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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Normelvis Bates
Suena Wagner y tengo ganas de invadir (Polonia)
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Su valoración:  |
31 de Octubre de 2009 |
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Qué agradable reencuentro. He guardado durante muchísimo tiempo el recuerdo de haber visto, cuando tenía 11 o 12 años, un par de telefilms protagonizados por un mugriento e impertinente periodista que me habían puesto los pelos como escarpias. Durante todo este tiempo no había sido capaz de recordar su título ni mucho menos el nombre de sus protagonistas. Hace poco, y por casualidad (¡gracias mil, FilmAffinity!), pude identificarlos y he podido localizarlos y verlos de nuevo. Se trata de “El vampiro de la noche” y de su continuación, “El estrangulador de la noche”. Solo ahora he podido comprender por qué me gustaron tanto en su momento.
Ciñámonos aquí a la primera de esas pelis. A pesar de esa factura visual semejante a tantas y tantas series y películas de esa época, como “Colombo” o la saga de “Harry el Sucio”, “El vampiro de la noche” ofrece un punto de calidad extra que tiene su explicación, de entrada, en el guión del gran Richard Matheson, que adapta una novela inédita de un tal Jeff Rice, a quien, con el debido respeto, deben de conocer en su casa a la hora de comer. La historia es bastante sencilla, y mezcla elementos de novela negra, terror y algunas gotas de comedia. Una serie de asesinatos en los que las víctimas son siempre guapas chicas que aparecen completamente desangradas, así como el asalto al banco de sangre de un hospital, despiertan la curiosidad de Carl Kolchak, un conflictivo y desastrado periodista de Las Vegas, que sospecha que el responsable de los crímenes podría ser un vampiro moderno. Con la ayuda de su instinto y de un manual que le presta su novia (“Todo lo que siempre quiso saber sobre los vampiros y nunca se atrevió a preguntar”) logra poner cerco a un asesino la naturaleza del cual la incrédula policia y las autoridades de la ciudad se niegan obstinadamente en reconocer.
Muy competentemente dirigida por John Llewellyn Moxey, con nervio narrativo y con un notable sentido del ritmo, la peli posee el aliciente de contar con un puñado de muy profesionales actores, empezando por el excelente Darren McGavin, que por aquellas mismas fechas protagonizaría la estupenda e infravalorada “Hay que matar a B.” de José Luis Borau, y siguiendo con rostros tan familiares y gratos como los de Simon Oakland, Ralph Meeker, Claude Akins (¡hey, Sheriff Lobo!) o esa entrañable sabandija llamada Elisha Cook, jr.
Que nadie espere una obra maestra, esto es una simpatiquísima y muy entretenida peli de género, que ayuda a pasar una aburrida tarde de sábado y que logra emocionar e incluso sobrecoger a ratos, sin necesidad de baratos golpes de efecto o de escenas sanguinolentas. Tal vez resulte difícil de creer, pero fue tal su éxito (¡75 millones de espectadores!) que no solo dio origen a esa secuela de la que hablábamos sino que fue la inspiración de toda una teleserie, protagonizada por el mismo McGavin y convertida hoy en una serie de culto. Ya puestos, me la pido. Todo sea por Kolchak y su asqueroso sombrero.
Normelvis Bates 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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tiznao
madrid (España)
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Su valoración:  |
4 de Octubre de 2009 |
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Arranca mostrándonos a Carl Kolchak (Darren McGavin) en una habitación dándole al play de una grabadora en la que oímos su voz diciendo que nos va a contar unos extraños sucesos ocurridos en Las Vegas entre un 16 y 28 de mayo mientras le vemos manejar unas notas, recurso empleado para, a través de su voz en off que nos acompañara durante todo el metraje, introducirnos en la historia.
Una mujer es atacada brutalmente por alguien que apenas entrevemos en un callejón de Las Vegas y cuando es encontrada y llevada a la sala de autopsias descubren que tiene el cuello desgarrado y ni una gota de sangre en su cuerpo, hecho que llega a oídos de Tony Vincenzo (Simon Oakland) el director del Daily News, periódico en que trabaja Kolchak, por lo que saca a este de las vacaciones que estaba disfrutando y le encarga seguir el suceso.
Ya tenemos a Kolchak investigando el caso, primero a través de los múltiples contactos que vemos tiene en la policía, oficina del sheriff, hospitales, casinos y demás, y luego solo contra el mundo ante el escepticismo de su jefe y las zancadillas de la ley cuando hace saber a estos su sospecha de que el constante goteo de muertes de similar factura y la desaparición de toda la sangre para transfusiones de un hospital tiene toda la pinta de ser obra de un vampiro.
A partir de aquí tenemos una muy entretenida película (rodada para television) que mezcla cine negro en base al desarrollo de la trama (a lo cual ayuda la omnipresente voz en off de Kolchak y el desenlace al mejor estilo noir) con película de vampiros de las de toda la vida, con un excelente Darren McGavin que atrapa al espectador y le hace ponerse de su lado desde el comienzo del metraje, un Barry Atwater componiendo un vampiro brutal y aterrador y la siempre agradecida presencia de Ralph Meeker y Claude Akins, preñada de esa irrepetible atmosfera setentera, con divertidos diálogos de esos que no suenan a impostados, que no necesita de grandes efectos ni litros de sangre para inquietar y hacerte disfrutar como un bellaco y que a dia de hoy esta considerada como indiscutible referencia de genero.
Sigue en spoiler por falta de espacio:
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Basada en un relato no publicado (por lo menos en la época de producción del film) de un tal Jeff Rice (como curiosidad también natural de Providence, como Lovecraft), con guion del maestro Richard Matheson, producción del pope en artes televisivas, Dan Curtis (también director de joyitas como “La masacre de Kansas City 1975” y “Pesadilla diabólica 1976” entre bastantes otras como escritor y productor) y dirigida por otro que tal baila, ese buen y fiable artesano llamado John Llewellyn Moxey (“The City of the Dead 1960”) nos encontramos ante una obra que en el momento de su pase televisión en la ABC fue vista por un tercio de televidentes norteamericanos, sirvió de punto de partida para una secuela (“The Night Strangler 1973”), una serie de televisión de 20 episodios en 1974 (al igual que esta película que nos ocupa, considerada a día de hoy como de culto) y otra en 2005 con Stuart Townsend en el papel de Kolchak (finiquitada por los pobres índices de audiencia en la primera temporada) y como Chris Carter ha señalado en más de una ocasión, inspiradora de sus “Expediente X”.
tiznao 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ruanorosa
Córdoba (España)
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Su valoración:  |
22 de Febrero de 2010 |
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Curiosa película que con estética de telefilm plantea las peripecias de un reportero a la caza de un vampiro. A caballo entre la serie b y la cinta televisiva, The Night Stalker posee algunos elementos que la hacen atractiva, pero la frescura y originalidad que plantea se ven rápidamente emborronadas por una puesta en escena poco creíble e incluso ridícula en algunos aspectos. Son loables sus intenciones, mas el hecho de presentar la acción de una forma tan apresurada y risible (aunque lo haga bajo la premisa de comedia) dan como resultado una obra que se asemeja más a un boceto o al episodio piloto de una serie, que una auténtica película. Entretenida como anécdota.
ruanorosa 
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