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| 15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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cassavetes
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
9 de Junio de 2006 |
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No puede haber una película más pretenciosa e irritante que La pistola de mi hermano. Menudos diálogos imposibles, literarios y pre-fabricados. Un galimatías de frases supuestamente ingeniosas, ridículo cinema de autor joven.
cassavetes 
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| 10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Trifero
Barcekiba (España)
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Su valoración:  |
17 de Junio de 2007 |
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Yo la calificaría de película masturbatorio-autobiográfica. Intenta imitar -lejanamente, de un modo blasfemo y cómico, "a la española"- la sensación de mierda y vacío existencial de la obra de tantos otros mejores que él como Easton Ellis (léase Generación X). Claro que es pretenciosa: Ray Loriga es pretencioso. Claro que es vacía: Ray Loriga intenta mostrar lo vacío de su vida -supongo que salir con una modelo también es una forma de vacío. Alguien que predice, en un alarde de supuesta modernidad, que de aquí unos años nos avergonzaremos de Radiohead es simplemente un pedante. Que le haga las pajas su afligida novia.
Trifero 
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kafka
ciudadano del mundo (palencia) (España)
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Su valoración:  |
15 de Octubre de 2009 |
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Es norma habitual que los escritores que han dado el salto detrás de la cámara les han salido malas, mediocres o fallidas películas. Ahora bien, el caso de este minimito Ray Loriga es de juzgado de guardia, no ya por el intolerable y lamentable regalo de película que ha hecho o por la producción (pura ciencia-ficción) de Enrique Cerezo; lo peor del caso es que Loriga osa remitirse como sus maestros a nada menos que Ozu, Bresson, Dreyer, Godard... ¿Cómo es posible que a este tipo que ha hecho ya de por sí una blasfemia cinematográfica con su película se le dé voz para saltar tan enormes memeces cinéfilas, aún una blasfemia de mayor tonelaje?. Eso duele más, que el penoso prurito pseudofilosófico, caprichosamente estúpido, intolerable reflexión de todo a 100 sobre la juventud, su vacío, su desorientación, su rebeldía con causa... Y es que tras ver "La pistola de mi hermano" si que de verdad comprender al estúpido y famélico antiheroe y la casi tan estúpida antiheroína que lo acompaña (influencia, digo yo, de la generación "beat"), habrá que concluir que somos todavía más estúpidos que la estupidez reflejada en este espejo que quiere ser tamaño bodrio. Y es que, señorito Loriga, te has olvidado simple y llanamente, de hacer cine, de contar una historia, de crear unos personajes con sentido, de crear un guión coherente y trabajado, de ver mil veces más las películas de tus adorados y algunos adorables maestros a los que osas blasfemar. De verdad que he sentido vergüenza ajena de nuestro cine viendo esta memez vomitiva.
kafka 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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salmimar
Requena (España)
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Su valoración:  |
25 de Abril de 2009 |
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Una película basada en "Caídos del cielo", una novela del propio Ray Loriga que a mi entender es de lo mejor que ha escrito.
Sin embargo, la película carece de mordiente, es una adaptación fallida del libro. Quizá el director tuviera pretensiones, pero realmente el resultado desmerece bastante.
En todo caso, sería mucho más interesante leer el libro, así como también resultan interesantes "Tokio ya no nos quiere" y "El hombre que inventó Manhattan".
salmimar 
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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simón
teruel (España)
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Su valoración:  |
8 de Octubre de 2009 |
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En una magnífica conversación entre dos hermanos, uno, el protagonista del film, le dice al otro: “ No es que seamos vagos, es que no tenemos nada que hacer”.
Con esta estremecedora sentencia se resume el sentir colectivo de toda una generación, a la cual pertenezco, sin más alicientes en su vida que la del disfrute, si acaso durante un breve instante, de pomposos, artificiales y engañosos goces; pobres y sucedáneos pasatiempos con los que ocupar una vacía e insustancial existencia.
Jóvenes sobreprotegidos, carentes, por tanto, de un mínimo estímulo enriquecedor, que deambulan casi por inercia en un mundo diseñado para satisfacer sus instintos más básicos, sus necesidades más primarias.
Jóvenes sobreprotegidos, mimados por una miope sociedad incapaz de asumir sus errores y por tanto desbordada en su inútil empeño por enderezar un rumbo ya sin retorno posible.
Jóvenes conformistas, adormecidos, desprovistos de cualquier atisbo de capacidad crítica.
Jóvenes influenciables, víctimas de un sistema imbuido en una terrible espiral autodestructiva en la que constantemente se justifican los medios para alcanzar ciertos fines, incluso, muchas veces de orden menor.
Jóvenes manejables, presas fáciles a la hora de imponerles un estilo de vida auspiciado por un poder que no se preocupa por el desarrollo, la equidad, ni la justicia social.
Jóvenes autocomplacientes, empujados a sobrevivir por la inercia misma del paso de unos días ayunos de cualquier confrontación medianamente profunda.
Jóvenes superficiales, incapaces de escarbar en las profundidades de una vida que se consume sin ni siquiera comenzar a disfrutarla, obnubilados por inmensos efectos especiales, deslumbrados por apabullantes luces de neón, que en lugar de iluminar oscurecen una realidad sustituida ya por un inmenso paraíso artificial, en la que todo es lo suficientemente efímero como para que no se añore lo que realmente no se ha poseído.
Jóvenes tiranizados por un estilo de vida que impone su orden sin necesidad de justificarse.
Jóvenes con cuerpo de adulto pero con razonamientos infantiles, que ahogan su vacío nutriéndose de falsos placeres, sucedáneos en todo caso de todos esos que la vida intenta en vano proporcionarnos.
Jóvenes, considerados como tontos útiles al servicio de un sistema que no cree en ellos, empujados forzosamente a la mediocridad y condenados al más ruin de los olvidos; jóvenes que pasarán a la historia, por tanto, como parte de una generación perdida.
simón 
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