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Críticas de "La ley de la calle"
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| 25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (España)
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Su valoración:  |
14 de Febrero de 2008 |
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Un espectro cabalga en su montura de hierro. Ha vuelto a la ciudad. Alimenta la eterna metáfora adolescente. La voz, queda; el gesto, contenido.
The motorcycle boy reigns... again.
La ciudad no es la misma. El chico de la moto, tampoco. La puta heroína está acabando con todo. El asfalto sigue mojado; las calles, tristes. La niebla, el humo, el polvo nos envuelve. La afilada silueta del skyline parece desvanecerse. El orden, la simetría, se difuminan en la noche ambigua. Putas, luces de neón, mesas de billar. Un trago. Y un polvo... ¿por qué no?.
Pececitos de combate, turbulencias oníricas, vapores alcohólicos. Revelan una propuesta personal. La de Francis Ford Coppola y su plenitud creativa. Sus planos, su atmósfera, sus pesadillas. La ausencia de color, esa realidad gris, esa mirada daltónica que esculpe la tristeza, que trasluce lealtad. Lazos de sangre. Sangre empapada en una camiseta ceñida, icónica. La de Rusty James. El sucesor al trono.
“Tu hermano no pertenece a este mundo”, “nació en la orilla equivocada” dice papá, un viejo filósofo. Como todos los borrachos. Los que leen.
El flautista de Hamelin no volverá a tocar. Su Kawa ruge, pero el nuevo mesías aún está por llegar. Down by the river side. Esos peces deben llegar al océano. ¿Me comprendes Rusty James?.
Taylor 
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| 22 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Strhoeimniano
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
22 de Agosto de 2005 |
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Entre “Corazonada” y “Cotton Club”, Coppola filmó dos narraciones de la escritora norteamericana S.E. Hinton desde una modestia presupuestaria que no volvió a repetir a lo largo de su carrera. Mientras que en “Rebeldes” su mirada era desde el clasicismo, recreando esos años 50 que están en nuestra retina gracias a películas como “Rebelde sin causa”, de la que parece hermana (aparte de su sentido homenaje a “Lo que el viento se llevó”), en esta Coppola ajusta su mirada para hacer una recreación absolutamente personal y poética, desde un vanguardismo que anuncia el posterior cine digital.
“La ley de la calle” ilustra un mundo lleno de violencia y en descomposición, donde los viejos tiempos de las bandas han dado paso a un Camelot desarticulado aún sin rey pero regido por las mismas leyes de supervivencia.
Pero el rey vuelve de sus cruzadas. “El chico de la moto”, M. Rouke, aparece; no para reinar, pues como bien dice D. Hopper, “nació en la era equivocada y sobre el lado incorrecto del río”, sino para presentar un nuevo Camelot a su hermano, M. Dillon, que a toda costa quiere emular el reinado de su hermano, volver a esos tiempos donde había un referente, un compañerismo que ya es imposible por los nuevos tiempos donde las drogas terminaran con esa camaradería.
La película es un viaje, un viaje trágico entre los hermanos, donde si bien Dillon no tomará la corona, si terminará viendo ese mar que el hermano no vio, en un plano sorprendente que en vez de representar ese horizonte abierto con el que siempre se asocia el mar, presentará esa meta, como un final en el que ya no existe posibilidad de ir más allá.
Las actuaciones son soberbias. Rouke y Dillon establecen una química única que se da desde los extremos; mientras que Rouke es la contención (toda su actuación es comedida, en un tono bajo, casi hipnótico), Dillón realiza la suya desde la energía. A su lado, D. Lane, un jovencísimo y casi irreconocible, N.Cage.
El genio de Coppola se manifiesta en todos los planos y da muestras de esa manera personal que marca a los maestros en este arte. Una secuencia maravillosa, donde rompe los moldes del espacio cinematográfico, es el “viaje astral” que realiza Dillon, todo esto acompañado de una banda sonora magnífica, de Stewart Copeland, que da a las imágenes su aire hipnótico, casi de ensueño. La espléndida fotografía de Stephen H. Burum, que también firma la de “Rebeldes”, es en b/n (antes de “Sin City”, ya Coppola había jugado con mostrar el color en sólo unos elementos del plano), pues Coppola nos quiere acercar a cómo ve el mundo “El chico de la motocicleta”, en ese gris permanente que tiene por su daltonismo.
“La ley de la calle” es una obra mayor, una de las mejores películas de su autor y, quizá, del s. XX.
Strhoeimniano 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Chago77
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
1 de Diciembre de 2008 |
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Coppola se sentía flautista de Hamelín. En los últimos diez años, estaba reinando aunque el pueblo (espectador-taquilla) tuviera recelos en los últimos tiempos. Decidió el flautista deshacerse de encargos y convirtió sus planes de futuro en algo personal. Escogió para ello a la novelista S.E. Hinton. Dos novelas de esta escritora sirvieron de inspiración para las dos películas personales de Coppola. La prueba no salió mal (Rebeldes), pero aún quedaba inspiración para convertir la segunda adaptación de Hinton en toda una declaración de intenciones.
En reencuentro de Rusty James con su hermano es una mezcolanza de sentimientos capaces de traspasar las imágenes, de llegar a nosotros y de mojar toda la película de un ambiente embrujador. Todo ello gracias a la enorme calidad y pericia de su director que sabe dotar a la película de uno de los blancos y negros mejor realizados de los ochenta. La fotografía, que lo envuelve todo, que nos atrapa y nos sacude, es la mejor arma para desarmarnos.
“Rumble Fish” no es sólo la historia de un retorno. Diré que esta película es sólo una forma de mirar: la mirada sabia, eléctrica y cariñosa de Mickey Rourke. Y en esos ojos Rusty James no puede leer lo que él quisiera leer. Rusty es melancolía y Coppola lo capta de una manera tan exacta que no necesitamos demasiados diálogos para captar la esencia de esta película. Incluso sobra el último consejo de “el chico de la moto” porque las declaraciones de intenciones que Coppola proponen quedan patentes desde su inicio.
Cuando Rusty James se separa de su cuerpo, me encuentro completamente absorbido, ido y profundamente agradecido. Los relojes sin agujas, la autodestrucción de las drogas, el nihilismo de las bandas, los peces de colores y por fin… el mar.
Chago77 
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| 9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Betomovies
Santa Fe (Argentina)
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Su valoración:  |
24 de Julio de 2007 |
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La película es una adaptación de la novela homónima de Susan Hinton (quien aparece brevemente en el personaje de una ramera). Coppola le dedicó esta cinta a su hermano (ni más ni menos que el padre de Nicolas Cage).
Lo que no me termina de convencer en esta cinta es que un tema tan crudo y real sea puesto en escena en forma onírica y lírica, es allí cuando el surrealismo se apodera de las circunstancias donde pierde efectividad en la emoción.
Los temas abordados son sumamente interesantes: la vida marginal en las calles, la desolación por las drogas y el alcohol, la ausencia de verdaderos amigos y de la familia, la descomposición moral y ética de la sociedad, las pandillas y sus códigos violentos, la supervivencia del más fuerte y como corolario la maduración y la búsqueda de la libertad que no implica otra cosa que alejarse de las miserias que atan y mantienen alienados a los personajes.
Desde las actuaciones rescato a Matt Dillon por sobre el resto, por componer un personaje sólido y convincente casi sin fisuras que transmite buenas dosis de energía y dramatismo al relato.
Lo de Mickey Rourke es correcto, pero un escalón más abajo. Aunque su interpretación por allí hace las veces de soporífero por el registro tenue que brinda.
También es válido destacar las curiosas apariciones –aunque sin tanta relevancia- de un Nicolas Cage muy joven, de Sofia Coppola (una niña por entonces) acreditada bajo el nombre de Domino, y de la bellísima Diane Lane (de apenas 18 años) con todo su encanto.
El blanco y negro de la fotografía (Coppola enfoca su cámara en los ojos del Chico de la Moto, el cual absorbe la realidad en tonos descoloridos) encaja perfecto con la sórdida ambientación de los callejones y los tugurios donde se desarrolla una historia cargada de violenta nostalgia y de vacíos existenciales, todo ello bajo el ritmo de una banda sonora que combina melodías modernas y dramáticas a la vez.
Betomovies 
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| 6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pues sí, como dicen en la película una percepción aguda de las cosas puede volverte loco, a veces es mejor ser una vaca comiendo guisantes y no discernir temas trascendentales. Pero como bovinos hay muchos ya por el mundo prefiero ser racional y meter el dedo en el ojo y lo voy hacer con “La ley de la calle”, obra tan mitificada por una generación de “jóvenes rebeldes” que el resto nos encontramos ya con la valoración decidida y esa era magnífica. Y no es así, para nada.
Coppola tenía una cuenta pendiente con su juventud, normal, con treinta y pocos años había hecho películas más maduras que muchos directores de setenta años y de alguna forma tenía que recobrar una perspectiva más fresca. Además en los ochenta el cine empezaba a ser cosa de adolescentes, fenómeno que nunca antes había ocurrido en tales dimensiones. Por eso hizo “Rebeldes” y “La ley de la calle”.
Su historia es de las que gustan a los jóvenes, banda sonora de culto, imágenes de chicos duros, problemáticos y guapetes, temas urbanos, pandillas callejeras y pseudometáforas sobre la libertad con polis tocando los cojones. Todo perfecto.
En Estados Unidos la cosa estaba ya bastante vista y su recibimiento e influencia posterior ha sido más bien media-baja, pero en Europa y no digamos nada en España con toda la movida en pleno apogeo la gente se volcó como nunca. Concha de Oro en San Sebastián incluida claro está.
Lo esencial de “La ley de la calle” es su aspecto formal, ese aire de poema metropolitano que pretende vender, cuando a mi juicio no es más que una cinta presuntuosa que se queda en mera suntuosidad.
Hay una cosa que Coppola nunca aprendió de Corman, su maestro, y es que este último nunca fue pretencioso, y nuestro italiano lo es y mucho, esta película es uno de sus mejores ejemplos, carente por completo de naturalidad.
En la cinta todo es completamente prefabricado, un auténtico aluvión de construcción de secuencias mecánicas que buscan la pose más que el fondo. Las pandas de la calle no hablan así, y tienen mucha menos poesía, en esta todo es muy cool, señores la calle se parece más a mucho más a “Los chicos del barrio” de John Singleton, sinceramente, es normal que hiciera la película basada en una novela porque mi impresión es que Coppola no salió mucho a la calle en sus años mozos, eso se nota.
Lo de que casi toda su familia estuviera en el negocio es normal, nada que reprochar, siempre fue un verdadero Padrino, otra cosa es que pasados treinta años se piense que son buenos... eso ya es más preocupante.
En definitiva discreta aunque interesante propuesta de un director como Coppola que siempre tenía cosas que decir antes, ahora sólo se dedica arropar al clan, encabezados por su hija, para que sigan produciendo boñigas muy caras y artificiosas.
vircenguetorix 
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