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Raíces profundas

7,7
9.900
votos
Año
1953
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Western
Sinopsis
Estado de Wyoming, a finales del siglo XIX. Shane, un hastiado pistolero, llega a la granja de los Starretts, un matrimonio con un hijo que, al igual que los demás campesinos del valle, se encuentra en graves dificultades, pues el poderoso ganadero Rufus Ryker pretende apoderarse de sus tierras. Cuando Ryker se entera de que Shane es un hábil pistolero, le propone que trabaje para él. Ante su negativa, contrata a Jack Wilson, un ... [+]
Críticas ordenadas por:
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8 de marzo de 2009
66 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Raíces profundas”, la legendaria y espléndida versión realizada por el aplaudido director George Stevens (poseedor de dos estatuillas) de la novela de Jack Schaefer “Shane”, consiguió seis nominaciones al Oscar, convirtiéndola en un clásico del cine norteamericano. George Stevens juntamente con la magnífica fotografía de Loyal Griggs y la espléndida música de Victor Young (que obtuvo el único Oscar, que se llevó a la película) consiguieron que la misma se convirtiera en mítica.

Hay que destacar el trabajo soberbio de todos los actores, desde un Alan Ladd (que realizó el mejor trabajo que se le puede recordar), Van Heflyn, Jean Arthur (en su última actuación en el cine), Jack Palance, el entonces joven Brandon De Wilde, Emile Meyer, Ben Johnson, etc.

La historia lleva a un hombre desconocido y sin hogar, a salir en defensa de una familia de granjeros que viven aterrorizados por el cacique de la zona y por un pistolero contratado por el. Aparte de los hermosos paisajes naturales, del excelente tema musical, hay escenas magistrales, que hacen que la película sea un film que no debe perderse ningún cinéfilo.

Western emblemático, perfecto en su faceta de retratar al héroe solitario y mítico, a los ojos de un niño. “Shane” es también una historia de crecimiento, con un niño que representa el puente de entendimiento entre una sociedad violenta como la que exponen los ganaderos y la más pacífica y democrática, representada por los granjeros.

Hay muchos westerns en la historia del cine, muchos de ellos son legendarios, los de Ford son verdadera poesía visual unida a maestría argumental… pero “Shane” sigue siendo especial y uno de los mejores.
Vfoul
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15 de mayo de 2006
62 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es en la primera secuencia, donde Alan Ladd llega a casa de los Starrett, cuando rápidamente se da cuenta de que son gente honrada, buena gente que quieren vivir creando un espacio propio que les dará víveres suficientes como para crecer. Shane quiere formar parte de eso y dejar de lado su pasado de pistolero justiciero. Por esa razón ayudará a Joe Starrett (el padre de familia) a rebanar ese tronco que muerto yace allí como símbolo de las dificultades que uno tiene al venir de fuera para crearse un sitio, sin que el poso que dejan los odios de los hombres que antes han estado allí vuelva a aparecer. El tronco, pese a que les cuesta el trabajo de prácticamente un día, sale de la tierra y en ese mismo instante se da el pistoletazo de salida hacia la esperanza. Una esperanza truncada por los hermanos Ryker, que atemorizan a todos los convecinos de esas tierras para que las abandonen, ya que, afirman que les pertenecen por ser ellos los que de algún modo acabaron con los indios autóctonos que habitaban esas tierras. Starrett, como es lógico en cualquier hombre de a pie, responde a Ryker que esa no es una razón precisamente para estar orgulloso y sentirse amo de ese territorio, cosa que ya acaba de ahondar en la yaga del Ryker jefe. Éste, contratará a un pistolero temible como Jack Wilson y comenzará a hacer uso de las armas con los habitantes de esas tierras, matando de “forma justa” para la ley al pobre e inconsciente vecino Torrey. Esa será la gota que colmará la paciencia de Shane, y muy a su pesar volverá a ponerse el traje de pistolero. La sangre volverá a correr, y sus esperanzas de poder adoptar el papel de un hombre pacífico y “no profundo”, como las raíces de árbol, se verán truncadas. Eso sí, sin más revólveres en el valle.

Lo realmente bello de todo esto es como Shane se introduce en el seno de la familia Starrett. La grandiosidad que para él supone llegar, en parte, a formar parte, valga la redundancia, de una familia. Es más, ver cómo se ha ganado al pequeño Joey, cómo se ha ganado parte del corazón de Marian y la amistad de Joe padre. Y sobretodo poder llegar a observar cómo alguien ajeno a la familia puede formar parte de ella siendo capaz de salir, de llegar a tener ese tacto que sólo los grandes son capaces de tener para salir, para abandonar la casa, la guarida, en los momentos en los que indiscutiblemente Joey y Marian demuestran amar a Shane casi como a un semi-dios, dejando a un lado el incondicional esfuerzo que Joe padre está haciendo por mantener unidos a los vecinos, y en consecuencia a la familia.
Cinematográficamente hablando me parece que esas escenas en las que Shane abandona la casa dándose cuenta de que ha sobrepasado el límite de “la norma” familiar convirtiéndose en incómodo para su conciencia el sentimiento hacia su persona (como padre-amigo en el caso de Joey y como hombre en el caso de Marian) son de una fuerza pocas veces vista en la historia del cine. Por no hablar del final, claro.
caniggia
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1 de mayo de 2006
34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producida y dirigida por George Stevens, se basa en la novela "Shane" (1949), de Jack Schaefer. Se rodó en Big Bear Lake e Inverson Ranch (California), Grand Teton National Park y Jackson Hole (Wyoming) y en los estudios Paramount (Hollywood). Nominada a 6 Oscar, ganó 1 (fotografía color). Obtuvo otro premio y otras 3 nominaciones.

La acción tiene lugar en un valle de Wyoming, en la década de 1870-80, a lo largo de varias semanas. Narra la historia de Shane (Alan Ladd), un pistolero de pasado tormentoso y oscuro, que ha decidido llevar una vida pacífica en un lugar retirado. A su paso por Jackson Hole (Wyoming) se detiene a beber agua en la granja de Joe Starret (Van Heflin), donde es testigo del propósito del ganadero Rufus Ryker (Emile Meyer) de echar del lugar a Starret y a los otros campesinos, para convertir todo el valle en tierra de pastos para el ganado. Shane, enamorado secretamente de Marian (Jean Arthur), esposa de Joe, decide defender a los campesinos amenazados.

La película muestra la lucha que enfrentó a ganaderos y agricultores de granjas agrícolas de riego y cultivo intensivo. Los ganaderos se sentían incómodos ante la pérdida de terrenos para pastos y la reducción del agua disponible para el ganado. La ausencia de servidores de la ley ("no hay un sheriff en 100 millas a la redonda") impide la prevención y represión de conductas violentas. Por otro lado, la película glosa el ocaso de la época de los pistoleros a sueldo y de los aventureros dedicados al robo y asesinato, introduciendo la figura del pistolero que defiende a los débiles frente a los poderosos. Shane es un pistolero enigmático, que acrecienta su secreto a lo largo del relato. ¿Por qué viste primorosamente? ¿Por qué, enamorado de Marian, no la corteja y se va? ¿Por qué exhibe una apariencia de debilidad que envalentona a sus enemigos? ¿Qué heridas lleva marcadas en el alma? Eastwood dedicó a la obra un homenaje en "El jinete pálido" (1985).

La música, grabada en sonido estereofónico, se basa en un tema central en torno al cual crea variaciones que evocan nostalgia, melancolía, incerdidumbre y heroismo. Añade canciones tradicionales como "Abide With Me". La fotografía, rodada en "Vistavisión", confiere grandeza al relato. Combina planos breves y planos de mayor duración, al objeto de alterar el ritmo visual y enriquecer la narración. Ofrece escenas fuera de campo. El guión desarrolla una historia con varios niveles de lectura: lucha de granjeros y agricultores, triángulo amoroso, personalidad oscura del protagonista. Usa el diálogo en mayor medida que otros westerns. La interpretación de Ladd es sobria, acertada e intrigante. Jean Arthur se despide del cine con una intervención más que correcta. Jack Palance borda, casi sin palabras, el papel de malo temible y cruel. La dirección construye una obra que se erige en canto a la libertad y la solidaridad.

Western clásico y memorable, poblado de personajes arquetípicos inolvidables.
Miquel
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19 de marzo de 2008
37 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si me preguntaran por el primer western que recuerdo haber visto desde que tengo uso de razón me resultaría prácticamente imposible concretar un título. Como mucho me atrevería a conjeturar si ese primigenio descubrimiento se podría haber producido entre los siete y los diez años bajo los efectos de “La diligencia”, “Solo ante el peligro”, “Rio Bravo” o la peli que nos ocupa en estos momentos. En cualquier caso siempre he querido pensar que fue el western de Stevens, en efecto, el responsable de mi iniciación al género.

“Raíces profundas” me conduce, además, a revivir la profunda y sincera amistad que aquellos lejanos años me acercó a Jeremías, un niño tan peculiar y atípico como su propio nombre. Jeremías, o Jerry, no era un niño del todo corriente. Acérrimo seguidor del Real Madrid, Elvis Presley y el Comandante Jacques Cousteau a partes iguales, mi amiguete también era un verdadero cinéfilo en ciernes. ¿Su película? “Raíces profundas”, claro.

Jeremías y yo fuimos uña y carne durante ocho años, pero jamás consiguió inculcarme su desatada pasión merengue ni su impagable entusiasmo por la oceanografía. Afortunadamente solo contribuyó a fortalecer mi devoción por Elvis y mi vocación cinéfila. El destino y diferentes formas de ver la vida acabaron por distanciarnos, pero siempre evocaré con cariño aquellas largas tardes de verano en las que los juegos infantiles cedían cada vez más terreno a esas interminables conversaciones mediante las que Jerry y yo fuimos madurando a ritmo de blues.

Cada vez que se me aparece Shane y su pelliza de flecos, alejándose a caballo, lentamente, mientras Joey vocifera su nombre, la niñez retorna a mi con insolente desparpajo. Y el bueno de Jeremías sigue ahí. Sonriéndome. Con la insobornable complicidad que siempre unió a dos almas gemelas.
Taylor
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20 de junio de 2009
26 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nunca había visto "Shane". Alan Ladd me echaba mucho para atrás. Temía que me estropease lo que mucha gente considera uno de los mejores westerns de siempre.

¿Y lo estropea? Pues no, a pesar de que no pega ni con cola como rudo llanero solitario que va a parar a pacífica granja familiar. Más que un pistolero parece la mascota que la familia le han traído al niño. Si hay momentos en que no sabes si Jean Arthur va a dar un chuche al crío o a Shane, por ese aspecto tan achuchable que tiene Ladd.

Encima la película es previsible y llena de tópicos. Pero es una maravilla. Qué colores, qué paisajes, qué música, ¡qué todo lo demás!

"Shane", un clasicazo western que se hundirá en tu memoria cinematográfica con raíces muy profundas.
Gilbert
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