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| 11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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A la Garbo no le hace falta ponerse colorada en las playas españolas en un momento guiri, ni un sexy-rabo continuando por su trasero, ni tampoco un afilado y letal tridente. Con ese pedazo de mirada se te clavará en tu alma y no podrás escapar….
¿Dónde hay que firmar diablesa? ¿Sólo te tengo que "donar" mi alma por la eternidad?
En “El diablo y la carne” aparte de contar con la inimitable Greta Garbo, Clarence Brown muestra detalles brillantísimos y magníficos (recordemos que es una película de 1926) en la puesta en escena y construcción de secuencias: la mítica encendida del cigarro en el jardín, el duelo comenzando con un plano detalle y abriendo a un gran plano general utilizando el fuera de campo y las sombras, la estupenda elipsis de manual posterior o la memorable secuencia de la iglesia.
Los decorados le dan ese toque de fabula o cuento moral sobre las tentaciones que nos intentan mostrar. Material no le falta, aunque se desvía incoherentemente hacia la senda tenebrosa: la del melodrama en forma de culebrón con demasiada moralina, en vez de realizar una tragedia griega o una comedia negra sofisticada.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La redención final de la Garbo por ver rezar a Hertha y su posterior condena en forma de muerte en el lago helado, restan credibilidad al personaje y lo hacen incoherente. Aparte de impregnar de moralina innecesaria al filme restándole demasiados, muchos enteros.
Maldito Bastardo 
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| 9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
26 de Diciembre de 2009 |
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Film realizado por Clarence Brown (1890-1987), es la tercera película americana de Greta Garbo y la quinta de su filmografía. Rodada en los MGM Studios (Culver City, CA), adapta la novela "The Endying Past" (1906), de Hermann Sudermann ("Amanecer"), según guión de Benjamin Glazer y de sus colaboradores Hanns Kräly y Frederica Sabor (no acreditados). Producida por Irwing Thalberg para la MGM, se estrena el 25-XII-1926 (EEUU).
La acción se desarrolla en un lugar de la campiña bávara, en las proximidades de Munich, a finales del XIX, como en la novela en la que se inspira. Narra la historia de amistad de Leo (Gilbert) y Ulrich (Hanson), dos amigos de la infancia y juventud, que coinciden en el mismo acuartelamiento durante el período de servicio militar. Comparten opiniones, gustos, amistades, intereses y aficiones. La película trata, en clave melodramática, temas como el deseo, la pasión, el amor, la venganza, la amistad, etc. El film hace una descripción vigorosa de la capacidad de seducción, manipulación y dominación psicológica de los hombres que posee una mujer joven, Felícitas (Garbo), de singular belleza, enigmática y apasionada. Como mujer fatal, lleva a sus amantes a posiciones en las que pierden el control emocional y a situaciones personales trágicas y catastróficas. La amistad nacida en la infancia goza de una gran solidez, se mantiene a lo largo de los años y da sentido a acciones de apoyo mutuo que, en ocasiones, rozan el heroísmo, aunque como todo lo humano también tiene sus limitaciones y sus puntos débiles.
El film suma drama, romance y acción. El relato es sencillo, incorpora personajes y situaciones típicas del folletín, relaciones inspiradas en sentimientos primarios (odio, envidia, celos, afanes de venganza, deseo...) y emociones desbordadas. Lo que singulariza y eleva el film a la categoría de obra memorable es su estilo narrativo rico en sutilezas, matices y expresiones exquisitas, que dan lugar a escenas inolvidables, llenas de emotividad y capacidad de seducción. Entre ellas cabe citar el baile del vals, la mano tendida que se transforma en garra llena de rabia, el fundido en negro tras el duelo, el regreso de los dos amigos a la Isla de la Amistad, el encuentro con Felicitas en la estación de tren de Munich, la comunión con el cáliz, la colilla lanzada por la ventana, etc. Destacan por su fuerza expresiva y naturalidad los primeros planos de las escenas de amor apasionado de los dos protagonistas (Gilbert y Garbo), que se superponen a una historia de amor en la vida real, aireado y ampliamente publicitado por la productora, aunque de corta duración.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Elogia la amistad, la lealtad, el apoyo mutuo, la pasión amorosa, el amor sincero, la capacidad de seducción, etc. Habla de las limitaciones del amor de pareja, de otras formas de relación amorosa (triángulos), etc. Los decorados, del que llegaría a ser legendario director artístico, Cedric Gibbons (1893-1960), y de Fredric Hope, envuelven la acción en una atmósfera de fantasía e irrealidad, que eleva el tono del film y le otorga fuerza y trascendencia. No es un cuento moral sobre los enemigos del alma del catecismo católico (demonio, mundo y carne), a diferencia de lo que ocurre en la novela. Su ubicación cronológica anterior al código Hays (1934-67), le permite respirar apego a la vida, aires de intenso erotismo, una visión del mundo libre de prejuicios y una valoración confiada y positiva de la pasión, el sexo y el hedonismo.
La cinta, restaurada y remasterizada en 2005, incorpora una vibrante banda de música, original de Carl Davis, de un magnífico formato orquestal, que se adapta a la acción, la explica y le trasmite fuerza y emoción. La fotografía, de William H. Daniels, que rueda casi todas las cintas de la actriz, es brillante y cautivadora. En B/N, compone secuencias magistrales, como la del primer duelo: mostrado a contraluz, de madrugada, con las siluetas recortadas de los personajes. Se deleita ofreciendo a pantalla completa algunos detalles significativos (pies calzados de un actor, pistolas del duelo, etc.). La trama juega con el valor de los contrarios: suma belleza y traición, amor y egoísmo, pasión y frialdad. La interpretación de Greta (20 años) es admirable, pese al disgusto que la afecta por el reciente fallecimiento de su hermana. La dirección corre a cargo del director preferido de la actriz, Clarence Brown, en la primera de sus siete colaboraciones.
Bibliografía
Antonio José NAVARRO, "El demonio y la carne", 'Antología crítica', pág. 190-191, T&B ed., Madrid 2002.
Miquel 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
20 de Febrero de 2010 |
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En aquellos tiempos de vaporosa luz de gas, y duelos con pistolas para limpiar ofensas y deshonras, la palabra honor poseía un significado mucho más implacable de lo que se le atribuye hoy. La respetabilidad y la censura pública no admitían tonos intermedios, no admitían indultos, ni perdones que hicieran quedar al agraviado como un consentidor débil. Entre las cosas que algunas culturas no toleran, está cualquier forma pacífica y dialogante de resolver los conflictos. La honra robada debe cobrarse con sangre.
El dedo acusador de esas ideologías y concepciones que se han ido sucediendo, con gran influencia de la religión, la moral y el decoro, apunta hacia las conductas escandalosas o de dudosa decencia, tomando como referentes libros sagrados como la Biblia. El pecado suele venir disfrazado de imagen seductora, con palabras de miel, piel de seda, ojos como mares en pleno verano, y un perfume que huele a voluptuosidad. El pecado, en esas ideologías, tiene nombre de mujer caprichosa, voluble y superficial que marea y confunde los sentidos por el simple placer de obtener lo que desea.
Ella, Felicitas (la ironía hecha nombre), lo quiere todo. Quiere el dinero, la posición social elevada, quiere la pasión de un joven que no sea su aburrido marido. Jugando a divertirse, juega a enamorar a un buen muchacho, un soldado leal y honesto, para sentir el cosquilleo de tener a un hombre bailándole el agua. Pero tal vez, sin haberlo previsto, cae un poco en su propio juego y se encapricha bastante con el joven pretendiente. La situación se torna insostenible cuando el marido los pilla in fraganti. El duelo decidirá quién se quedará con el bonito trofeo.
La suerte se decanta por Leo, el amante, pero el verdadero asunto se silencia, para evitar el escándalo. Sin embargo, el hecho de haber participado en un duelo cae mal a ojos de los superiores de Leo en el ejército, y lo envían a un destino lejano.
Los amantes se juran amor eterno, y aguardar al reencuentro para ser felices juntos.
Pero la distancia y el tiempo son barreras nada desdeñables. Hasta los amores más fuertes se emborronan con el lento transcurrir de las semanas, de los meses y de los años. La precisión de los rostros se difumina en la memoria, el timbre de la voz que aceleraba las pulsaciones ya no se evoca con su matiz exacto. “Siempre” resulta ser demasiado en la ausencia.
De modo que entra una vez más en acción el carácter voluble de la tigresa… Y cuando una beldad determinada a ser el centro del mundo, se cuela de por medio en una amistad, por arraigada que ésta sea, como mínimo va a provocar un tambaleo peligroso, que puede derribar todo el edificio. Quedará el último reducto, la Isla de la Amistad, donde ellos sellaron su pacto que en la niñez creyeron indestructible.
Y cuando la construcción entera se sostenga apenas sobre unos pilares muy dañados, la incógnita estará en el aire. La incógnita acerca de si todo el conjunto logrará aguantar, o si se caerá con todo su peso.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Un triángulo amoroso en el que dos amigos de la infancia pasarán por la prueba más dura para su vínculo. Basta el aleteo de unos párpados de espesas pestañas, la perdición de una mirada de agua clara y el fuego de un cuerpo de diosa para que en un segundo se vaya al diablo una relación fraternal de toda una vida.
Greta es la viva imagen de la intrusa, de la codiciosa que no sabe si ama a dos hombres a la vez o si no ama a ninguno, jugando con sus afectos… Pero puede que ella misma ni esté segura de lo que quiere, puede que necesite sentirse desesperadamente amada, protegida y segura, puede que no sea capaz de controlar las cosas y se le vaya todo el tema de las manos.
Quizá ella quiere a su manera egoísta, avariciosa, quizá en el fondo no puede evitar ser tan débil.
Muchos espectadores tendremos el impulso de juzgarla. ¿Es una lagarta? Probablemente. ¿Es una descocada? Lo más seguro. ¿Es una coqueta que no puede resistirse a tener a varios hombres admirándola y queriéndola? Eso parece. ¿Tiene el corazón un poco duro, al provocar daños muy severos a su alrededor? Yo diría que sí.
¿Podemos tirarle la primera piedra?
Greta, la misma definición de la feminidad algo pérfida en su adorable silueta. La vieja fotografía, esplendorosa a sus ochenta y cuatro años. El encanto de la ausencia de sonidos, aparte de la música orquestal añadida para dar efecto e intensidad. La forma de actuar cuando aún las voces no se podían oír.
Y me confirmo en que Greta dio el paso del mudo al sonoro sin el menor menoscabo.
Retirada del mundanal ruido en plena juventud, ella tal vez sabía que las estrellas se trocan en mitos delirantes cuando se jubilan en plena euforia del triunfo.
Pero a ella a lo mejor eso ni le importaría. Dejó la fama tras de sí y se recluyó en el anonimato para el resto de su vida.
Vivoleyendo 
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| 1 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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rosencrantz
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
19 de Agosto de 2008 |
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La Divina Greta que combinaba tan bien la pasión y la frialdad, recostada y de pie se comía del todo a un John Gilbert que ni siquiera intentaba besar a la musa ya que era besado como blancanieves. La pasión de la Garbo, la luz de sus facciones tanto en la oscuridad como en la nieve llena toda la película. ¿Pero en aquel tiempo no estaban prohibidos esos besos en el cine?, yo pensaba que sí...por que hoy en día pocas actrices besan como la Garbo o beben de manera sacrílega de un cáliz con esa mirada lasciva. En fin, una película fascinante en el tiempo, una Garbo bellísima con imagen de vampiresa. Lo peor...los decorados de exteriores...eran los años 20.
rosencrantz 
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