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Seltzer se enfrascó en una batalla imposible: hacer que lo cursi pareciera tierno, que lo simplón fuera "familiar" y que lo predecible aparentara ser llamativo. Obviamente, el resultado fue este film que aunque no es del todo abucheable sí representa lo peor del cine de los ochentas. Corey Haim y Winona Ryder interpretan unos papeles flojos, aunque su candidez juvenil casi me hace perdonarlos. Sheen, nuevamente, puede irse a la guillotina. En mi opinión, apenas soportable por cierto público (infantil y pre-juvenil).
David Alberto Campos 
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