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| 52 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
9 de Julio de 2008 |
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Todavía quedan ángeles en la Tierra.
No tienen alas, ni aureolas. Su aspecto puede ser el de una persona con la que te cruzarías en la calle. El aspecto de un oficinista de traje oscuro cuya existencia ha transcurrido enterrada entre papeles, vegetando en una especie de vacía imitación de esto que damos en llamar "vida".
Kurosawa toma a un hombre del montón, un hombre que lleva treinta años muriendo despacio, hora tras hora, consumido en la absurda rutina de los tiempos que corren. Tiempos de una civilización cada vez más compleja y carente de humanidad, en la que lo que falta precisamente es el tiempo, y la compasión, para todo lo que es de veras esencial. Falta tiempo y compasión para atender a quienes realmente necesitan ayuda.
Tantos funcionarios sumergidos como ratas en los cubículos impersonales de su propio egoísmo y de su propio alejamiento del pulso cada vez más débil de un corazón que se ha ido apagando latido a latido.
Watanabe es uno de esos funcionarios, bandera e icono de la aplastante y con frecuencia inútil burocracia que es uno de los mayores lastres de la actualidad.
Pero él va a recibir una señal, un aviso para concederse una segunda oportunidad en su vida malgastada: una condena a muerte. Un cáncer de estómago que sella drásticamente su destino.
Y entonces surge el héroe que estaba dormido, que moría lentamente en la indiferencia, y que justo ahora comienza a vivir. A despertar a nuevas sensaciones en su interior, y a lo que vibra en el exterior.
El ser humano es una criatura curiosa y bastante absurda, porque no sabe apreciar lo que tiene hasta que está a punto de perderlo.
De modo que Watanabe abandona su pátina de oficinista adormilado y se zambulle en el pálpito bullicioso de noches de embriaguez, ruido, música y frívola evasión, en días de búsqueda de una juventud y de una vitalidad perdidas y, por fin, en la gesta de una compasión bienhechora que dejará una pequeña pero profunda huella de su paso por este mundo cansado de sí mismo y que casi ha dejado de creer en los prodigios.
El pequeño ángel resurgido quizás sólo haya sido una tenue lucecita que una vez brilló entre tinieblas, pero una luz que, al fin y al cabo, tuvo el valor de resplandecer entre tantas lámparas demasiado arrastradas por una inercia que las mantiene apagadas.
Una de las grandes obras maestras del maestro Kurosawa, y me uno a quienes la sitúan entre las mejores películas de este planeta necesitado de héroes urbanos que deciden apurar su último aliento mientras cantan una canción de esperanza.
Vivoleyendo 
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| 60 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Para mi, la mejor película de Kurosawa y por tanto una de las mejores del cine de todos los tiempos.
Quien vea esta película y no sienta que debe hacer algo con su vida es que no tiene corazón. Conmueve y hace reflexionar sobre por qué estamos vivos, su título lo dice todo.
Su protagonista hace un papel memorable, lo borda y la manera de relatarlo sobrecoge desde el principio y engancha hasta el final, hay planos que son como un mazazo como el del principio de la película con una radiografía del cáncer que tiene el protagonista o el plano final, y otros que hacen innecesario que los personajes hablen para saber perfectamente qué estan pensando y sintiendo.
No tengo palabras para describir esta película ni lo que significa, ninguna crítica sería válida de manera universal, es necesario verla para saber valorarla en todas sus dimensiones, es una película que se saborea en todo su amargor de principio a fin.
TOSHIRO MIFUNE 
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| 47 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
9 de Septiembre de 2007 |
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¿Qué es Vivir?
- Una radiografía
- Tolstói y La muerte de Iván Ilich
- Los fajos de papel enmohecido
- Max Weber y su teoría de la burocracia
- Una partida de ajedrez en el infierno
- La carroza fúnebre de la mujer de Watanabe
- El ave fénix
- El sabor del sake
- Un aforismo de Voltaire: “Debemos cultivar nuestro jardín.”
- Bailar en medio de la noche
- Padres e hijos, de Turguéniev
- Un hombre erguido y encorvado
- José Hierro, al decirnos que “Tarde se aprende lo sencillo.”
- El otro columpio de Renoir
- Un verso triste y luminoso de Garcilaso de la Vega
- Una sencilla melodía que resuena en el spoiler…
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Ti-ro-ra-ri-ro-rá-riiiii…
Servadac 
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| 41 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sines Crupulos
Voy al cine (Emiratos Árabes)
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Su valoración:  |
26 de Enero de 2008 |
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Cambiar paella por andaricas, chiringuitos por chigres, top less por chubasqueros amarillos y solares por monte verde. Muy verde. Eso es cruzar El Negrón.
Cruzar El Negrón y dejar atrás la soleada estepa castellana. No hay luz al final del túnel. Hay una nube gris fija que dota de sobriedad a sus gentes, a sus pueblos, a sus montes.
Empaparse de vida, de agua. Eso es cruzar El Negrón.
No hay luz para el cine oriental, sino un largo plano secuencia retratando el alma humana.
Eso es... no hay luz, no hay nada, cuando lo cruzas de vuelta a Hollywood.
Volver a los héroes después de gozar de las personas, a la magnificación absurda después de disfrutar de los hermosos detalles cotidianos... volver al hortera y al maricón de playa.
No hay luz al final del túnel para Kanji Watanabe. Pero aún hay vida; hacer feliz a alguien y buscar justicia, es la mejor manera de aprovechar sus pocas horas.
Eso es vivir.
Esa es la verdad que se esconde en la sombra que proyecta el Sueve.
Eso es lo que puedes toparte si cruzas El Negrón que separa cines tan dispares.
Las horas tontas, las horas perdidas, las horas malgastadas en conocer las capas más externas de los demás... que se queden en la estepa, que dos días dentro de un alma valen más que una vida entera entre pieles humanas.
Puxa Kurosawa.
Sines Crupulos 
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| 38 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
9 de Julio de 2007 |
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Más allá del místico insterticio que disocia la vida de la muerte, más allá de una profunda reflexión sobre nuestra propia existencia, más allá de una mordiente crítica a la inquebrantable burocracia nipona..., “Ikiru” es un conmovedor canto a la esperanza.
Kurosawa no pretende entristecernos, no pretende hacernos partícipes de ese dolor que desgarra las entrañas de Watanabe. El maestro evita profundizar en la inexorable desolación que padece todo enfermo terminal y, sin imaginarlo siquiera, suministra a futuros cineastas* la simiente necesaria para sobrecoger al espectador con un mensaje arrebatadoramente vitalista.
Hoy no tengo ganas de hablar de los aspectos técnicos de relevancia que atesora “Ikiru”. Haberlos, haylos. A montones. No es necesario ser un gafapasta para apreciarlos, pero la peli de Kurosawa me ha dejado tocado y no me apetece ser ni frío ni analítico.
Gracias, Sensei.
(*) “Mi vida sin mi”, de Isabel Coixet, podría ser un buen ejemplo.
Taylor 
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