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| 45 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
4 de Enero de 2008 |
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Tres personajes, tres secciones, tres cuentos morales e inquietantes que son uno.
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1) Vasumitra o La sonrisa de Buda
Psicología extraterrestre. Amor y adolescencia, en femenino.
"Todos los clientes de Jae-yong son despreciables" (*)
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2) Samaria o El evangelio según Kim Ki-duk
Amor constante, más allá de la muerte (como en el soneto de Quevedo). El dilema del padre. Espejo y simetría.
"Todos los clientes de Jae-yong merecen ser salvados" (*)
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3) Sonata o […]
El coche y su viaje vertical.
"Padre, ¿por qué me has abandonado?" (*)
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(*) Fragmentos del diario apócrifo de Yeo-jin
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: [Cuaderno de apuntes]
- Cine exprés: Sólo 13 días de rodaje.
- La cinta, en mi opinión, va de menos a más.
- La composición de los planos es marcadamente fotográfica.
- Kim Ki-duk tiene un serio problema con la música (no con el sonido). Lo que le hacen a Chopin es de juzgado de guardia. ¡Malditos sintetizadores de herbolario!
- El manejo magistral del fuera de campo emparenta al director con algunos de los grandes minimalistas europeos (Bresson, Kaurismäki).
- Las escenas de sexo se eliden. A lo sumo, presenciamos el antes y el después.
- La violencia sí se nos muestra, aunque, las más de las veces, fuera de cuadro.
- No hay humor.
- Como en Tarkovsky, el agua es esencial.
El hilo narrativo, en principio, es cíclico: Los tres personajes (la amiga, la samaritana y el padre) visitan los mismos lugares y participan del rito de la ducha purificadora.
---> Jae-yong está más allá del sentimiento de culpa o de vergüenza. Es una iluminada.
---> Yeo-jin desea cerrar el círculo de la expiación. Deshace los pecados cometidos por Jae-yong, redimiendo, con ello, a los puteros pederastas, a sí misma y a su amiga del alma (y del cuerpo). Revelación y liturgia: “Yo soy la verdadera Yeo-jin.”
--->Para el padre, el camino es una espiral. Una espiral de violencia culpable y comprensible. Una espiral de la que intenta escapar en la tercera sección de la película.
Vasumitra (Jae-yong / Yeo-jin); Samaria (Jae-yong / Yeo-jin / Yeong-ki); Sonata (Yeo-jin / Yeong-ki). Como se echa de ver, es Yeo-jin quien vertebra el desarrollo de la historia.
El final (exceptuando el sueño azul de Yeo-jin) es, sencillamente, milagroso. Lírico, profundo.
Abierto. Igual que una pregunta sin respuesta.
Servadac 
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| 25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Thug_Life
Madrid (España)
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Su valoración:  |
14 de Mayo de 2005 |
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Centrándonos en el título, sólo con saber el nombre de su director, somos conscientes de aquello a lo que nos enfrentamos. No es otro que el surcoreano Kim Ki-Duk, famoso por sus bizarras historias, la violencia inherente a su cine y sus personajes desarraigados. Sin embargo, “Samaritan Girl” pertenece a esa nueva manera de entender el mundo, a un ligero cambio de perspectiva que también se aprecia en la anterior “Primavera, Verano, Otoño, Invierno…y Primavera” y en la posterior (aunque estrenada antes) “Hierro 3”. En “Samaritan Girl” la historia se divide en tres actos, aunque con un personaje como nexo principal, la joven Yeo Jin que se encarga de conseguirle las citas a su amiga Jae-Young, hasta que ésta, en plena redada policial se lanza desde una ventana y fallece. A partir de aquí, Yeo Jin comenzará a acostarse con los clientes de su amiga y les devolverá el dinero, mientras su padre, tras descubrir las actividades de su hija, se vengará de los clientes.
En “Samaritan Girl” se desvelan dos aspectos de cambio en el cine de este director: por un lado, una evolución formal, en base al despojamiento de elementos en sus encuadres. us planos respiran armonía y lirismo, y al igual que en “Hierro 3”, huye de excesos visuales y se acerca a una planificación muy sencilla, pero tremendamente elocuente. Por otro lado, se aprecia una evolución más introspectiva, con la presencia de unos personajes que son capaces de afrontar de manera menos agresiva sus problemas, ayudados por la fe y la espiritualidad. En este título prima más la concepción cristiana, en una protagonista que para redimir sus pecados y los de su amiga se mueve entre la penitencia y el martirio. Así, Yeo Jin es un personaje que también evoluciona, desde el pecado hasta la pureza. No lo es tanto su padre, al menos en un principio, un personaje arquetípico en su cine, que usará la violencia como arma para desembarazarse de la culpa, pero que finalmente y a través de un viaje tanto físico como metafórico, logrará la paz interior.
Al igual que en sus otros títulos, Ki-Duk utiliza como base un problema social (en este caso, uno de sus favoritos, como es la prostitución) para reflexionar sobre las relaciones paterno-filiales y el desencuentro entre los padres y sus hijos en la Corea moderna. El surcoreano nos presenta un cuento de alto carácter moral, pero que jamás cae en la moralina barata. Kim Ki-Duk simplemente nos sitúa ante sus protagonistas y permite que sea el espectador quién decida si éstos se merecen o no el perdón. Y este aspecto en el cine de hoy en día, ya merece un buen aplauso.
Thug_Life 
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| 15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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IvanCarrera
Madrid (España)
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Su valoración:  |
20 de Febrero de 2007 |
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Un hombre sin miedo es aquél que no se detiene a pensar, sino que actúa. Esta es la mejor definición que encuentro para Ki-Duk, un cineasta que logra hacer películas en cadena, sin repetirse en siquiera una escena. Algo muy relacionado con la ''escritura automática'' que practicaban los surrealistas, y más tarde, los ''beatnicks'' en EEUU.
Película fuertemente simbolista, indudablemente como compensación natural a la informalidad de su estética, ''Samaritan girl'' tiene como leitmotiv el ''Al infierno con la moral'', pues sus personajes danzan alrededor de esta máxima cuya excepción que la valida es el personaje del padre policía (siempre se necesita un contrapunto para entender el conjunto): hombre encarcelado por su propia moralidad, lo cual le lleva a no poder aceptar la situación tratada en el film. Este sufrimiento se incrementa por su incapacidad de comunicación, que le impide hablar francamente con su hija del problema que les sobrevuela. Una situación poco cómoda para sus protagonistas que se desarrolla a lo largo del film. Sólo el pasar un tiempo con su hija, le irá exorcizando los demonios al policía (indudablemente el protagonista de la historia) hasta reencontrarse de nuevo con su pequeña. Y todo esto de la forma más sutil y bella que mis ojos recuerden.
A Ki-Duk le importa un pimiento que sus películas descuiden la parte formal o puesta en escena, pues su intención no es pararse en la estética, sino en el fondo, alma máter de su obra, permitiendo aflorar sus obsesiones de una manera animal, instintiva, irracional. Esto nos arrastra sin remedio y de manera desenfrenada a través de las imprevisibles escenas que se suceden sin compasión hasta el final de la película. Cineasta impulsivo donde los haya, el coreano detiene su loco tren en una secuencia final hermosísima, donde nos invita a pensar en un nuevo principio para la muchacha.
¿Cuál es la razón por la que nos sentimos atraídos por su cine, a pesar de haber bostezado varias veces en cada una de sus películas? Pues mire usted, racionalmente, yo no lo sé. Pero sí puedo intuir que sus obras tienen la cualidad de mantener un enriquecedor diálogo con nuestro subconsciente de tal forma que, ante la ausencia de cineastas que trabajen con la parte no-racional de la mente, misteriosa-mente y si saber porqué, nos veremos envueltos en la anhelante espera de su siguiente película. Además, si este tipo sigue el ritmo que lleva haciendo películas, en pocos años nos entregará su primera obra maestra. Apuesten por ello.
IvanCarrera 
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| 12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
20 de Enero de 2006 |
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Escrita, montada, producida y dirigida por el coreano Ki-Duk Kim ("Hierro 3"). Ganó el Oso de plata a la mejor dirección del Festival de Berlín.
La acción tiene lugar en Seúl y alrededores en términos de presente (2002/03). Dividida en 3 capítulos (Varsunitra, Samaria y Sonata), narra la historia de dos amigas adolescentes, soñadoras e inexpertas, que buscan los medios para viajar y descubrir las maravillas del mundo y de la vida. Un primer tema que plantea la película es el del afán desmesurado de aventuras, como el que inspira a las dos amigas, compañeras de clase, que tras los cambios hormonales de la edad, descubren el propio cuerpo, sus nuevas sensibilidades y sus arrebatos. Comparten deseos de libertad, autonomía, independencia y autoafirmación. Conciben un plan fantasioso, que incluye la aventura final de los viajes y la aventura previa de la obtención del dinero necesario mediante la práctica de la prostitución, sin conciencia de los riegos que asumen. El segundo tema que se expone es el del sentimiento de culpa. Una menor, aturdida por la tragedia a la que le ha llevado su fantasía, se ve en la necesidad de afrontar el desgarro interior derivado de un complejo de culpa que suma remordimiento, arrepentimiento, fustración y autoinculpación. Para librarse de él, traza un plan en el que mezcla afanes de aventura y propósitos de redención, que emprende con grandes riesgos. El tercer tema es el de la paternidad comprensiva. Un padre viudo, agente de la policía con destino en la brigada de lucha contra la explotación de menores, conocedor de los malos caminos que recorre la hija, opta por seguirla, vigilarla de lejos y con sigilo, pero sin intervenir, consciente de que su posición es frágil: se expone a un fracaso sin retorno. No es un padre irresponsable, sino lúcido y prudente, que tolera y consiente para mantener intacta la relación con la hija a la espera del momento oportuno.
La música, de corte occidental, llena el metraje de sentimientos de temor, compasión y comprensión, con melodías rítmicas y fragmentos de gran sutileza. La banda sonora presenta alguna estridencia. La fotografía desarrolla una narración visual eficaz, que contiene momentos culminantes: la huída por la ventana, el suicidio fuera de campo y la lección de conducir junto al río. El guión, sobrio y fluído, elabora unos diálogos breves, muy expresivos. Exalta la naturaleza y ofrece una visión pesimista de la ciudad. La interpretación de los tres protagonistas es convincente. Sobresale la naturalidad de Kwak Ji-min, en su debú cinematográfico. La dirección construye un relato vibrante, que mezcla elementos terribles (prostitución, amigos que cobran favores por adelantado, suicidio, explotación de menores, etc.) con referencias a valores espirituales y religiosos.
Película bien construída, que habla de los problemas de la adolescencia y del papel de los padres en relación a los hijos en un mundo complejo y convulso.
Miquel 
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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saudade
madrid (España)
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Su valoración:  |
28 de Julio de 2008 |
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No se puede pedir siempre a un director las mismas cosas porque si no, rodaría una y mil veces la misma película, con diferente guión.
Pero lo cierto es que si descubres ese algo especial en una dirección, ese algo afín a ti, lo busques en el resto de las obras.
Yo busco en las obras de Kim-Ki Duk, una estética aplastante que te deja sin palabras, una plasticidad rebosante de originalidad y unas historias, unas fábulas que ciertamente te tocan por dentro; unos planteamientos sagaces de lugares comunes que ejercen, cual picadura, un recorrido en tu cuerpo, que te aporta una buena línea de pensamiento y ejercicio personal.
En la película que nos ocupa, de veras que no he visto nada de lo anterior. El comienzo me ha resultado bueno, pero a medida de que el metraje avanzaba, los personajes se tornaban planos, la acción predecible y fatua, las imágenes sin fuerza a penas…
Una película normal, de desarrollo normal, de trama normal, de actuaciones normales y de normales bostezos; que no ha despertado nada en mí.
saudade 
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