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| 17 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
2 de Abril de 2010 |
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El segundo episodio de la serie “Decálogo”, alusivo al mandamiento que prohíbe usar el nombre de Dios en vano, gira en torno a un juramento que, siendo de veracidad discutible, tendrá sin embargo una influencia determinante en la realidad humana en la que es pronunciado.
En el bloque de viviendas se escoge esta vez el piso de un maduro doctor que vive solo y ha acristalado el balcón, donde cuida cactus y otras plantas. El actor que lo encarna, Aleksander Bardini, gobierna su singular físico para conferir al doctor una personalidad carismática.
A una mujer que acude a limpiar y organizar el piso le cuenta, mientras sentados toman café, capítulos cruciales de su vida, en ordenada y minuciosa terapia particular. El hombre no lo ha tenido fácil.
Una vecina atractiva se dirige al doctor para averiguar sobre su marido hospitalizado. Termina franqueándose y expone una compleja situación personal, unos ambivalentes sentimientos hacia el marido, todo tan denso y chocante que el doctor termina por intervenir en el proceso, sí, pero de un modo extremadamente alambicado.
El guión, de diálogos parcos y silencios altamente elocuentes, es de una sutileza fuera de lo común.
Se apoya con fuerza en metáforas visuales: trepando por una cucharilla, un insecto consigue salir con gran esfuerzo del sospechoso líquido de un frasco. Una persona arranca una a una las hojas de un ficus y luego troncha el tallo. Queda retratada a fondo de una vez. ¿Y qué se diría de quien, a solas, empuja poco a poco un vaso lleno de líquido hasta el borde de una mesa y lo hace caer?
A propósito del juramento, la película toca de lleno la clásica cuestión del espíritu y la letra de los mandamientos.
Archilupo 
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| 12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kieslowski retrataba, en esta su segunda parte de la magna obra ‘Decálogo’, de una manera perspicaz e ingeniosa, alejándose de la rotundidad del primer mandamiento, el tema central de este capítulo: ‘No tomarás el nombre de Dios en vano’.
En esta ocasión, dentro del bloque de viviendas de esa grisácea Varsovia que el cineasta quiso plasmar, selecciona a dos individuos: un hombre de edad avanzada, ermitaño, parco en palabras y doctor de profesión; la vecina del mismo, una atractiva mujer con una ansiedad horrible por esclarecer de una vez por todas su futuro.
La agonía de un terminal se relata de la manera misma en que lo dice la palabra. Sudoroso, aquejado, torturado por la enfermedad. Mientras, su mujer, la que le engañó sin que él lo supiera y ahora quedó embarazada de otro hombre, se carcome por dentro debido a un profundo dilema: abortar esperando la recuperación de su marido o tener el hijo y marcharse con su amante a sabiendas de que su esposo es un terminal.
Un juramento, la esencia del segundo mandamiento, será la clave para resolver tal dicotomía. Kieslowski realizaba aquí una historia, en la que, casi sin darse cuenta, rendía tributo a la complejidad humana, a esa manera de acogerse a algo superior para salir de nuestros problemas reales. El final, es demoledor. Subyace una crítica sútil, de maestro de maestros.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Una vez más, la ciencia vuelve a fallar. El cálculo sobre la metástasis es erróneo. En función de ello, el Doctor, le dice que no aborte, pues su marido no saldrá de ésta. Ella se lo hace jurar. Lo jura. El hombre saldrá, luchando por su vida, como esa abeja atrapada en un vaso de agua. Y tendrá, para alegría suya, un hijo.
The Motorcycle Boy 
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| 15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Segundo de los diez capítulos de sesenta minutos que Krzystof Kieslowski realizó para la televisión pública polaca entre 1989 y 1990 sobre los diez mandamientos. Como en toda la serie, repiten en la elaboración del guión el propio director de la cinta y su más estrecho colaborador, Krzystof Piesiewicz.
En esta ocasión y volviendo al barrio varsoviano de imponentes bloques de hormigón en el que se desarrollan todas las historias relacionadas con las santas escrituras en las que se basa esta saga, el argumento se centra en una historia más fría y menos feroz que la del primer decálogo, haciendo ahora referencia al mandamiento de “No tomarás el nombre de Dios en vano”. En este capítulo se cruzan las vidas de dos vecinos del mismo bloque, el uno doctor (Aleksander Bardini) y la otra músico, llamada Dorota Geller (Krystyna Janda), una mujer profundamente sumida en una gran tristeza ocasionada por el dilema que se le presenta en el momento en que su marido está ingresado en el hospital, esperando a la muerte por una enfermedad de difícil curación. Tiene el corazón dividido entre dos hombres: por una parte, su marido, y por la otra, un amigo con el que le ha sido infiel y del que ha quedado embarazada.
La película no ahondará demasiado en Dios y lo relacionado a Él, centrándose en otra serie de cuestiones morales con las que cualquier ciudadano de a pie puede sentirse identificado y que vienen desde la promesa o el juramento a las formas de comportarse y ejecutar nuestras acciones en casos tan complejos como los que en la película se dan cita. En Decálogo 2, el realizador vuelve a recurrir a un guión más discreto y de silencios prolongados, anteponiendo como en cintas anteriores, el poder de la imagen sobre la palabra. Cargando varias de las escenas de simbolismo y misterio, llega a copar esta última faceta el enigmático actor Artur Barcis, quien ya apareció en el anterior decálogo y las independientes pero relacionadas con la temática de esta saga, No amarás y No matarás, metido en el papel de un extra sin palabras que con su sola mirada y lugares en los que se ubica, tiene demasiado que decir.
Buenas interpretaciones de todo el reparto, destacando un relajado Aleksander Bardini por encima del resto.
Zbigniew Preisner vuelve a encargarse de los compases de la película, con unas composiciones que crean multitud de notas que patinan sobre la frialdad de toda una serie de escenas cargadas de tristeza que acaban formando un mensaje melancólico y reflexivo sobre el espectador.
Sandro Fiorito 
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| 12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ennis
Madrid (España)
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Su valoración:  |
27 de Septiembre de 2008 |
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Un médico maduro y su vecina de arriba, cuyo marido está ingresado el el hospital y ella, angustiada, pretende sonsacar al aparentemente insensible doctor las probabilidades de curación.
Vemos una áspera descripción de la lucha interior de la mujer que debe tomar una decisión sobre sí misma y el camino a seguir, mas se nos sorprende con la causa de su angustia, que no es sólo lo que parece, en tanto el médico, de infortunado pasado, va a ser parte activa en el devenir de los acontecimientos.
Historia llena dolor soterrado e incertidumbre, filmada como una hermosa y triste pieza de cámara.
Ennis 
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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davilochi
Teruel (España)
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Su valoración:  |
9 de Diciembre de 2010 |
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Tras acabar de ver "Dekalog 2" leí todas las críticas que los compañeros dedicaban a este film, como acostumbro a hacer a menos que el número de éstas sea desmedido. Mi objetivo al hacer esto es encontrar cosas que puedan ser de interés para mí o ver si puedo aportar algo diferente, algo que no haya sido percibido. La única que me ha parecido un poco solvente ha sido la de manuel, pero el resto dicen muchas cosas sin aclarar nada en concreto.
Lo que nos abruma en este film una vez más es la simpleza con que se penetra en la profundidad del ser humano sin grandes artificios. ¿Para qué son necesarios cuando hablamos de personas? Al fin y al cabo cada uno de nosotros sabemos los grandes dramas que se dirimen en nuestro interior, muchas veces ajenos por completo a aquellos que nos rodean. Creo que en cierto sentido es lo que vienen a decir todas y cada una de las películas del Decálogo, que mientras la vida para en un momento concreto para unos para otros sigue su curso "normal".
Hay varias cosas curiosas que a mí me parece oportuno destacar para contribuir a una mejor comprensión de esta obra de Kieslowski. En primer lugar la relación del mandamiento con el contenido del film: "No tomarás el nombre de Dios en vano" hace que el juramento en forma de rebeldía sea tenido por blasfemia de acuerdo con la doctrina católica. El momento cumbre del film es aquel en que el doctor jura a la señora Geller que su marido morirá, es ahí donde se pone de manifiesto la relación del film con el segundo mandamiento. Pero, ¿cómo llegamos hasta aquí?
Nos encontramos con dos protagonistas principales en torno a los que toma forma la historia: el doctor y la señora Geller. De lo que anida dentro del primero se nos van dando pequeños trazos conforme avanza el film, si bien Kieslowski pospone hasta casi el final aquello que nos dará la clave para entender el proceder de éste con respecto a la señora Geller. En cuanto a ésta podemos decir que es el vértice superior de un triángulo isósceles cuyos otros vértices son su marido, afectado por un cáncer que se halla en su fase de metástasis y un amigo al que quiere de igual modo que al primero y que la ha dejado embarazada, algo que había resultado imposible con el primero. Que la criatura que se está gestando en el interior de la señora Geller pueda ver un día la luz dependerá de que su marido viva o muera, lo cual hasta cierto punto resulta un tanto macabro. De hecho el carácter macabro de la situación en que vive sumida la señora Geller se dejará notar en la fantástica actuación de Krystyna Janda, sumida en los remordimientos por saber que hay algo mal calculado en su vida, avanzando a tientas hacia un futuro incierto que pende de un hilo, de la pura fortuna o intervención divina (para los creyentes; las interpretaciones que se pueden hacer a las películas de Kieslowski son siempre muy variadas).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Tanto es así que el vaso de su vida no sólo no se desbordará, sino que directamente se romperá. Es decir, ella misma está siendo algo así como la propia ejecutora de su, en cierto modo, muerte, al menos en lo espiritual, consumida por las dudas como esos cigarrillos que constantemente fuma (mostrando, por otro lado, poco aprecio por lo que alberga en su seno que un día, cuando se halle en vida podrá sufrir las consecuencias de sus excesos).
El doctor asumirá en función de la experiencia traumática extraída de su pasado el papel de divinidad, el papel que parecía rechazar es el que toma cuando constantemente trata de ganar tiempo para que todo pueda salir del modo que él (siempre según esa experiencia de pérdida de sus seres queridos que cuenta a la limpiadora, de ahí que de la vuelta a las fotos de sus retoños ante la visita de la señora Geller, pues no quiere que ésta piense que está condicionado de algún modo), a su juicio, cree más conveniente esperando que se geste una especie de milagro que vendrá dado en la repentina recuperación del señor Geller. La misma mañana el doctor había jurado a la señora Geller que su marido no viviría, consiguiendo justo en el límite marcado por el reloj (porque en cierto sentido la película es una carrera contrarreloj) que ésta rechace la posibilidad de abortar, para lo cual ya había concertado una cita con su ginecólogo. La película concluirá con la pregunta del orgulloso señor Geller: "Voy a tener un hijo, ¿tiene usted idea de lo que es eso?". El doctor quedará pensativo un momento como si tratara de comprender qué hizo que él no pudiera ser tan afortunado como su paciente.
Por terminar diré que una vez más se manifiesta esa dicotomía entre la Polonia comunista y la Polonia tradicional. Valga el tratamiento del tema del aborto como algo normal en la Polonia de aquel entonces, carente de prejuicios, al menos en teoría y en esta circunstancia (la señora Geller es evidente una mujer liberal de clase media, lo cual cambiaría mucho si fuéramos a la Polonia rural). Por otro lado está el doctor que no es que tenga una motivación religiosa para tratar de que la señora Geller tenga ese hijo, sino en su experiencia personal, pero sin embargo hay cierto misticismo en su figura, de aquel que pone la otra mejilla a la vida y continúa a pesar de las desgracias que le acontecen. Pero no menos interesante es el tema del juramento del doctor, que lo convertiría en un blasfemo a ojos de un católico. La exención del segundo mandamiento recae sobre las autoridades religiosas legítimas para enunciarlo. En este caso es evidente que Kieslowski está manifestando su acuerdo con el hecho de que el hombre se convierta en autoridad legítima para actuar en pos de lo que éste considere bueno, es decir, un modo de vivir la religión mucho más activo.
davilochi 
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