos ellos mismos), podemos experimentar a la vez todos los estados de su vida,(comprimidos en esos distintos viajes por la carretera), y compararlos, analizándolos en su conjunto.
Una película que, aunque haya quien ha querido verlo asi, no es en absoluto pesimista,-aunque si esta salpicada a veces de un cinismo que se puede confundir con ello- porque en ningun momento, pese al devenir normal de la vida, que no es siempre, mal que pese a muchos (aunque sí en ocasiones, demos gracias por ellas), de color de rosa, se pierde,al fin, la esperanza de superarlo todo y seguir adelante. Hecho increíble que juro que jamás había visto en ninguna película, ni siquiera en la bella "American Beauty", que se pierde con sus toques fantásticos y sus personajes realistas, pero"extremos", esta película es,en esencia, como la vida misma; Nada más. Y nada menos.
Mención aparte merece además el hecho de que la película es, de alguna forma, el equivalente a la cima de una montaña rusa; está en el punto álgido y se nota, pero un centímetro más y empezara a caer.En ese punto de equilibrio, fantástica la dirección, la actuación de Audrey Hepburn y de Albert Finney. Y además,otro de sus grandes atractivos, la nota de color del aspecto estético: esa época de los últimos sesenta que se nos muestra una última vez en todo su esplendor, antes de, si no perderse con la entrada de los cínicos y desencantados - pero aún socialmente comprometidos - setenta, sí de diluirse para siempre hasta llegar al momento presente.
Espléndida la fotografía, los decorados, esos coches, esas fiestas, esa musica a cargo del siempre elegante Henry Mancini, original, y deliciosa estética, a cargo de la diseñadora Mary Quant....
Un clásico poco conocido...pero imprescindible.
Santi Ausente 
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| 14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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victormars
Valencia (España)
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Su valoración:  |
6 de Abril de 2008 |
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Hermosísima historia de una pareja nada convencional, compuesta por un famoso arquitecto y una vulgar corista, en la que la carcoma del tiempo ha dejando una importante mella. Su viaje no transcurre únicamente por carreteras francesas, sino que también transita los sinuosos caminos de la memoria y el recuerdo, quizá más difíciles de recorrer. Un prodigio de montaje, de los que ya no se suelen ver, que traza de manera magistral la evolución de unas complejas relaciones personales -que es de lo que al fin y al cabo estamos hechos los seres humanos.
Divertida (mucho), pero también dura cuando toca serlo. La pareja protagonista desprende el tufillo del buen cine clásico al que acompañan ciertos aromas de una modernidad latente (véase el vestuario de la señora Hepburn). Desde luego es un gusto poder ver a tan hermosa mujer a las órdenes de Stanley Donen, ese genio que con veintitrés años cambió por completo el género musical y que cuando se prodigó en los demás géneros consumó filmes tan fantásticos como éste.
¿A ver si resulta que el bueno de los Stanley’s va a es el señor Donen?
victormars 
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