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| 33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
7 de Febrero de 2006 |
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Obra singular, escrita, protagonizada y dirigida por Orson Wlles. Se rodó en Ibiza (España), EEUU, Toussaint y otras localidades de Francia.
La acción principal, la del narrador, se desarrolla en 1973, en localidades de Francia, Irlanda, España y EEUU. La narración contiene una lúcida reflexión sobre los límites, imprecisos y complejos, que separan la verdad de la mentira, la realidad de la ficción. Tras el elogio a la magia, se explican fraudes célebres por su trascendencia, autoría o ambigüedad. Se refiere a Elmyr de Hory, pintor especialmente dotado para la imitación de grandes maestros, como Modigliani, Matisse, Van Dongen y Picasso; a Clifford Irving, autor de la falsa biografía de Howard Hughes; a las falsedades que jalonaron la vida de Howard Hughes; al programa radiofónico, de 1938, sobre el falso ataque alienígena a la tierra; y a otros fraudes.
La película combina fragmentos documentales y fragmentos de ficción, en un relato que contiene una interesantísima exploración de la combinación de verdad y mentira, certezas e incertidumbres, que se da en la vida, la realidad social, los relatos y biografías e, incluso, en el arte. La expresión más elevada de la acción humana, el arte, se apoya legitimamente en la ficción para provocar goce espiritual y emoción estética. La falsedad de la pintura se basa en el uso de pigmentos de escaso grosor, que producen imágenes que evocan realidades (perspectiva, profundidad, movimiento) que no están en el cuadro. Los actores dramáticos crean la ilusión de unos personajes que no están en el escenario. En el mundo nada es sencillo, ni siquiera el fraude. El autor exalta el valor de la ficción, acepta la complejidad de la verdad y rechaza el fraude basado en afanes de lucro ilegítimo. El mayor mérito de Elmyr de Hory, presunto falsificador, consistió en quebrar la creencia en la infalibilidad de los expertos en arte, dictadores de la autoría de grandes pintores. El mayor mérito del arte consiste en que "es una mentira que nos hace descubrir la verdad".
La música, de Michel Legrand, refuerza el relato con melodías coloristas, brillantes y variadas. La fotografía adopta el formato documentalista con filmaciones de los actores y del narrador. Éste, mientras pasea por un parque otoñal, sirve imágenes de singular belleza, que evocan una atmósfera grata, pero ambígua. El guión tiene la complejidad y la riqueza de la reflexión que se propone. Los interrogantes, las preguntas y las dudas, golpean con fuerza el ánimo del espectador. Los actores tienen intervenciones acertadas, pero breves frente a la omnipresencia de Welles, actor y narrador. Su intervención, pausada, es magnífica. La dirección, en plenas facultades, exhibe maestría, inteligencia y originalidad.
La película plantea un tema trascendente, similar en parte al de "Rashomon", de Kurosawa. No apta para mentalidades simples, afectas a verdades absolutas y opuestas a la complejidad y relatividad de las cosas.
Miquel 
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| 26 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gort
Marte (España)
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Su valoración:  |
17 de Abril de 2008 |
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En una cinta repleta de falsificadores, estafadores, ilusionistas y otro tipo de embaucadores lo más normal es que se engañe al espectador desde el principio, que lo que se presenta como tema principal no sea sino mera excusa. Es lo que sucede con “Fraude”, documental perpetrado para testimoniar la grandeza de esa fuerza artística que fue el individuo llamado Orson Welles.
No hay que dejarse engañar por el tono inicial de la obra, ni tampoco turbar por la confusa estructura de la misma. La tramposa narración acaba presentándonos a un notable falsificador de obras pictóricas como un entrañable hombrecillo, a un farolero y arribista escritor como un audaz bandolero; la mano juguetona de Welles es patente a lo largo de toda la narración, manipulando el sentido de toda afirmación de los protagonistas mediante un montaje burlón y escéptico que le confiere a la cinta un tono festivo y que pretende convencernos, al igual que según se dice en la misma cinta hacen los húngaros, de que “yo soy el mayor embaucador de todos”. Basta con ver esa media sonrisa tan estudiada que se le escapa a Welles tras decir “A ham sandwich” para corroborarlo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Pero, de repente, una interpretación de unos versos de Kipling, una disertación sobre el destino de los hombres y el sentido de todo su posible quehacer ante una gradualmente espectral catedral de Chartres (“Nuestros cantos cesarán. Pero, ¿qué importa? Seguid cantando”), nos revelan la intención verdadera. Todo queda confirmado en esos últimos 17 minutos en los que, presumiendo sin duda de novia nueva, se recrea el encuentro de Picasso con uno de sus falsificadores (“El arte es una mentira, una mentira que nos hace descubrir la verdad”).
Ególatra y megalómano, sí, probablemente convencido, debido a su insistencia en adaptar grandes obras literarias (Shakespeare, Cervantes, Kafka), de estar a la altura de los grandes, la presencia de Orson Welles, con su sombrero y su largo gabán, debe cifrarse como un desafío a lo real, al cepillo de dientes, a la muerte… y a Howard Hughes. De ahí su pertinaz inquina contra el personaje, contra la industria cinematográfica entera. Si el arte es secundario, una bella mentira si quieren, pero que nos hace descubrir lo verdadero, ¿por qué se encumbra al magnate de la aviación? ¿Quién de los dos hombres era Ciudadano Kane?
Gort 
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| 40 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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The_End
Ahora va con C (Qatar)
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Su valoración:  |
7 de Septiembre de 2008 |
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Dirigida por: ORSON WELLES
Escrita por: ORSON WELLES
Producida por: ORSON WELLES
Protagonizada por: ORSON WELLES (y otros)
Música de: PODRÍA HABER SIDO ORSON WELLES
Editada por: ORSON WELLES
Comentada por: ORSON WELLES
Género y crítica: Documental. Premio en los ORSON WELLES de 1973 al mejor documental de ORSON WELLES. SINOPSIS: ORSON WELLES enseña al mundo el poder del montaje en una clase magistral, riéndose en todo momento de sus alumnos, a los que toma por imbéciles, simplemente por el mero hecho de no ser tan magistrales como ORSON WELLES. Para ello, dispuso de un gran cantidad de archivo para jugar con él en la sala de montaje, y hacernos la siguiente pregunta: "¿Qué es lo real, que es falso?". La respuesta, ORSON WELLES. (FILMAFFINITY)
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ORSON WELLES juega en la sala de montaje, nosotros, le observamos maravillados. Como curiosidad, existe una versión del director con 50 minutos extras en donde podemos ver a ORSON WELLES cagando (PABLO KURT: FILMAFFINITY).
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"Obra maestra, rodada con maestría. No se me hace pesada en ningún momento". (ORSON WELLES: Orson Welles´s journal)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Si le hubieran dejado, Se habría grabado delante del espejo del baño durante dos horas. Luego, mediante un montaje genial hubiera hecho algo entretenido, pero con un tiempo excesivo. Para finalizar, hubiera llamado a este modo de hacer cine de alguna forma graciosa o religiosa, para reírse de la gente, como Dogma u algo así.
The_End 
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| 11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El día es que empezaba mal. De esos que mejor quedarse en cama. Miraba la carta del menú, aunque me la sabía de memoria. Llevaba desayunando en el local cinco días. Lo que más me gustaba era que me llenaran sin parar la taza del café. <<Como en las pelis>> pensaba. Pedí un menú nº 3 (con un huevo).
- ¿Un huevecito no más? -me preguntó en español.
- Sí, sólo uno.
- ¿Dos huevecitos mejor? -el tipo me clavó la mirada mientras yo seguí ojeando el menú.
Tendrá narices ¿y por qué tengo que tomarme dos huevos si no me apetecen?... Yo lo notaba hasta respirar. Con la cabeza gacha notaba como la mesa estaba pendiente de mi rectificación.
- Sí -tuve que corregir– dos huevecitos mejor –dije imitando el acento mexicano para contrarrestar el ataque.
A escasas manzanas teníamos el museo (si ustedes se pensaban que no iba a hablar sobre la película se han equivocado). Una cola selvática (por la frondosidad que la constituía, pues más que una línea era una marabunta de gente rodeando el edificio) esperaba para entrar. Como buen español, buscamos el lugar ideal para colarse. Entramos por la puerta norte y al final, desquiciados entre el tumulto, nos resignamos a ocupar los últimos puestos en la calle. Empezaba a chispear muy débilmente. Tal como empezaba el día me daba a mí que me iba a mojar.
Una vez con las entradas en la mano y luchando con codos y patadas para hacerse hueco empezamos la visita. Elmyr de Hory falsificó a lo largo de su vida una incontable cantidad de obras de arte que según su biógrafo Clifford Irving, están repartidas entre todos los museos y galerías del mundo. No hacía ni una semana que había visto el documental de Welles, y en ese momento, lo tenía más que presente. <<¿Es este Modigliani que observaba auténtico?>> me preguntaba. <<¿Quién me puede asegurar ahora que “El estudio rojo de Matisse” es una obra auténtica>>. Miraba, quizá con mayor denuedo que nunca la firma del autor. Elmyr decía que la pincelada de Matisse era imprecisa. Observaba las líneas del cuadro para verificar esa imprecisión que recoge Welles de la boca de Elmyr. Ahora, ¿a ver quien tiene huevos a falsificar un Pollock? Aunque apostaría mis dos huevecitos del desayuno a que nadie notaría un pegote de pintura más o menos en ese insensato ataque de nervios con el que pintaba el artista. Por cierto, ¿Qué tipo de persona pondría sobre su cama un Pollock? Asusta imaginárselo, la verdad. Yo lo que tengo claro, es que muchas de las obras allí colgadas podría falsificarlas hasta un servidor. Lo mejor: las posturas intelectualoides de muchos gafapastillas de complementos un tanto arbitrarios contemplando un cuadro blanco o los ataques de furia de ciertos visitantes ante la explicación de un cuadro inane.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Tanto Irving como Elmyr vivieron de la falsificación durante buena parte de su vida. A Elmyr le fue mejor, la mentira de Irving duró bien poco aunque se embolsó una buena cantidad de dinero por las ficticias memorias de Howard Hughes. Marina Abramovic es uno de los mayores fakes de la actualidad. Allí estaba, sentada con una gran túnica roja (creo que cada día escoge un color diferente). Sentada todo el día sin freír ni un huevo pero con un morro tremendo. Ella dice que de performance. ¡Mucho cuento es lo que tiene! En la serie “Sexo en Nueva York” la tía ya se dedicaba a zangolotear de un lado a otro de su casa construida para la ocasión de 15 metros cuadrados y dos alturas, casi como las del gobierno. La chica ya era alguien antes de la serie, no como los Blahnik (que por cierto están enfrente de la entrada norte del museo).
A cada planta le echaba un ojo por si se había ido a mear, tenía ganas de comer o simplemente se había caído dormida de aburrimiento. Pero no, la fake de Abramovic continuaba con su performance.
Luego tocaba salir del hotel, perderse por el metro, cabrearse con las líneas que no paran de cambiar los fines de semana por obras, preocuparse por las noticias que nos llegaban sobre nubes y cenizas,y llegar al infierno del aeropuerto.
Welles, queriendo emular a Elmyr de Hory, deja para el final su propia mentira. Su no documental. Su truco de magia. Sin mucha miga, la verdad. Mi final...
… puede que todo esto que acabo de narrar sea completamente mentira. Una falacia sin sentido, una manera sin control para hablar del arte y ya de paso del volcán Eyjafjoll que convirtió mi regreso en toda una hazaña.
Ahora toca eso de las dedicatorias ¿no?
A... la auxiliar de tierra de AirEuropa, que a pesar del colapso consiguió meternos en el avión aún no sé cómo. ¡Te debo una caja de bombones!
Chagolate con churros 
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| 8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Winnipeg
Manitoba (Canadá)
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Su valoración:  |
24 de Mayo de 2010 |
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(Viene de crítica de "el beso del asesino")
Muy probablemente, el lector perspicaz, se habrá dado cuenta que en la foto real, la condesa no estaba sentada frente a un tocador. Los que no me conozcan, quizás crean que ese mobiliario narrado está puesto para captar la atención, un atrezzo para dar cuerpo a la narración de un suceso. Novelear o novelar, las dos cosas son válidas.
Sólo les puedo decir, que la memoria no sólo es caprichosa y mentirosa, sino que además es una excelente narradora; atenta siempre a los detalles que dotan al relato de credibilidad, aunque sean inexactos, pero que mantiene intactos la moraleja o lo importante del asunto.
De esto podría ir, si no recuerdo mal, este documental ( o no): "Fraude" de Orson Welles.
Winnipeg 
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