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Las apariciones marianas siempre han sido un tema polémico, que ha dado pie a no pocas discusiones. Normalmente suelen ser niños los que pueden ver a la Virgen, quizá porque su inocencia o pureza les hacen más adecuados para que se les aparezca, o quizá porque los pequeños son más susceptibles a fantasías y ensoñaciones. En esta ocasión son un grupo de niños y de jóvenes de una pequeña población vasca los que tienen visiones marianas, siendo este hecho el detonante para que se produzca una enorme controversia, situándose la historía, verídica, en los convulsos años previos a la Guerra Civil.
La película, muy interesante y notable, pese a que su ritmo tiene algún altibajo, y que algunos personajes están un tanto desdibujados, mantiene una adecuada ambigüedad (no sabemos si las apariciones se producen o no), denunciando la manipulación que los poderes fácticos ejercen sobre los visionarios, a los que utilizan cuando les interesa y abandonan cuando no son útiles, y reflexionan válidamente sobre la influencia de la religión en la sociedad, ejemplificándose esta reflexión en la escena inicial, en la que una procesión de mujeres enlutadas, promotoras de una religiosidad represora y sufriente, irrumpe en una playa donde los bañistas, libres y felices, disfrutan en la arena y el mar.
Juan 
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