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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
4 de Noviembre de 2009 |
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Visconti y la Magnani, vaya dupla; el realizador configura a través de la carismática actriz una suerte de encarnación del pueblo: actriz de raza, férrea mamma, dura y honesta mujer esforzada en salir de esa miseria de democracia cristiana y diferencias de clase.
A través de la protagonista y de una realización mitad comedia ligera, mitad drama costumbrista de posguerra, se suceden los vecinos, las escaleras y las discusiones “ma quello che fate!!”. Así, se configura una película paradigma del cine italiano de la época, pero de contornos post-neorrealistas algo matizados por las propias inquietudes del director milanés que aquí ya quedan apuntadas: intención en el detalle; paradoja de conciencia social y cine estilizado; exageración de una imagen poco sutil y recargada en intenciones agitadoras, bien artísticas o sociopolíticas.
También es destacable, más allá del expreso apunte social o melodramático habitual, observar el propio cine como elemento confeccionador de distracciones idealizadas y anestésicas ajenas completamente a la realidad. Incluso el apunte de injerencias del cine hollywoodiense en el imaginario colectivo del sufrido, por aquella época, pueblo italiano.
De esta forma, podemos buscar en el film claves del universo viscontiano aplicadas a un costumbrismo crítico típico del momento, pero también una reivindicación de una particular naturaleza creativa y cinematográfica “a la italiana”, como medio a proteger de los malos hábitos del star-system, y de un cine ajeno al compromiso con la identidad social y creativa nacional (donde directores como Rossellini, Fellini y el propio Visconti mostraban no sólo una forma de mirar la realidad de su entorno, sino también unos conceptos creativos propios, precursores de una puesta en escena contraria al estilo norteamericano de estudios).
Bloomsday 
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| 9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
11 de Septiembre de 2010 |
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En mi escala personal, hay tres gigantes italianas de la interpretación: Anna Magnani, Giulietta Masina y Sofía Loren. Las tres traspasan una línea divisoria a partir de la cual la simple categoría de “estrella” se queda corta. Me sabe a poco colocarlas ahí, porque ellas merecen más. Tres actrices capaces de hechizar y noquear al público con su inagotable talento que surge de sus raíces como mujeres de bandera, nunca serán lo bastante laureadas. Dos de ellas no precisaron ser guapas para meterse en el bolsillo al respetable: Magnani y Masina. En cuanto a Loren, es cierto que su turbadora belleza podría haber bastado para abrirle las puertas, pero es que ella siempre ha sido mucho más que su preciosa cara y su cuerpo turgente.
Federico Fellini comentó de Magnani: “Ella es Roma”. La filmó para una fugaz aparición en “Roma” (1972), poco antes del fallecimiento de una de las mayores figuras del cine italiano y mundial. En efecto, Magnani esparce un aura de mujer del pueblo llano, vulgarmente atractiva, de formas rotundas, de facciones que acusan sin disimulos las fatigas de las donnas italianas que faenan como bestias de labor. Habitan en apartamentos cochambrosos en construcciones viejas con montones de otros apartamentos y una legión de vecinos bulliciosos, pendencieros y cotillas, niños gamberretes, y callejas descuidadas que no deben de haber visto a un empleado del Ayuntamiento desde la fundación de la ilustre urbe allá por los tiempos de Rómulo y Remo.
Magnani carga sobre sus generosos hombros ese aire a barrio desaliñado y gritón donde todo el mundo se abre paso a discusiones y empujones, burbujeante de emociones vivas, donde la escasa alegría tan duramente ganada se pregona y la ira y la pena, que son las que más abundan, se liberan ignorando los dictados de la contención. Un oleaje bravo en el que el habitante romano promedio se desenvuelve con la soltura de un pez acostumbrado a pasarlas canutas.
En ese oleaje Maddalena Cecconi es una madre como otros millones de madres que dan su alma y su sangre por sus hijos. Tiene un fuego en sus ojos que arde como un incendio. Una mamma fiera y decidida, una leona de garras gastadas pero combativas que mueve montañas para que su pequeñina María no acabe como ella, como otra hormiga del deslomado vulgo romano. Al lado de la casa de Maddalena hay un cine al aire libre y ella siente la picazón de que su María tenga una oportunidad de ser más que otra matrona estropeada por el trabajo duro, las privaciones, las peleas con el marido y con el vecindario, y las amarguras. Si la nena pudiera tener una profesión digna, que le reportara independencia y comodidades, no tendría que depender de ningún hombre, no tendría que ajarse prematuramente, y haría realidad esos sueños de libertad y aventura que la gran mayoría de las mortales no se pueden permitir.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La ocasión se presenta cuando los estudios Cinecittà convocan a una prueba de casting a niñas entre seis y ocho años para seleccionar a una que será protagonista infantil de una película. Maddalena acude presta con María, y ahí empiezan sus esperanzas y sus peores problemas.
El cruel mundo de la competencia y de los intereses se les echa encima. En la red formada por la extensa tela de araña que hay detrás de todo gigante empresarial, como lo son muchas de las compañías cinematográficas, unas simples mosquitas se enredan entre los hilos y la voraz araña las devora sin contemplaciones o desecha las que no le son sabrosas. Esa cuadrilla de mammas con sus hijas son la presa idónea. Indefensas, desesperadas muchas de ellas, deseando hacer lo que sea para que sus niñas tengan un futuro. Arrastrando a las pobres criaturas, gastándose un dineral en arreglarlas y comprarles vestidos bonitos, instigándolas a recitar, bailar o hacer la pantomima delante de una partida de extraños con pinta de lobos. Provocando estrés a esas pequeñas en muchos casos atemorizadas que no se atreven a alzar sus vocecitas de protesta ni a llevar la contraria a los fervientes deseos de sus madres. Sin comprender demasiado que tanto vapuleo, que los nervios que sufren son por su bien. La nena María está asustada y no tiene inclinación ni aptitudes hacia el espectáculo, pero se esforzará por su mamá.
Por supuesto, los latidos del sufrido corazón materno y del de la niña no se oyen en medio de tanto buitre, de tanta rivalidad, y mucho menos cuando lo primero que suena es el dinero, el poder y el prestigio de la araña que seguirá devorando y dejando atrás a las presas desdeñadas, burlándose de ellas, sin molestarse en dedicarles una segunda mirada.
Pero ni la más rastrera de las arañas es rival ante la dignidad de una madre, para quien su niñita es la más linda del universo.
Vivoleyendo 
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| 12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
25 de Julio de 2007 |
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Delicada, sutil, analítica; una película donde Luchino Visconti no se complica con metafísicas y trazados abstrusos que los espectadores tengan que descifrar. Nada de eso, es una obra sencilla, de espléndida luminosidad, que nos muestra a la Inocencia y la Protección de ésta, ambas encarnadas en dos seres femeninos, niña y mujer.
Bellísima de título y bella de filmación.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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FATHER CAPRIO
Almeria (España)
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Su valoración:  |
11 de Abril de 2008 |
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¡Magna, Magnani! ¿Qué hubiese sido del neorrealismo italiano sin ella? Ella era la realidad, el pueblo, la “porca miseria”, los sueños de andar por casa, las pocas liras ahorradas a un sueldo que no llega a fin de mes. Ella fue la “Roma cittá Aperta” entre otras Romas entrañables e imprescindibles. Ella fue Italia, lo mismo que Verdi, Tintoretto ó Rosellini…
Visconti pone las ideas. Esas madres vociferando “Bellísima” en pleno casting de niñas prodigio tipo Shirley Temple. Pero Ana Magnani pone el cuerpo, el temperamento, la casta y el carácter. Y no necesita a nadie. Ella se basta y sobra para llenar la pantalla ¿Quién es Walter Chiari? ¿El marido? ¿El amigo que no amante? No lo se. Ni me importa. Pero Ana…¡Ay Ana! Esta si es una Ana, con los siete, con los setenta y siete y con los que ella quiera. Es nuestra Ana de los mil dias…. ¡Forza Italia!.
¿Neorrealismo? Quizás si. Descafeinado y un tanto tardío. Pero válido como exponente de una Italia de sueños y supervivencias que en cierta medida recuerda a la España de aquellos mismos años con sus barrios obreros y sus historias de escalera que aquí retrató Buero Vallejo. Con sus imprescindibles porteras y sus insustituibles comadreos. Y por encima de todo, un realismo que intenta dejar de serlo no ya en la persona de la madre sino en la de la hija. De ella es el futuro. ¿Porqué no llenar de esperanza ese futuro?
Y tal vez como la vida misma, la película es una mezcla de comedia y drama donde la sonrisa la pone la ingenuidad de un amor materno capaz de ser entregado sin límites y las heridas se abren en una sala de proyección desde la que se escuchan los más duros comentarios sobre el ser al que más se quiere. Esa mezcla de realidades, unas y otras, nos conmueve, se apodera de nosotros y suavemente nos mata con su canción…
FATHER CAPRIO 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Feldon
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
21 de Abril de 2008 |
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Película que como las novelas de Orwell nos adelanta escenarios que hoy son habituales: todo por un sueño... pero el sueño de la madre, no el tuyo. Si los papás de triunfitos y pequeños genios hubieran visto esta buena película del siempre interesante Visconti, quizá nos hubiéramos ahorrado muchos programas basura.
Volviendo a lo que nos interesa, la tremenda Magnani -a medida que veo más películas suyas entiendo mejor a los que la prefieren a la Loren- monopoliza historia, sentimientos, planos y un erotismo irresistible de la mamma protectora y amantísima.
Cineccità como núcleo y Roma como fresco le sirven a Visconti para seguir a esta magnífica enfermera para todo/madre coraje en la Italia de posguerra.
Lo mejor: Ella.
Lo peor: Que alguien no aprenda la lección que la mamma sí aprende.
Feldon 
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