"Recuerdos del ayer" es a día de hoy una de las obras más desconocidas de Ghibli y de menor proyección internacional. La causa no ha de buscarse en la calidad (que es excelente), sino en su estilo, que se sale de todos los baremos habituales en el cine animado y la convierte en una obra tan entrañable como "difícil". Es una película nostálgica, que busca sobre todo transmitir sensaciones y no tanto proporcionar un hilo argumental claro, y su fuerza de hecho no reside en la acción sino en las imágenes.
También destaca la madurez de la narración, encaminada hacia un realismo estricto. Takahata, que ya demostró con "La tumba de las luciérnagas" que podía crear una historia muy sólida a nivel emocional sin recurrir apenas a los típicos efectismos cinematográficos, elabora aquí el que puede ser su guión más personal y alejado de las tendencias de la animación. Esto se nota en dos puntos que son en mi opinión los que pueden hacer que el espectador dude. El primero son los personajes; si algo destaca en esta película es que las reacciones están completamente sujetas a la realidad. Es fácil pensar en un cierto acercamiento hacia el espectador por medio de actitudes algo exageradas que hagan caer especialmente simpático a un personaje o a otro, pero aquí no se muestra nada de eso. El padre de Taeko, por ejemplo, es estricto, serio y bastante distante respecto a los demás miembros de la familia, sin mostrarse por ello frío en exceso. Su autoridad en la familia es absoluta y está muy marcada; nadie le responde cuando toma una decisión. Pero Takahata no critica eso, a pesar de que tampoco lo ensalza. Muestra ésta como una situación normal en la época en la que se ambienta, y no le imprime ningún tono dramático ni exagera sus efectos. La abuela, al contrario que tantas otras, no tiene un vínculo especial con su nieta ni nada parecido; es más bien fría y tradicional, y suelta ciertos comentarios y reflexiones a destiempo que revelan un tono ligeramente senil.
spoiler:
El segundo es la manera en la que está construido el argumento. Habrá muchos que se encuentren incómodos ante una obra como ésta, en la que el guión no parece seguir unas pautas claras. Pero eso, que en otro contexto podría ser perjudicial, tiene que ver con lo que Takahata quiere transmitir y de hacerse de otra manera perdería en buena parte su encanto. El objetivo de la película es meternos en la piel de Taeko, un personaje a quien acosan sus recuerdos de niña. Este punto es importante, ya que no es una búsqueda consciente sino una serie de ráfagas de escenas del pasado que le vienen a la cabeza según la situación. Es posible que decepcione a muchos la cantidad de pequeñas historias que se sugieren o se dejan sin terminar, o la escasa relevancia de algunas de ellas, pero ésa es la base del tono realista. La obra no se adscribe a un guión claro porque los recuerdos de la protagonista no aparecen siguiendo un orden lógico, sino que tienen un tono más bien aleatorio y en parte impredecible. La costumbre de concebir las narraciones en ficción como una mera sucesión de acciones encadenadas entre sí puede suponer un obstáculo a la hora de valorar este aspecto.
Con todo, la recomiendo porque es una obra de una calidad emocional innegable, con un tono nostálgico muy conseguido que llega a su clímax en la maravillosa escena final. Aún así, no me termina de parecer una película redonda, por tres motivos que, aunque carecen de excesiva importancia, no me terminan de gustar:
-El primero es la escena en la que la familia de Toshio presiona a Taeko para que se case con él. Me parece muy forzada la reacción de ésta ante la proposición, es decir, habría encontrado más normal que se sintiera intimidada por ello que su sentimiento de culpa porque todos admiren su adaptación a la vida del campo sin que haya soportado su dureza en toda su plenitud. Esa reflexión es en parte emotiva pero me resulta bastante falsa e incoherente.
-El segundo es la sucesión de tecnicismos sobre los métodos agrícolas en los que se pierden frecuentemente las conversaciones de Toshio y Taeko. Entiendo la emoción del primero y su afán por explicar la teoría en ellos pero esas escenas se me hacen un poco pesadas.
-El tercero es que la diferencia de calidad entre las escenas del pasado y del presente se hace notar, aunque levemente. Y eso a partir de la segunda mitad, en la que los flashbacks se prodigan menos (cosa que por otra parte responde a la filosofía de la obra de dar un tono desordenado a los recuerdos que los acerque más a experiencias reales), se convierte en un pequeño lastre que disminuye el interés.