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Harakiri (Seppuku)

8,5
6.429
votos
Sinopsis
Un samurái pide permiso para practicarse el Seppuku (o Harakiri), ceremonia durante la cual se quitará la vida abriéndose el estómago al tiempo que otro samurái lo decapitará. Solicita también poder contar la historia que le ha llevado a tomar tan trágica decisión. (FILMAFFINITY)
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user-icon Una_de_ellos   Sevilla (España)
Muy buena
14 de Octubre de 2007
188 de 205 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siglo XVII. El clan de Geishu ha caído y sus 12.000 guerreros con él, situación que conduce a muchos de ellos a la miseria y a pedir limosna al Castillo de Iyi con el pretexto de querer hacer el ritual del harakiri. Pero habrá un hombre cuya historia nunca olvidarán en ese castillo.

No soy muy aficionada al cine de samurais en general, de hecho esta es la primera película que veo del género. Y qué gran debut el mío. Ahora entiendo la atmósfera que rodea a las obras maestras, que son sencillamente las que no entienden ni de épocas ni de géneros, cuya fama no tiene deudas con el marketing porque es un recurso propio en sí misma.

Les lanzo una pregunta, ¿qué es el HONOR? Tómense tiempo para pensar. En esta película se desenmascara todo ese sucio entramado de mentiras y superfluidad que engendra la salvaguardia del honor y la dignidad, ya no de los mismos samurais sino de cualquier persona. ¿Es un guerrero menos honorable por mendigar para salvar a su familia de la extrema pobreza y la muerte? Se derrumban así los pilares entre los hombres, donde en esencia ninguno vale más que otro, donde son víctimas y esclavos de sus propias reglas.

Una idea simple que abarca un todo demasiado delicado enemigo de las evasivas. La realidad es así -te susurra- aunque finjas no verme estoy aquí, y he venido para quedarme y atormentarte el resto de tu jodida vida. Pero esto sólo lo vive quien no tiene nada, quien ya sólo ve banalidad en las formalidades porque las formalidades lo han llevado a la perdición. ¿Qué importa entonces el orgullo? Es realmente interesante las personalidades opuestas de los protagonistas; uno cae en la deshonra de la condición de samurai y viola el Bushido por su familia y el otro, contra viento y marea, se mantiene en sus trece, admirando la hazaña del anterior que para los demás es una bajeza y llegando a despreciarse a sí mismo por su vanagloria.

La mezcla de acción, drama y algo de suspense resurge como el néctar de los dioses, haciéndonos sentir dichosos de lo que estamos presenciando. Planos bruscos, sangre, altivez, deshumanidad en un escenario prácticamente teatral. Explosiva. Es más que una historia de guerreros.

Quiero dar las gracias a Kobayashi por esta película. Gracias por lo que he aprendido sobre la cultura samurai. Gracias por su lección moral. Gracias por mantenerme ojo avizor todo el film. Gracias por transmitirme dolor, sufrimiento y angustia. Gracias porque seguro que ahora cada noche valoraré tener una familia y una cama donde poder soñar.
Una_de_ellos
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user-icon HEIFER   Alcalá De Guadaíra - SEVILLA (España)
Muy buena
14 de Octubre de 2007
62 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace unas horas me acerqué a esta cinta de Masaki Kobayashi en compañía de una de mis almas gemelas en esta página y en la vida. Mientras nos acomodábamos en el sofá y paladeábamos los snacks de turno hacíamos cábalas sobre qué nos encontraríamos una vez estuviese en marcha el reproductor de DVD; sin duda una cosa teníamos clara, la película olía claramente a cine clásico japonés de samuráis y abordaba el tema del Harakiri.

Títulos de crédito; sobrios, casi minimalistas, con una música también mínima se nos sitúa en el año 1630 en Japón; es época de paz y los samuráis deambulan por las calles sin trabajo y sin esperanzas de prosperidad, para ellos la esperanza solo es concebible en tiempos de guerra, ya que ningún clan necesita soldados en tiempos de paz y ellos solo sirven para la lucha.

Es en ese contexto cuando aparece en pantalla el honorable Tsugumo Hanshiro (interpretado por un portentoso Tatsuya Nakadai); un Ronin que, desesperado ya de una vida abocada a la miseria pide en la casa de uno de los clanes más respetados del país los favores necesarios para practicar honorablemente la ceremonia del Harakiri (una de las partes clave del código samurai o Bushido también llamada Seppuku que consiste en morir abriéndote las entrañas con tu propio hierro).

De ese punto tan aparentemente simple parte una soberbia historia que mediante un registro casi teatral y con un guión MAESTRO se permite criticar y poner en cuestión el tan mitificado código de honor de los samuráis y los valores tradicionales del Japón del imperialismo. Kobayashi se permite ir a contracorriente y de paso nos conmueve con una historia llena de fatalismo, tristeza y miseria; pero también de vida, de honor y de orgullo... la historia de Tsugumo.

"Escuchad las palabras de un hombre que guía sus pasos hacia el más allá, pues seguro que aprenderéis mucho de su sabiduría"...

Y mientras todos esperaban a que llegase el padrino que debía ayudar al desesperado Ronin en el ritual, escucharon. Y nosotros en nuestro sofá también escuchamos, y nos conmovimos, y nos indignamos, y vibramos al ver su lucha, y nos sentimos orgullosos de él, y sentimos asco del que no comprende la miseria del prójimo y la condena; y disfrutamos como nunca de esta obra maestra...

Gracias Kobayashi por brindarnos una obra tan grande como crítica y desmitificadora, gracias Inma por descubrírmela a mí.

Cine en mayúsculas, ineludible.

¡¡A disfrutarla!!


PD: Resulta curioso pensar que irónicamente todos se califiquen como honorables a la hora de hacerse referencia...
HEIFER
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user-icon Taylor   Terrassa (Polonia)
Muy buena
11 de Febrero de 2010
52 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nunca he sido un gran aficionado al cine japonés. Y menos, al de samuráis. Pero después de ver “Harakiri” debo reconocer que mi nivel de apreciación respecto al cine nipón ha cambiado. Para bien, por supuesto. Yo diría, incluso, que la peli de Kobayashi puede llegar a significar -perfectamente- un punto de inflexión trascendental en mi carrera cinéfila. Un punto de inflexión que, con toda certeza, me impulsará a retomar esa fascinante senda del cine oriental que un buen día -vete a saber por qué extraña razón- quedó repentinamente interrumpida hasta que sensei Kobayashi irrumpió en ella y me conminó a proseguirla merced a una de las pelis más imponentes que he visto en mi vida.

Huelga decir, por consiguiente, que “Harakiri” me ha gustado. Y mucho. Huelga decirlo porque quien no sepa disfrutar como un energúmeno ante una historia tan bien contada, ante un ejercicio de estilo tan impecable y elegante, es que tiene un serio problema de criterio cinéfilo. Un problema que afortunadamente no padezco y que no me ha impedido quedarme más de dos horas pegadito al sofá -conteniendo la respiración casi- para no perderme un ápice de la historia. Para no desperdiciar un solo fotograma. Para empaparme completamente de una peli en la que su parsimonioso tempo no hace más que incrementar la tensión, intensificar el contenido dramático y grabar a fuego lento en el espectador una de las embestidas más contundentes a los sagrados y tradicionales códigos de honor japoneses jamás vistas en una gran pantalla.

Absolutamente recomendable, pues, a todo el mundo. A to-do el mun-do. Pero en especial, a los que crean que el cine japonés acaba en Kurosawa, Mizoguchi y Ozu; a los que quieran saber qué diferencia hay entre un harakiri y un seppuku y, en general, a todos los que quieran averiguar de una puñetera vez qué es una película redonda. A mi me funcionó.

(A Entrañable)
Taylor
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user-icon Chagolate con churros   Altamont (España)
Excelente
30 de Octubre de 2008
52 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
1630. Algo más de dos siglos faltaban para que fueran abolidos oficialmente los samuráis, pero como todo ocaso que se precie, el declive acontece poco a poco. Y cuando llega el momento, no queda nada de lo que fue. Todo parece un sueño, algo lejano que el murmullo del viento se llevó de nuestro lado.

Aparecen entonces las historias. Los cuentos a la luz de la luna. Las leyendas.
De vez en cuando, aparecen personas reales, que te narran estas leyendas.

Samuráis sin códigos. Samuráis en el Ocaso. Buceando en el más allá.

Hoy alguien me ha susurrado a la luz de la luna…


Tensa un arco hasta su límite y pronto se romperá;
Afila una espada al máximo y pronto estará mellada;
Amasa el mayor tesoro y pronto lo robarán;
Exige créditos y honores y pronto caerás;
Retirarse una vez la meta ha sido alcanzada es el camino de la Naturaleza.
(Lao Tse).
Chagolate con churros
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user-icon Txarly   Qingoco (China)
Buena
17 de Julio de 2010
45 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
Notable puesta en escena de corte teatral, excelente realización técnica, diálogos como vehículo principal de la acción e interpretaciones más que correctas. Estas son las armas de las que dispone Harakiri para hacerle pasar un buen rato viendo cine. La película continúa el contexto de una época que hiciera famosa Kurosawa en Los 7 samurais: espadas por arroz.

Su diferencia principal radica en el camino desmitificador que elige Kobayashi para plantearnos una realidad terrenal ampliamente idealizada por Occidente y los propios nativos del país del sol naciente. El honor en sí vale más para morir que para vivir. Harakiri funciona como un reflejo amargo del Japón industrial de la época, en constante crecimiento y modernizado por la fuerza militar de los enemigos. Los samurais comidos y pagados por su señor representarían a los nuevos burócratas y políticos, la nueva clase social que se instaló en Japón tras la guerra.

Tsugumo ejemplifica aquí la isla en el océano, el oasis en el desierto. Uno a uno derrumba con sus argumentos el nuevo tejido social en el que está inmerso, del que no puede escapar y del que, por supuesto, ya no piensa huir más. Los diálogos son fluidos y los pocos silencios atronan como desesperados gritos. Tsugumo no pretende ajusticiar, sino hacerse justicia. Una leyenda viva que Kobayashi retrata siempre luchando por su causa y no por su vida, bien mientras narra sentado, bien con la katana en la mano. Y toda esa amargura golpea en la cara a todo el que se acerca a la película, y los desfavorecidos de la tierra sienten que siempre existirá una oportunidad para terminar con dignidad las únicas peleas que jamás nos podrán arrebatar si no lo permitimos.

Como curiosidad, comentar el paralelismo de las escenas de lucha con el film katanero del amigo Tarantino. Supongo que, obviamente, hubo de verla para aplicar/robar partes de su belleza. Recomendable.
Txarly
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