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Críticas de "La ley de la calle"
La ley de la calle
Notable
Francis Ford Coppola
(1983)


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La Ley de la CalleLa Ley de la Calle
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79 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Taylor   Terrassa (Polonia)
Su valoración: Muy buena 14 de Febrero de 2008
Un espectro cabalga en su montura de hierro. Ha vuelto a la ciudad. Alimenta la eterna metáfora adolescente. La voz, queda; el gesto, contenido.

The motorcycle boy reigns... again.

La ciudad no es la misma. El chico de la moto, tampoco. La puta heroína está acabando con todo. El asfalto sigue mojado; las calles, tristes. La niebla, el humo, el polvo nos envuelve. La afilada silueta del skyline parece desvanecerse. El orden, la simetría, se difuminan en la noche ambigua. Putas, luces de neón, mesas de billar. Un trago. Y un polvo... ¿por qué no?.

Pececitos de combate, turbulencias oníricas, vapores alcohólicos. Revelan una propuesta personal. La de Francis Ford Coppola y su plenitud creativa. Sus planos, su atmósfera, sus pesadillas. La ausencia de color, esa realidad gris, esa mirada daltónica que esculpe la tristeza, que trasluce lealtad. Lazos de sangre. Sangre empapada en una camiseta ceñida, icónica. La de Rusty James. El sucesor al trono.

“Tu hermano no pertenece a este mundo”, “nació en la orilla equivocada” dice papá, un viejo filósofo. Como todos los borrachos. Los que leen.

El flautista de Hamelin no volverá a tocar. Su Kawa ruge, pero el nuevo mesías aún está por llegar. Down by the river side. Esos peces deben llegar al océano. ¿Me comprendes Rusty James?.
Taylor
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49 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Strhoeimniano   A Coruña (España)
Su valoración: Excelente 22 de Agosto de 2005
Entre “Corazonada” y “Cotton Club”, Coppola filmó dos narraciones de la escritora norteamericana S.E. Hinton desde una modestia presupuestaria que no volvió a repetir a lo largo de su carrera. Mientras que en “Rebeldes” su mirada era desde el clasicismo, recreando esos años 50 que están en nuestra retina gracias a películas como “Rebelde sin causa”, de la que parece hermana (aparte de su sentido homenaje a “Lo que el viento se llevó”), en esta Coppola ajusta su mirada para hacer una recreación absolutamente personal y poética, desde un vanguardismo que anuncia el posterior cine digital.
“La ley de la calle” ilustra un mundo lleno de violencia y en descomposición, donde los viejos tiempos de las bandas han dado paso a un Camelot desarticulado aún sin rey pero regido por las mismas leyes de supervivencia.
Pero el rey vuelve de sus cruzadas. “El chico de la moto”, M. Rouke, aparece; no para reinar, pues como bien dice D. Hopper, “nació en la era equivocada y sobre el lado incorrecto del río”, sino para presentar un nuevo Camelot a su hermano, M. Dillon, que a toda costa quiere emular el reinado de su hermano, volver a esos tiempos donde había un referente, un compañerismo que ya es imposible por los nuevos tiempos donde las drogas terminaran con esa camaradería.
La película es un viaje, un viaje trágico entre los hermanos, donde si bien Dillon no tomará la corona, si terminará viendo ese mar que el hermano no vio, en un plano sorprendente que en vez de representar ese horizonte abierto con el que siempre se asocia el mar, presentará esa meta, como un final en el que ya no existe posibilidad de ir más allá.
Las actuaciones son soberbias. Rouke y Dillon establecen una química única que se da desde los extremos; mientras que Rouke es la contención (toda su actuación es comedida, en un tono bajo, casi hipnótico), Dillón realiza la suya desde la energía. A su lado, D. Lane, un jovencísimo y casi irreconocible, N.Cage.
El genio de Coppola se manifiesta en todos los planos y da muestras de esa manera personal que marca a los maestros en este arte. Una secuencia maravillosa, donde rompe los moldes del espacio cinematográfico, es el “viaje astral” que realiza Dillon, todo esto acompañado de una banda sonora magnífica, de Stewart Copeland, que da a las imágenes su aire hipnótico, casi de ensueño. La espléndida fotografía de Stephen H. Burum, que también firma la de “Rebeldes”, es en b/n (antes de “Sin City”, ya Coppola había jugado con mostrar el color en sólo unos elementos del plano), pues Coppola nos quiere acercar a cómo ve el mundo “El chico de la motocicleta”, en ese gris permanente que tiene por su daltonismo.
“La ley de la calle” es una obra mayor, una de las mejores películas de su autor y, quizá, del s. XX.
Strhoeimniano
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Chagolate con churros   Altamont (España)
Su valoración: Notable 1 de Diciembre de 2008
Coppola se sentía flautista de Hamelín. En los últimos diez años, estaba reinando aunque el pueblo (espectador-taquilla) tuviera recelos en los últimos tiempos. Decidió el flautista deshacerse de encargos y convirtió sus planes de futuro en algo personal. Escogió para ello a la novelista S.E. Hinton. Dos novelas de esta escritora sirvieron de inspiración para las dos películas personales de Coppola. La prueba no salió mal (Rebeldes), pero aún quedaba inspiración para convertir la segunda adaptación de Hinton en toda una declaración de intenciones.

En reencuentro de Rusty James con su hermano es una mezcolanza de sentimientos capaces de traspasar las imágenes, de llegar a nosotros y de mojar toda la película de un ambiente embrujador. Todo ello gracias a la enorme calidad y pericia de su director que sabe dotar a la película de uno de los blancos y negros mejor realizados de los ochenta. La fotografía, que lo envuelve todo, que nos atrapa y nos sacude, es la mejor arma para desarmarnos.

“Rumble Fish” no es sólo la historia de un retorno. Diré que esta película es sólo una forma de mirar: la mirada sabia, eléctrica y cariñosa de Mickey Rourke. Y en esos ojos Rusty James no puede leer lo que él quisiera leer. Rusty es melancolía y Coppola lo capta de una manera tan exacta que no necesitamos demasiados diálogos para captar la esencia de esta película. Incluso sobra el último consejo de “el chico de la moto” porque las declaraciones de intenciones que Coppola proponen quedan patentes desde su inicio.

Cuando Rusty James se separa de su cuerpo, me encuentro completamente absorbido, ido y profundamente agradecido. Los relojes sin agujas, la autodestrucción de las drogas, el nihilismo de las bandas, los peces de colores y por fin… el mar.
Chagolate con churros
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18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Entrañable   Compostela (España)
Su valoración: Muy buena 13 de Diciembre de 2009
La primera escena en la que aparece Rusty James ya nos avanza la imagen que se dará del personaje durante toda la película.

Jugando al billar, es informado de que el malote de turno quiere partirle la cara, a lo que contesta "yo no me escondo", pone pose de duro y ataca la bola con decisión y un punto de chulería en un plano que parece una estampa de rebeldía adolescente tal y como el cine se ha encargado de inculcarnos.

Pero claro, Rusty James gamba y mete la blanca, provocando las burlas de sus amigos. Durante el resto de la película, una y otra vez se dará de morros contra la decepción persiguiendo ese fantasma de épica joven y rebelde, viendo cómo cada una de sus hazañas de chico guay se truncan justo antes del clímax. Incluso el hecho de que Dillon sea un actor más limitado que varios de los secundarios y se le vea algo descolocado ayuda a subrayar esto con un puntito de humor, uno a veces duda de si la mezcla de estupidez e inseguridad mal disfrazada es 100% del personaje y la sensación de que está metido en un mundo que no entiende es total. Mientras que él quiere y no puede, a su hermano le ocurre lo contrario.

La película entera es un canto estilizado e irreal (en varios sentidos) a la muerte de los mitos de la adolescencia. Rusty James nos acompaña con una mezcla de incomprensión y bobo entusiasmo en un viaje por un lugar a medio camino entre la fangosa vida de las calles y la fantasía de un joven desencantado. Obviamente buscar realismo en todo esto es poco menos que equivocarse de sala en el cine, una puesta en escena de onírica elegancia se encarga de recordárnoslo continuamente, potenciando la película con un aura muy especial.

Al igual que en "Rebeldes", su anterior adaptación de S.E. Hinton, uno de los temas de fondo que Coppola trata consiste en la importancia de aspirar a más, buscar nuevos horizontes en aras de una verdadera realización personal. Al menos así la entiendo más que como un canto a la libertad o la adolescencia que me parecería en gran medida irónico. El personaje de Rusty James actúa no como un pez encerrado en su pecera de cristal que ansía la libertad de la naturaleza, sino como uno que ama la pecera pero se da de cabezazos contra sus paredes creyendo que no hay más mar que ese artificial y cristalino que ya conoce.

Lo que más me interesa de la película es su armonía entre fondo y forma, que se subrayan mutuamente, confundiéndose, potenciándose. Se puede disfrutar de su aspecto narrativo (y lírico) y se puede disfrutar en un plano más sensorial.

Quizá es cierto que sobran algunas líneas de diálogo que vienen a redundar en lo que la puesta en escena y la gran actuación de Rourke ya han dejado ver.

Aunque al final, para alabar o defender una película como ésta que corre riesgo evidente de parecer pueril o pretenciosa a muchos no puedo decir mucho más que que encaja con mi sensibilidad personal. Es que yo no estaba el día que repartieron los agudos e infalibles calidadfilmómetros.
Entrañable
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RumBLeFish   Santiago (España)
Su valoración: Excelente 18 de Enero de 2010
Quizás no debí haber sido un niño tan despierto, ni desechar los colores de mis pupilas a los cinco años.

Los niños deben imitar a futbolistas, actores... y no a Albert Camus quemándose la comisura de los labios con una colilla.

Quizás si tuviera algo interesante que escuchar no bajaría la rueda del sonotone al mínimo... quizás.

Quizás no debí aprender los conceptos y madurar tan pronto, tanto, que incluso me sobraron años en la escuela y conseguí cumplir el sueño erótico de cualquier adolescente: tirarme a la maestra.

Quizás no debí haber leído a todos aquellos pensadores, a los griegos... quizás.

Quizás no debí comprender tan pronto la complejidad del ser humano, así no justificaría a mi madre, una egoísta que nos abandonó por una vida mejor, ni a mi padre, un alcohólico y la única persona que, entre cogorza y cogorza, milagrosamente (para mi desgracia), ha llegado a conocerme.

Quizás si toda esa gente supiera con que poco esfuerzo realizo todo lo que ellos consideran heroíco, si supieran que aquello en lo que basan sus vidas para mí es un mero pasatiempo sin importancia...

Quizás, si aprendiera a respetar las normas sociales en vez de dar prioridad a la búsqueda de la libertad individual, ese madero no me miraría de reojo a través de sus Ray-ban mientras agita su masculinidad a través de la porra.

Quizás si me sumergiera en la más absoluta ignorancia y mantuviera mi percepción dormida habría llegado a ser el hermano que Rusty James siempre ha buscado, y no habría arruinado la vida de los que me rodean.

Y quizás entonces no tendría que observar (por fin) el rio, desde la otra orilla....

Quizás si no hubiera visto esta película con 15 años no me habría marcado tanto.. solo quizás.
RumBLeFish
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