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La saga de los Leguineche ya no daba para más. El final de Patrimonio Nacional, con el marqués convertido en atracción turística para japoneses hubiera sido el colofón perfecto. En Nacional III, aunque la simpatía por los personajes sigue intacta, la historieta se nota algo forzada, peor resuelta que las anteriores entregas. De todos modos, uno se sigue riendo con los personajes, y la película conserva -y conservará- el valor documental de toda una época.
LeonNewman 
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