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| 15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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burton
Santander (España)
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Su valoración:  |
30 de Julio de 2006 |
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"...La leyenda debe continuar...".
Estas palabras bien pudieran haber sido pronunciadas por Norma Desmond en la obra maestra de Billy Wilder, "El crepúsculo de los Dioses", pero se tratan simplemente de una frase sentenciadora en la vida de Fedora, una creación literaria del escritor Thomas Tryon que fue lllevada a la gran pantalla por el gran Billy Wilder con la colaboración inestimable de su casi inseparable co-guionista Diamond, y que guarda un enorme parecido formal con su mencionada obra maestra (Sunset Boulevard).
Rodada en los estudios Bavaria en Alemania, en Boulogne en Francia y con exteriores en Grecia y Francia, la fotografía corrió a cargo de Gerry Fischer y la música fue obra del prestigioso Micklos Rozsa.
Si bien puede decirse que es una obra menor que "El crepúsculo de los Dioses", no deja por ello de ser otra obra más de relumbrón en la brillante filmografía de este director de origen vienés, que en esta ocasión factura una impecable película, su penúltima cinta antes de "Aquí, un amigo".
Con una fotografía francamente meritoria ayudada por una belleza de paisajes extraordinaria y sublime, Wilder nos legó en su ocaso esta obra crepuscular, tal vez para recordarnos que una vez, realizó un ramillete de obras que quedarán impregnadas para siempre en la retina del espectador, como pedazos de ARTE inigualables.
Fedora ha muerto sí, pero aún nos queda hora y tres cuartos de metraje, en el que poder sumergirnos de tanto en tanto en busca de cine, de buen cine, de ese cine con mayúsculas al que Wilder nos tenía "mal acostumbrados"... Sobre la búsqueda de la fama y la leyenda, de la belleza incorruptible, sobre los viejos tiempos gloriosos, y sobre todo sobre las miserias del alma humana...
Aún seguimos sin saber nada de la vida de Fedora y su séquito de hipócritas cómplices que la llevaron a su destrucción...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Desde el primer fotograma, donde vemos a la falsa Fedora arrojarse al tren en las pedanías de París hasta el último, donde vemos a un resignado Barry Detweiler abandonar la casa parisina de la reciente difunta, asistimos con gozo y deleite a la consumación de una gran película con un estilo impecable...
Casi tan impecable como el de Fedora, una actriz de origen polaco y existencia complicada y misteriosa, que en vida había interpretado a personajes como Madame Bovary, Juana de Arco o Lola Montes, y cuya biografía estamos apunto de descubrir...
Estando en el cénit de su carrera Fedora quería aún más... Para ella, al margen de la gloria y el reconocimiento profesional era casi tan importante el aspecto exterior, ser recordada siempre como una estrella de belleza incorruptible por el paso del tiempo, por lo que no dudó en una ocasión en ponerse en manos de un reputado cirujano (medicucho según sus compañeros de profesión) que gustaba de trabajar con embriones de rata y esperma de mandriles en los procesos de presurización y descompresión de la sangre que ayudarán a la manipulación genética con fines estéticos... (Son famosos sus trabajos con gente como el general Franco, Cocó Chanel o Paul Getty por citar algunos...).
En aquella ocasión los resultados de su intervención quirúrgica no fueron los deseados, por lo que Fedora quedó traumatizada...
Como la leyenda de Fedora no podía quedar empañada por estos excesos buscó rápidamente una solución; suplantar su persona y personalidad por la de su hija Antonia...
Y así, ésta continuó su filmografía como actriz de cine. Siempre bajo los atentos cuidados de un séquito formado por la condesa Sobrianski (la auténtica Fedora en silla de ruedas y con un sempiterno velo negro cubriendo su rostro, su hijo Anton, en realidad el padre de la hija de ambos (Antonia), el doctor Wando con su pendiente en la oreja, y la niñera de Antonia, la señorita Walfur...
Los guantes blancos, supuestamente para cubrir el paso del tiempo por las manos de Fedora, la villa Calypso enclavada en una paradisíaca isleta de la isla de Corfú, el productor de cine Barry Detweiler (magnífico William Holden), antiguamente apodado Ducth en sus tiempos de ayudante de dirección y playboy ocasional, hospedado en el hotel Kavaliaris, y que ahora venía a ofrecer a Fedora el papel protagonista en su proyecto de película "Las nieves de antaño" basada en la obra Anna Karennina de Tolstoi... Una obra que inspiró a Fedora a la hora de poner fin a sus días, al suplantar la personalidad del conde Alejo Wronsky por la de su amado Michael York (haciendo de sí mismo) y arrojarse por su amor imposible a las vías del tren..
Incluso el gran Henry Fonda acude a villa Calypso en calidad de presidente de la academia de las artes y las ciencias para entregar un oscar honorífico a Fedora...
Todo rezuma cine, épica y tiempos gloriosos, tiempos de Billy Wilder...
burton 
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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Strhoeimniano
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
13 de Junio de 2005 |
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En su segunda radiografía acerca del mundo del cine tras la magistral “El Crepúsculo de los Dioses”, Wilder nos acerca a Fédora, una actriz que como en el caso de la inolvidable Norma Desmond está retirada de ese cine que se ha hecho pequeño. Aunque las dos comparten esa mirada pesimista y desesperanzada, “Fédora” no es una historia de Hollywood.
La isla de Corfú donde vive retirada Fédora queda lejos de Hollywood, aunque no de sus vanidades. A diferencia de Norma, Fédora no se retira del cine por el olvido de esta industria siempre a la búsqueda de sangre fresca, sino que lo hace en la cúspide de su carrera, lo que a primera vista podría hacernos recordar a una recreación de la gran Greta Garbo. Pero estamos ante una película de Wilder, por lo que la trama es retorcida y descarnada.
“Fédora” es una tragedia; pero en este caso la mirada de Wilder no sale de los límites de este personaje, sino que con un bisturí afilado nos abre la caja de Pandora que oculta el precio de la fama... un precio que para esta industria siempre pasa por el de la juventud, y es en esas mazmorras tortuosas a donde Wilder nos lleva de paseo. De hecho, la película la podemos contemplar como una recreación del mito de Frankenstein (hay una secuencia memorable que recrea a “La novia de Frankenstein”), pues entre esas aguas luminosas se esconden un fango turbio, terrorífico.
Narrada, igual que en el Crepúsculo en base a una serie de “flashbacks”, es en esa estructura donde la película cojea un poco, sobre todo en su parte final. A diferencia de la arriesgada, pero inteligente apuesta, de Wilder en “El Crepúsculo de los Dioses” donde un muerto nos hablaba de los “muertos en vida”, aquí serán los vivos quienes desgranen todo lo que lleva a Fédora a su trágico final. El problema es cómo introduce el “giro”, la sorpresa que cambia radicalmente todo lo que hasta ese momento hemos visto. Está integrada de un modo tan precipitado que recuerda a las típicas secuencias donde Hércules Poirot da cuenta de quien es el asesino; pero mientras que en Agatha Cristhie no queda otra resolución que esta por lo que es admisible, aquí hemos asistido a una tragedia, a un cuento gótico, por lo que toda esa parte “chirría” un poco en el conjunto de esta película, aunque hay que decir a su favor que consigue, tras la oportuna reflexión que siempre dejan sus películas, que nos acerquemos a la profundidad de ese drama.
Como no podía ser menos, en una película que trate sobre el cine, el maestro aprovechó la oportunidad para dar unos cuantos puñetazos y alguna que otra caricia. La mayor paliza se la lleva ese cine que aparta al maestro de la realización (sólo volvería a rodar una vez más en 1981: “Aquí un amigo”), profetizando en 1978 todo el cine que actualmente domina las pantallas.
Aún así “Fédora” es la película de un maestro; sólo por eso merece la pena acercarse a esta obra que bien merece una revisión.
Strhoeimniano 
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| 10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
8 de Junio de 2008 |
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En medio de una atmósfera declinante, la recapitulación del productor Detweiler durante el solemne funeral de Fedora, actriz legendaria, abre un primer y extenso flashback, que evoca la visita a Corfú, para ofrecer un guión a la diva.
Lo mediterráneo es querido por Wilder como paisaje del vitalismo: templado, soleado, florido. Pero en una villa palaciega con isla propia la actriz vive rodeada por una corte siniestra, de aire sospechoso. El grupo (enfermera marcial, condesa inválida, cirujano alcohólico, chófer guardaespaldas) se recluye entre estufas, velos y cortinas, y da con ello la medida del problema: en medio de un paraíso, Fedora está atrapada en el infierno del culto imposible a su propia imagen de estrella pretérita. El empeño vampiriza a personas de alrededor.
El ansia de eterna juventud, el pánico a envejecer, actúan con presión enajenante. Llevan a mantener una apariencia vacía, ficticia, incapaz de adaptarse a la vida real, una de cuyas reglas consiste en el paso inexorable del tiempo.
El guión, esta vez melodramático, incluye el clásico quiebro sorpresivo, que abre paso a nuevos flashbacks, ahora breves y muy seguidos. Configuran una nueva perspectiva, que abunda en la contemplación agria y melancólica del declive de Fedora.
Las conexiones con “Sunset Boulevard” son innumerables; probablemente, muchas de índole privada.
A través de una figura que engloba a varias glorias (sin duda Garbo; y Dietrich, quien rechazó el papel y abocó a Wilder a aceptar la desatinada recomendación de Pollack, Marthe Keller), el gran cineasta envía un mensaje vitriólico al Hollywood cuyo starsystem tiende a aniquilar a quien desde lo alto de la pirámide empieza a deslizarse por la pendiente, trato del que tampoco él se libró.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El ahora productor Detweiler (William Holden, que también encarnó a Joe Gillis, el gigoló de Norma Desmond) trató con Fedora en un tiempo en que andaba entre camerinos y era apodado “Dutchie”.
Así firma en el libro funeral de pésames, en la escena final.
Archilupo 
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| 6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Andrés
Jerez de la Frontera (España)
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Su valoración:  |
12 de Noviembre de 2006 |
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Revisión de El crepúsculo de los dioses, del mismo Billy Wilder. Una obra interesante en una filmografía impresionante. Cine de calidad, aunque el maestro ya no tiene la lucidez de veintiocho años antes. Marthe Keller y William Holden están muy lejos de Gloria Swanson y Eric Von Stroheim . El guión es interesante, pero falla la elección de los actores y el pulso narrativo, pero sobre todo, recuerda constantemente a su mencionada obra.
Andrés 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Parece ser que el último film de este genio tiene una nota más baja de lo que realmente se merece; y no hay que poner buena nota porque sea un genio o por lo que haya hecho en el pasado, pero a mí esta película me parece muy notable. Estoy de acuerdo con comentarios que he leido de que tiene retazos de el crepúsculo de los dioses, y que se rememora a norman desmon, a la caída de los mitos del cine, de los famosos olvidados con el tiempo...pero no es lo mismo y ni mucho menos es un plagio a sunset blvd. La idea puede ser similar pero el desarrollo es diferente. Tiene varios giros de guión bastante efectivos típicos del buen cine negro, y a mi juicio aunque sea una historia bastante inverosimil, eso no quita para que sea un film más que entretenido, de un director genial que estaba en el ocaso de su carrera.
Para mí, un testamento muy notable de este director, y sobre todo guionista sobresaliente.
Coverdale1987 
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