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Perdición

8,5
25.486
votos
Sinopsis
En la ciudad de Los Angeles un agente de una compañía de seguros (Fred MacMurray) y una cliente (Bárbara Stanwyck) traman asesinar al marido de esta última para así cobrar un cuantioso y falso seguro de accidentes. Todo se complica cuando entra en acción Barton Keyes (Edward G. Robinson), investigador de la empresa de seguros. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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15 de mayo de 2006
173 de 195 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es de noche, un coche circula a gran velocidad por las calles de la ciudad y de el se apea un hombre malherido...así comienza “Perdición”, un rotundo, demoledor y noqueante ejercicio de “film noir”, basado en una novela de James M. Cain, con uno de los guiones más extraordinarios jamás escritos para la pantalla del propio Billy Wilder y de Raymond Chandler. Con un ritmo trepidante y una gran tensión visual, la soberbia dirección del genio vienes trasciende y dinamita las convenciones del género y dibuja un perverso y audaz -para la época- relato de pasión, asesinato y muerte. Una de las cumbres indiscutidas del cine negro “Perdicion” es una joya que gira alrededor de la figura sensual, maquiavélica y pérfida de una de las “femmes fatales” más fascinantes del celuloide -una turbadora Barbara Stanwyck- que seduce a un cínico Fred McMurray desde ese plano sublime -de un erotismo de alto voltaje- de sus piernas bajando por las escaleras con una pulsera en su tobillo a modo de metáfora de la unión inseparable de unos personajes al borde del abismo, atrapados por la larga sombra del destino, donde un meticuloso plan de conspiración para asesinar se acabará convirtiendo en una imparable espiral de violencia, degradación moral y autodestrucción. Un larguísimo flashback, la voz en off de Fred McMurray y un casting milagrosamente bien escogido y en estado de gracia, con un trabajo excepcional de los tres protagonistas, son los instrumentos de que se sirve Billy Wilder para contarnos esta absorbente y tórrida historia bañada por las luces y las sombras de la fotografía en blanco y negro, de tintes expresionistas, de John Seitz y la sugerente y tensa música de Miklos Rozsa que potencian la atmósfera malsana y asfixiante del film a la perfección y que nos conducen de forma inexorable hacia un memorable doble final, de poderosa carga dramática y un lirismo arrebatador, donde las pasiones dejan paso a los sentimientos más ocultos, donde se cierra definitivamente el circulo mágico de un film estremecedor con ese inolvidable plano final en el que el protagonismo de un cigarrillo, una cerilla y el marco de una puerta que no podemos llegar a traspasar da el sentido postrero a esta obra maestra absoluta del CINE con mayúsculas de uno de los mas geniales guionistas y directores de todos los tiempos.
Un film inolvidable, para ser visionado con devoción y respeto en imprescindible VOS.


Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 15 de mayo de 2006
Harry Lime
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19 de mayo de 2006
117 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuarto largo de Billy Wilder, tercero realizado en EEUU. Adapta al cine la novela "Three of Kind" (1935), de James M. Caine, basada en hechos reales. Se rodó en LA y en los Paramount Studios (California), con un presupuesto estimado de 1 M dólares. Producida por Joseph Sistrom, se estrenó el 6-IX-1944.

La acción tiene lugar en LA entre finales de mayo y el 16 de julio de 1938. Narra la historia de Walter Neff (Fred MacMurray), vendedor de seguros, de 35 años, soltero, reservado y débil de crácter. Al visitar a un cliente, el Sr. Dietrichson, para renovar la póliza del seguro de sus coches, conoce a su esposa, Phyllis Nirdlinger (Barbara Stanwyck), sensual, atractiva y seductora, que despierta en él gran interés. Al amparo de este suceso, ella trata de seducirlo para convertirlo en cómplice de un plan que los conducirá a la perdición.

La película enfrenta a un hombre honrado, pero débil, con una mujer fuerte, sin escrúpulos, que aprovecha su atractivo personal para engañarlo, manipularlo y utilizarlo despiadadamente. Es destacable la sordidez de la historia, centrada en la ejecución de un crimen con premeditación, frialdad, desprecio por la vida humana, codicia y alevosía. Barbara Stanwyck interpreta la figura de una de las más pérfidas "mujeres fatales" del cine. Entre los dos personajes se establece una insana relación de amor y odio, dominio y sumisión, atracción y repulsión, que se ve corroída por las sospechas cruzadas de infidelidad, de Neff con Lola Dietrichson (Joan Hearther) y de Phyllis con Nino Zachetti (Byron Barr). Se añaden las sospechas de crímenes pasados, de planes de nuevos crímenes y la aparición de deseos mutuos de venganza. El investigador Barton Keyes (Edward G. Robinson), mientras avanza en su investigación implacable, hace que salga a la superficie un mundo escalofriante de bajas pasiones. La obra está narrada en forma de confesión, que relata los hechos en "flashback". El espectador queda con la sensación de que los verdaderos motivos que mueven el comportamiento perverso de los dos protagonistas no quedan explicados de modo justo y cabal. Posiblemente, de esta sensación se deriva uno de los atractivos más poderosos del film.

La música, de Miklós Rózsa, aporta intensidad, estridencias y disonancias, sumamente adecuadas. La fotografía, de John Seitz ("Días sin huella", 1945) se inspira en obras del expresionismo alemán, como "M, el vampiro de Dusseldorf" (1931), de Lang. Crea ambientes oscuros y tenebrosos, de fuerza inmensa. La interpretación de Stanwyck es extraordinaria en el que posiblemente es el mejor papel de su carrera. Excelentes son las intervenciones de MacMurray y Edward G. Robinson. A destacar la intervención del español, afincado en Hollywood, Fortunio Bonanova en el papel de Sam Garlopis. La dirección crea una de las obras culminantes del género negro.

Película magistral, arquetipo de cine negro, que sitúa en la secuencia final una sobrecogedora confesión de amor entre dos hombres.
Miquel
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22 de noviembre de 2007
101 de 118 usuarios han encontrado esta crítica útil
1-0

Un rostro desencajado, sudoroso. El ascensorista y la penumbra. Profundidad de campo, el vacío en la oficina y un micrófono sobre la mesa.

2-0

Flash-back, tan pertinente y acertado como el que acontece en el inicio de 'El hombre que mató a Liberty Valance'.

3-0

B/N casi N/N. Nunca la ausencia de color admitió tantos matices en lo oscuro. Una atmósfera a la altura de 'El sueño eterno'.

4-0

Diálogos a quemarropa, no sé si más de Wilder o de Chandler. Con un ritmo y agudeza indescriptibles.

5-0

Un trío inolvidable: Fred MacMurray, elegante incluso con los pantalones sobaqueros; Barbara Stanwyck, litros de laca y seducción; Edward G. Robinson, un enanito de lógica implacable.

6-0

La escena de la puerta. Una puerta que se abre para fuera, vulnerando las normas contra incendios de Los Ángeles. Una licencia artística manejada con la habilidad de un cirujano.

7-0

El milagro del tempo narrativo y las cerillas. La transparencia cinematográfica.
===

"Si, en un momento dado, un espectador nota un movimiento de cámara, has fracasado."(*)

Juego, set y partido para Billy Wilder.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Servadac
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23 de diciembre de 2011
80 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 1944 el maestro Billy Wilder dirigió esta absorbente y arquetípica película de cine negro narrada en forma de confesión. Una obra maestra del género que, además de contar con un soberbio guión y unas excelentes interpretaciones por parte de Fred MacMurray y Edward G. Robinson mostraba a una genial Barbara Stanwyck como una de las femmes fatales más fascinantes de la historia del cine.
Nosotros, usuarios de esta web y cinéfilos de todo el mundo, no nos encontrábamos presentes cuando esta maravillosa película se proyectó en las salas, y ha llovido tanto desde entonces…

La realidad actual es muy distinta. En la última década -y salvo alguna excepción- la calidad de la mayoría de las películas que se proyectan en los cines y el precio de la butaca son mucho más que cuestionables. Desde mediados de los años 90 y cada vez con más fuerza y descaro la parrilla televisiva NO nos ha educado precisamente en contenidos, llegando en los últimos años a una lamentable y vergonzosa situación que, junto a la nefasta reforma de la educación oficial, han dejado a España en unos niveles culturalmente tercermundistas. Por todo esto y gracias a las nuevas tecnologías, como Internet y sus ‘bandas anchas’ de descarga, los espectadores ya no vamos tanto al cine como antes, porque seamos sinceros: En los tiempos de crisis que corren hay que pensarse mucho si merece la pena pagar precios desorbitados por una entrada que, en la mayoría de las ocasiones ni tan siquiera nos va a proporcionar un entretenimiento, como mínimo, aceptable. De esta manera TOD@S (no seamos hipócritas) nos descargamos contenidos desde Internet; contenidos que van desde películas, series y documentales hasta música y libros, siendo así más selectivos a la hora de comprar un disco o de decidir que película valdrá la pena comprar original o ver en la gran pantalla. En mi tierra, señoras y señores míos, todo esto se llama CULTURA, aunque por lo visto hay quienes no piensan igual y a los que les gustaría tenernos ‘aborregados’ infinitamente.

El anterior gobierno ¿socialista? propuso en mayo de 2009 la polémica Ley Sinde, un apartado particular de la Ley de Economía Sostenible que permitiría a un grupo de personas dependientes del Ministerio de Cultura (AKA de Incultura) poder cerrar páginas webs que, según su criterio, vulneraran los derechos de propiedad intelectual. Esta ley acabó siendo aprobada en el Senado. Tantos fuimos los que luchamos y seguimos luchando contra esta absurda ley que el gobierno de Zapatero –aún más con la negrísima situación económica por la que estaba pasando y pasa el país- finalmente optó por no desarrollarla y pasar así la patata caliente a nuestros ‘queridos amigos’ de la gaviota. En la fecha en que escribo y de momento parece que la Sinde ha quedado parada, pero veremos como se va desarrollando esta infame ley en el futuro. (SIGUE EN SPOILER SIN DESVELAR NADA)
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Christopher_Moltisanti
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4 de enero de 2008
63 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Perdición” es para mí mucho más que una película ya que marcó mi afición al cine, me descubrió el cine clásico americano, el cine negro y al maestro Wilder. Me marcó profundamente y es (y lo será siempre) mi película favorita.
En “Double indemnity” confluyen multitud de elementos que hacen que sea un film capital en la historia del cine y que la convierte en el modelo ideal de “film noir”:
- La historia es muy arriesgada, totalmente macabra, rompedora para la época y contraria a la moral puritana, por lo que fue dura e injustamente castigada en los Oscar de aquel año (en los que triunfó la ramplona historia de un cura bonachón llamada “Siguiendo mi camino”). Wilder se enamoró de la novela creada por James M. Cain y junto al mítico escritor de novela negra Raymond Chandler (“El sueño eterno”) escribió la adaptación cinematográfica. La relación entre ambos fue dura, se llevaron mal, pero de ella surgieron algunos de los mejores diálogos de la historia del cine.
- La fotografía, a cargo de John F. Seitz, marcó una época y un género. La luz entrando a través de las persianas venecianas, reflejándose como barrotes de una celda sobre el salón de la casa de los Dietrickson y sobre los protagonistas….
- En cuanto a la dirección, Wilder ofrece una clase magistral de cómo utilizar dos recursos cinematográficos: el “flashback” y la “voz en off”. Con el primero articula la historia contándonos el final en el minuto 5 (“I did it for the money, and for a woman, and I don`t get the money, and I don`t get the woman…”), lo que sumerge en la amargura al resto del relato; y con el segundo nos introduce en los pensamientos, sentimientos y reflexiones más profundos del protagonista. Son para enmarcar el primer encuentro de los protagonistas, cargado de erotismo, la tensa escena de la puerta y los pequeños detalles, como la pulsera del tobillo de la Stanwyck, el enano infalible o las cerillas.
- En los papeles protagonistas, dos actores que dejan atrás sus registros habituales, que jamás habían hecho papeles dramáticos similares: Barbara Stanwyck que marcó para siempre con su actuación lo que debe ser una perfecta “femme fatale”, y Fred McMurray, magnífico en su rol de vendedor de seguros que se deja arrastrar al abismo. Y para completar la terna, Edgard G. Robinson, uno de los mejores y menos reconocidos actores del cine clásico americano, que aquí lo borda.
- Por último, la música de Miklos Rozsa envuelve el relato ayudando a crear esa atmósfera cargada y malsana.
Todo esto es “Perdicón”, el magnfico clásico de Billy Wilder que marcó la estética del cine negro e hizo un poco más grande al séptimo arte.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
SyckBoy
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